sábado, 28 de agosto de 2010

LA ARROGANCIA MORMONA DE BRANDON FLOWERS


Todo en la vida de Brandon Flowers (Nevada, 21 de junio de 1981), una de las máximas estrellas de rock del momento, parece ser una contradicción o una maniobra del absurdo que, por un contrasentido sin dudas redituable, le hace ganar más fama y más millones a quien parece ya haberlo ganado todo.
El frontman de The Killers, la banda de Las Vegas fundada en 2002 que ha vendido más de 15 millones de discos en el mundo, pasea su singularidad envuelto en una estampa que requiere de mucho delineador negro en los ojos y de un temple eficaz para vencer los rumores encontrados que crecen a su paso.
Por lo pronto, hace ingentes esfuerzos para superar el mote de santurrón que le adjudica una parte de la fanaticada y con que lo describe la prensa musical debido a su adhesión a la iglesia mormona.
“Me siento más aislado que el resto, sólo por ser un hombre de fe”, dice Brandon intentando digerir las burlas que su gusto por la religión, despierta entre quienes intentan descifrar la compleja personalidad de una súper estrella global criada en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
“Ser religioso parece ser un tabú en el universo del rock y la gente me mira como si estuviera loco”, predica el chico que además de creer en Dios afirma que existen los extraterrestres, tema que exploró en su canción “Spaceman”.
Flowers, que transita su vida familiar en Nevada, a pocos kilómetros del “Área 51” la base militar de la CIA (hecho que no desprecia pues los experimentos aeronáuticos que se realizan allí le dan esperanzas de poder toparse algún día con un ser de otro planeta), es el menor de seis hijos de un matrimonio de trabajadores que contagió a su prole de la fe mormona.
Casado con Tana, una chica de apariencia sencilla a la sazón su novia de toda la vida y madre de sus dos pequeños hijos, el cantante y compositor es en la vida real un chico extremadamente tímido, aficionado al tabaco y a la cerveza en justas proporciones y sobre cuya cabeza pende la fama de una homosexualidad de clóset que el artista no confirma ni desmiente (sabido es, además que la iglesia mormona considera pecado a las relaciones entre personas del mismo sexo).
Cuando la comunidad gay intenta llevar agua para su molino, atraída sin dudas por el gran cúmulo de sensualidad que derrocha el florido muchacho, cita la canción “Somebody told me” que en su estribillo dice algo más o menos así: “Alguien me dijo que tienes un novio, que se parece a una novia, que tuve en febrero del año pasado… ¿No serían la misma?”.
El tema “Andy, you´re a star” cuenta la historia de un niño enamorado de un compañero de clase y, como para que las cosas se confundan aún más, el inmenso cantante y compositor neoyorquino Rufus Wainwright, homosexual declarado y militante, le dedicó a Brandon la canción “Tulsa”, que hace referencia al bar donde ambos músicos se conocieron.
Más allá de los rumores, lo que puede constatarse con certeza en la vida de Brandon Flowers es que el rockstar es un verdadero hijo de mamá, tanto como para suspender, en enero del 2010, la multimillonaria gira asiática y australiana que The Killers tenía comprometida. La enfermedad de su progenitora, quien murió a causa de un tumor cerebral un mes después, dejó devastado al músico.
La mujer, de 64 años, fue la que le transmitió la mayoría de sus valores morales y la que seguramente censuraría la arrogancia supina con la que Brandon se presenta a las entrevistas de prensa y en las que suele decir cosas como que “The Killers bajará del pedestal a bandas como Nirvana o Led Zeppelin”.
Los que crean que el músico asesino podrá corroborar con hechos sus aires de grandeza, tendrán que esperar quién sabe hasta cuánto porque la agrupación, luego de seis años de intensa actividad, decidió tomarse un respiro.
El parate le sirvió al también pianista Flowers para diseñar y terminar su primer disco en solitario, cuyo sugestivo título, Flamingo, rinde honores a la Ciudad del Pecado en la que nació.
“Crecí ahí, por lo que está cerca de mi corazón. Siento la responsabilidad de representar el lugar de donde soy, de defenderlo. Es un lugar que muchas personas odian. Yo sólo puedo quererlo”, dice el músico.
Flamingo se compone de 11 temas con matices de rock, pop, electrónica, gospel e incluso un poco de blues. Para este álbum, Brandon se rodeó de talentosos productores como Stuart Price (Madonna, The Killers), Daniel Lanois (U2, Bob Dylan) y Brendan O’Brien (AC/DC, Pearl Jam). Las canciones “Jilted Lovers” y “Broken Hearts” pondrán a bailar al personal cuando Brandon salga de gira, después del 14 de septiembre, fecha prevista para el lanzamiento mundial del álbum.

lunes, 23 de agosto de 2010

ENTREVISTA A CRISTINA RIVERA GARZA

Entrevista con Cristina Rivera Garza
La modernidad y la salud mental
La novelista e historiadora habla de su reciente libro La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General. México, 1910-1930 (Tusquets), una indagación en la relación entre sociedad y locura.





Subida a su propia nave de los locos, timonera como es de una obra personalísima, compleja e inclasificable, la escritora Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964) desnuda y al mismo tiempo viste con su lenguaje preciso y claro a las dolientes almas de La Castañeda, el célebre manicomio de la Ciudad de México.

La autora de la novela Nadie me verá llorar, publicada hace ya una década y que tiene como protagonista a Matilda, una interna del célebre loquero, escribe desde su posición de historiadora, una carrera a la que le dedicó mucho tiempo y energía; tanto como a su profesión de escritora.

Construye Cristina, ganadora en dos oportunidades del premio Sor Juana Inés de la Cruz —entre otros galardones que la refrendan como una de las voces más importantes de la literatura mexicana contemporánea—, un texto abigarrado y riguroso que busca mostrar el otro lado de la modernidad que con muchos fuegos artificiales anunció el régimen de Porfirio Díaz a principios del siglo XX.

La Castañeda. Narrativas dolientes desde el Manicomio General México, 1910-1930 (Tusquets, 2010) se convierte así, por arte del tiempo que todo lo cura y que todo lo transforma, en una visión crítica no sólo retrospectiva, sino también a futuro, de un país, México, que celebra sus 200 años sin haber dado respuesta a esos seres que, en lo oscuro y casi en secreto, también a su modo sentaron las bases de un tejido social caracterizado por su capacidad de supervivencia y, por qué no decirlo, por su sistemática tendencia a la heroicidad.

El discurso de la locura, la contaminación entre las voces de adentro del manicomio que permaneció abierto durante 58 años y las de la calle, en un territorio donde las prostitutas, los homosexuales y los pacientes con enfermedades venéreas eran depositados como testimonio de un conjunto de problemas que la sociedad de la época se negaba a ver y a integrar, son la sustancia de un libro imprescindible para saber de qué estamos hechos y deshechos, ahora que, por oficio de la historia, nos hemos convertido en bicentenarios.


MM: ¿Qué son las facultades mentales?

CRG: Me parece un inicio interesantísimo para una entrevista sobre la locura. Asumimos sin analizar mucho que hay un estado de la mente determinado y que no padecer de las facultades mentales, como suele decirse, se corresponde con cierta normalidad o con ciertos chips o herramientas que deberíamos tener en la cabeza para trabajar y hacer todas las cosas de la vida. Carecer de las facultades o de esos chips nos convertiría, entonces, en anormales. Decidir qué es o no es una facultad mental es parte de este gran debate que lleva a cabo la psiquiatría.
MM: El trabajo que hiciste fue desde tu lugar de historiadora rigurosa y precisa, a veces hasta acrítica, tan lejano de tu papel de escritora…

CRG: Bueno, uno es siempre más de una o dos personas. Ahora que estaba revisando el texto de La Castañeda, que en realidad tiene muchos años ya de haber sido escrito e ideado, me sorprendió un poco encontrar guiños que iban de un libro a otro; cosas más bien discretas, no en realidad puentes colgantes que estén anunciando, por ejemplo, de aquí se va a tal o cual capítulo de la novela (Nadie me verá llorar). Aunque creo que lo que sí comparten la novela con el texto histórico son preguntas acerca de la lectura de textos del pasado, qué sobrevive o qué no sobrevive en el tiempo, preguntas generales que de un modo u otro también han ido formando parte de los otros libros que he escrito durante esta última década.
MM: ¿Cuál ha sido el método para escribir La Castañeda…?

CRG: He tratado sobre todo de respetar el rigor académico, la investigación, que ha llevado muchísimos años. Cada una de las cosas que están documentadas corresponde a la información que aparece en la cita del pie de página y tengo también visiones críticas acerca de la estructura de la historia y, de hecho, los dos últimos capítulos constituyen una especie de sugerencia para ciertas metodologías en términos de esta estructura. Con todo y eso, me sigue pareciendo fundamental que el aparato documental se trate con el rigor del caso. A la vez, me gustaría pensar que este libro no sólo va a ser leído por los especialistas, que son muy pocos, la verdad, sino también por una diversidad de lectores interesados en las historias de los pacientes y en los diálogos de los pacientes con sus psiquiatras.


MM: Bueno, hay muchos libros que dicen ser de historia, se venden muchísimo y ni citas traen…

CRG: Yo estudié historia y es una disciplina frente a la que conservo una distancia crítica, pese a lo cual me encanta todavía. Soy una historiadora de corazón y la experiencia epifánica de ese oficio se da cuando estás frente a los archivos que pueden cambiar tu visión del mundo o confirmar una intuición.
MM: Tu libro, tal vez sin quererlo, puede ser también una postura crítica frente a otros libros que dicen ser de historia, pero que en la realidad están bastante alejados del rigor del oficio…

CRG: Eso me da pie para tratar otro tema relacionado, es decir, es como cuando se cree que porque hablas español puedes escribir una novela o porque naciste en Perú eres experto en pisco. Un poco, sí, hay en mi trabajo un cierto reclamo por la complejidad que implica meterse con ciertos temas y estudiarlos a fondo. Y por otra parte, también hay un reclamo hacia la facilidad con que muchas veces se habla de la novela histórica, basada en un expediente pero que en realidad se está refiriendo a la información contenida en ésta y no al proceso que conlleva estar lidiando con la forma, el contenido, que vienen del pasado hacia el presente. Me gusta más hablar de ficción documental que de novela histórica.
MM: Le llamas al libro tu nave de los locos, pintada con cuadros de El Bosco, ¿en qué parte de esa nave estás tú?

