jueves, 18 de octubre de 2007

ENTREVISTA A ELENA PONIATOWSKA



Las cosas nunca suelen ser lo que aparentan; sobre todo pierden su efecto visual cuando se relacionan con Elena Poniatowska, escritora y periodista nacida en París el 19 de mayo de 1932 y renacida en México cuando, en 1953 y en México, la patria que adoptó para su contento y sus desvelos, decidió dedicarse de lleno a narrar las circunstancias políticas y sociales que la circundaban.
A los 75 años, la autora de La noche de Tlatelolco (1971), la señera crónica sobre la matanza del 2 de octubre de 1968 en México o de Tinísima, la entrañable novela dedicada a la fotógrafa italiana Tina Modotti, es una intelectual incansable, reciente ganadora del prestigioso premio literario Rómulo Gallegos por su novela El tren pasa (Alfaguara, 2006), basada en el movimiento ferrocarrilero mexicano de 1959.
Sin embargo, con su traje sastre azul, la melena blanca y unos ojos verdes que no han perdido la chispa de la primera juventud, cruzada de manos sobre un sillón naranja, parece una anciana venerable que dedicara tardes enteras a cocer pasteles de chocolate.
Estamos en Chimalistac (voz náhuatl que significa Lugar de escudos blancos), una barriada exclusiva y pintoresca al sur del Distrito Federal. A espaldas de la librería Gandhi, la más grande de la capital mexicana, en una tarde gris, una de tantas en la larga temporada de lluvias (de mayo a octubre) que a asola a la metrópolis más poblada del mundo.
Elena baja de la escalera hacia una sala llena de libros, fotografías, cuadros y carpetas tejidas al crochet. Desde afuera llega el poderoso ruido del silencio, exotismo en una urbe sonoramente contaminada, fruto de un pequeño territorio de no más de 50 casas espectaculares que ocupan la zona.
La autora de La piel del cielo (primer premio Alfaguara de novela 2001) parece cansada. Una gripe inesperada la tiene a mal traer desde hace días, que son los dedicados a las entrevistas para promover Amanecer en el Zócalo, los 50 días que confrontaron a México (Planeta, 2007), la descripción épica de la resistencia civil de izquierda acontecida luego de las dudosas elecciones llevadas a cabo en México en julio del 2006.
Escrito a manera de diario, el trabajo de Poniatowska, que como decía Octavio Paz “domina el arte de escuchar”, fue calificado de “emocionante” por su amigo, colega y compatriota Carlos Monsiváis y de “producto editorial, apresuradamente escrito, torpemente armado” por el crítico Rafael Lemus en la prestigiosa revista Letras Libres.
Entre ambas consideraciones, la historia del plantón de militantes de izquierda en la principal plaza de la ciudad, convocados por los políticos que perdieron en un presunto fraude frente al conservador Felipe Calderón, a la sazón el actual mandatario azteca, es todo menos un informe político.
Sin análisis profundo de la realidad, sin objetividad, con voluntarismo, en el libro se cuelan frases como “No estás solo, no estás solo, no estás solo” (vocativo dedicado al ex candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador) o “La lluvia no cesa. Llueve sobre la ciudad como llueve en mi corazón. Llora mi corazón, la lluvia es su llanto”, que reflejan la frustración y la tristeza con que Poniatowska parece haberlo escrito.
El escasísimo 0,58 % de diferencia en el resultado electoral que separó a los dos principales candidatos a la presidencia mexicana no se explica en esta obra con perfume a esos libros que en la década del 70 en nuestro país, traducía del ruso el PC argentino. En esos libros coloridos y muy buen encuadernados, el realismo socialista más dogmático y menos aficionado a la literatura por cierto, hacía transcurrir una actualidad sin matices, un mundo en blanco y negro, de buenos y malos gruesamente diseñados.
La cronista de La noche de Tlatelolco parece haber perdido aquella sutileza, ese tono agudo para describir una realidad tan compleja como la mexicana desde la posición de los más castigados. En el fin del círculo, como ella misma llama al recorrido de su larga y fructífera vida, Elena Poniatowska, ostenta la voluntad casi ingenua de sentirse arropada por una forma de ver la vida sin fisuras ni contradicciones.
En el tú a tú, la emblemática autora es una señora simpatiquísima, que contesta a la pregunta con preguntas, que se desvive por conocer las circunstancias personales de la cronista y que despliega su curiosidad con un encanto irresistible, ofreciendo torta de chocolate y hablando con pasión de sus diez amados nietos.

La entrevista

¿Escribir es una voluntad de estar atado al mundo?
Bueno es una voluntad de pertenecer también, ¿no?. Yo pertenecí a una familia donde, bueno, no pertenecí. Mi familia era mexicana, pero vivió en Francia durante tres generaciones, el apellido de mi padre Poniatowska es polaco y se fueron a Francia, después de Catalina la Grande, Emperatriz de Rusia, entonces la idea inconsciente creo, era pertenecer.

¿Tuvo en algún momento miedo de no poder escribir por razones ajenas a su propio control?.
Lo tengo ahora, sí. Ahora con la edad pienso que me cuesta mas trabajo ser crítica, me han pegado mucho. Entonces a medida que avanza el tiempo en vez de ganar seguridad, la pierdo.

¿Este “haberle pegado mucho”, tiene que ver con cierta subestimación? ¿El no estar todavía en lo que se considerarla gran patria de las letras mexicana?
Bueno, creo que está mucho más ligado a mi oficio de periodista. Soy periodista desde 1953; también se debe al rechazo que se le tiene a la mujer, salvo Sor Juana Inés de la Cruz, es difícil que en México se le reconozca a una mujer. Desde luego, Rosario Castellanos, Elena Garro, fueron muy ostracizadas (sic) en su tierra.

Ahora hay una recuperación de la literatura de Rosario Castellanos.
Ahora que está muerta se recupera. Por lo visto, lo que vale es estar muerto. Y luego lo mismo con Laura Esquivel, y su novela Como agua para chocolate, bueno se ensañaron como fieras con ella.

Como lectora, creo hay cierta literatura escrita por mujeres, por caso Laura Esquivel, que carecía de ese elemento para considerarla como buena literatura.
¿Cuál es el elemento?

Una literatura más rigurosa, menos atada a los tópicos de cosas que tienen que ver con cierta cultura mexicana, por ahí más artificial.
Yo se lo digo a usted, pero no para que lo diga. Yo no considero que Laura Esquivel sea una buena escritora, dio en el clavo con una novela, pero yo no lo quiero decir, porque si las mujeres empezamos a pegarnos, pues es lo más horrible que puede haber. Estoy en contra es eso.

¿Es clara esta posición de ser mujer frente al mundo para todas las cosas que usted hace Elena?.
Sí, claro. Siempre me están recordando que soy mujer. Además, tengo todo para que me lo recuerden, soy pequeña, ya tengo el pelo blanco, tengo 75 años.
Sin embargo, los últimos años han sido de reconocimiento a sus novelas. A pesar de afirmar que le han pegado mucho.
Hay de las dos cosas, pero estoy acostumbrada al ensañamiento porque soy periodista desde que tenía 21 años. Imagínese usted, ya son muchos años ya me acostumbré. Pero quizás pierde uno fuerza, aunque espero no perderla. Como mi madre, que no la perdió cuando se le murió un hijo a los 21 años, el único hijo hombre.

Este libro Amanecer en el Zócalo tiene un aire virginal. Parece un escrito de alguien muy joven, a veces muy ingenuo.
Qué bueno que me lo dice. Es verdad que soy ingenua. Lo admito.

¿Todo lo que dice respecto al plantón, es visto por usted hoy de la misma manera? ¿Con esa mirada de confianza?
E.P.: Sí. Yo tengo esa mirada. Y claro que siempre me llevo muchas decepciones.

¿Que le diría usted hoy a Andrés Manuel López Obrador, si tuviera que tomar el té con él?.
Bueno, yo no tomo el té con él. Pero yo sí puedo decirle que creo que es un hombre honrado.

Pero, ¿qué cosas le diría hoy con este México actual, con un gobierno que mal que mal se legitima con acciones concretas?.
Yo creo que Andrés Manuel le hace un bien al país al denunciar la corrupción, al denunciar la mala política, al poner en el tapete de las discusiones a los pobres, al buscar una nueva forma de enfrentar problemas.

¿Piensa como dice el libro que no es un gran estadista?
Si se le da la oportunidad, puede llegar a ser un gran estadista. Creo que es lo mejor que nos ha tocado en años desde Lázaro Cárdenas.

¿Y cómo está hoy México para usted?
Y bueno, como dicen todos, es muy triste lo que sucede, se ha ahondado la brecha y no se puede cerrar, dentro de la misma izquierda también hay desuniones, me parece triste que las generaciones futuras no hayan encontrado un lenguaje común. Creo que es importante decirle a la izquierda que no han encontrado el camino, que no hay interlocutores entre sí verdaderos, que no se saben dar las respuestas. La unión hace muchísima falta.

Hablando de mujeres, ¿usted cree que Rosario Robles, la ex alcaldesa de izquierdas, estuvo a punto de ser una candidata importante? ¿Le vio cerca de esa posición ahora que hay una tendencia clara de la mujer en el gobierno?
Yo no quiero hablar de Rosario. Pienso que tuvo la oportunidad espléndida de una mujer que llega al poder, pero no lo quiero decir en la entrevista porque a mí no me toca ser juez. Y cada vez lo voy a hacer menos, estoy segura, pienso, que al meter a su amante en la política le hizo mucho daño al país, no sólo a ella misma. Debía pensar menos en su propio placer. Me han pedido veinte veces que hable mal de Rosario y no quiero hacerlo, también me han pedido que hable mal de Laura Esquivel y me parece muy pinche. Si las mujeres nos empezamos a batir las unas a las otras dónde vamos a llegar.

Hablemos de libros, usted que los escribe y los lee, con el mito de que cada mexicano lee un libro o medio por año, ¿vio alguna vez una transformación en positivo?.
No es cierto. Los mexicanos sí leen. Lo puedo ver por mi propio libro La Noche de Tlatelolco que se sigue vendiendo a través de los años. Y hoy mismo le mandé un libro a alguien porque me dijo: ¡Ay, no lo leí! Siempre se lo menciona. Yo creo que debería leerse mucho más, la televisión debería promover la lectura, canales como el 22 o el 11, que son culturales podrían hacerlo, hacer mucho más énfasis en la lectura. Pero, de todos modos, siento que no hay un público como lo habría en Argentina o en Europa. Pero, incluso en Monterrey en una Feria del Libro que se hizo, el libro de García Márquez Memorias de mis putas tristes se vendía a uno por minuto.

¿Hace mucho que no va a Argentina? ¿Estuvo en la Feria del libro en Buenos Aires?
Hace mucho que no voy. Si estuve, me invito Marta Sánchez, que es lindísima. Estuve también con Luis Gregorich.

¿Lee más de lo que escribe o escribe más de lo que lee?
Pues escribo mucho, porque sigo haciendo mucho periodismo, pero quisiera dedicarme nada más a los libros. Ahora siento que se me acerca más el fin y quisiera poner orden en todos mis papeles, no soy organizada, me faltan muchos materiales. Mis hijos no van a querer todo lo que hay aquí, no los puedo abrumar, en la vida moderna de los jóvenes no hay cabida para los libros, entonces, quiero organizar, recuperar. Tengo muchísimas libretas en los que hay cuentos poemas y quisiera ver de qué se trata. Y quisiera donar, porque si yo me muriera ahora les dejaría un gran problema.

¿Escribiría sus memorias, por dónde empezaría a contarlas?
Yo he puesto mucho de mí en las novelas, entonces creo que puedo seguir haciéndolo en novelas. Uno va poniendo cachitos de lo que uno vive. De lo que uno experimenta.

