domingo, 3 de abril de 2011

CHARLY GARCÍA


Una de las últimas presentaciones públicas del legendario rockero argentino acaeció en el verano cordobés cuando, en el marco del “Cosquín Rock 2011”, el músico de bigote blanco, pasados largamente los 50 años, resucitado después de varias muertes anunciadas que siempre se frustraron (“Al fin y al cabo, él nos va a enterrar a todos”, supo decir alguna vez su colega y amigo Fito Páez), dio un concierto con una energía inusitada, tan propia de otros tiempos, de otros destellos.

Según las crónicas, el autor de temas memorables como “Los dinosaurios” o “Cuando me empiece a quedar solo”, por nombrar apenas dos canciones de su vasta e imprescindible obra artística, se mostró entusiasta, dinámico, dueño de sí mismo y del escenario que ha sido siempre su primera casa, su único domicilio conocido.

Lejos estos apuntes de aquel junio del 2010 cuando García pisó suelo mexicano y ofreció un concierto cargado de nostalgia en el emblemático Auditorio Nacional. Fue la oportunidad en que hizo una emocionante aunque truncada versión de “Canción para mi muerte”, el himno que escribió a comienzos de los 70 (cuando Charly apenas contaba con 20 años) y que sirvió para celebrar su vuelta a la vida plena, luego de una larga temporada en el infierno de la metadona y de los fármacos para poder dejar la cocaína, su compañera fiel en una existencia cargada de excesos.

“Este es una de los temas que más me gustan; es una canción de vida para los que estamos de vuelta, la voy a cantar hasta donde me acuerde”, dijo entonces el músico, para delirio del público que aplaudió cada uno de los lentos e impredecibles movimientos de un hombre vestido con un traje oscuro, una camisa gris, cargado de kilos, como botarga que reflejara un poco, apenas un poco, la gloria que supo coronarlo como un genio en el ayer.

“Teníamos que llevarlo y traerlo como si fuera un muñeco. Parecía no entender nada a su alrededor”, dijo en confianza uno de los productores que lo trajo a México.

Hacía apenas un año que García había salido de la casa de fin de semana del controvertido autor de temas comerciales durante la cruenta dictadura argentina, Palito Ortega. Parecía ser una oportunidad en un millón para que el músico también conocido por inaugurar y gozar del concepto de “rockstar” en la Argentina (Y por qué no decirlo, en todo Latinoamérica), se curara de sus adicciones y pudiera alargar una vida que siempre transcurrió en el abismo, en el borde de un precipicio que, según la lógica de los médicos y de los que nunca visitaron el lado oscuro, hace rato que tendría que habérselo tragado para siempre.

El último concierto de García en México, por ejemplo, había transcurrido a principios del 2000 en el Salón 21, donde en pleno escenario se dedicaba a tomar cocaína, donde destrozó un cuarto de hotel y donde dio una conferencia de prensa a unos pocos periodistas elegidos mientras se chutaba un churro de marihuana gigante.

Charly nunca paraba y todos los años eran el año en que García iba a morirse. Pero no. No ha muerto. Ni siquiera se murió cuando en 2008 se tiró de un sexto piso y cayó vivito y nadando a una piscina. “A los chicos les digo que no repitan estas cosas en su casa”, fue la primera frase que el músico alcanzó a decir Charly, quien entonces tenía 56 años, antes de que sus asistentes se lo llevaran a descansar.

Como las que suele disparar Maradona, el otro gran mito contemporáneo y contradictorio de la Argentina, las frases de García resultan memorables. Para muestra aquella que esbozó cuando los periodistas le preguntaron qué opinaba del atentado a las torres gemelas de Nueva York. “¡Qué puntería!”, dijo. Y no dijo más.

Charly no sólo no ha muerto, sino que al parecer tampoco está tan dormido como dicen aquellos que critican su recuperación farmacológica y preferirían verlo bajo tierra antes que automatizado por los tratamientos hospitalarios.