CRG: En un lugar muy complejo, antes de empezar a revisar los expedientes de La Castañeda tenía visiones muy románticas de la locura, el poeta maldito, el genio, etcétera. Conforme fui leyendo los documentos, el impacto consistió en encontrar historias de vida muy normales —si podemos llamarlas así— relacionadas con la enfermedad. La primera reacción como lectora de expedientes fue darme cuenta de que estaba leyendo sobre vidas difíciles, vidas rotas a la mitad, vidas que de hecho tienen la posibilidad de ser nombradas por la propia enfermedad. Si la enfermedad no hubiera existido, ¿cómo hubiéramos podido conocer, con tanto detalle, los efectos de la desgracia en ciudadanos pobres, desposeídos, analfabetos? Luego, la relevancia política de este tipo de estructuras que implica traer a colación estas voces quebradas. Son experiencias tan duras, tan dolorosas, en un momento de la historia donde se está tratando de definir la frontera entre lo normal y lo anormal, la ciudadanía y la no ciudadanía, la inclusión y la exclusión.

Pacientes de La Castañeda a principios del siglo XX.
Pacientes de La Castañeda a principios del siglo XX. Foto: Archivo Casasola
MM: También pasea como un fantasma en el libro cierta imposibilidad para definir la enfermedad.

CRG: Es verdad, ayer hablando con un psiquiatra, me decía: “¡Y yo qué sé si están locos!”. Yo lo único que hago es leer expedientes, no estoy presente, no puedo ver sus rostros, ni sus gestos, no oigo un tono de voz, soy historiadora, no psiquiatra… en fin, es una de las condiciones humanas más resbaladizas y ése era el gran reto de la administración porfiriana, el lanzarse con cierto ímpetu hacia esta modernidad tan anhelada y el dar este mensaje de separación, de quién cabe y quién no cabe en este tren, marcar el paisaje, marcar la ciudad; la historia de La Castañeda es una historia urbana que tiene que ver con arrancar los manicomios coloniales que estaban situados en el centro de la Ciudad de México. En 1910 los locos son llevados hacia las afueras, a Mixcoac. Y se empieza a enviar este mensaje: aquí va el tren de lo moderno, aquí caben algunos, otros no caben, es difícil saber quiénes son los que pueden subirse al tren o no, pero entonces para eso están todos los mecanismos de la fotografía, la legislación urbana, todo un aparato que tiene mucho que ver con el concepto de tipos sociales, con la ansiedad del reconocimiento, todo está cambiando demasiado rápido a principios del siglo XX y hay que fincar identidades para poder manipularlas mejor.
MM: ¿Cuál es la historia real de La Castañeda?

CRG: El problema claro con La Castañeda es que se está invocando una materia en sí misma oscura. Y se convierte en el gran reto, porque por más que las autoridades hayan querido controlarlo —no dudo que ese fue su gran afán— parte de la argumentación de mi libro es que hay límites bien prácticos que impidieron que ese control se lograra en La Castañeda. A pesar de su leyenda negra bien ganada, acontece una desilusión mucho más compleja, a la que la sociedad también le exige un funcionamiento adecuado. Cuando una familia lleva de manera voluntaria a un hijo o a un hermano a La Castañeda, no estamos hablando de una institución solamente vertical o autoritaria, sino también de las necesidades de cuidado de la salud mental que el ciudadano le exige al Estado.
MM: El tiempo transcurría mucho más lento adentro de La Castañeda.

CRG: Bueno, eran los presupuestos de la psiquiatría de la época: había que alejar a los pacientes de la velocidad de la vida moderna. De alguna manera, la modernidad se convierte en causa de la falta de salud mental, lo que sin duda resulta una cuestión paradójica para un régimen que está promoviendo los valores de orden y progreso. Dentro del instituto se ve ese enorme esfuerzo por crear una rutina, un orden interno y, por otra parte, una vida cotidiana que debido a carencias y diferentes situaciones va adquiriendo proteicamente determinadas características.
MM: ¿Qué aprendiste de la locura al escribir este libro?

CRG: Primero, qué tan férreos son los estereotipos. Por otro lado, si algo me ha ido dejando claro la lectura de los documentos es el lugar del sufrimiento en la historia no sólo personal sino también colectiva, al que solemos ponerle poca atención ya sea agrandándolo en el escándalo, que es una manera de alejarlo, ya sea simplemente ignorándolo.

ERIC CLAPTON EN PÁGINA 12

CULTURA › CLAPTON, LA AUTOBIOGRAFIA YA SE CONSIGUE EN LAS LIBRERIAS ARGENTINAS
Vívido autorretrato del dios de la guitarra

Eric Clapton se miró al espejo y no vio al famoso Mano Lenta, sino al hombre que se crió buscando un sustituto para su madre, que le robó la mujer a su amigo George Harrison y que no se suicidaba porque iba a extrañar el alcohol. Por esa mirada honesta, su libro es imperdible.





Por Mónica Maristain

La autobiografía de Eric Clapton (Ripley, Inglaterra, 30 de marzo de 1945) que Editorial Océano distribuye en la Argentina, debería ser leída de atrás para adelante. Esto es, comenzar la historia narrada por este icono musical del siglo XX, importante para el rock y el blues en partes iguales, en el capítulo “Encrucijadas”. Allí, un sesentón bien conservado posa frente a su mansión vestido de entrecasa, portando un aire burgués y de bienestar que revelan, al fin y al cabo, un happy end de lujo en una de las vidas artísticas más atribuladas de que se tenga conocimiento. Clapton, la autobiografía (Global Rhythm, 2010) es, sin dudas, el feroz testimonio de la mente torturada y afectivamente disfuncional de uno de los artistas clave de la contemporaneidad; un doloroso encuentro consigo mismo y con su propia historia que el también llamado Mano Lenta y Dios –por su prodigiosa manera de tocar la guitarra– escribe con prolijidad y sin piedad alguna.

Clapton parece esgrimir aquel plumín itálico que en la escuela de arte de St. Bede’s le proporcionara un profesor de apellido Swan para que el joven alumno practicara caligrafía. Así de personal y así de íntima se presenta la vida del músico cuyo universo cambió radicalmente en 1959, cuando se enteró de la muerte de Buddy Holly, uno de los pioneros del rock and roll. “La gente siempre dice que recuerda el lugar exacto donde estaba cuando asesinaron al presidente Kennedy. Yo no, pero sí recuerdo el patio de la escuela el día en que murió Buddy Holly. Alguien dijo que la música había muerto después de eso. Para mí, en realidad, pareció abrirse de golpe”, escribe el autor de “Layla”.

El hijo de Jack y Rose, criado en un pueblo llamado Ripley, en el condado inglés de Surrey, se enteró pronto de que su infancia transcurría en un mar de secretos, el primero de los cuales marcó su existencia de una forma trascendental: sus progenitores eran en realidad sus abuelos y, en cambio, la joven Pat, a quien creía su hermana mayor, resultó ser su verdadera madre. “A los seis o siete años empecé a tener la sensación de que yo no era como los demás”, dice Eric en una oración conmovedora, aunque no tanto como aquella que narra el encuentro con su primer instrumento: “La guitarra brillaba mucho y tenía algo de virginal”.

Las pasiones de un hombre tímido

La carencia de sofisticación en su origen obrero y la total aversión al conflicto que acuñó desde edad temprana hicieron de Eric un chico más bien solitario, encaramado en un físico longilíneo y torpe que aprendió a esconder detrás de su instrumento. La guitarra fue, sin dudas, el pasaporte al mundo real y la visa por medio de la cual el joven Clapton aprendió a socializar con las clases medias más cultivadas. También fue el modo de aproximarse al misterio de las mujeres, que siempre representaron en la vida del músico un obstáculo a vencer, un universo a conquistar con pocas y endebles armas. “Mi experiencia con el rechazo femenino, que había comenzado con mi madre, me dejaba en el umbral temblando de miedo”, escribe el hombre que se hizo famoso, entre otras cosas, por haberse enamorado perdidamente de la esposa de uno de sus mejores amigos. En su autobiografía, que viera la luz en inglés en 2007, el guitarrista no evade responsabilidades y dedica largas páginas a narrar cómo se enamoró perdidamente de la hoy célebre Pattie Boyd, cuando la modelo y fotógrafa estaba casada con George Harrison.

“Codiciaba a Pattie porque se trataba de la mujer de un hombre poderoso que parecía tener todo lo que yo quería: coches asombrosos, una carrera increíble y una esposa preciosa. Esa sensación no era nueva para mí. Recuerdo que cuando mi madre regresó a casa con su nueva familia, yo quería los juguetes de mi hermanastro porque me parecían más caros y mejores que los míos. Esa impresión nunca me abandonó y, definitivamente, formaba parte de lo que sentía por Pattie”, dice el hombre que le escribió al objeto de su amor una de las canciones más bonitas de la historia musical contemporánea. “Estaba escribiendo mucho, llevado por mi obsesión con Pattie. ‘Layla’ fue la canción clave, un intento consciente de hablarle a Pattie sobre el hecho de que me estuviera dando largas y no quisiera venirse a vivir conmigo”, confiesa Eric. La obsesión del músico por la Boyd tuvo un perfil de culebrón hasta que ambos se casaron en 1979. Vivieron una década juntos y terminaron tirándose la vajilla por la cabeza. “Mi relación con Pattie, ahora que ya podíamos estar juntos, nunca fue el maravilloso idilio que se ha descripto”, terminó admitiendo Clapton.