¿Pero el género mismo que es narrar la propia experiencia no le apetece?.
Pues quizás sí lo hago. Amanecer en el Zócalo ya es más personalista. En La noche de Tlatelolco no aparezco, pero aquí sí quise hacer como un diario para que no se le parezca a “La noche…”

Muchos creen no aceptan como un gobierno legítimo al de Felipe Calderón, y aún así, algunos creen que nunca hubo elecciones legítimas en México.
Yo creo que se eligió democráticamente a Fox, él si ganó la elección. De ahí la alegría del triunfo y después de decepción de encontrarnos con un presidente que hacía mal las cosas.

¿Cree que la percepción popular sigue siendo que este es un gobierno ilegítimo?
Bueno para mí, sigue siendo un gobierno ilegítimo.

¿Cuál es su rutina en torno a la escritura?.
Bueno, soy una mujer ama de casa. Tengo diez nietos, acaban de estar tres de ellos y había que hacer todo lo que tiene que hacer una ama de casa, ir al supermercado, pulir las lámparas, hacer el desayuno, hacer la comida, hacer la cena. Y me gusta mucho hacer eso. Y pienso que debía hacerlo más cuando mis hijos eran pequeños, en vez de apasionarme con la escritura.

¿Fue la escritura su gran pasión o fue el periodismo?.
Creo que fue el afán de saber, de participar , el afán de pertenecer y también el afán de ser querido.

¿Y qué historias se quedaron en el camino?.
Bueno, hay muchas. Como entrevistas que no hice, por ejemplo me hubiera gustado entrevistar a Nelson Mandela, me hubiera gustado entrevistar a Dr. Atl (seudónimo del pintor mexicano Gerardo Murillo) que me vino a buscar a la casa.

¿Qué quería el Dr. Atl?
Bueno, vino por amable, supongo que habría escuchado hablar de mí y me quería saludar, conocer. Yo no lo fui a buscar y esperé y después murió. Hay muchas cosas que no he hecho. He trabajado mucho, la cantidad de volúmenes y volúmenes de entrevistas, algunas muy inútiles que me ha mandado a hacer claro, el jefe de redacción.

¿Cuál es la entrevista inútil?
Como era mujer, me mandaban a hacer notas de consejos de belleza, de moda, crónicas de bodas. A mí eso no me interesaba.

¿El trabajo de escribir sobre lo que pide un jefe de redacción, era bien remunerado?
No, era fatal. En el periodismo no ganas nada, incluso ahora.

¿Que cosa le ha molestado más de lo que ha pasado en torno a Andrés Manuel López Obrador?
Me molesta el fraude, pero es absurdo decirlo. Me molesta que se haya perdido la oportunidad de un cambio, de ver cómo lo haría la izquierda, la oportunidad para muchos mexicanos de tener mejor educación, mejor salud, la oportunidad de frenar a quienes hacen fortuna. Me duele mucho.

¿Y cómo ve al gobierno de izquierdas de la ciudad que ganó con un 47%?
Lo veo bien, a Marcelo Ebrard, siento que está trabajando con alegría, un poco con una sonrisa. Esto de las playas y poner a los mexicanos a asolearse en las plazas públicas me parece un acierto. Ponerlos a andar en bicicleta me parece un acierto. Él es muy agradable.

¿Y no ha sido un acierto la recuperación de las relaciones internacionales con países como Venezuela, Cuba, establecidas por el gobierno nacional de Felipe Calderón?
Yo creo que sí, pero todavía no se recupera del todo. Fue un gran desacierto de Fox el decirle a (Fidel) Castro: “Comes y te vas”. Y un gran desacierto su política con los emigrantes también, su estilo personal de gobernar, y un gran desacierto suyo en las elecciones del 2006, ahí es culpable

¿Aquí ve posible los escraches que se hacen Argentina?
Pues (la actriz y directora teatral) Jesusa Rodríguez inició uno en contra de (ex presidente) Echeverría en su casa de san Jerónimo con (la militante de los derechos humanos) Rosario Ibarra de Piedra; fueron a tirar cubetas de pintura roja en su casa e hicieron un pequeño mitin. Jesusa es una mujer muy valiente, muy extraordinaria.

¿A quién escracharía usted?
Tendría que forzar mi carácter para responderle, incluso para que se me ocurriera hacerlo. Porque tengo más tendencia al masoquismo. Escribir en la soledad de mi cuarto, es algo que yo puedo hacer, pero organizar un acto en contra de alguien, darle una cachetada a alguien, me es absolutamente imposible. Supongo que eso se debe a mi formación y también al peso de la religión sobre mis hombros, pero sobre todo por mi formación. Yo tuve una educación muy severa y todavía me fijo en el cómo, no me imagino, no me veo a mí misma cometiendo cualquier acto de agresión. Seguramente, lo puedo hacer en la soledad de mi escritura.

¿El que aquí, en México, exista el hombre más rico del mundo (Carlos Slim) tiene que ver con que hay demasiada gente pobre?
Bueno, fíjese, si yo no tuviera una persona que me ayudara, que está en la cocina, que me ayuda a hacer la cama, que me ayude en la casa, me sería mucho más difícil hacer este trabajo que yo hago. Si viviera en los Estados Unidos o en Europa, me sería imposible, no podría pagar el servicio doméstico. En México, aplastamos a otro que tiene alguna necesidad para lograr lo que queremos. En los Estados Unidos, un plomero gana mucho más que yo, tengo una amiga norteamericana que le paga 120 dólares a la muchacha que va a limpiar su casa cuatro horas por semana. Es un sistema, el mexicano, del que somos cómplices, un sistema injusto.

¿Esta escritura de la soledad de la que habla, ha encontrado que sea coherente con lo que piensa?. ¿Nunca ha dicho esto que escribí no esta bien en términos conceptuales?
No, yo creo que no. Para mí lo que ha sido difícil es oscilar entre una clase social y otra. Salir de un mundo y meterme a otro. Porque meterme a otro implicó el rechazo del primer mundo, fui del primer mundo al tercero. El primer mundo me condenó, incluso mi familia. Entonces mi mamá decía que la vida es un círculo, que la vida acaba como empezó, y como ya estoy al final del círculo entonces pienso: ¡Qué va a pasar! A lo mejor ya no voy a querer abrazar al drogadicto en la estación de La Tasqueña, voy a pensar que apesta. Todavía no me ha pasado, pero estoy pensando en ello y nunca lo había hecho. He sido gente una persona muy lanzada, muy inconsciente.

¿Es usted también una persona insegura?
Siempre fui insegura y siempre fui en el fondo, tímida. Todo era vencer la timidez, y ahora vuelvo a eso, a vencer la timidez. A mí me enseñaron que los niños no hablan en la mesa, entonces yo no hablé hasta muy tarde. Yo fui a muchos retiros en que se comía en silencio, porque tuve una educación religiosa muy católica. Entonces me cuesta trabajo manifestarme.

¿Tiene algo de conciencia sobre el papel que ocupa en los jóvenes que escriben que se inician su carrera periodística?, ¿Se lo hacen notar, se le acercan?.
Yo tengo algo de conciencia del afecto de los jóvenes a partir de La noche de Tlatelolco, pero yo nunca me he visto como una escritora sino como una periodista, entonces estoy pensando en lo que voy a escuchar y lo que voy a observar de la personalidad de los demás, no pienso en el efecto que voy a producir en ellos. La costumbre de observar no se va más. Bueno, a lo mejor a los 75 años uno puede cambiar, uno puede morir con la actitud que quiere tener. Morir con un rostro con el cual esté de acuerdo. Mi mamá murió así y mi abuela, también entonces no quisiera romper la tradición.

¿En este momento, que como dice se cierra el círculo, de los ausentes en quién piensa más?
En mi mami. Creo que fue extraordinariamente valiente y yo he estado corriendo por montes salvando a los demás que no me di cuenta. Y es una de las cosas que más me duele.

¿Era una mujer dulce como usted?
Era una mujer bellísima, era tímida también y extremadamente preocupada por sus hijos. Yo quiero demostrar mi cariño, ser así, como era ella.

¿Sus hijos son lo que usted hubiera querido de ellos?
Sí. Son muy buenos, desprendidos. Muy dispuestos a dar a los demás, tienen carreras, les gustan los árboles, son buenos con los animales, tienen perros y gatos.

¿Son sus lectores?
Poco. Yo no lo sé, quizás han leído un libro, pero no lo sé. Me parece espantoso, pesarles, imponerles. Nunca les pregunto si han leído algo o no. Creo que cuando me muera leerán algo para saber, pero ahora es como un trabajo, hablamos de cosas generales.

¿Y en la relación con su hija, cree que hay cosas parecidas a las que usted tenía con su mamá?
Sí, yo siento que mi hija es muy noble, muy agradecida. Mis hijos son gente de primera, porque no viven para ellos mismos o para estupideces como para un coche o una casa. Ellos viven para los demás. Cada uno tiene tres hijos, uno murió pero siempre lo menciono. Mis nietos, cada uno tiene su personalidad, no viven acá, yo les quisiera dar más tiempo. Para mí es más fácil relacionarme con los que puedo platicar que con los más chico.

¿Es La noche de Tlatelolco su mejor libro?
No. El mejor libro es el que voy a hacer, porque si no ya no escribiría.

¿Está entre los que más satisfacciones le ha dado?
Me ha dado la cercanía de los jóvenes, que es un gran regalo, pero el mejor es el que planeo o el que inicio.

¿Y cuál es el que planea ahora?
Estoy trabajando en un libro sobre Francia. Cuando me inicié hice muchas entrevistas a franceses y viajé a París, entonces estoy trabajando en ello. Por respeto a mí misma, me dije no voy a dejar que todo se pierda, tanta entrega y tanto trabajo. Y luego que haya hecho esa limpieza de la que estoy hablando creo que me voy a sentar a hacer una novela o libros de cuentos. Pero ya no tanto periodismo.

¿Tiene una entrevista favorita?
Tengo especial simpatía por Luis Buñuel, porque fue muy cariñoso conmigo. El se acostaba a las siete de la noche. Me llamaba la muchacha de la leña, porque una vez que lo fui a ver hacía mucho frío en su casa y me dice: “es que no hay leña, no puedo prender la chimenea”; entonces, yo le llevaba leña cada quince días. Y cuando tocaba a su puerta decía: “¿Ya llegó la muchacha de la leña? ¿Ya llegó el lechero?”. Fuimos juntos a la cárcel y él siempre estaba preocupado por los presos, decía por qué no traje más cigarros. Yo me identifiqué muchísimo con él y Rosario Castellanos.

¿Cómo era ella?
Era muy frágil. Tenía una fragilidad que daban ganas de abrazarla. Escribí que andaba por la vida con una rosa buscando a quien entregársela, y creo que era un poco así. Y le fue muy mal en el amor. A Carlos Monsivais lo quiero muchísimo, pero nos vemos muy poco, yo no me atrevo a molestarlo, a llamarlo.