De acuerdo con su concierto de Cosquín Rock 2011, es posible esperar que el enorme cantautor sudamericano se muestre en una inesperada e inexplicable plenitud en el marco del Festival Vive Latino 2011, donde se presentará el viernes 8 de abril.

Las expectativas son entendiblemente altas en un país que si bien admira al músico, no lo venera ni le perdona todos sus exabruptos. En Argentina este “Carlitos” García es como el otro Carlos, el Gardel, es como el “Carlitos” Tévez, de Boca Juniors y del Manchester City, es como Maradona: abono de primera calidad para el campo fértil de los fanatismos, allí donde el imaginario popular construye altares para sus ídolos imposibles.

Un gen García

Quizás, en la vida de Carlos Alberto García Moreno, nacido el 23 de octubre de 1951, todo se deba a su privilegiada constitución genética. Cuando apenas era un niño ya tocaba a Mozart con dedos mágicos y tenía lo que en música se llama oído absoluto.

También era el ser caprichoso y mimado que es hoy, cuando está a punto de cumplir sus primeros sesenta años. Cuando sus padres, un matrimonio de clase acomodada de la Capital Federal, partieron en un viaje rumbo a Europa y no lo llevaron, a Charly le dio por tener una crisis nerviosa y contraer vitiligo, esa enfermedad que le produce las conocidas y reconocibles manchas blancas en la piel.

Sí, probablemente hay un gen García que lo salva de todos los males que acabarían prontamente con otros comunes mortales. Ya lo dijo su amigo Fito Páez, al opinar sobre el otro caso del exceso argentino: El caso Cerati. “No sé de qué misterio se trata, Bukowski vivió hasta los 82 años…lo que creo es que no hay leyes, uno tiene una vida, una forma de vivirla y los años no están ligados a los excesos solamente.”

Como sea, este hombre que dice ser “el mismo y otro diferente” en forma simultánea, transita por la vida con bandera blanca de paz y de guerra, un estandarte que lo habilita para cantar o no cantar, tocar el piano o no hacerlo, avalado como está por una obra magnífica por medio de la cual ha contado la historia de los últimos 40 años del país que lo vio nacer.

Las canciones

Y siempre quedan las canciones, esos soles que brillan en una carrera sin pausa que Charly García ha seguido siempre fiel a un principio básico: el rock es la fuente de la eterna juventud.

Como el eternamente joven que es, el músico ha podido y ha sabido interpretar el pulso de cada nueva generación en las últimas cuatro décadas. Así, el público que hoy lo sigue tan fervorosamente como ayer, tiene entre sus filas al abuelo, al padre, al hijo y al hijo del hijo. Todos esperan que el héroe del bigote bicolor les narre la actualidad con pasión de poeta y esgrimiendo como un científico loco el estilete que se clava en la hondura de los hechos. García siempre se ha metido de lleno en la realidad, hiriéndola con sus canciones hasta la exasperación, para devolverla contextualizada en su música a aquellos que, al seguirlo, buscan entender qué pasa alrededor.

Sin él quererlo, no ha sido profeta sino mensajero de los tiempos modernos. Yendo de la cama al living, demoliendo hoteles, su filosofía barata, aunque le ha costado muy cara, ha servido para que miles y miles aficionados a su música encontraran en sus canciones una manera de vivir y explicarse lo inexplicable.

“Las últimas épocas pueden parecer re locas, pero yo seguía haciendo buenas canciones. Ahora el extra es que las voy a interpretar de una forma casi perfecta”, dijo Charly en una entrevista publicada en 2010 en el periódico “Clarín”.

La supervisión de un juez, la atención permanente de un psiquiatra, el entrenador físico, la docena de enfermeras y de asistentes terapéuticos que velaron por él durante los 13 meses que duró su recuperación, hicieron el milagro y “El más grande”, como lo llamó la campaña marketinera que sus productores idearon para el regreso, volvió.