Muchas fueron las mujeres que tuvieron protagonismo en la vida y el corazón de uno de los mejores guitarristas del mundo. Y ellas, cómo no, forman parte de esta autobiografía esencial. En la página 243, por ejemplo, hace su aparición la modelo italiana Carla Bruni, actual esposa del presidente francés Nicolas Sarkozy. Clapton la menciona sólo por su nombre de pila y cuenta la vertiginosa historia de amor que vivió con Bruni, quien –como solía ser su costumbre en la época– lo abandonó primero por Mick Jagger y luego por los sucesivos hombres que empezaron a captar su interés. “Más tarde, por supuesto, sentí tanto gratitud como compasión hacia Mick, primero por librarme de una condena segura y, segundo, porque al parecer sufrió en su servidumbre la misma prolongada agonía”, comenta el guitarrista sin esconder su despecho.

Luego de varios encantos y desencantos, Clapton finalmente sentó cabeza con una chica estadounidense de nombre Melia, a quien dobla en edad. La madre de sus tres niñas supo trasponer las barreras de un “viejo cínico y solitario” y darle estabilidad emocional y “los mejores años” de su vida a un hombre que había estado buscando en todas sus relaciones anteriores a un sustituto de su madre distante e inalcanzable. El pedido de mano al padre de Melia, que Clapton hizo a los 54 años, la boda sorpresiva para evitar el asedio de los paparazzi durante el bautismo de su hija Julie y la firme voluntad de hacerse un padre ejemplar en la cincuentena, son el reflejo de una vida que el artista ha sabido componer tras largos períodos en el infierno. Un pasado del que ya no se avergüenza, según confiesa, y el tuteo escalofriante con la muerte son la mochila del Dios de la Guitarra, un humano demasiado humano que ha conseguido, después de todo, su cuota de felicidad.

Adicciones

El alcohol, la heroína y toda sustancia química conocida pasaron por las venas de Clapton, amenazándolo con un fin prematuro, hundido en el olvido y en los bajofondos de una personalidad débil frente a las adicciones. En su libro, el músico da cuenta con pelos y señales de ese rumbo aterrador en el que estuvo sumida su vida durante varios años. Fue en los ‘70, con una novia llamada Alice, cuando Clapton tocó fondo: “No tardé en empezar a tomar cantidades industriales de heroína todos los días y mi dependencia era tan fuerte que Alice me daba prácticamente cualquier cosa que pudiera conseguir, mientras ella tenía que compensar toda la heroína que se estaba perdiendo con litros de vodka a palo seco, hasta dos botellas por día”.

Y más: “Las puertas permanecían cerradas, el correo sin abrir y vivíamos gracias a una dieta de chocolate y comida basura, así que muy pronto, además de engordar, me llené de granos y perdí completamente la forma. La heroína también me quitó por completo la libido, así que no tenía ninguna clase de actividad sexual y empecé a sufrir estreñimiento crónico”. El alcohol, compañero de aventuras desde su juventud, también jugó un papel importante y Clapton, que contrajo epilepsia a causa de su adicción al trago, varias veces estuvo a punto de volverse loco por su manera de beber. Era un hombre que hablaba solo y caminaba desnudo por el jardín de su casa, un músico eficaz aunque doliente, que se resistía a aceptarse como alcohólico y que “bebía una copa para desterrar los problemas” y cuando éstos no desaparecían, se tomaba otra. “Así que el final de mis días de borrachera fue una auténtica locura. A menudo tenía una botella pequeña de vodka bajo la alfombrilla de los pedales del coche”, cuenta.

La autobiografía de más de 300 páginas en la que unas pocas fotografías en blanco y negro sirven de descanso a la vista, conmueve por lo duro y honesto del testimonio de una estrella de la música, conminado frente a su propio espejo a contar la verdad de sus demonios. “En los momentos más bajos de mi vida, la única razón por la que no me suicidé fue que sabía que no bebería más si estaba muerto. Era la única cosa por la que pensaba que valía la pena vivir y la idea de que hubiera gente a punto de intentar arrancarme del alcohol me resultaba tan terrible que no paré de beber y beber, hasta que tuvieron que llevarme a la clínica prácticamente a cuestas.”

Lágrimas

Emparentado históricamente con el rock y sensitivamente con el blues, género musical al que Clapton entregó prácticamente su vida, la guitarra y una carrera en la que ha cosechado éxitos y títulos innumerables sirvieron de colchón para afrontar diversas tragedias, entre ellas la muerte de su hijo Conor, cuando éste tenía apenas 4 años. “Esa mañana el portero estaba limpiando las ventanas y las había dejado abiertas un rato. Conor corría entonces por el apartamento jugando al escondite con su niñera y, mientras Lori estaba distraída con las advertencias de peligro del portero, él entró corriendo a la habitación y fue derecho a la ventana. Cayó cuarenta y nueve pisos antes de aterrizar sobre el tejado de un edificio adyacente de cuatro pisos.” Conor fue el hijo de Clapton con la modelo y fotógrafa italiana Lori Del Santo, una relación extramatrimonial que el músico había sostenido mientras su unión con Pattie Boyd atravesaba una profunda crisis. Por Conor, quien murió el 20 de marzo de 1991 en Manhattan, Eric dejó la bebida, compuso la hermosa canción “Tears in Heaven” y se dedicó a vivir. “En ese momento me di cuenta de que no había mejor modo de honrar la memoria de mi hijo”: Clapton dixit.

sábado, 14 de agosto de 2010

SUEÑO

soñé que me comía un tigre
no uno sino dos
vamos a decir que los tigres primero parecían leones
tan anaranjados y vertiginosos como leones que quisieran despedazarme
aunque no tanto como esos tigres en que después se convirtieron
yo corría despacio
casi en cámara lenta
y luego intentaba refugiarme en la casa de una vecina
la vecina se parecía a la madre de mi amigo pablo
una señora seria de rostro indescifrable que salía a buscar agua al patio
ella miraba al tigre y me miraba
había también perros a mi alrededor
pero los perros se iban asustados
los perros huían porque le tenían miedo a los tigres
que eran dos
aunque en el sueño sólo tenía que vérmelas con uno
supongo que sin que yo pudiera darme cuenta de qué manera
no olvidemos que estaba adentro de un sueño
(estábamos: el tigre y yo)
apareció una casa en donde refugiarme
la señora de rostro adusto no sé si lo dije antes seguía buscando agua en un patio
¿tenía una jarra en la mano? ¿tenía los ojos vacíos?
así que ella no pudo haber construido esa casa
porque no estaba construyendo una casa
estaba buscando agua con los ojos cerrados al entorno
o los ojos abiertos pero vacíos
luego la señora se metía a su casa
no a la nueva que había aparecido en el sueño
sino a una que tenía puertas
en cambio la mía era como un terreno con paredes pintadas de verde y no había nada adentro
sólo un piso de tierra y algunos arbustos crecidos en los zócalos
¿cómo huiré de este tigre y dónde me refugiaré si mi casa no tiene puertas ni ventanas?
Era un sueño de animales y yo estaba sola
Pero me salvé del tigre
Porque comencé a soñar que me atropellaba un automóvil
Yo estaba enfrente de un batallón del ejército y dos policías corrían para hacer ejercicios
Uno era muy gordo y el otro fumaba
Podemos decir que mientras corría no es que yo lo viera fumar sino que fumaba después de correr
En el sueño antes de que el auto me llevara por delante yo pensaba
-pienso mucho en los sueños y despierta también-
que esos dos hombres no podían hacer ejercicios y que se iban a morir si hacían ejercicios
era un tiempo –el del sueño- en que yo iba a la escuela y me paraba en medio de la calle para no mojarme los zapatos
venía un taxi morado y amarillo como de los que hay en México
aunque yo estaba en Argentina
y el taxi me atropellaba en cámara lenta mientras mi abuela se espantaba y se bajaba del coche con una cara de preocupación que me hacía sentir bien
siempre me he sentido protegida con mi abuela al lado
pienso que en eso el sueño no se equivocó
porque el hecho de que apareciera mi abuela me salvó la vida
y ella después empezó a cortarme el pelo
claro que cuando iba a comenzar el sueño aquel donde mi abuela me corta el pelo me desperté
no voy a soñar con tigres ni a soñar con abuelas
o sueño con tigres y abuelas juntos
o no sueño más
y me quedo despierta para toda la vida

viernes, 23 de julio de 2010

Lila Downs y La Misteriosa


Lila Downs y La Misteriosa
En París – Live a À fip
(TÍPICA RÉCORDS)
4 estrellitas

Con la gran Chavela Vargas, nonagenaria y retirada, fuera del juego escénico, el cetro de la gran intérprete mexicana de la actualidad quedó en manos de la fascinante oaxaqueña Lila Downs, quien a costa de mucho esfuerzo y tesón, logró permear en el oído y en el corazón de los melómanos su singular mestizaje de sonidos indios y gringos.
Quien fuera acusada en los inicios de su carrera de cincelar un sonido for export acompañado por vestimentas típicas, a lo Frida Kahlo, ha ganado la batalla a la crítica para erigirse en una cantante con modo propio, tanto así que hoy podríamos referirnos a un “ruido Lila”, a una manera de expresar guturalmente un canto que le sale de las tripas.
En su primer disco en vivo, la mexicana ha logrado plasmar algo de esa inmensa magia con que encandila en los escenarios del mundo. Downs es, sin duda, una jazzera natural que se brinda en directo con toda la lírica y la poética de una improvisadora nata.
De eso, no había –hasta ahora- registro en sus discos.
Grabado en París, durante un concierto organizado por Radio France (FIP), el disco es generoso en apuntar los temas clásicos que le han dado resonancia afuera y adentro de su país.
De ese modo, “La sandunga” y, por fortuna, “La Llorona”, que Lila reinventa en cada show, son la muestra de una excelencia interpretativa que la vuelven única y misteriosa, imprevisible, como los nueve y exquisitos músicos que la acompañan en esta nueva aventura discográfica.

domingo, 4 de julio de 2010

Cuando Maradona dejó de ser Maradona




Hace pocos días, en el programa de la radio argentina Continental, el locutor uruguayo (aunque radicado desde hace muchos años en Buenos Aires) Víctor Hugo Morales —el mismo que se hiciera famoso por aquel relato del partido Argentina-Inglaterra donde Diego Armando Maradona (30 de octubre de 1986) se consagró como “barrilete cósmico” haciendo el mejor gol de la historia contemporánea del futbol— manifestó una proclama de un aficionado al aire. “Querido Diego, te quiero pedir perdón por no haber confiado en tu capacidad como entrenador. Quiero decirte que me equivoqué y que ahora banco (apoyo) a tu selección a muerte”, fue más o menos lo que dijo el espontáneo.