¿Usted fue feliz en el amor?
Sí. Dentro de mis limitaciones. Creo que uno nunca es totalmente feliz, nunca dura mucho, tampoco. Uno es feliz por ratitos como la canción que decía mi mamá de Cri-cri: “ahí en la fuente había un churrito se hacía grandote se hacía chiquito”. Así es la felicidad, a veces grande, a veces no existe.

sábado, 13 de octubre de 2007

Arnaldo y Lenine en México


Finalmente, nos encontramos en México, como debía ser. Brasil, que no tengo el gusto de conocer personalmente, sigue siendo para mí el territorio del paraíso, lo más parecido al mundo perfecto que no existe. No tengo dudas, hasta que Brasil no baje un poco de mi adrenalina cotidiana, no pisaré su suelo majo. Argentina es, cómo no, la patria vencida por los recuerdos y por los seres que no están. Es lo que quise ser y no pude. Es lo que fui y no volveré a ser. No hay insistencia en la certeza. Todavía no puedo volver a casa. La casa es una casa desaparecida. Fito dixit.
Así que México, que hace imposible lo imposible, tuvo que convertirse por fuerza del azar en el espacio del abrazo con Arnaldo. Inolvidable, curativo abrazo.
Teníamos un contacto más o menos de dos años. Primero fue descubrirlo en Tribalistas y luego sumergirme en su obra musical, sobre todo en sus siete discos en solitario, amén de su trabajo en Titás, el menos interesante para mí. Luego fue una entrevista para Playboy. Una edición dedicada a Brasil fue el pretexto perfecto para publicar una extensa nota donde oficializamos nuestro amor por su trabajo. Los libros y los discos transitaron entre San Pablo y México gracias a la hermosa voluntad de Lidia Chaib, esposa del gran Pericles Cavalcanti, una gran propiciadora de encuentros mágicos y trascendentes.
La mañana en La casa del Lago se expresaba magnífica. Era la primera vez que entraba a Chapultepec por el camino que lleva al Zoológico. A los costados, los botes vacíos de alquiler se agolpaban inéditos y coloridos. Él no aparece en lo oscuro, como en su canción "Oscurísimo". Arnaldo, que fuera definido por un periodista brasileño como "una de las personas más hermosas del mundo", es claro y brilla como Júpiter.
- Hola, soy Mónica
- Encantado, Mónica
- Soy Mónica Maristain
- Ah, Mónica, qué alegría, qué hermoso hallarte aquí...
Hablamos de todo. De su reciente encuentro con Jorge Drexler, con quien hizo una serie de presentaciones en Brasilia, del último disco de Pericles (O rei da cultura), de su obra poética y los periplos de la palabra, donde controla lo que se descontrola en la música, el espacio donde Arnaldo se deja llevar.
Lenine flotaba en el ambiente. El "Rey de URCA" (población de Río de Janeiro donde Lenine vive con su bella esposa Ana y dos de sus tres hijos varones) había llegado a México contratado por los oídos finos y las sabias artes de mi amigo querido Julio Rivarola, responsable de Music Frontiers (cuántos momentos hermosos de mi vida en México han sucedido gracias a ti, querido Julio). Arnaldo, que venía de componer con Marisa y Carlinhos (- ayer estuvimos haciendo nuevas canciones) se emocionó tanto al saber que Lenine estaba en México que hubo que propiciar el encuentro. O el encuentro entre ambos con nosotros (Melina, Daniela, Kelly, Ariadna...) como testigos se nos impuso obligada, azarosa y deliciosamente, porque "todo puede acontecer", diría Antúnes. Hay que decir: con Arnaldo al lado, todo "debe" acontecer.
Lenine merece un capítulo aparte. No puedo todavía balancear los efectos de su arrolladora y fascinante personalidad, esa carcajada rubia y adolescente tronando en el bar del Fiesta Americana, su manera puntillosa de explicarme en un portugués abierto y perfectamente entendible los rudimentos de la crianza de orquídeas a la que es tan aficionado como a la música, la pasión con que describe la independencia de criterios con que siempre manejó su carrera artística, la fragilidad y las dudas que lo enviaron al ostracismo por un buen tiempo (Sí, he sido y soy un tipo difícil), su pasión desbordada en una entrevista que duró más de una hora y que será publicada en una edición próxima de la Playboy México.
A la hora de la cena, se barajaron varios sitios posibles. Llamar a Arnaldo al celular de San Pablo me gastó el crédito, pero permitió ponernos de acuerdo y convencerlo de que debía venir al Hotel, encontrarnos todos y de ahí ir a un restaurante.
Lo imposible por un momento se perfiló adecuado: iríamos todos al Papá Beto, donde tocaba el gran pianista mexicano afincado en Nueva York, Mark Aanderud, junto a nuestro amado baterista chileno (el genio de la bataca) Gabriel Puentes y el exquisito contrabajista Agustín Bernal. Los buenos oficios de Francisca Yolin, coeditora de Playboy y esposa de Gabriel, posibilitaron la reserva de una mesa para cuatro personas en un local abarrotado por los aficionados mexicanos al buen jazz. Pero de pronto fuimos diez: Arnaldo y sus amigos oaxaqueños, traductores de poesía integrantes del staff de la revista de Hugo Gola El poeta y su trabajo, Melina Maristain, la eterna enamorada de Arnaldo Antunes, Lenine, su esposa Ana, la increíble Andrea (manager de Lenine), Daniela y Ariadna, encargadas de prensa de Music & Frontiers y Kelly, la filobrasileña y traductora de portugués, eficaz y solar. Había que conversar, además. Alguien sugirió el COMO, el restaurante argentino/italiano de Polanco y así nos apretujamos en los dos autos disponibles para partir rumbo a Horacio y Petrarca. Era viernes a la noche, no teníamos reservación. Imposible lo imposible, aun en México. Melina nos salvó con su memoria: se acordaba el teléfono del restaurante EL ZORZAL y nuestros amigos acudieron en nuestra ayuda con una mesa para 10 en el último rincón, con una brisa helada que se colaba por las endijas de las cortinas plásticas, con las sillas casi soldadas a las sillas vecinas...
En la noche mexicana, Arnaldo, el gran organizador de la cena (carnes y papas fritas para todos) se ganó el mote de "mandón", que Lenine refrendó con un divertido: -Sí, señor.
Se desmintió una supuesta pelea entre Chico Cesar y Zeca Baleiro: rumores de la prensa que siempre es, por supuesto, injustamente atacada (je).
Según Lenine, el creador de "A primera vista" creó una guerra de tribus cuando cantó en África el coro de su canción: amar atzaia, tzaia, tzaia...dijo Chico César y los africanos se levantaron en armas.
Arnaldo compuso una tonada para Melina. No probó el puré de papas y a todo le puso salsa picante.
Se llegó a la conclusión de que Lenine le explica a los periodistas largamente sus experiencias con el cultivo de orquídeas, porque los amigos ya se aburrieron de escuchar sus charlas al respecto.
Ana, la esposa de Lenine, manifestó con fervor el deseo del matrimonio de tener lo antes posible su primer nieto, preferentemente la niña que ambos, padres de tres varones, no procrearon. También contaron que sus esfuerzos en tal sentido, resultaron infructuosos.
En medio de la charla, la joven y bella traductora de nombre Kelly, se preguntó "cómo sería la vida antes de Internet" De repente, todos nos sentimos ancianos.
Lenine tiene las manos huesudas y flacas, como zarpas de tigre o de gato, llenas de anillos plateados y pesados. Fuma con dedicación unos finos cigarrillos negros (de color negro el papel de la envoltura).
Arnaldo tiene la piel blanca y lisa, como la de un bebé. Su cuerpo es magro y su cara redonda cultiva un gesto de sorpresa permanente que lo hace entrañable a primera vista. Contrariamente al déficit de atención que suele ostentar la mayoría de la masa humana, ambos funcionan como esponjas absorbentes de todo lo que escuchan y ven. Ese interés absoluto por el prójimo que tengan al lado es sin duda el rasgo que los convierte en fascinantes y que produce el deseo de permanecer a su lado por el tiempo que sea, si es mucho, mejor. Cuando íbamos rumbo al restaurante en el automóvil conducido por Diana, la chofer de Playboy, desbórdabamos la capacidad del carro. En una parada, Arnaldo percibió que en el coche que nos seguía sobraba un espacio. Inmediatamente emparejó las cosas haciendo salir a una persona de nuestro vehículo, acomodándola en el de atrás.
Tanto se ha hablado del amor que se profesan entre ellos los músicos brasileños, que parecería un tópico intentar describir la felicidad demostrada por el encuentro casual que Arnaldo y Lenine vivieron en México. Sin embargo, observarlos hablar sin descanso, reír a carcajada neta, como niños, nos hacía testigos de una celebración inusitada, una especie de misa afectiva frente a la cual, muchas veces, pudorosos y sensatos, nos mantuvimos impávidos y discretos, sin coraje para interrumpirlos con nuestras pedestres ansiedades.

miércoles, 25 de julio de 2007

PRESENTACIÓN DEL LIBRO FUTBOLISTAS, EL CLUB DE LOS 100 LATINOS


Palabras de Alonso Arreola, uno de los tres presentadores junto a Francisco Javier González y Rodrigo Murray. El moderador fue el "sueco" Nicolás Alvarado. Daniel Giménez Cacho nos facilitó las instalaciones del hermoso Bar Milán y los hipertalentosos de Paté de Fuá dieron uno de sus inolvidables conciertos.
En la foto, el guitarrista Alejandro Otaola, la Minimaristain, el filósofo Alejandro Márquez y el renacentista Alonso Arreola en una foto que sacó Francisca Yolin.

El club de los 100 latinos, presentación para Mónica Maristain

Quiero pensar que, de todos los presentes en este lugar, soy el amigo más antiguo de Mónica Maristain en tierra mexicana. Equivocado o no, la decisión está tomada. Como soy el más antiguo tengo la mejor perspectiva del cambio que en ella se ha operado a lo largo de los últimos años, y sobre eso quiero hablarles muy brevemente. (Además, no pienso competir tras el balón con las mentes expertas que hoy nos acompañan.)

Así las cosas, aunque hice el prólogo de esta brillante colección de viñetas literarias y visuales (¡bravo Staccioli, bravo!), lo mejor y más honesto será revelar públicamente y por vez primera el tipo de violencia futbolera que Mónica y yo hemos compartido al paso del tiempo; una suerte de dialéctica furiosa que siempre me ha dejado frutos valiosos, duraderos.

Y no. Nada tienen que ver con esa violencia los múltiples descalabros de mis selecciones contra las de ella. Palabra. (Entre paréntesis: gracias Mónica por no echarle limón a la reciente herida sabiendo que, de haber sido distintos los últimos marcadores, yo todavía estaría burlándome de ti.) Regreso: la verdad es que el futbol entre nosotros ha sido, como creo que debería ser globalmente, un pretexto, una argamasa gracias a la cual unimos distintas cosas de la vida. Como escribiera Jorge Valdano: “siempre me gustó creer en la capacidad del futbol para integrar lo distinto”.

En fin. No quiero perderme en digresiones jazzísticas. Sirva como ejemplo de nuestras batallas el contarles que, ayer mismo, entre vinos y gritos, Mónica y yo discutimos, verbigracia, por una pieza de Jorge Drexler, cantautor uruguayo. Para ella era una auténtica mariconada (palabra que no dejó de repetir hasta que la canción terminó); para mí se trataba de un logro lírico. Luego pasamos a Pink Floyd: por supuesto, ella se quedaba con Roger Waters y yo con David Gilmour. Nueva refriega. Llegó entonces el turno a Rage Against The Machine y Radiohead. Ante mi asombro, Maristain subrayó que “Karma Police” y “People of the Sun”, dos grandes logros musicales de estas bandas, habían sido compuestas por ella misma entre melancolías y encabronamientos nocturnos. Claro que en ese momento acepté mi derrota, una vez más, pues como ustedes entenderán contra eso no se puede argumentar absolutamente nada.

El caso es que fue esta misma pasión la que nos unió en un principio, hace ya mucho tiempo, cuando yo editaba una revista de música. Cierta mañana que ahora agradezco apareció Mónica para convencerme de que la cantante a la que representaba, debía brillar en nuestras páginas. No sé cómo pero al poco tiempo esta argentina no sólo había logrado tal objetivo, sino que estaba sentada junto a mí, trabajando a tiempo completo en la publicación, haciéndome la guerra. ¡Qué buenos recuerdos!

Durante aquellos días (acompañados también por otro buen amigo aquí presente, Alejandro Márquez), me enteré del largo camino de Maristain como editora, especialista deportiva, productora musical y tantas cosas más. Y sí, aprendí mucho mientras su voz colmaba aquellas oficinas con disertaciones sobre tal o cual adjetivo. Porque como verá el lector del Club de los 100 latinos, Mónica sabe juntar la pasión con la paciencia del relojero. A quien lo dude, estas palabras que escribiera sobre Ronaldinho, muy a la manera de Vicente Huidobro: (Cita.) “Ronaldo de Assis Moreira intenta un universo imposible con las piernas como instrumento y el corazón contento como bandera. Sin él, el fútbol habría perdido su razón de ser”. (Fin de cita.)