Una historia cantada

En la vuelta, Charly se tomó el tiempo para hablar de su obra, algo que no le gusta hacer. Fue en un artículo para la revista Rolling Stone de Argentina, donde el músico tuvo a bien elegir 10 canciones de su amplio repertorio. Sus diez favoritas.

“Cuando ya me empiece a quedar solo”

Es una canción que abre Confesiones de invierno, el segundo disco de Sui Géneris, el dúo que Charly formaba con el cantante Nito Mestre. Tiene una letra profundamente melancólica, acaso una de las más poéticas de García, más inclinado a la lírica periodística, contundente, como un mazazo. En el regreso del músico, la canción suena profética -aunque la compuso cuando apenas tenía 22 años- y en ella Charly se refiere a lo que tendrá en su vejez: “…un escenario vacío, un libro muerto de pena, un dibujo destruido y la caridad ajena…un televisor inútil, eléctrica compañía, la radio a todo volumen y una prisión que no es mía, una vejez sin temores, una vida reposada, ventanas muy agitadas y una cama tan inmóvil…”.

García alaba de este tema “porque es mi primera canción que tiene diferentes ritmos”.



“Tango en segunda”

Pertenece al tercer disco de Sui Géneris, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, que fue editado en 1974 –cuando Charly tenía 23 años- y marcó un cambio de estética en la banda al incluir más sonidos electrónicos y anunciar el cambio de rumbo del músico, que después de este álbum abandonaría el dúo para formar La máquina de hacer pajaros. Tiene una letra hermética y surrealista, propio del crecimiento interior de García y de su exploración musical a través de bandas progresivas como la italiana Premiata Forneria Marconi.

García recuerda de este tema que “tenía un sonido que me recordó a un bandoneón medio Wagneriano, medio sinfónico y realmente quedó una cosa bastante original”.

“Música del Alma”

Pertenece al disco homónimo de 1977, grabado junto a León Gieco y a David Lebón, el guitarrista con quien formaría la banda Seru Girán. Fue compuesto en la “etapa brasileña” de Charly, cuando se fue a Buzios para aislarse del ambiente musical argentino y conoció a Zoca, una brasileña que fuera su novia durante muchos años.

Charly eligió esta canción entre sus favoritas porque “tiene unas armonías vocales muy trabajadas”, aunque no está entre las preferidas de su público, que la desconoce en su mayoría.

“Eiti Leda”

Es una de las canciones más queridas por los seguidores de Charly. El significado de su título hermético aún es discutido por los conocedores del rock argentino y ninguno ha podido ponerse de acuerdo. Pertenece al disco Seru Girán, de 1978, de la banda Serú Girán formada por músicos que hoy son famosos como el bajista y cantautor Pedro Aznar, el guitarrista y cantautor David Lebón y el fallecido Oscar Moro, considerado uno de los mejores bateristas del rock argentino. El éxito de la agrupación fue tal que la banda fue bautizada por los críticos sudamericanos como “Los Beatles criollos”.

García eligió este tema “porque también es una pequeña suite en el sentido de varias piezas o varias pequeñas canciones juntas, si bien está pensada en un tirón”.

“No te dejes desanimar”

Es una de esas canciones de Charly que su público ha adoptado como himno para ser cantado en las canchas de futbol. Pertenece a su etapa al frente de La Máquina de hacer pájaros y fue dada a conocer en el álbum Películas, de 1977. El sonido del tema, así como el de todo el álbum, es reflejo de la gran influencia que estaba teniendo en esos momentos el rock progresivo en Charly, quien se la pasaba escuchando a Yes y al primer Génesis. La letra, si bien como todas las de García no es de evidente protesta, fue escrita un año después de que la más cruenta dictadura comenzara a asolar la Argentina. Cuando ese país sudamericano comenzaba a familiarizarse con el concepto de “desaparecido” aplicado a los miles y miles de personas que fueron “chupados” por los militares en esa etapa negra y dolorosa.