La declaración sonó a redención de una figura que no sólo en su país de origen, sino también en el contexto futbolístico internacional, posee facetas complejas y contradictorias en su personalidad rimbombante. Lo que no tiene fisuras es la constatación de que nadie daba un centavo por Maradona como técnico en el Mundial y de que pocos días antes de que comenzara el campeonato, la casi totalidad de la comunidad futbolística argentina pedía su cabeza.

La redención de Maradonna como técnico, que no es otra cosa que la nueva resurrección de un Lázaro deportivo que transita asiduamente por el cielo y el infierno en una ruta exclusiva y excluyente, podría analizarse como la expresión colectiva de un país —el suyo— que suele vibrar al vaivén del estado de ánimo de su ídolo máximo y por tanto oscilar entre la tristeza, la decepción, la euforia, la alegría y el triunfalismo con una volubilidad pasmosa. Es así como mucha gente, la aficionada al futbol y la no tanto, vive ahora una especie de culpa retroactiva frente a un Diego Armando Maradona que al fin parece haber vencido a su propia sombra y, saltando por encima de su mito gigantesco, haberse calzado un traje a la medida, de preferencia gris plateado, que lo muestra como un técnico consumado con gran futuro en la profesión.

Comparando la experiencia de entrenador del que es considerado el mejor futbolista de la historia —título que dirime en charlas de café más o menos violentas con su archienemigo, el brasileño Pelé— con la del pentapichichi e ídolo local Hugo Sánchez, podría decirse que el argentino salió triunfante en una actividad donde el mexicano todavía intenta destacarse: Sánchez, quien como técnico de Los Pumas de la UNAM tuvo una actuación victoriosa en las temporadas 2003 y 2004, fracasó rotundamente al frente del seleccionado tricolor y en 2009 fue destituido también de su puesto como entrenador del equipo español Almería, al que dejó en el decimoséptimo lugar de la tabla.

Maradona celebra el gol de su selección contra México en el partido de octavos de final.
Maradona celebra el gol de su selección contra México en el partido de octavos de final. Foto: Jung Yeon-Je/ AFP

Cuenta la leyenda que Hugo, cuando dirigía los destinos del primer equipo mexicano, repetía a los jugadores los videos de sus formidables actuaciones en el Real Madrid, donde hizo gran parte de su maravillosa carrera deportiva, como si al ponerse como ejemplo de excelencia futbolística pudiera lograr una especie de contagio entre sus dirigidos. En este punto, donde el ego se encuentra con la historia, es donde reside la diferencia sustancial entre Sánchez y Maradona como entrenadores, y no precisamente porque el argentino ostente una modestia proverbial frente al divismo que caracteriza a su colega mexicano: en una competencia por quién es más pagado de sí mismo, ambos pelearían férreamente el primer puesto. Lo que parece haber entendido el ex jugador albiceleste —y haberlo entendido a tiempo, antes de que el desastre liquidara los sueños mundialistas— es que para poder llevar hasta lo alto los destinos de un grupo hace falta muchas veces sacrificar la individualidad propia, por más fulgurante e irrefutable que ésta sea.

Así, Maradona tuvo que dejar de ser Maradona para poder ponerse al frente de un equipo donde varios futbolistas tienen un brillo más que estridente y merecen, por capacidad y entrega, un lugar de privilegio en el podio de los vencedores. La selección argentina, por ejemplo, tiene a Lionel Messi, el mejor jugador del mundo hoy; tiene al madridista Gonzalo Higuaín, actual goleador del campeonato del orbe; a Gabriel Milito, reciente ganador de la Champions League con su equipo el Inter de Milán, sólo por nombrar algunos de los 23 jugadores que llegaron a Sudáfrica 2010 portando el cartel de favoritos antes incluso de que pusieran el primer pie en la grama mundialista.

¿Cómo lo hizo Diego? En primer lugar, cambiando el discurso, lo que en un hombre que cada vez que abre la boca proporciona un titular explosivo a la prensa que no lo deja ni a sol ni a sombra no es poca cosa, ni tampoco casual. El Maradona técnico, que llegó a Sudáfrica en el filo de la clasificación fruto de una pésima y deslucida actuación en las eliminatorias (todavía parece una leyenda extraterrestre la derrota que los argentinos sufrieran frente a los bolivianos, por un histórico y rotundo marcador de 6 a 1 en abril de 2009), se llena la boca ahora hablando de “mis jugadores”, “todo es de ellos”, “si ganamos la Copa del Mundo seré el último en besarlo”, “el éxito será de mis futbolistas y no mío”, etcétera, etcétera.

Hinchas argentinos sostienen una manta con los rostros de Maradona y Messi.
Hinchas argentinos sostienen una manta con los rostros de Maradona y Messi. Foto: Daniel García/ AFP

No se trata de que esta devoción por sus dirigidos sea producto de una especulación maquiavélica (algo muy lejano en la mente de un hombre que funciona por impulso y se mueve por el mundo con la fuerza de una tormenta eléctrica). Maradona fue siempre un defensor de su gremio, al punto de fundar en París, el 28 de septiembre de 1995, con destacados jugadores como Eric Cantoná y George Weah, el sindicato mundial de futbolistas del que también hicieron parte Ciro Ferrara, Gianfranco Zola, Gianluca Vialli, Hristo Stoichov, Laurent Blanc (hoy flamante entrenador de la selección gala, luego del ridículo protagonizado por Raymond Domenech en Sudáfrica), Michael Preud’Homme, Rai y Thomas Brolin, entre otros. Maradona es capaz de hacerse a un lado si la circunstancia lo requiere, con tal de obtener un resultado que supere incluso su propia leyenda. De lo que no parecía ser capaz y ahora ha demostrado que sí —quizá porque, como escribió la semana pasada el periodista John Carlin en el diario español El País, “si Maradona no existiera, habría que inventarlo”—, es de neutralizar las presiones que a su lado nutren y muchas veces envenenan su figura de proporciones extraordinarias.
LA HISTORIA DE UN NOMBRAMIENTO

Maradona, a quien en 2004 una encuesta del International Management Group declaró “la persona más conocida del mundo”, fue nombrado entrenador del seleccionado argentino el 30 de octubre de 2008, el mismo día que cumplió 48 años y el titular de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) lo sorprendiera con tan singular regalo. La noticia fue recibida con relativa euforia por la afición albiceleste, que nunca vio con buenos ojos que en las sombras de El Diego se refugiara el polémico entrenador Carlos Salvador Bilardo (el mismo que dirigió a la selección argentina campeona en México 86). La estrategia de la AFA parecía ser transparente: usar la figura mediática de Maradona como estandarte de una selección con vocación ganadora, pero seguir los lineamientos técnicos de Bilardo.

Como siempre sucede cuando se trata de Maradona (pasó con el ex presidente argentino Carlos Menem, que lo usó como Embajador Diplomático en su gobierno y al que luego el ex jugador se le enfrentó encarnizadamente intuyendo maniobras non sanctas en su nombre), al poder le salió —otra vez— el tiro por la culata y, again, el ídolo se les volvió rebelde, ingobernable. Los enfrentamientos de Maradona con Bilardo hicieron las mieles de la prensa futbolera argentina en 2009, y hoy es un secreto a voces entre los periodistas especializados que si Diego pudo transformarse y reinventarse para llegar a ser el entrenador maduro, reposado y justo que hoy parece, fue porque logró neutralizar la presencia de Bilardo, con quien se dice mantuvo discusiones en Sudáfrica apenas llegar a la sede de la competencia mundial.

Con Maradona, Argentina perdió cuatro de ocho partidos en la fase de clasificación, es cierto, pero también con Maradona llegó a octavos de final del campeonato del mundo en Sudáfrica con números perfectos. Y con Maradona, ese equipo que llegó a probar a 100 jugadores antes de dar la lista definitiva de 23, venció a México 3 a 1 y consiguió un pase de privilegio a cuartos de final. El locutor Víctor Hugo Morales dice: “Al final, el que tiene que tomar decisiones es Maradona, y ha demostrado que sabe tomar las mejores decisiones en los momentos justos”.

El periodista John Carlin escribe en El País: “Ha tenido razón en todo. Lo de Pelé: pues Brasil ha empezado el Mundial jugando fatal, Francia, peor; Heinze: marcó un golazo; la convulsa terapia psicológica que le impuso a Messi: perfectamente afinada para que, llegado el Mundial, estuviera anímicamente en su punto. Todo puede cambiar en el fútbol de un momento a otro, pero, hoy por hoy, solo cabe decir, honrada y humildemente, que, si el dios argentino no existiera, sería necesario inventarlo”. La agencia Reuters lo elogia: “Maradona podrá o no llevar a Argentina al título, pero algo ha logrado. Ha dejado atrás el caos, la incertidumbre y el descrédito de la selección de los últimos años y ha creado un bloque sólido que siente que tiene una cita con el destino. Y ha logrado también lo más difícil: que el resto del mundo lo mire y vea un entrenador”.