Pero regresemos rápidamente a los tiempos de nuestra revista. Sobra decir que en pocos meses el nombre de Mónica voló como la pólvora entre los colegas. Sus participaciones en las conferencias de prensa eran tan sonadas que hasta el catante del grupo Limp Bizkit se iría con algunos recuerdos verbales bien plantados por la Maristain, a quien no dudó en insultar llegado su turno al micrófono. Ella tenía la razón, eso que ni qué, como bien señalarían después sus familiares estupefactos ante un televisor del cono sur.

Ya luego separamos nuestros rumbos pero seguimos en contacto, manteniendo nuestras guerras al día. Ella continuó su ascenso, irremediable como la inteligencia que le fue dada, y yo he sido feliz como testigo. Sea produciendo obras de teatro, escribiendo poesía en su clóset virtual, conceptuando libros sobre futbol o involucrándose con bandas musicales variopintas (como la tremenda Paté de Fuá que hoy nos acompañará), Mónica se ha instalado en mi vida y en la de muchos de manera definitiva y definitoria.

Pero bueno, dije que esta intervención sería breve y pienso cumplir aclarando finalmente que la violencia entre Mónica y yo es, precisamente, como la del futbol practicado por quienes tan certeramente seleccionó en estas páginas que hoy presentamos (sí, incluido el Kikin Fonseca); una violencia latina, amorosa y divertida. Así lo confirma ella cuando describe al brasileño Roberto Carlos: (Cita.) “Admirador irredento de Diego Maradona, se emparienta con el astro argentino en la convicción de que el futbol es sinónimo de alegría y que a la cancha, la gente va a divertirse”. (Fin de cita.)

Y tiene razón. Más allá de quién sea el triunfador y pese al desconcierto continuo del graderío, está claro que es el arte de la diversión lo que nos anima para salir a la cancha día con día, se ésta cual sea. Más aún, si buscamos la “virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, entonces hemos de admirar la sentencia del británico Eric Hobsbawm: “no se puede negar al futbol su condición de arte”.

Así pues, gracias Maristain y gracias Andrea Staccioli por recordárnoslo y hacerlo patente en este libro, exposición de la mejor gracia humana.

Post Data. Arriba las Chivas del Guadalajara.


Alonso Arreola
Ciudad de México, Julio de 2007

viernes, 6 de julio de 2007

ENTREVISTA A GUSTAVO SANTAOLALLA


El músico argentino Gustavo Santaolalla se convirtió en el primer compositor hispano galardonado con un Oscar, por la banda sonora de "Brokeback Mountain". "El ADN de este país ha cambiado y hay un gran componente que es latino. Por eso es muy importante cuando uno de nosotros obtiene un reconocimiento", subrayó Santaolalla tras su triunfo
Pasó por Hollywood orgulloso de sus raíces hispanas y más orgulloso aún de que la mexicana Salma Hayek le entregara su galardón en la 78 edición de los premios Oscar. "Eso fue lo más", dijo a los periodistas con el Oscar en la mano.
Santaolalla dedicó en español este premio a "todos los latinos", además de a su esposa Alejandra, a su madre y a su país. Tras asegurar que se siente "muy orgulloso", añadió: "El amor es lo que nos hace parecidos, pese a la diferencia entre todos nosotros".
MARISTAIN: Celebré su Oscar escuchando la música de Arco iris. Este Oscar es distinto porque hay muchas personas anónimas que lo han vivido como algo propio...
SANTAOLALLA: Qué bueno, realmente ha sido un vuelco de la gente, de cantidades de emails, de llamadas, esto es tan lindo, tan cálido, mucha gente se emocionó... amigos, personas que no veías desde hace años, compañeros de la escuela, fue muy, muy emotivo...
MARISTAIN: Y, además de la emoción, una cosa que decía el locutor Lalo Mir en la radio argentina, se trata de un Oscar que es algo más en su carrera, muy importante por cierto, pero su carrera es muy larga y está llena de muchísimas cosas, ¿coincide?
SANTAOLALLA: Es verdad.
MARISTAIN: ¿Cómo mira atrás?
SANTAOLALLA: Miro bien. Este año cumplo 40 años de estar profesionalmente en la música; casualmente, el primer trabajo que hice y que me pagaron fue la música de un cortometraje que había hecho un vecino; a los 13 años ya tenía mi banda...se llamaba Las estatuas. Son cuatro décadas de mucho trabajo y de mantener una visión que empezó en Arco Iris; siempre tuve como parámetros una postura con respecto al tema de la identidad, de saber quiénes somos y de dónde venimos, mandar eso en la música; el tema de la calidad también fue mi obsesión, buscar cosas que de alguna manera trajeran algo distinto a la actividad musical. He buscado todo eso para mí, para los artistas que he producido y para las películas...
MARISTAIN: Todo sin prisa, pero también sin pausa...
SANTAOLALLA: digamos que es el fruto de muchos años, que ha cobrado en los últimos tiempos una velocidad muy vertiginosa.
MARISTAIN: Y, además, por qué no decirlo, usted todavía es muy joven.
SANTAOLALLA: Sí, todavía tengo mucho para hacer, como dijo Jack Nicholson cuando ganó el Oscar: "y esto recién empieza, todavía no has visto nada".
MARISTAIN: Gustavo en este ejercicio de memoria con Arco Iris, una cosa que no había descubierto cuando la escuchaba es que estaba entonces en pleno estudio musical, ¿no?
SANTAOLALLA: En realidad estoy en pleno estudio musical (risas)
MARISTAIN: Pero me pareció que era un grupo que quería poner todo lo que estaba aprendiendo en el Conservatorio.
SANTAOLALLA: Lo que me encanta es que nunca fuimos al Conservatorio.(risas)
MARISTAIN: Bueno, ¿dónde están ahora sus compañeros de entonces?SANTAOLALLA: Dana falleció hace dos años. Ara está en el norte de California. Casualmente, acabo de hablar con él después de varios años de estar incomunicados. Guillermo (Bordarampé, el bajista) y a Horacio (Gianello, el baterista) hace 11 años que no lo veo. Ahora en Argentina me van a dar un premio a la trayectoria, así que creo que voy a ver a mucha gente del pasado.
MARISTAIN: Gustavo, Charly García dice que para ser estrella de rock en Argentina hay que querer ser estrella de rock, ¿usted nunca quiso ser estrella de rock en Argentina o no lo dejaron?
SANTAOLALLA: No quise. Digamos que tuve mis sueños de estrella de rock cuando era chico y después lo fui mutando en otras cosas. Me encantó ser estrella de rock con Arco Iris y luego me pareció que al ir creciendo me interesaba otro tipo de proyección en lo que hacía. Ser un rockstar, aparte de las connotaciones superficiales, es algo unidimensional. En la creatividad, me interesaba mucho más desarrollar otros aspectos míos, como el de la producción, la música de películas y mis propios discos.
MARISTAIN: También Charly le decía a Pedro (Aznar) que había estudiado demasiado...
SANTAOLALLA: Sí, pero ese es un mal común. Estudiar en Berklee es como un pecado para el rock y de ese modo han llegado hasta arruinar la musicalidad de la gente.
MARISTAIN: ¿Qué otras cosas están arruinadas en el rock argentino?
SANTAOLALLA: Uno de los problemas del rock argentino es que nunca tuvo contacto con el exterior, por eso también hubo tanta resistencia a lo que se llamaba rock y venía de otro lado; recuerdo que cuando yo empecé a producir a grupos como Maldita Vecindad y Café Tacuba, en Argentina me miraban todos con cara rara. Hoy, Café Tacuba es el Radiohead
MARISTAIN: Esa actitud de "vigilante medio argentino", diría Calamaro.
SANTAOLALLA: Claro. Hay personas que están más allá del bien y del mal, como Charly; entonces no es que se le perdone o no se le perdone, es que directamente es un ser que está en otra dimensión, pero después están todos los que León Gieco llamó "los Salieri de Charly", que quieren ser como él pero no son él. Tienen los manierismos de un rockstar y tratan a la gente con esas maneras, lo que siempre me ha parecido una pelotudez gigante; ahí es donde siento que eso no ha ayudado esa "argentinidad". Por otra parte, siento que hay gente sencilla que ha mantenido un nivel de humildad y trabajo muy elogiables.
MARISTAIN: ¿Cómo sería el arquetipo del músico de rock argentino?.
SANTAOLALLA: No trabaja con un productor porque cree que se la sabe todas, cuando en realidad el arte de hacer discos constituye una labor de colaboración, por más talentoso que seas siempre necesitas del aporte de otras personas para crecer. Los Beatles siempre estuvieron con George Martin. Por suerte, la nueva generación de músicos argentinos es distinta, aunque esa manera de ser de antes hizo que de alguna manera se retrasara la evolución, pero bueno también fue lo que dio lugar a que se diera el movimiento en otros lugares, como por ejemplo en México.
MARISTAIN: En ese sentido yo también lo veo así, hoy toca Colombia, hoy toca México, ya está...
SANTAOLALLA: Igual, también lo que es maravilloso en Argentina es que hay tanto talento, florecen buenos músicos por todos lados del país.
MARISTAIN: ¿Le quedó algún resentimiento con el rock en Argentina?
SANTAOLALLA: Estoy súper en paz con todo el mundo, con todos los músicos tengo una buena relación, con casi todos los que trato, con los que no, no sé; yo de mi parte no tengo mala onda con nadie y creo que en general los músicos han aceptado y visto que mi visión de alguna manera se ha basado en un trabajo bueno, coherente, a través de los años. Habrá algunos discos que les gustaran más que otros. A alguno por ahí no le gustará el disco de Julieta Venegas, pero le gustará el de Juanes o el de Molotov; me entiendes hay tantos trabajos hechos, la Bersuit, la Vela Puerca, Los Prisioneros, Bajo Fondo Tango Club...
MARISTAIN: ¿Spinetta sería el más grande?
SANTAOLALLA: Yo creo que ese es otro de los horrores argentinos, determinar quién es el más grande o el número uno. A mi me parece que Spinetta es definitivamente uno de los grandes, pero también son grandes Charly y León.
MARISTAIN: Está bien, ¿León es como un hermano del alma para usted, no?
SANTAOLALLA: León es mi hermano en todo, es el hermano carnal que no tuve...
MARISTAIN: Mencionaba al Flaco porque es a veces el músico olvidado...
SANTAOLALLA: Yo no me olvido de él y para mí fue la primera gran figura, lo absorbimos todos; y después el segundo referente fue Manal, con Javier Martínez, ... yo soy de esa misma generación, sólo que a ellos se les conoció primero y después ya salimos nosotros; y después llegaron otros. Pero sí, Luis Alberto Spinetta es uno de los grandes de la música argentina.
MARISTAIN: Yendo a la partitura de Brokeback Mountain, son 15 minutos de partitura en la que está muy consustanciado con la historia. Algo que pasó en Amores Perros, no sé si tanto en Diarios de Motocicleta.
SANTAOLALLA: Yo he recibido comentarios muy buenos por suerte de todos. Por Diarios... me gané el BAFTA, el British Academy Award, contra Howard Shore por The Aviator y Craig Armstrong por Ray; pero te corrijo una cosa, de Brokeback Mountain son 15 minutos de scoring en el disco, pero en la película es bastante más. Ahora estamos viendo la posibilidad de editar un disco que contenga el score completo y las reversiones de las canciones hechas por mí. Las compañías discográficas no suelen creer mucho en el scoring, piensan que lo único que vende son las canciones y, en este caso, tanto Ang Lee como yo fuimos muy insistentes en que hubiera score, porque es lo que realmente te conecta con la película.
MARISTAIN: En los tiempos modernos del cine, el que había logrado mucho respeto al score fue Ryuichi Sakamoto...
SANTAOLALLA: A mí me encanta Sakamoto, es uno de los maestros.
MARISTAIN: Trabajo no le falta, aunque el Oscar le abrirá nuevas puertas...
SANTAOLALLA: La verdad es que trabajo no me falta. Está el trabajo por encargo y el que yo genero en mi cabeza. Siempre estoy muy ocupado. Obviamente lo que te da una cosa como el Oscar es una gran visibilidad, por lo tanto hay mucha más gente que de pronto se fija en uno y bueno, ya hay gente que me está buscando y antes no me conocía. Claro que las películas de 100 millones de dólares no son, precisamente, las que yo quiero hacer. Los filmes que me interesan son los de bajo presupuesto. Este año hubo muy buenas como Capote y Brokeback Mountain..., que se hicieron con poco dinero.
MARISTAIN: A mi me gustaría que lo llamaran para el Mundial de Fútbol, fíjese...
SANTAOLALLA: A mí me encantaría, me encanta el fútbol, yo soy de Boca Juniors. Por la fecha del Mundial voy a estar tocando con Bajo Fondo, estoy viendo de conseguir al menos entradas para ver algunos de los partidos.
MARISTAIN: ¿Quién es Aníbal Kerpel?
SANTAOLALLA: Es mi otro hermano, mi socio, mi coproductor, un punto de referencia total y es una persona increíble. Tenemos una relación de vida, amistad y familiar desde hace 25 años, seguimos descubriendo cosas y nos encanta trabajar juntos.
MARISTAIN: ¿Quién es Alejandra?
SANTAOLALLA: Es mi mujer, ella fue la fotógrafa en De Ushuaia a la Quiaca y estoy pegado a ella desde hace 20 años. Con ella tengo dos hijos, Luna, de 11 y Don Juan Nahuel, de 6, es mi compañera y es la socia principal de una Empresa llamada SANTAOLALLA.
MARISTAIN: Hay muchas personas que no tienen la argentinidad al palo, pero que lloraron cuando usted dedicó el Oscar a la Argentina.
SANTALOALLA: Sí, yo me puse algo que no uso nunca. Me puse camisa blanca y corbata celeste.
MARISTAIN: Es verdad. Hay un modo tal vez a partir de estos éxitos genuinos, que son los éxitos del trabajo y del talento, tal vez de entender distinto este ser argentino, porque hablábamos al principio de la entrevista de lo malo a veces que tenemos.
SANTAOLALLA: Claro, mira, yo me siento súper orgulloso de ser argentino y amo a mi país, y no lo digo de la boca para afuera porque yo desde que me fui de la Argentina he hecho un trabajo que ha sido de renovación musical súper interesante e importante y que con los años cobra más importancia. Café de los Maestros, con todos los grandes del tango, Bajo Fondo, Bersuit, Norberto Barrientos, Cristóbal Restrepo, Javier Casalla...mi amor por Argentina no lo profeso nada más hablando sino haciendo cosas, porque me fui de Argentina pero nunca me fui. Tengo mi base y mi cuartel aquí en Los Ángeles pero voy a la Argentina por lo menos tres veces por año y estoy en contacto permanente con Argentina, y estoy digamos en el escenario digamos, de lo que es la música y la cultura, a través de mi trabajo; entonces yo adoro la argentinidad positiva.
MARISTAIN: Está haciendo música de autor para el cine, cree en ese concepto, en cierta "Tradición Nino Rota".
SANTAOLALLA: Precisamente Nino Rota es un tipo que yo admiro muchísimo y sí, yo aspiro a eso, a hacer música de cine que sea música de autor, que la gente se compre el disco aunque todavía no vea la película y que de alguna manera lo conecte con la película.
MARISTAIN: ¿Y haría música para una telenovela, trabajaría en televisión o detesta ese medio?
SANTAOLALLA: No, no detesto nada porque para mí en todos los aspectos de la vida, en la música, en el cine hay dos categorías: bueno y malo; y hay buena música alternativa y otra que no, y eso tiene que ver con la calidad, con la visión, la estética, con la honestidad, con todas esas cosas... Gabriel García Márquez es un fan de las telenovelas y yo creo que hay telenovelas y que el género en sí. Creo que Alberto Migré, que acaba de fallecer, era un tipo que lo hacía muy bien y para mí, la telenovela es un género totalmente válido. Yo trabajaría en cualquier cosa que me excite y que sienta que es un desafío y que sienta que es algo en lo que puedo aprender, por un lado, y pueda aportar por otro.
MARISTAIN: Pensaba que si hacía una caja con todo lo que hizo de música popular, qué sé yo, desde De Ushuaia a la Quiaca, como Arco Iris, yo se la compro, cueste lo que cueste, eh.
SANTAOLALLA: Bueno, escucha, existe ese proyecto desde hace unos 20 años, de hacer un box set con todas las producciones que sería, imagínate, me encantaría, pero te digo que haría falta gente para recabar alguna cosita de cada cosa que he hecho, viste...
MARISTAIN: ¿En qué está ahora?
SANTAOLALLA: Estoy trabajando en el próximo disco de Bajo Fondo; un disco con el que era el cantante de Ketama, Antonio Carmona, estoy haciendo un disco con un pequeño grupo de la Argentina que se llama Semilla que fusiona el rock con folclore y estoy trabajando en Babel, la próxima película de Alejandro González Iñárritu.