A García le gusta este tema porque “es una canción anti-bajón, no es una canción de protesta, es una canción que intenta dar energía en tiempos terribles”.

“Peluca telefónica”

Pertenece a una etapa muy loca de García, muy descontrolada. La canción, rara y de letra absurda, fue incluida en el álbum Yendo de la cama al living, a cuya grabación fue invitado el enorme Luis Alberto Spinetta y, otra vez, Pedro Aznar, su compañero de Serú Girán. Se trata del segundo disco en solitario de García y la temática alude a la Guerra de las Malvinas, que el gobierno militar inició en 1982, cuando salió el álbum.

García tiene esta canción entre sus favoritas “porque tiene una sesión rítmica de lujo”.

“Los dinosaurios”

Acaso la canción más emblemática de toda la carrera profesional de García. Su modo de denunciar las desapariciones de la dictadura argentina, engañando a la fuerte censura que se cernía sobre todas las obras artísticas en aquella época. Pertenece al álbum en solitario Clics modernos, editado a principios de 1983, cuando la dictadura agonizaba (se iría en diciembre de ese año). Por canciones como estas, la gente que sigue a García le profesa un amor irredimible y constante. La guitarra en este tema está a cargo del famoso guitarrista de jazz Larry Carlton.

García ama esta canción porque “está todo en el piano, incluso el bajo está hecho con el piano”.

“Rock and roll Yo”

Pertenece al disco homónimo de 2003, una etapa furiosa y adicta de Charly García. Es su álbum número 22. Al principio se iba a llamar “Asesíname”, pero el músico optó por cambiar el nombre, “pues tenía miedo de que alguien lo tomara en serio y me matara”, dijo.

“Me gustan el riff, la estructura de la canción y la interpretación”, García dixit.

“I´m not in love”

Es de la última etapa de Charly García y dice aquello que sus seguidores repiten en cada concierto: “Cuando la gente dice que estoy bien no puede ver debajo de mi piel”. Pertenece al disco Influencia, del 2002, en una vuelta al escenario y a los primeros lugares de venta y de aceptación del público. También tuvo en este año una gran exposición mediática. Fue muy difundida la pelea con Andrés Calamaro, con quien todavía no se habla. En la canción se escucha la voz de la guitarrista y cantante María Gabriela Epumer, que moriría al año siguiente víctima de una pulmonía.





Charly ama esta canción “porque me dio la posibilidad de juntarme con mi infancia y es una especie de homenaje a Los Beatles”.

“No importa”

Es una de las canciones recientes de Charly y apareció en el disco Kill Gil, de 2010, cuya estética alude a Quentin Tarantino. Con esta letra vuelve García a sus frases contundentes y filosóficas que tanto alaban sus seguidores.

“Es una de las canciones mas pesadas que hice y me hace acordar un poco la simplicidad de la letra a la época de Lennon de Mother y la Plastic Ono Band”, dijo Charly.

Recuadro

Los músicos de Charly García

El rockero argentino vendrá a México con una banda formada por el guitarrista Carlos “El Negro” García López, un virtuoso de estilo un tanto petardista muy conocido por el público local, pues vivió durante muchos años en Coyoacán, el joven bajista chileno Carlos Ludwig González y el pianista veterano Fabián Von Quintiero, un músico mediano que sobre todo lo contiene emocionalmente a Charly. En los coros, en reemplazo de la conocida cantante Hilda Lizarazu, vendrá Rosario Ortega, la hija menor de Palito, el cantor que lo rescató del infierno.

1 comentario:

Jojo Lamouche dijo...

Buena reseña. Recorre algunos hitos de Carlos García Moreno, muchos a mi parecer para alguien que ha estado bajo reflectores por décadas. Como si en México no se le conociera y se necesita pues de repasarlo todo para, acaso, mirarle un poco. Un en efecto así es. Charly, la rockstar en el otro aldo del mundo.