Aficionados argentinos celebran el resultado de dos goles a cero frente a Grecia.
Aficionados argentinos celebran el resultado de dos goles a cero frente a Grecia. Foto: Leo Lavalle/ EFE
¿CÓMO LO HA HECHO?

Si Maradona, como se dice en su país de origen, “es un sentimiento”, su labor al frente del seleccionado argentino está cargada de sentimentalismos y demostraciones efusivas, con rotundos besos y ampulosos abrazos a sus jugadores. Allí lo vemos, con un rosario en la mano, con una barba entrecana y un traje lustroso de dudosa elegancia, siendo el centro de todas las cámaras televisivas del mundo y motivando de un modo ostentoso a su equipo. Cuánto hay de táctica, cuánto de estrategia, si entrena mucho o poco, si ensaya muchas jugadas de pizarrón (la pelota eficaz de Heinze en jugada detenida frente a Nigeria comprueba que sí), si es un técnico inspirado o si su valor reside en defender en forma casi animal a los suyos, es algo que hoy se está discutiendo en los foros de aficionados al balompié.

No hay ciencia en los postulados de Maradona, pero ahí están los “científicos” Fabio Capello, entrenador de la deslucida Inglaterra, Marcello Lippi (conductor de la vergonzosa Italia en Sudáfrica) o el ya a estas alturas paródico entrenador galo Raymond Domenech, para demostrar que el futbol no germina en los libros ni en los evangelios fabricados por mentes prodigiosas. Lo suyo es mística e intuición pura, ese olfato que le hace elegir a un bárbaro como Juan Sebastián Verón para que apadrine al jovencísimo Lionel Messi (cumplió apenas 23 años en Sudáfrica) y conduzca con sus fieras facciones y su peso inestimable de jugador experimentado el sector medio junto al exquisito capitán Javier Mascherano.

Mística es lo que hizo que el veterano goleador del Boca Juniors, Martín Palermo, de 36 años, hiciera un gol histórico frente a Grecia, coronando una carrera fascinante en la que no faltaron las lesiones absurdas y graves, ninguna de las cuales se podrían comparar con la que sufrió su corazón un día de agosto de 2006 cuando su hijo Stéfano, recién nacido, falleciera por complicaciones de parto prematuro. El domingo siguiente a este fatídico día, Boca jugaba contra Banfield en la Bombonera y Palermo allí estaba con la camiseta y los botines puestos, pidiéndole a su técnico, El Coco Basile, que lo dejara entrar a jugar para poder dedicarle el partido a su hijo. Ese día Martín Palermo entró y jugó. Ese día, Martín Palermo convirtió dos goles. Y entre lágrimas, implorando al cielo, levantó sus manos y dijo: “Esto es para vos, Stéfano”. Intuición pura es la base para la decisión de darle la titularidad a un desconocido portero Sergio Romero, quien fue elegido por Maradona por sobre otros arqueros con más presencia mediática y que hoy constituye la sólida barrera que deben traspasar, no sin dificultades, los rivales de Argentina.

Con Maradona ganan la magia, la inspiración y la poesía futbolera una vez más. Sin embargo, Maradona, como representante de la identidad nacional argentina, es y será una figura compleja, contradictoria, que cultiva mucha devoción pero que también cosecha grandes oleadas de odio por parte de un sector de la sociedad sudamericana; muchos hoy en Argentina desean con fervor que este hombre nacido en la pobreza y devenido en tótem futbolístico para su generación y las venideras no gane el título de campeón del mundo. Pero ése es otro tema.

lunes, 21 de junio de 2010

Las damas de la política y sus atuendos: Dime cómo vistes...

Las mujeres políticas y las esposas de los presidentes y dignatarios están en el centro de la atención también por su indumentaria y su gusto para vestirse.



En un mundo donde las apariencias deciden muchas de las situaciones que deberá afrontar una persona a lo largo de su vida, las mujeres de la política son cabalmente vigiladas por un tribunal mediático que las condena o las premia según criterios misteriosos pero lapidarios. El vestido rojo y negro de Michelle Obama en el discurso de aceptación presidencial o el traje típico que lució Margarita Zavala en el Grito de Independencia, todo converge en una lupa pública que baja o sube el pulgar ante las primeras damas de la moda.

La euforia por el primer discurso de Barack Obama como presidente electo de Estados Unidos no impidió que al día siguiente los medios mencionaran lo que consideraron “una opción desfavorable” en el vestido que lució Michelle, la esposa del flamante mandatario.

Un sondeo de opinión llevado a cabo por el periódico USA Today reveló que 65 por ciento de 10 mil encuestados desaprobó la vestimenta de la abogada y próxima primera dama estadunidense. Se trataba de una prenda negra y roja, diseñado por el modisto cubano Narciso Rodríguez y que Michelle, de 44 años, portó con un escote más cerrado que en el modelo original. El agua no va a llegar al río puesto que doña Obama ya se ha ganado el título de la mujer más elegante de la política en el 2008, otorgado por la revista Vanity Fair.

En México no lo tiene fácil Margarita Zavala de Calderón, quien ha sido numerosas veces criticada por su estilo demasiado sencillo. Al día siguiente de la ceremonia del Grito de Independencia, por ejemplo, los comentarios en taxis y camiones aludían a la apariencia “fodonga” de la primera dama azteca.

Margarita lució para la ocasión una blusa blanca bordada a mano, falda larga lila y rebozo del mismo color. El vestuario fue elaborado en Uruapan, Michoacán, estado del que es oriundo el Presidente mexicano.

Más desfavorable fue el veredicto popular hacia los trajes claros de chaqueta y pantalón que Margarita llevó en sus diferentes encuentros con los Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, en la reciente visita que hicieron a nuestro país. “No va a usted a comparar a esta primera dama con la anterior —opina sentencioso un taxista a MILENIO Semanal—. Martita (Sahagún de Fox) siempre lucía impecable. Ésta, en cambio, nos hace quedar mal a todos los mexicanos”, afirma.

Zavala, nacida en 1967, es una dedicada militante política, habituada a los pantalones de mezclilla y cómodos tenis, la vestimenta apropiada para transitar los caminos en busca de partidarios.

De acuerdo con Octavio Islas, investigador del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, en un artículo aparecido en el periódico El Universal, “Zavala se presenta como una mujer bella, inteligente, segura y, pese a su amplia trayectoria política, discreta, todo lo contrario de la esposa del ex presidente Vicente Fox”.

Otra primera dama muy observada es Carla Bruni, la esposa del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Claro que la ex modelo y ahora cantante está más que habituada a las pasarelas y sabe cómo sacar partido de su imagen, por cierto naturalmente muy bien dotada.

El examen más duro fue el primer viaje oficial que la pareja gala realizó a Inglaterra. Carla eligió para el magno acontecimiento un traje gris de Dior que despertó elogios a su paso y que la convirtió, para la exigente prensa británica, en “la versión europea de Jackie Kennedy”.


Michelle Obama Foto: Joe Raedle/ AFP


Cómo visten las meras meras
Más allá de que las primeras damas de las naciones cumplan o contravengan determinados códigos de vestuario o comportamiento, leyes no escritas pero férreas determinan, por ejemplo, que “ahora que Michelle Obama está en la Presidencia va a tener que dejar de usar esas minifaldas”, como dijo un simpatizante en la televisión estadunidense. Lo cierto es que el peso es mayor en las mujeres que tienen un mandato específico y propio.

“La mujer política, a diferencia de la esposa del Presidente, es una figura con fuertes connotaciones masculinas. La ciudadanía busca seriedad, proximidad y seguridad. La mujer tiende por ello a adoptar patrones masculinos. Si nos fijamos en las mujeres que han triunfado en política, como Ángela Merckel o Margaret Thatcher —que fue portada de Vogue— todas aparecen sobrias, austeras, camuflando su hipotético interés por la moda”, explica la española Patrycia Centeno en un informe elaborado para la Universidad Pompeu Fabra con el título “Política y Moda, los políticos de los pies a la cabeza”, donde insiste en que “si uno se detiene a pensar en las mujeres que han logrado un peso político, en nuestras mentes se sucederán imágenes de mujeres políticas, pero no de políticas femeninas”.

Un ejemplo de la masculinidad llevada al extremo en una mujer de mando fue sin duda el que impuso la ex Dama de Hierro de Inglaterra, Margaret Thatcher. Se movía como un hombre, pensaba como un hombre, vestía como una mujer, pero era ¡La Thatcher!. Gobernó a Gran Bretaña entre 1979 y 1990, y aunque hoy su demencia senil le impida recordar los tiempos en que devolvió Hong Kong a los chinos, entabló una guerra con Argentina o derrotó cruelmente la huelga de mineros más grande de la historia británica, Thatcher ha pasado a la historia como uno de los gobernantes contemporáneos más despiadados y rudos. La famosa diseñadora inglesa Vivienne Westwood llegó a decir: “Para mí, Margaret Thatcher ha sido siempre una de las mujeres mejor vestidas del mundo. Su política era terrible, pero su look la dotaba de una presencia increíble”.

“Como el de todo verdadero ícono, el estilo de Margaret Thatcher es fácilmente identificable y gira en torno a una serie de elementos básicos que se repiten con ritmo y regularidad: el fantasmagórico y excéntrico peinado batido, las perlas (muchas perlas), los broches, los tacones, el bolso rígido, el tailleur (siempre de falda)”, describe un especialista en un foro de internet.

Los tiempos actuales parecen haber inclinado un poco la balanza y las mujeres de la política aparentemente están revirtiendo el paradigma descrito por el crítico de arte y periodista español Ignacio Peyró, cuando dijo aquello de que las gobernantas “tienen mejor voluntad que piernas”. Una precursora fue sin duda Carmen Alborch, ministra de Cultura durante el gobierno socialista de Felipe González.