lunes, 25 de junio de 2007

Gogol

Querida Mónica:
Sin duda alguna no te merezco. Cartearme con una argentina que además es inteligente que además no me echa en cara mis desvaídas imágenes de simbolista belga que además trabaja en Playboy que además lee a Gogol que además tiene opiniones exageradísimas sobre mis detectives, es o debe de ser uno de los consuelos de estar a pocos meses de cumplir medio siglo. Recibe un fuerte abrazo.
Roberto.
PD: Te enviaré en los próximos días un cuento o un proyecto de cuento que ojalá no te desagrade.

Las estolas de la soledad

Querida Mónica:
Siempre es agradable recibir una carta tuya, en cualquier fecha, a cualquier hora. Por supuesto, intentaré o hintentaré enviarte un cuento. Tú no dejes de escribirme. Espero, como se suele decir, que pases un feliz año nuevo en compañía de la gente que quieres o envuelta en las estolas de la soledad, que como imagen poética tal vez esté un poco pasada o remita a cierta poesía decadente, escenografías art-decó con fondo de llamas, pero que tampoco está tan mal.
Un beso.
Roberto.

El dinero

Querida Mónica:
Apenas tenga un cuento o algo mínimamente publicable, te lo envío, aunque sospecho que nunca veré el dinero. La desidia mexicana en ese aspecto es inversamente proporcional al empuje de ciertos boxeadores de los años setenta, casi todos encuadrados en los legendarios pesos pluma, mosca y gallo. Pero yo voy al muere tranquilo.
Un beso.
Roberto.

Sobre Fresán

Querida Mónica:
Se me acaba de ocurrir. ¿Por qué no le pides un cuento o una crónica o lo que sea a Rodrigo Fresán, a mi juicio de lo mejorcito que corre por la nueva literatura latinoamericana? Si te interesa, dímelo y te mandaré su dirección electrónica. Lo de Aira bien merecido se lo tiene por hacer turismo de congreso de escritores. Ya no quedan héroes.
Recibe un fuerte abrazo y un beso.
Roberto.

San Bofe

Querida Maristain:
No tengo el teléfono de Basso, pero de Anagrama os pueden enviar más fotos de él, y gratis. Y si queréis el teléfono, pues también. Líbreme San Bofe, santo patrón de los hígados tocados, que algún día me ponga a gorjear como Camilo, mi freak favorito. Los besos de siempre.
Bolaño.

Dulces sueños

Pequeña Maristain:
Es muy tarde, ya no puedo escribir cartas, sólo cuentos, buenas noches, mañana te escribo, que duermas bien, que tengas hermosos sueños, pero que tampoco sean tan hermosos como para hacerte llorar, buenas noches.
Bolaño.

Otra vez los vinos chilenos

Maristain querida:
No tengo ni idea de quién es ese grupo. Lo que sí sé es que los vinos chilenos son in-fi-ni-ta-men-te mejores que los argentinos. No caeré en la desmesura de compararlos con los vinos italianos o franceses o españoles, ni siquiera con los portugueses o húngaros o alemanes, pero, junto con los californianos, son sin duda los mejores del brave new world. Y en calidad-precio, mejores que los californianos. Bueno, después de esta explosión patriótica (no debo de estar muy bien de los nervios, hasta los spots comerciales me hacen llorar) recibe mi más cálido abrazo y buenas noches.
Bolaño.

Madrugada

Querida Maristain:
Son las tres y cuarto de la madrugada, mi hija de dos años ha tosido mucho, luego ha vomitado encima mío, yo he tenido que medio desnudarme (qué triste mi pobre cuerpo al lado del de mi hija) y vestirme otra vez, luego nos hemos puesto a ver el final de La dolce vita y ahora mi hija duerme y yo te escribo. La semana pasada estuve en Italia y una noche, mientras cenábamos en una calle de la parte vieja, me pareció que estaba dentro de una película de Fellini, que es algo que tarde o temprano sucede en Italia. Unos emigrantes tocaban el acordeón y otro instrumento improbable, puede que un timbal portátil, y la gente en las terrazas hablaba y se miraba con ese enorme amor a la vida, esa obstinación o feroz inocencia con que suelen mirar sólo los italianos (de origen o adopción). Al final se puso a llover, a cántaros, y aquello parecía el diluvio universal. Angelo Morino, que es escritor y que fue amigo de Puig, y que ha traducido algunos de mis libros, contó la historia de un amante suyo, allá por los setenta, que se fue a vivir con él y que se maravillaba de que en Turín había panaderías gay y hasta supermercados gay, lo que hablaba muy bien de la tolerancia turinesa. En realidad, este joven campesino feliz, había confundido el apellido Gai o Gay (usual en el Piamonte, también en Cataluña, por otra parte) con los paraísos de San Francisco (California y también, quiero suponer, el santo de Asís). No he vuelto a leer la entrevista. En Chile quieren publicarla, tienes que decirme cuándo sale en Playboy para que los chilenos no jodan la exclusiva. Por acá todo va bien. Sigo el tercero en la cola de espera. Y leo novelas policiales alemanas en donde a la tercera página descubro al asesino y a la décima me doy cuenta de que el detective es un idiota. Recibe el fuerte abrazo de rigor y, sobre todo, cuídate mucho, es decir no bebas, no fumes, dedica tu ocio a Bach y Vivaldi, a Leopardi y Döblin.
Bolaño.

Roque Dalton

Querida Maristain:
Gracias por tus palabras, como siempre, tan generosas y exageradas. Un único error, al menos que yo recuerde ahora: no conocí a Roque Dalton sino a sus futuros asesinos, que eran poetas y que algunos años después serían comandantes del FMLN. Subsánalo si puedes, y recibe mis abrazos y besos de siempre.
Bolaño.

Los besos posibles

Maristain querida:
Siempre es una alegría recibir unas líneas tuyas, pero yo te recomiendo escribirme más a menudo, porque en una de esas la he palmado. Desconozco qué fotos te enviaron, pero casi aseguraría que el fotógrafo es Basso Cannarsa. Digamos que estoy seguro en un 99, 9 %. Y otra cosa: ¿puedo, después de que publiques la entrevista en Playboy, enviarla a Chile y Argentina? Te envío todos los besos posibles.
Bolaño.

Besos de rigor

Querida Maristain:
Sólo espero (vanamente) que mis respuestas sean tan punzocortantes como tus preguntas. Un beso de rigor.
Bolaño.
(Los besos o abrazos de rigor son los que se dan los caminantes nocturnos cuando por azar se encuentran.)

Frívola y provocadora

Querida Maristain:
Frívola y provocadora, en el supuesto de que lo verdaderamente frívolo no lo sea por naturaleza, o por reacción química. Recibe el beso de rigor.
Bolaño.