La ex funcionaria y ahora exitosa escritora, de gran melena rojiza, siempre ataviada con ropa llamativa, muchas veces diseñada por su modisto favorito, el español Jesús del Pozo, respondió así a la pregunta que le hiciera un periodista del diario El Mundo sobre por qué se vigila tanto la vestimenta de las mujeres dedicadas a la política: “Porque aún parece que resulta extraño que estemos en determinados espacios. Decimos por un lado que las mujeres cuando están en el poder o acceden a determinados sitios se masculinizan porque no hay referentes de otras mujeres y, sin embargo, cuando hay mujeres que no se masculinizan en el sentido de la estética llaman la atención y entonces hay un intento de devaluación”.

Volviendo a México, mucho se comentó y criticó el cambio de imagen de la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Rosario Robles, quien, como describe la periodista Adriana Cópil: “Gracias a que una intervención quirúrgica con láser le corrigió la miopía y el astigmatismo, su rostro se liberó, a fines del 2002, de los toscos anteojos de pasta que la habían caracterizado desde décadas atrás”.

Faldas más cortas que dejaron ver sus bien torneadas piernas, un maquillaje impecable y una mirada siempre brillante, le dieron carácter de mujer deseable y atractiva a la ex perredista.

El mismo proceso de tránsito de política seria y con ropas impersonales a mujer seductora, lo vivió la ex ministra de Medio Ambiente de Argentina, María Julia Alsogaray, “símbolo de la orgía menemista, de la frivolidad y la corrupción que signaron la década de los noventa”, según el periodista Jesús Serrano.

Eran los tiempos del gobierno de Carlos Saúl Menem, cuando el peso argentino estaba uno a uno en paridad con el dólar estadunidense y se instituía aquello ahora tan parodiado de “pizza con champán” en las costumbres de una sociedad entregada al lujo falso y a la ostentación. Alsogaray, emergente de un partido de la ultraderecha argentina, se había dejado fotografiar en una revista semanal de gran tiraje, ligera de ropas y vistiendo como única prenda un costoso tapado de piel.



Las fashion victims

Entre las políticas apresadas por la imagen aparece una lista encabezada sin duda por la líder de los maestros mexicanos, la controvertida Elba Esther Gordillo, quien usa bolsas Louis Vuitton y Prada valuadas en 50 mil pesos. Sus marcas preferidas son Chanel, Roberto Cavalli, Tiffany y Prada. “Para ordenar y mantener la enorme cantidad de prendas que tiene, la maestra mandó hacer un vestidor computarizado que costó un millón de dólares y que es parecido al que tiene la reina Isabel II de Inglaterra. Y para conservar “oxigenados sus abrigos de pieles” Elba Esther adquirió un refrigerador de 250 mil dólares.

Otra de sus debilidades son las cirugías plásticas. La líder del sindicato magisterial contrató una membresía en las mejores y más exclusivas clínicas de Londres para tener derecho a hacerse una cirugía al año, lo que le significó un gasto de 200 mil dólares”, revela un artículo publicado en La Tarde, de Reynosa, Tamaulipas.

Un periplo similar parece estar recorriendo la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien ha sido muchas veces criticada por la casi obsesiva preocupación en el cuidado de su aspecto físico.

La ex senadora siempre fue una mujer atractiva y su privilegiada posición económica le permitió lucir a menudo ropa de las grandes marcas, pero en el ejercicio del poder presidencial, esa tendencia se ha acrecentado al punto de que en su reciente visita a París, en abril de este año, “en menos de 48 horas la Presidente estrenó tres diseños bien europeos para combinar con el glamour parisino”, según revela el periódico Perfil. “El cuidado por el aspecto es tan obsesivo que hasta en ella desata humoradas: ’Yo ya nací maquillada’, suele decir”.

El derecho a ser ellas mismas

Por detrás y debajo de todas las críticas, comentarios, elogios que se realizan en torno a la imagen de las mujeres políticas, ¿hay algo que pueda ser emparentado con el sexismo? Es decir, ¿se vigila tanto la imagen de los hombres como la de las mujeres?

“Vivimos en una sociedad patriarcal y en política a las mujeres todavía se nos juzga con un baremo (un criterio) distinto al de los hombres”, asegura la vicepresidente de España, María Teresa Fernández, en un informe publicado en El País.

“En los años setenta también había una discusión de no tener comportamientos de pequeños burgueses, como pintarse, arreglarse… y siempre me pareció una tremenda estupidez”, dijo Cristina Kirchner al periódico chileno El Mercurio.

No les falta razón a las damas del poder que se quejan cuando son demasiado criticadas por el vestido o el peinado, pero nada indica que en un futuro cercano, en las ceremonias públicas, no tengamos los ojos puestos en aquello que se puso o no se puso la mujer política de turno.

La Cenicienta chilena


Michelle Bachelet, la presidente de Chile, renovó el mito de Cenicienta al perder el zapato en la inauguración de uno de los cuatro estadios construidos para albergar a las participantes del próximo Mundial de Futbol Femenino Sub-20. Al dar el puntapié inicial a la pelota, Bachelet causó la hilaridad de los presentes y de ella misma, disculpándose con humor: “No me puse los zapatos adecuados para la ocasión”, dijo.

Las mejores películas de miedo

Un alegórico recorrido por la galería de personajes más terroríficos del cine

Las mejores películas de miedo

El cine de terror es celebrado en el libro Horror cinema, de Paul Duncan y Jay Schneider, donde se comentan los personajes y situaciones del celuloide que han sabido explotar los miedos del imaginario colectivo.

Desde la portada de Horror cinema, un libro de casi 200 páginas editado por la alemana Taschen y que acaba de llegar a México, el rostro demencial de Jack Nicholson en la piel del psicópata Jack Torrance, el personaje delineado por Stephen King en El resplandor, evoca la película homónima de Stanley Kubrick. Estrenado en 1980, el considerado filme “maldito” del célebre cineasta estadunidense abre la puerta a un mundo pleno de imágenes terroríficas.

Con la tutela de Paul Duncan, un experto en Hitchcock y Kubrick, los autores Jonathan Penner (guionista de Let the devil wear black y el corto candidato a los Oscar, Down on the Waterfront, entre otros) y Steven Jay Schneider, un reconocido teórico cinematográfico, el volumen deviene en una vitrina de privilegio por la que transitan las mejores películas de terror de todos los tiempos.

“El terror es el más perenne y geográficamente diverso de todos los géneros cinematográficos; podría decirse que todos los países hacen películas de miedo. El género ha representado las más profundas raíces de los miedos arquetípicos, a la vez que ha explotado específicas ansiedades sociales y culturales; el terror cinematográfico es atemporal y completamente disociado de espacio y tiempo”, afirman los autores.

Con imágenes únicas provenientes del archivo David Del Valle, el historiador y crítico nacido en Texas en 1949 y considerado una de las voces más autorizadas en el mundo del cine de horror, los autores examinan el género de carniceros y asesinos en serie; caníbales, monstruos y personajes del bosque; venganza de la naturaleza y terror frente a fenómenos del medio ambiente; ciencia ficción; muertos vivientes; fantasmas y casas encantadas; personajes poseídos, demonios y diablos embaucadores; vudú, cultos ocultos y satánicos, vampiros y hombres lobo y mujeres monstruosas.

La película de Kubrick, una obra maestra del cine de terror fue un fracaso comercial en Estados Unidos y tanto el elenco como el staff de producción debieron soportar una serie casi interminable de obstáculos que convirtieron al filme en una verdadera pesadilla para sus hacedores. Como ejemplo, la leyenda cuenta que, durante la filmación, el hoy célebre actor, entonces con 43 años, consumía grandes dosis de cocaína para poder soportar los fuertes dolores de espalda que padecía, y el incendio del set obligó a la postergación del rodaje durante semanas. La escena de la escalera en la que Nicholson amenaza a su esposa (personaje interpretado por Shelley Duvall) se repitió sesenta veces con el propósito del director de hacer enojar al actor principal y conseguir un gesto de ira y de locura adecuado.

El hacha de Joan Crawford

La incomparable y temperamental Joan Crawford esgrime, amenazante, un hacha, el arma con que había ajusticiado a su adúltero marido y a la amante de éste. Luego de veinte años de reclusión por los asesinatos, la mujer vive apaciblemente con su hija (Diane Baker), pero los crímenes reinician y ella es la principal sospechosa. Crawford, que en la vida real tenía más de 60 años, interpreta en Strait Jacket a una cuarentona con los ojos salidos de las órbitas. Era el final de su carrera y, a pesar de sus dudosas cualidades interpretativas en películas de serie B, la Crawford se dedicaba a odiar a su archirrival Bette Davis (quien la descuartiza precisamente con un hacha en ¿Qué fue de Baby Jane?, de Robert Aldrich) y a exigir brandy y caviar en el camerino. Éste constituye uno de sus últimos trabajos y pasó a la historia por la demencia de la diva, que llegó a confundirse con su carácter en la vida real.

Inspirada en Psicosis (1960), con idéntico guionista, la señora del hacha no pudo igualar las hazañas cinematográficas del hombre del cuchillo que recaudó millones en la boletería y que pasó a la historia como una de las mejores películas de terror de todos los tiempos.

La silueta tenebrosa de Norman Bates, dibujada en el anochecer frente a la casa gótica que sirvió de motel a la desprevenida Marion Crane, marcó la irrupción del terror en la vida cotidiana y con ello un antes y un después en la historia de las películas de miedo. “En un agobiante clima del más clásico terror, Hitchcock pone en angustioso relieve dos de los tabúes más sólidos de la cultura occidental: el sexo y la relación maternal, la imperiosa necesidad de liberación de los instintos y el placentero cobijo de la madre, el conflicto entre el ansia de volar y el miedo a la libertad”, apunta el crítico español Ángel Lapresta.