El hígado de Camilo Sesto

Ay, Maristain querida:
Sólo a ti y a Felisberto Hernández se les ocurre pensar que el donante es "conseguible". Yo necesito el hígado completo. Saca las conclusiones siniestras pertinentes. De todas maneras, te agradezco tu medio hígado y tus cartas y tu maternal oferta. La revista os está quedando muy bien. Si hasta parece el Playboy. Tiremos adelante la entrevista, si puede ser. Por ahora no necesito dinero. Luego seguramente sí. Y, por supuesto, ya sé que la entrevista no es pagada.
Un beso.
Bolaño.
PD en forma de tres consejos (gratuitos e inofensivos): No bebas. Fuma menos. Cuídate mucho.

Póstumo

Ay, Maristain:
Tal como está tu relación con la palabra póstumo, lo mejor será que no esperes la salida de mi novela, porque igual es ídem. Las barricadas caen una detrás de otra y mi bandera ya más parece un pañuelo.
Besos.
Bolaño.

Aún respiro

Ay Maristain:
Aún respiro. Y ya soy el segundo de la cola.
Besos.
Bolaño.
PD: ¿Por qué no hacemos una entrevista, ligera, levísima, frívola incluso -son las que más me gustan- casi póstuma?

Lo bien que acentúas

Maristain querida:
Hay que ver lo bien que acentúas. Me maravilla. Yo dejé de estudiar a los dieciséis y tal vez por eso a veces se me olvida. Pero por lo general tampoco lo hago tan mal. De hecho, tuve una vez un libro de gramática que casi me volvió loco. Era como el libro de Lewis Carroll, pero de gramática, aunque la gramática en ocasiones, si la miras de sesgo, se parece a las matemáticas, y ahí empieza el peligro, el tarot de los números y de las letras. Hubo una época, cuando yo viví en México, que cada día tomaba un camión que pasaba junto a un gran manicomio en el extrarradio. No consigo recordar por qué razón tomaba ese dichoso camión infernal, mismamente el bateaux mouche de Caronte, pero lo cierto es que lo tomaba y cuando llegaba al manicomio, ahí había una parada, veía a los locos que se acercaban a la reja en el mejor estilo, explotado años después, de George Romero. Todos iban con pijamas. Todos eran locos pobres. Y para mí significaban algo, ¿qué?, no lo sé a ciencia cierta, tal vez una idea de cierta gramática, de otra gramática, una prosodia que se ramificaba en el aire. No te preocupes por mi salud. El asunto es tan corriente y vulgar que poco interés suscita en las musas, como dijo un clásico cuyo nombre, para variar, he olvidado. Siento mucho lo de tu madre. Espero que mejore. Recibe un fuerte abrazo.
Bolaño.
PD: No bebas, no fumes tanto, cuídate. Saludos a tu hermana.

Los chilenos no son modestos

Querida Maristain:
Apostilla a la carta que te acabo de enviar. Los chilenos NO son modestos. YO soy modesto. Humilde. Un pobre ermitaño lleno de llagas. Un río de lágrimas. Un árbol seco en medio del desierto.
Besos.
Roberto.

LULA, EL ANTIGUO OBRERO

Querida Mónica:
No seré yo el que te diga que en política la realidad y el deseo son dos cosas bien distintas. Para mí Lula es, en principio, un antiguo obrero que promete hacer lo posible para que todos los brasileños coman tres veces al día. Como objetivo político, o de política social, no está mal, es razonable, aunque como utopía es francamente pobre. Es como si Joyce, por poner un ejemplo de utopía literaria, hubiera dicho que su objetivo era combatir el analfabetismo irlandés, y hacia ese fin hubiera dirigido todas sus energías. Sobre todo, porque Joyce, si se hubiera dedicado a alfabetizar, no hubiera conseguido nada, que será lo que Lula, mucho me temo, conseguirá al final de su mandato. La gente seguirá suicidándose después de cada derrota de la selección de fútbol, la gente seguirá votando a Menem, la gente seguirá yendo a misa, la Marcha sobre Roma del fascio es imparable y se repite no cada año sino cada día, minuto a minuto. Quién gana. No gana nadie. Se podría pensar que gana la canalla sentimental, pero en realidad no gana nadie. Me llegaron las revistas y he leído con interés y ganas tus entrevistas, que son muy buenas. Tómate el DF con calma, con mucha calma, las tristezas allí son caníbales. Recibe un fuerte abrazo. Y perdona esta carta más bien depresiva, por lo común suelo ser un poco más alegre u optimista o algo así. Esta es una noche como para releer a Leopardi y su Canto nocturno de un pastor errante en Asia, que ya es mucho errar y mucho pastorear.
Roberto.

POR CARIDAD

Querida Mónica:
Mira que te advertí que estaba triste. En fin. No triste, exactamente, sino cansado y decaido (¿se acentúa?) Joder. Empiezo a olvidarlo todo. Dentro de unos meses me hacen un trasplante de hígado y yo no sé si es la nariz de la pelona o mi pobre víscera la que me orilla a esta especie de amnesia y de semivigilia que únicamente se suspende con la presencia de mis hijos, Lautaro y Alexandra, que son maravillosos. Te escribo otro día, con la mente más clara. Por ahora recibe mi más afectuoso abrazo.
Roberto.
PD: me llegaron los Playboy. Gracias por tus seis o siete o cinco razones para leerme. Si de mí dependiera sólo hubiera puesto una: Por caridad.

Bolaño.

LOS VINOS CHILENOS

Maristain querida:
Te lo juro de rodillas y por la sombra incorrupta de San Martín salvándole la vida a O´Higgins que los vinos chilenos son buenos y, ciertamente, mejores que los argentinos. En mi niñez viví en Cauquenes, provincia de Maule, una región que ostentaba el primer lugar en el índice de alcoholismo patrio. También era la capital del espiritismo, creo que hasta los curas hacían sesiones con la mesa de tres patas. De Cauquenes recuerdo sobre todo dos episodios decisivos: en uno de ellos me di cuenta de que cada persona es un mundo y que la lejanía podía ser sinónimo de muerte pero también de viaje hacia el interior vacío de cada uno. En el otro comprendí lo que era el teatro. La obra en cuestión era una mierda: La pérgola de las flores, de autora chilena, pero a mí me gustó tanto (era un niño sensible) que al salir no supe si salía de La pérgola o entraba en una obra mayor e incomprensible, la de las calles de Cauquenes, la noche de Cauquenes, Chile. Latinoamérica, the world. Visto en perspectiva, lo primero que se me ocurre es preguntarme cómo mi madre dejó que un niño de doce años fuera al teatro solo. Recuerdo que cuando mi padre nos iba a visitar, al regreso compraba vino, pues el de Cauquenes tenía fama de ser de los mejores. Me reí mucho con tu historia del italiano y tu marido. Estas cosas suelen pasar. Y con respecto a la música, no creas, a mí también me gusta el rock, sólo que lo prefiero en inglés o francés, para no saber qué están cantando. Es magnífico lo que cuentas sobre Bogosian. Creo que hace tiempo vi una película sobre una obra suya, puede que hasta la dirigiera e interpretara él, iba sobre un locutor de radio asesinado por fascistas. Pero no dejes la revista ni el periodismo, y hazme caso: fuma y bebe menos, por Santa Bernardita. Recibe todos los besos de rigor.

Bolaño.

martes, 29 de mayo de 2007

Ese dichoso colectivo del infierno


Hay dos hechos de mi vida en México que están ligados irremediablemente a Roberto Bolaño. El primero obviamente refiere al contacto virginal con su enorme Los detectives salvajes. Fue una tarde lluviosa, como casi son todas las tardes en el DF, y Bettina, mi amiga que hoy vive en París, me dijo: “Lee esto”. El otro hecho fue en el metro: absorbida por la lectura de esa novela primordial, eché a reír a carcajadas en un vagón repleto de personas que inmediatamente, y con razón, creían que estaba loca. La literatura de Roberto me salvó en esos momentos terribles. Cada persona tiene sus propios mitos inconfesables. El mío consistía por entonces en la necesidad de hallar mi novela, que era en el fondo la necesidad de hacerme cargo de una nueva vida, una nueva instancia que yo misma había elegido pero que sin embargo mucho me costaba en esos días dirigir, entender... Si en mi juventud, en la plenitud del amor, Rayuela había sido mi libro, al punto que el hombre que amaba me había puesto Manu de sobrenombre por lo mismo, ¿qué iba a ser de mi vida madura si no aparecía un universo que contuviera mis mitos de lectora? Los detectives salvajes fue la novela de mis ganas de seguir en el mundo. Y Bolaño fue El escritor capaz de ser amigo de sus lectores, aun sin contar con el privilegio de conocerlo. La literatura de Roberto cerró en mi corazón un camino y abrió otro. Retornó esa frase de Bioy que nunca puedo recordar textual: “Un buen escritor es aquel que compele a sus lectores a escribir”. Claro, después de Los detectives empecé a escribir una novela que por el bien de la literatura abandoné, pero que entonces me ayudó a entender el grado de vitalidad que tienen las letras de mi amigo querido. Sí. Fue casi un amigo porque el azar, que todo lo puede, me otorgó el privilegio de conocer a Roberto. No en carne y hueso, sino mediante cartas que llegaban siempre escasas (escasas para mí, que quería ganar el tiempo perdido) a mi correo. La cercanía posibilitó una entrevista que este mes publicamos en la edición mexicana de Playboy –¿acaso su última entrevista?– pero, sobre todo, me enseñó la generosidad de un ser de otros tiempos, de los tiempos, por ejemplo, en que yo era joven y amaba a un hombre que me amaba, de los tiempos en que la carta de un amigo desde lejos puede ser la llave para encender la propia voluntad, el gesto con que abrimos otra vez y para siempre una ventana, tomamos un café, escuchamos música...
Esta mañana es espesa. Hay una bruma que empaña los vidrios y la gata de mi amado amigo Daniel me desconecta a cada rato el cable del teclado. Este teclado no tiene acentos. Y no puedo hacer nada sin que broten las lágrimas. Roberto ha muerto en esta madrugada rara... una madrugada en la que me despertaba a cada rato y encendía la computadora para ver si él no había escrito una carta... yo quería saber, con esa arrogancia de quien hace planes para el futuro aun a sabiendas de que el mañana es una trampa en la que nos gusta caer cuando estamos irremediablemente solos, si le había llegado la revista, si, tal como pensaba, quedó bueno su reportaje...
No hay acentos. Sólo melancolía. Y un agujero en el corazón que él curaría con su ternura proverbial.

“Maristain querida:
Hay que ver lo bien que acentúas. Me maravilla. Yo dejé de estudiar a los dieciséis y tal vez por eso a veces se me olvida. Pero por lo general tampoco lo hago tan mal. De hecho, tuve una vez un libro de gramática que casi me volvió loco. Era como el libro de Lewis Carroll, pero de gramática, aunque la gramática en ocasiones, si la miras de sesgo, se parece a las matemáticas, y ahí empieza el peligro, el tarot de los números y de las letras. Hubo una época, cuando yo viví en México, que cada día tomaba un colectivo que pasaba junto a un gran manicomio en el extrarradio. No consigo recordar por qué razón tomaba ese dichoso colectivo infernal, mismamente el bateaux mouche de Caronte, pero lo cierto es que lo tomaba y cuando llegaba al manicomio, ahí había una parada, veía a los locos que se acercaban a la reja en el mejor estilo, explotado años después, de George Romero. Todos iban con pijamas. Todos eran locos pobres. Y para mí significaban algo, ¿qué?, no lo sé a ciencia cierta, tal vez una idea de cierta gramática, de otra gramática, una prosodia que se ramificaba en el aire. No te preocupes por mi salud. El asunto es tan corriente y vulgar que poco interés suscita en las musas, como dijo un clásico cuyo nombre, para variar, he olvidado. Siento mucho lo de tu madre. Espero que mejore. Recibe un fuerte abrazo.

Bolaño.

PD: No bebas, no fumes tanto, cuídate. Saludos a tu hermana”.

la abuela

la abuela y los membrillos muerta en el alarido de su páncreas para dejarte sola cruzar la street en una babilonia donde con el índice levantado te da consejos para que tu hombre no se vaya la abuela y los membrillos por el costado de un cigarrillo benson en la mañana border de tu desdicha sin hombre y sin abuela en el medio de la street donde la vieja canta un aleluya y en esa iglesia de maría auxiliadora huele a guiso para un cura huérfano membrillos de la abuela en el palacio urquiza tú junto a tu hombre la abuela con su páncreas un fito rojo en una carretera el dulce de leche con los dedos pringosos dónde quedó el bordado en punto cruz la plancha que arde en tus manitas qué loca la pared el punto el poro la carne verde de una enredadera que te degüella mientras el tiempo siempre el tiempo te cose los cigarros mañaneros y nada ya nada es como entonces

palindromazo


los gemelos de julio iglesias parece un trabalengua o una versión libre de un palíndromo a veces pasa que las palabras resuenan como un cascabel rompen parábolas y cuentan cuentos como ese del puente de aviñón en el que le proponías casamiento a la muchacha en otras vicisitudes mejor el silencio o un círculo sin gracia en el vidrio empañado y no delatar tu fragilidad con la punta del dedo índice cuando no puedas refrenar la tentación de comparar tu vida con la de eric clapton guarda la navaja y aléjate de los árboles en peligro de extinción es que hay un pueblo llamado austin donde vive un ciclista llamado lance al que le sacaron unos cuantos tumores del bocho y luego el tipo se ganó el tour de francia pero no estás para esos trotes ni siquiera sabes pedalear la vez que recorriste el parque con dos ruedas él guiaba el vehículo y casi chocan cuando hace frío te pones un saquito cuando hace calor metes las patas en una palangana no eres gracioso ni esperpéntico y no sabes por qué las palabras siempre son otras en los sueños tu mamá te grita la rescatas de un balcón como romeo van en un auto a checoslovaquia pero en la realidad no existe checoslovaquia ni los gemelos de julio iglesias son un palíndromo ni hace frío ni hace calor mejor te callas

benito


hoy recibiste una postal de un gato al que llaman benito
y alguien dijo de ti que eras valiente
pero todo está oscuro
el cuerpo esboza un infierno pasado
estás en un auto que no tiene frenos
alguien te mira queriendo decir cosas que te dolerán
enciende alguna luz para olvidar
abre una ventana para que puedas dormir con el culo al aire
lo sabes
la voluntad no existe si ruge la memoria
no eres nadie
cuando los sueños se creen con derecho a minarte la visión
qué vida simple es leer a séneca
cerrar los ojos y que no sea el rostro de siempre
el que te pregunte por qué dejaste tu país
tu casa con ventanas azules
aquellos perros que te conocían

pero la oscuridad no es sencilla
se hinchan las pupilas de tanto querer ver lo inusitado
sácate todas las ropas
tira las almohadas a un pozo ciego
da vuelta los retratos
gime
grita
parpadea
hoy tiene que ser el día de tu santo
y el día de benito

martes, 1 de mayo de 2007

ENTREVISTA A RODRIGO FRESÁN




¿Le interesa Argentina como tema en su literatura?
No mucho; la verdad es que no me interesa hacer literatura con eso. No soy un escritor "comprometido". Nunca me vi así, por lo menos. Me interesa contar una historia y en las historias que estoy escribiendo, Argentina no aparece en lo absoluto. Y eso no es una decisión consciente o inconsciente, simplemente que hay historias que sólo pueden transcurrir en Argentina y hay otras que no pueden transcurrir nunca allí.

Sin embargo, es desde hace tiempo representante de la nueva generación de escritores argentinos.
Sí, aunque la movida esa de la nueva literatura argentina también alude a cuestiones editoriales y periodísticas que de repente surgen en un determinado momento y después te dejan petrificado para siempre. Yo todas las mañanas me levanto rogando porque aparezca una nueva generación de escritores argentinos que me permita escribir, despegarme de cierto rótulo.

De todas maneras, creo que ahora la que está surgiendo es una nueva generación de escritores mexicanos.
Sí, en México hay muchos. También lo que ocurre es que la figura del escritor mexicano es muy diferente a la del escritor argentino. En México, la imagen del escritor no está asociada a una cierta bohemia alternativa como puede ser en Argentina, sino que allí hay una carrera de escritor. Lo más seguro es que liga con lo diplomático...

Con el poder, ¿no?
Sí, una cosa que parece formidable, ¿no? Digo, hay escritores en el poder. A mí no me interesa la política, pero la verdad que en Argentina, el tema del intelectual siempre ligado a los gobiernos ha sido bastante lamentable, ¿no? Muy ineficaz, digamos, muy decorativo.

¿Qué opina del crack, ese movimiento de los nuevos escritores mexicanos, todos ellos amigos suyos?
Lo que ocurre con el "crack” es que ellos tomaron juntos una decisión para venderse como generación o como estética. A mí me sorprende un poco eso, porque me gusta estar solo y la literatura es una forma de soledad socialmente aceptada. Entonces a mí, escribir para juntarme con gente me parece una especie de contrasentido.

¿Qué dice de los escritores mexicanos que dicen de los escritores argentinos que viven mencionando a Borges y con eso se creen que se les abren todas las puertas?
Borges es un gran escritor, punto final, digamos. No me parece un mal mencionar a Borges.

Fuera de Argentina no se ha leído a autores que son también muy importantes, como Rodolfo Fogwill o César Aira, ¿verdad?
Bueno, en España ahora están pegando bastante, tanto Piglia, Fogwill y Aira. Hay como una especie de pequeña movida, un poco ligada con el tema de la crisis y, a pesar de la crisis, el arte. Es un poco molesto porque en Argentina siempre ha habido buenos escritores. Pero si la gente prefiere pensar que en Argentina siempre ha habido buenos futbolistas, está bien, también, pero no es nueva la idea de la calidad de la narrativa en Argentina. Siempre se escribió bien, me parece.

¿Qué escritores argentinos son de su predilección?
Me gusta mucho todo. No tengo grandes odios. No soy un escritor que se defina por las antipatías, ¿no? Fogwill me gusta muchísimo, por ejemplo. Es un escritor al que mi generación le debe muchísimo más como fundador de una nueva forma de hacer literatura argentina en la Argentina.

Dicen sus amigos que nadie lee más que usted, ¿cuándo empezó a leer tanto?
Desde que tengo memoria. Yo creo que desde que tengo memoria siempre supe que quería ser escritor. Nunca manejé dos vocaciones alternativas, como presidente, futbolista, corredor de Fórmula uno, bombero, médico. A mí no me llevaban a la plaza o me llevaban poco. Leía mucho. Mis padres se juntaron y se separaron entre ellos ocho veces. En la infancia me regalaban muchos libros, supongo que para distraerme y yo me la pasaba muy bien leyendo.

Usted nació en el 63 y siempre se habló de usted como de un escritor joven. ¿Se sigue sintiendo joven?
Yo me acuerdo, por ejemplo, de la época que me recordé a mí mismo diez años antes, era una persona completamente diferente. Y ahora me recuerdo diez años antes y soy una persona más o menos igual. Hay un momento un poco terrible que es cuando te empiezas a dar cuenta de que estás acumulando a tus espaldas cada vez más y probablemente tengas menos adelante. Pero es una ley de vida eso, ¿no? También yo creo que si no existieran ese tipo de inquietudes y de nerviosismos tal vez uno ni siquiera se sentaría a escribir. Cuando todo tipo de trabajo, de relación, de actitud, está siempre asignado por la amenaza de lo finito. Si uno viviera en una especie de limbo absoluto, no escribiría.

Me refería también a esta cosa de mirar para atrás y darse cuenta de esas cinco novelas importantes, de su significado, como una visión en torno al oficio de escribir.
Bueno eso es raro, sí. Cuando uno empieza a existir, a tener viudas paralelas que no controla, muchas veces llenas de imprecisiones tremendas y de hechos preconcebidos y de leyendas urbanas, que de repente viene alguien y te dice "No, porque una noche tú te tiraste del Empire State". Cómo me pude haber tirado del Empire State, no podría estar hablando aquí. Es mucha imaginación lo que te digo, pero sí empiezan a existir cosas un poco extrañas. También, en ese sentido, la profesión de escritor es mucho más higiénica que la de rockero, por ejemplo, el trabajo físico literario es muy sedentario, muy aburrido. No hay nada más aburrido que ver a alguien escribiendo, porque estás sentado en un escritorio moviendo las manitas. No hay ningún tipo de glamour ni de atractivo. Pero ves a un tipo encima de un escenario con millones de personas aplaudiéndole y por eso dices "qué bueno esto". Pero hay una zona de la literatura que por suerte sigue siendo un misterio, sino impenetrable, por lo menos muy íntimo.

Aunque usted tuvo unos minutos de fama al aparecer en esa escena de Martín Hache, de Adolfo Aristarain...
Es que en la escena en la que Cecilia tiene una sobredosis, Adolfo puso diálogos que había sacado de Esperanto, una de mis novelas anteriores. La idea era que yo ya estaba al fondo fuera de foco, sin hablar, y cuando llegué, Adolfo me dijo "Toma, apréndete estas líneas. , tienes que hacerlo, ya está todo armado". También aparecí con Alan Pauls en la película La sonámbula, con guión de Ricardo Piglia, hacemos de asesinos tipo “Matrix” y los dos le pegamos a una chica, pero son tonterías, no tiene nada que ver con la literatura.

Son cosas que no dan para hacer una carrera en el cine
(risas). No, claro que no. Además, participar en el cine es algo que uno hace sin pensar y luego te arrepientes, porque piensas que será divertido participar en una escena pequeña, pero cuando para esa escena te hacen esperar casi 20 horas y luego repetir la escena hasta la estupidez, créeme que deja de ser divertido.

Ya que hablamos de cine, ¿qué le pareció la película de su amigo Fito Páez, Vidas privadas?
Tiene climas como muy pesadillescos y la película me pareció muy interesante. No sé si era eso lo que quiso hacer Fito, pero yo me la pasé bien viéndola.

¿Cómo es estar casado con una mexicana?
Bueno, es tener conciencia de tiempos distintos. Yo soy porteño y para mí el tiempo es ahora, ya...Mi mujer, en cambio, como buena mexicana, puede decirte: - Ahorita, pero “ahorita” puede ser mañana o dentro de tres años. Para mi esposa el “luego, luego”, que es dentro de un rato, puede significar “inmediatamente.

¿Es realmente la infancia la única patria en su literatura?
Yo creo que sí, y la biblioteca, ¿no? Son como las dos patrias. Una que es como la patria biológica que es donde te criaste, donde hasta los 12 años, más o menos, se planta absolutamente todo tu imaginario y todo tu caudal de experiencia. Lo que viene después, y la biblioteca refrenda, alimenta, es el refinamiento y las variaciones de actitudes y formas adquiridas en la infancia y de las que resulta muy difícil desprenderte. De todas maneras, eso de que la infancia es mi única patria literaria es, como toda frase bonita, también muy extrema, ¿no?.

Lo que es evidente es que su estilo literario no tiene nada que ver, en todo caso, con el realismo mágico; esa no es su patria.
Yo no tengo problemas con el realismo mágico. Hay toda una gente de mi generación que escribe como en oposición o como queriendo desprenderse de la sombra terrible del boom, ¿no? Siempre digo que si yo alguna vez escribo algo que le llegue a los talones a Crónica de una muerte anunciada, caigo de rodillas. El problema con el realismo mágico son los subproductos que de él derivaron. Yo hago irrealismo lógico, que es como lo mismo pero invertido, ¿no? Digo que la diferencia entre mis personajes con los del realismo mágico es que los del realismo mágico vuelan y los míos se estrellan, que es como una actitud mucho más argentina, digamos; no explotar, sino estrellar. Pero no tengo problemas con eso, incluso muchos de mis libros están llenos de cosas si bien no fantásticas, por lo menos un poco separadas de la realidad.