Vincent price baila con un esqueleto

Un esqueleto de plástico que no da miedo flota en los brazos de un hombre de bigotes señeros, rey de las películas clase B que protagonizó con una calidad incuestionable. Se trata de Vincent Price en House on haunted hill (La casa de la colina encantada), un ya clásico de William Castle, rodada en 1958 en la mansión de Frank Lloyd Wright, uno de los principales maestros de la arquitectura del siglo XX.

Coches fúnebres que trasladan a los invitados a la mansión del excéntrico millonario Frederick Loren, que ha ofrecido 10 mil dólares a quien pase una noche entera en la tenebrosa morada, crean la atmósfera de miedo esencial.

Gritos fantasmales, techos que gotean sangre y el consabido asesinato en medio de la noche despliegan los tópicos del terror que mantuvieron en vilo a la platea de la época.

Y por supuesto, está Emergo, el esqueleto flotante que Price maneja a su arbitrio en una actuación memorable que le confiere a la cinta su valor en la historia.

El regreso de los vampiros

Más cercano en el tiempo, el desfigurado rostro de Bill Paxton remite a la fuerza que han tenido y tendrán los vampiros en un género cinematográfico que ha sabido nutrirse de ellos a lo largo de su existencia.

Near Dark o Viajeros de la noche, una cinta de 1987 que resultó un fracaso en la boletería pero que ha perdurado hasta nuestros días como un portentoso filme de culto, mezcla al western con el terror en un trabajo de enorme belleza visual de la cineasta Katherine Bigelow. Una banda de sonido formidable a cargo del grupo alemán Tangerine Dream completa una cinta cuyo remake acaba de ser postergado en beneficio de Crepúsculo, otra de vampiros que ha hecho explotar la taquilla en el 2008.

Y es que los vampiros están de moda, como plantea la periodista argentina Natalia Trzenko en un artículo recientemente publicado por La Nación. “Desde Nosferatu, de F. W. Murnau, hasta el Drácula de Francis Ford Coppola, los chupa-sangre fascinan y eso se traduce en rating, taquilla y tendencia. Así, con el enorme empujón de la saga de los libros creados por Stephenie Meyer, Crepúsculo, ahora los vampiros están en todas partes y se multiplican sin necesidad de morder a nadie”.

La serie True Blood, que estrena HBO el 18 de enero; Luna nueva, la segunda parte de Crepúsculo y Let The Right One In, el remake estadunidense de un filme danés que conquistó el mercado del cine independiente, son muestras claras de que los vampiros han vuelto a reinar.

El fantasma de la ópera

No podía faltar en esta antología tenebrosa la película muda de 1925, adaptación de la novela de Gaston Leroux, The Phantom of the Opera.

La cinta fue protagonizada por Lon Chaney y dirigida por Rupert Julian. En ella, la cara enmascarada y el cuerpo deforme del que ama sin ser correspondido siembran el miedo en el Palco 5 del París Opera House.

Chaney, conocido como El Hombre de las Mil Caras, tenía una pésima relación con el director de la película. No dejaba que nadie lo maquillara y las características del rostro que queda al descubierto en una escena memorable se mantuvieron en secreto hasta el estreno del filme en enero de 1925, en Los Ángeles. Para conseguir el rostro de horror de Erik, Lon Chaney se introducía alambres por la nariz y los pómulos.

Mal bicho

Las olas en un vértigo estremecedor y apenas una aleta que se dibuja entre los flujos marinos le bastaron al entonces joven Steven Spielberg para reinar con la que hoy es considerada una película magistral.

Tiburón, que da título a la historia que transcurre en una población costera de Estados Unidos, es un clásico del cine de horror de animales y la muestra de que el laureado cineasta estadunidense ya era bueno cuando no existían los efectos especiales. De hecho, el tiburón blanco que asuela a los turistas nunca aparece de cuerpo entero; era en realidad una máquina que solía estropearse con el contacto con la
sal marina.

Los dientes afilados de Anibal Lecter en El silencio de los corderos, el cuerpo de Linda Blair en levitación sublime en El exorcista o el horror de Kirsty Cotton en Hellraiser constituyen también imágenes imperecederas de un género cinematográfico que se renueva periódicamente y que ha logrado penetrar en nuestras vidas con la fuerza misteriosa de un más allá que el cine intenta traer, con más o menos éxito, al más acá.

“La tecnología nos quita el miedo a lo diferente”

¿Hay vida después del iPhone?

“La tecnología nos quita el miedo a lo diferente”

Los cambios tecnológicos coadyuvan con nuestras tareas diarias, pero terminan por esclavizarnos. Hoy no podemos desprendernos del último celular, de internet, del MP3...

Ilustración: Luis Miguel Morales

“Añoro la libertad, ahora me siento mucho más esclava que antes. Ya no recuerdo cómo era caminar por un bosque sin escuchar un ring”, se lamenta una científica septuagenaria en una entrevista televisiva. Al llegar a la casa, la profesora de geografía, mucho antes de abrir el refrigerador e incluso de quitarse el abrigo, enciende mecánicamente la computadora y activa el contestador telefónico para escuchar los mensajes del día..

En su PC hay 300 correos electrónicos que se obliga a responder con una voluntad franciscana.

Porque la jornada laboral hoy, se alarga hasta la madrugada merced a la dichosa tecnología que nos permite y nos condena a vivir encendidos y conectados con el mundo virtual. Junto al maquillaje, las aspirinas y las gafas, debemos acomodar el teléfono celular, el Ipod o Mp3, la Blackberry o cualquier otro tipo de agenda electrónica; perdernos en cualquier dirección resulta improbable con el GPS a mano; el placer sexual en solitario requiere la portación de un juguete electrónico, de esos que hoy se adquieren en tiendas con vitrinas ostentosas a la vista del público. La vida se nos ha hecho tecnológica y precisa, tan inmediata como apretar un botón.

On, off, chat, scanner, bluetooth, conforman un argot cada vez más habitual en nuestras conversaciones. “Te veo en Facebook”, “Te escucho en Myspace”, “Búscame en YouTube”, “Googleo y te digo” son frases a la orden del día. Sony, Apple, Windows, representan los logos universales que nos describen como consumidores atentos a todo producto que nos ofrece el oro, el moro y la felicidad de masas en una comunidad que comienza a sentir ilusorio el estado de relajación completa, uno donde nadie pueda encontrarnos.

El mito del náufrago comienza a ser, a todas luces, un mito de cuando el paisaje no era una escenografía y hubiera resultado demencial pensar en una palmera con un tomacorriente adosado a su tronco.

¿La tecnología es un nuevo método de esclavitud, un camino al sedentarismo robótico que nos ha hecho perder capacidad de reacción frente a las emergencias, la posibilidad de vivir más y mejor, una amenaza a nuestro espacio de intimidad o todo eso junto?

Las preguntas se agolpan frente a hechos que no por habituales se alejan de lo absurdo; por caso el de una mujer británica que pidió el divorcio a su esposo luego de descubrir que éste mantenía un romance con una mujer en el mundo cibernético Second Life. El espacio permite a los jugadores crear existencias virtuales donde su alter ego, o avatar, puede socializar, crear relaciones, comprar propiedades y establecer negocios en un mundo imaginario que cuenta con su propia moneda. La chica en cuestión contrató a una detective informática para vigilar a su esposo, que fue descubierto infraganti en pleno romance con una chica virtual en la red.

La tecnología en nuestros actos privados llega hasta a los mismísimos jefes de Estado: el flamante presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tendrá que descontinuar su Blackberry. El Congreso y los tribunales pueden solicitar copias de los mensajes de correo electrónico del Presidente: si un mandatario no desea que su correo electrónico sea público, no debería usarlo, anunciaron los servicios de seguridad estadunidenses. Los expertos consideraron que a Obama le resultará mucho más difícil dejar de leer a cada rato sus correos electrónicos que lo que le supuso abandonar el tabaco antes de iniciar la campaña que lo llevó a la Presidencia.

“La sexualidad parece no tener sentido sin en el universo tecnológico que crean los sitios de pornografía en la red, la guerra moderna depende de la articulación mediatizada a través de los elementos electrónicos que la conforman y a su vez la propaganda y la manipulación que requiere un conflicto bélico se confronta en un gran eje tecnológico”, explica el escritor mexicano Naief Yehya.

Autor de Tecnocultura / El espacio íntimo transformado en tiempos de paz y guerra (Tusquets), el analista, que reside desde hace 16 años en Nueva York, hizo una suma de todos los elementos de la tecnología que condicionan la vida de un ciudadano moderno para demostrar que “muchas de las cosas que antes considerábamos extrañas, extravagantes, snobs, hoy son lo más cotidiano y normal”.

“Cuando empecé a investigar y a escribir sobre el tema de la comunicación y la sexualidad, obviamente no tenía teléfono celular, mi computadora era un mastodonte que ocupaba casi la mitad de la mesa y ahora vivo totalmente inmerso en la tecnología, a pesar de que no soy, como dicen los americanos un early adopter (un pionero), sino que llegué un poco tarde a todo esto”, dice Yehya en entrevista con MILENIO Semanal.

Qué es la Tecnocultura

La tecnología como entorno o como cultura está enclavada para el escritor en una paradoja: nada nos libera tanto y, a la vez, nada nos esclaviza más. “Los países que tienen un acceso limitado a la tecnología o que dependen de tecnologías de importación, a menudo se encuentran en desventaja económica con respecto a aquellos ricos en tecnología y por eso es necesario reflexionar acerca de las obsesiones, fantasías, promesas y realidades de la influencia tecnológica en la cultura por la forma en que nuestras tecnologías de comunicación e información nos van moldeando y rediseñando”, afirma el experto.

Para Yehya, “la relación que podemos establecer con un teléfono celular, una computadora, un automóvil o televisión de plasma no puede considerarse meramente utilitaria, sino que va más allá, aproximándose al tipo de emociones que invertimos en nuestros seres queridos o nuestras mascotas”.