¿Cómo ve a México en términos de realismo mágico?
A mí lo que me interesa básicamente de México no es el realismo mágico, sino que me parece que México es un lugar donde el realismo mágico limita con la ciencia ficción, me parece que hay una mezcla de cosas ahí. Yo recuerdo cuando era chico, la envidia que me daba México con el tema de recuerdos del futuro, los extraterrestres aztecas, y aparte que tenían monstruos propios, ¿no?, las momias de Guanajuato... Lo mexicano no es realismo mágico, es un estado superior, creo yo.

¿Está acostumbrado a que se diga de usted "Fresán como escritor es buen periodista y como periodista es buen escritor"?
Mi llegada al periodismo fue para pagar el piso, para pagar el alquiler. Yo nunca dije: - Cuando sea grande quiero ser periodista; yo dije: - "Cuando sea grande, quiero ser escritor". Me parece que el oficio más noble de todos los laterales a la literatura, es el periodismo. El periodismo, para mí, es como hacer ejercicios aeróbicos mientras me preparo para los Juegos Olímpicos, que es la literatura. El periodismo me ha ayudado en un montón de cosas formativas. Y sí, hay gente que piensa que soy un periodista que hace literatura y hay gente que piensa que soy un escritor que hace periodismo. De todas maneras, yo tuve la inmensa suerte de que en todos los trabajos fijos que tuve en periodismo, siempre me encontré con jefes que me dejaron hacer absolutamente lo que quería sin ponerme limitaciones de tipo dogmático o fundamentalista. Por lo pronto, escribo en Página 12, que es el único periódico en el mundo que tiene tantos escritores de ficción en sus filas. Es casi reprochable que haya tantos escritores de ficción en un diario, ¿no? Esas son de las cosas buenas que tiene la Argentina, vez un proyecto así en un país como Estados Unidos ni siquiera llegaría a discutirse.

Sus reseñas en el periódico son exquisitas...
Gracias. En ese sentido, cuando hago reseñas, mi posición es muy evangélica. Siempre trato de hablar de cosas que me gustan y me entusiasman. A mí, por ejemplo, en los suplementos culturales, con el poco espacio que hay, digamos, dedicar media página a destruir un libro, cuando puedes hablar bien de otro que te gustó mucho, me parece una pérdida de tiempo. No entiendo esa manera de reseñar y no la practico.

Usted fue uno de los primeros en hablar de Martin Amis
Sí, bueno, porque lo leí en inglés y además vivía en Barcelona, donde sus libros se habían presentado antes que en Buenos Aires. Amis me gusta mucho, me sigue gustando mucho, igual que Ian Mc Ewan, que los ingleses en general.

Se radicó en Barcelona, donde hay muchos colegas suyos.
Bueno, Barcelona tradicionalmente es una ciudad de escritores nómades, de gente que llega ahí; siempre fue como muy hospitalaria, sobre todo con los escritores latinoamericanos. La verdad es que a mí Barcelona me gusta mucho, porque tiene lo mejor de la vida de provincia y lo mejor de una ciudad cosmopolita. Es muy de puertas para adentro. En Madrid me pongo muy nervioso, es como estar adentro de una película de Almodóvar todo el tiempo. Barcelona es mucho más privada, no hay casas abiertas, no camina uno todo el tiempo con gente, no hay fiestas. Sólo hay como cinco o seis fiestas fijas al año y esas fiestas tienen que ver con los premios literarios.

Y maneja su carrera literaria desde Barcelona
Ahora tengo un agente, cosa que antes no tenía y, bien, es un lugar donde pasan cosas por ahí. Es un buen lugar donde estar, sobre todo cuando ya tienes una cierta cantidad de libros atrás. Todavía vivo románticamente, con la idea de poder dedicarme sólo a escribir. No he perdido contacto con Argentina, sigo escribiendo para Página 12, sigo escribiendo para la revista mexicana Letras libres. A mí me parece mejor sumar que no sumar.

¿Y cómo vive esa polémica renovada acerca de los que se fueron a propósito de la última crisis en Argentina y de los que se quedaron?
Respeto a todo el mundo, el debate me parece genial, pero yo no me engancho en nada. La verdad que es como una remake, como el mismo argumento cambiando un poco las figuritas y sí, ha sido la primera crisis que golpeó de lleno a mi generación. Antes la veía con un poco más de respeto y ahora que estuve en mayo presentando el libro y veía la cara de mis amigos y te das cuenta que hay un castigo ahí, tal vez mucho más injusto, porque mi generación ni siquiera tuvo la gran fiesta revolucionaria de "vamos cambiar el mundo". Nosotros tenemos lo peor de ambos mundos, ni la comimos ni la bebimos. Te puedo asegurar que nuestra generación no va a tener desaparecidos, pero va a tener una forma de desaparecidos.

Además, a usted no le gustan ni el fútbol ni el dulce de leche.
Es verdad. En ese sentido no soy muy argentino, puedo vivir sin la carne sin ningún tipo de problemas. De todas maneras, cuando voy a Argentina como carne, pero el dulce de leche no me interesa, el fútbol nunca me interesó. Incluso con el fútbol tengo problemas así muy puntuales o muy críticos a la hora de sentirlo como esa actividad en la que todos piensan del contrario: - Los vamos a reventar. Extraño a amigos, pero yo no digo "extraño a mis amigos argentinos", extraño a mis amigos, podrían ser lituanos, también.

¿Argentina no es el centro del mundo, entonces?
No. Dios tampoco es argentino.

¿Y Maradona?
Maradona es como El retrato de Dorian Gray. O sea, es como el símbolo perfecto de lo que le va ocurriendo al país. El gol con la mano, por ejemplo, me parece algo muy típico de la Argentina. En ese partido contra Inglaterra están los dos extremos que definen a mi país: por un lado el gol genial, absoluto, y por el otro, la trampa, la “viveza criolla”.
Ahí tienes los dos rostros del ser nacional: la trampa y la genialidad.

¿Qué escritores en lengua española le atraen?
Bueno, sin dudas, el chileno Roberto Bolaño. 2666 me encantó y, además, soy de releer mucho. Releo a Bioy Casares, me gusta Juan Marsé, me gusta Eduardo Mendoza. Son más los escritores que me gustan que los que no me gustan. Yo no soy como esa gente que necesita verificar y renovar su antipatía. Hay un momento de tu vida que tienes un olfato que todo el libro que agarras sabes que te va a gustar. Los libros malos se quedan como en una instancia muy, muy anterior. De los argentinos me gustan mucho Alan Pauls, César Aira, Guillermo Saccomano, Ricardo Piglia y seguro me estoy olvidando de muchos.

En eso de no criticar, tampoco parece argentino
Lo que pasa es que yo no tuve educación universitaria. Soy un analfabeto. La universidad te forma mucho, pero al mismo tiempo te implanta muchos odios y muchas antipatías de las que yo me vi librado siempre. La verdad es que el oficio de escritor es tan difícil, tan excesivo, tan dificultoso y tan mal remunerado que, encima, pelearme con mis amigos escritores, con los que se supone que tienen que ser mis colegas, me parece un poco estúpido.

lunes, 30 de abril de 2007

ENTREVISTA A PACO TAIBO 1



- Todo el mundo parece tener ideas nuevas, ¿no?
- ¿Ah, sí?. Yo hace años que no veo una idea ni nueva, ni vieja, ni nada.
- ¿De qué ideas viene usted?
- En realidad no vengo, voy con mis ideas y eso me basta, aunque a veces me equivoque y mire hacia atrás con pavor por haberme equivocado. Bueno, cada vez me importa menos, es más: ¡Adiós, ideas!
- Así que no le importan las equivocaciones...
- Bueno, cuando una persona me empieza preguntar, pienso que debo mostrarme más humilde de lo que soy y entonces hago fingimientos.
- ¿Y en este fingir qué cosas esconde?
- A menudo estoy a punto de caer en la tentación de reinventarme a mí mismo, pero en un acto de humildad que no me corresponde, siempre termino mostrando quién soy.
- Dijo alguna vez que no confiaba en su memoria, ¿entonces en qué confía?
- ¿Esa es una pregunta seria?
- Sí.
- Por supuesto que no confío en nada. A ver, nací católico, eso me lo puedo quitar; con el tiempo me hice socialista, también me lo puedo quitar. ¿Y ahora qué soy? Ah, sí. Soy padre de familia, eso no me lo quita nadie.
- Cree en la paternidad.
- Creo en la familia pues es el gran sostén de un hombre. Sé que eso suena a doctrina de Padre Pepe, pero ni modo.
- ¿Sigue siendo un hombre de izquierdas?
- Claro que sí, ¿no se me nota? Cuando hablo del mole se me nota mucho.

jueves, 8 de marzo de 2007

EL CLUB DE LOS 100 LATINOS

A la desilusión, por su origen.
A Astor y Nora, nuestras hermosas criaturas sin pecado.
A Alejandro Márquez, que ya vio un cerdo de Pink Floyd volando sobre su cabeza.
Al lente-Totti, gran hacedor de sueños.

En un tiempo del mundo que a una gran mayoría nos ha hecho extranjera, ¿qué significa ser latino? ¿Es la latinidad un concepto moderno, una nueva línea de fuga hacia ese paraíso del poder consistente en fichar, marcar y clasificar las porciones de gente que habitan el gran planeta trágico?
- Pero yo soy latino, ¿apareceré en el libro?, fue lo primero que me dijo Staccioli cuando le propuse la confección de este nuevo y nuestro Club de los 100. No está mal: los nacidos en los 60 hemos todavía crecido sin la percepción de la tribu racial que el último muro (el de Buuushhhh) ha intentado perpetuar con la osadía criminal que desafortunadamente tenemos ya bien padecida. Tiene razón Andrea: después de todo él nació en la eterna y bella Roma, la ciudad europea cuna de la civilización latina.
Entonces, me gusta pensar en los latinos que pueblan este libro como en “los nuestros”, copiada esta idea de aquella pergeñada por Luis Harss en la obra de 1968 que dio cuenta del boom y lo limpió de sospechas editoriales espurias.
Los nuestros son los de acá, los vecinos, los que vimos crecer y hacerse hombres, en este caso jugadores de fútbol.
Sus historias, que distan mucho de parecerse a las de los cuentos de hadas, son en cierta medida parecidas a las nuestras, aunque ya quisiéramos nosotros tener un registro en el que los goles hechos superen a los recibidos.
En el medio de esto está el fútbol y atravesado por la única virtud que reconocemos propia: la pasión del fútbol según nosotros. Que no es mucho tal vez para la otredad, pero que en nuestro universo es lo que hay.
“Los Lennon y Mc Cartney del balompié”, me dijo un amigo hace unos días. Yo, que soy encantadora, sería Paul, le respondí. El cascarrabias de Staccioli no podría ser otro más que John.
Salvando las distancias, (que es lo que Andrea y yo tenemos muy bien salvado puesto que él vive en Italia y yo en México), en este cuarto libro que tuvimos a bien y mal terminar, siento que el “tano” y yo podemos ser más como Jagger y Richards: no nos importa mucho si está muy bien lo que hacemos, más bien lo hacemos porque no podemos dejar de hacerlo. Afortunadamente, cómplices no nos faltan y este es, a su vez, el tercer libro con Juan Roberto Presta, el entrañable amigo y mejor experto en fútbol que vive en Argentina. Estamos en la ruta, rocanroleando y estos no son los 100 mejores latinos del fútbol mundial, son nuestros 100 latinos, los que capturó el lente-Totti, investigó Juan y yo, bueno, no sé muy bien que hice, pero los encantadores no estamos obligados a dar demasiadas explicaciones. Hasta el próximo libro, que ya empezamos a imaginar, por cierto.