Si creen que se exagera un poco en esta descripción, contemple durante unos segundos (sólo los necesarios) la cara de asesino serial que le ofrecerá el taxista cuando usted, ciudadano de buenas costumbres, lo conmine a abandonar la charla con su “gordis” mientras maneja.

Sepa también que su niña o niño pueden dormir a “pata ancha” sin el osito de peluche o sin que usted le cuente la historia de Blancanieves, pero nunca podrán conciliar el sueño sin su Ipod o sin la PlayStation cerca de la almohada, siempre lista para el próximo juego eterno. “Esto no quiere decir que en la Antigüedad no hubiera tecnología —explica Yehya en su libro—. Numerosas civilizaciones, como la sumeria y la egipcia, construyeron deslumbrantes imperios al crear mecanismos y sistemas que les permitieron controlar su entorno, explotar la tierra, generar riquezas y derrotar militarmente a otros pueblos. Lo que pasa es que estos pueblos eran suficientemente sabios como para entender que al transformar la ciencia en tecnología, ésta se volvía una manifestación de poder, el cual podía aplicarse al bien o al mal”, agrega.

James Bond tecnológico

El detective creado por Ian Fleming, recuperado por la flema británica del rubio Daniel Craig, es para el escritor lo que mejor refleja la obsesión de nuestros tiempos con la alta tecnología. James Bond “ha sido llevado a la pantalla grande en 22 ocasiones, como pretexto para presentar armas, dispositivos de comunicación y sorprendentes transportes terrestres, aéreos y marítimos”, apunta el autor.

¿Dónde quedó en este punto el célebre zapatófono del Súper Agente 86 o el batimóvil de Ciudad Gótica? En nuestra memoria romántica, sin duda, porque ahora todos queremos tener lo último de lo último para no quedar afuera de la tendencia.

“Por supuesto que hay un interés corporativo detrás del consumo y glamourización de las tecnologías para convertirlas no sólo en algo deseable sino en algo indispensable en nuestras vidas. Todo el tiempo, las empresas están creando necesidades artificiales que nos convierten en animales de consumo desesperados y frenéticos”, afirma Yehya. “Además, ante un universo de millones de alternativas, el ser humano se muestra indefenso, estresado y compungido por no saber qué hacer, qué elegir, perdido en una búsqueda que no tiene fin”, agrega.

El análisis exhaustivo de la “tecnocultura” no le impide al escritor admitir que la tecnología tiene aspectos positivos: “La tecnologización de la sociedad significa mucho más que una saturación mediática constante y generaciones de adictos al PlayStation”, expresa. “Ahora por fin tenemos un medio que nos da millones de visiones sobre un mismo tema, ya no existe una mirada hegemónica, generalmente devenida del poder, sobre un hecho fortuito o planificado”, agrega.

La tecnología nos quita el miedo a lo diferente toda vez que nos permite comunicarnos en tiempo real con un ciudadano de la otra parte del mundo; se puede compartir la música, las imágenes y se nos abre un universo que parece no tener límites. “Todo el conocimiento, que antes era algo distante para muchos, de pronto se ha vuelto algo tangible y cercano. Ahora sabemos de dónde viene una canción, el origen de la letra, en qué circunstancia se hizo la música …”


Quién es quién en la red*

Google: Utiliza una tecnología que en teoría puede revisar el equivalente de una pila de papeles de 112 kilómetros de altura en medio segundo. Ofrece 250 millones de búsquedas al día.

Yahoo!: Es el sistema de correo más usado en el mundo, con más de 400 millones de usuarios (devoró a Hotmail). En 2004 alcanzó un valor de mercado de 53 mil millones de dólares, con ingresos semanales de 90 millones.

Wikipedia: La enciclopedia libre, que cualquiera puede editar, es un sitio que recibe consistentemente más visitas que los periódicos The New York Times y USA Today juntos. Cuenta con dos millones 317 mil 858 artículos en su versión en inglés y 10 millones de artículos en sus 253 ediciones.

YouTube: Especie de canal participativo de televisión donde cualquiera puede subir y transmitir cualquier video mientras no se violen las normas mínimas de decoro ni las leyes de derechos de autor. 79 millones de usuarios vieron más de tres millones de videos en enero de 2008 y en abril de ese año Youtube contaba con 3.75 millones de usuarios.

Facebook: Red social revolucionaria que determinó el futuro de Internet. En noviembre de 2008 ha llegado a tener la mayor cantidad de usuarios registrados en comparación con otros sitios web orientados a estudiantes de nivel superior, con más de 120 millones de usuarios activos en todo el mundo.

MySpace: es un sitio web de interacción social formado por perfiles personales de usuarios que incluye redes de amigos, grupos, blogs, fotos, vídeos y música, además de una red interna de mensajería que permite comunicarse a unos usuarios con otros y un buscador interno. Cuenta con 200.623.371 usuarios (en septiembre de 2007)

* Extracto del libro Tecnocultura / El espacio íntimo transformado en tiempos de paz y guerra (Tusquets), por Naief Yehya.


martes, 15 de junio de 2010

UN MUNDIAL SIN ESTRELLAS

Algunos equipos tendrán que brillar sin estrellas

Los ingleses Beckham y Owen, los españoles Riera y Güiza, los brasileños Adriano y Ronaldinho, los argentinos Cambiasso y Zanetti, los italianos Totti y Del Piero, además de Shevchenko, Van Nistelrooy y Ballack, estarán ausentes.


Foto: Omar Martínex/ MexSport

Hace apenas unos días que se dio la patada inicial con la orden de salida al mayor espectáculo global de la sociedad contemporánea. El Mundial de Futbol en Sudáfrica 2010 renovó el 11 de junio la cita que cada cuatro años y durante un mes, los aficionados al deporte nacido en Inglaterra en 1863 tienen para desahogar sus fervientes pasiones.

Jugadores de toda laya y color corren sin pausa detrás del balón que, en este caso, no sólo dirimirá el resultado de un partido, sino también el rumbo anímico de muchos territorios nacionales, cuyos habitantes depositan en el 11 contra 11 gran parte de sus orgullos patrióticos.

Dólares que danzan en la silueta magra y fibrosa de muchos futbolistas que valen millones en el mercado gigante del balompié, animan la fiesta futbolística más rentable del mundo.

El argentino Lionel Messi, el español Xavi, el italiano Andrea Pirlo y el inglés Steve Gerrard, sólo por citar algunos, se convertirán en las grandes estrellas del campeonato y serán durante 30 días los dueños de los destinos emocionales de los millones de aficionados (y no tanto) del considerado el deporte más bello del mundo.

El Mundial también será, sin embargo, el terreno donde fantasmagóricamente dejarán sus huellas indelebles los grandes ausentes, es decir, aquellos jugadores que por no haber sido convocados o porque su selección sencillamente no consiguió la clasificación, deberán ver los partidos desde la sala de su casa.

Sin duda, el mundo futbolístico espera con ansia la recuperación del marfileño Didier Drogba, quien sufrió la fractura de un brazo durante un partido amistoso con Japón. Pero más el técnico Sven Goran Erikson y los otros integrantes de la selección de Costa de Marfil que, gracias a los buenos oficios de Drogba como uno de los mejores delanteros del mundo, ha logrado su segunda clasificación histórica para un Mundial. Drogba, de 32 años, fue operado con éxito y se espera que aparezca en suelo sudafricano para la segunda fecha del campeonato, cuando su escuadra se enfrente a la poderosa de Brasil.

Entre las 32 selecciones participantes, España a la cabeza (es, además, el equipo más caro del Mundial con un presupuesto de 384.78 millones de euros, según un informe elaborado por la consultora Frontier Economics), como uno de los grandes favoritos a obtener la copa, tuvo que renunciar al centrocampista Albert Riera y al delantero Dani Güiza. Ambos jugadores habían estado presentes en la selección bermellona años atrás y fueron parte del equipo que ganó la Eurocopa, pero se quedaron sin Mundial por decisión del técnico Vicente del Bosque.

La verdad es que Riera no pegó una desde su deslumbrante carrera en el Mallorca, equipo en el que debutó en el 2000, y su carrera viene en descenso luego de un paso poco destacado por el futbol inglés. Con la camiseta española hizo cuatro goles. Güiza no pudo, al parecer, neutralizar los efectos de un escándalo amoroso que lo llevó a protagonizar las noticias de la prensa rosa. Su ex mujer y representante, Nuria Bermúdez, lo acusó, después de una separación telenovelesca, de no pasar la pensión al hijo de la pareja. Del Bosque no le habilitó el boleto de avión a Sudáfrica a pesar de los 18 goles que el jugador marcó para el equipo turco Fenerbahçe.

SIN EL RUBIO DE ORO

Para el mercado futbolístico y las grandes marcas que animan la danza de los millones de dólares en el Campeonato, no resulta nada agradable renunciar a la presencia de David Beckham en Sudáfrica 2010. Considerado el mejor realizador de tiros libres del mundo, el esposo de la ex spice girl Victoria Adams, sufrió un desgarre en el tendón de Aquiles durante un partido entre su equipo, El Milan, y el Chievo de Verona. El hecho tiene tintes dramáticos si se cae en la cuenta del sacrificio que tuvo que hacer la familia Beckham para abandonar la glamorosa ciudad de Los Ángeles y recalar en Europa, para que el jugador se fogueara en la liga italiana, todo con vistas a Sudáfrica.

Sin embargo, no es sólo la debilidad que siente el entrenador Fabio Capello por el rubio que viste como ninguno los calzones de Armani, sino también la presión del mercado publicitario ligado al futbol, lo que ha permitido que la ausencia del centrocampista en la tierra de Mandela sea en realidad ilusoria. El jugador formará parte del cuerpo técnico inglés y se sentará en el banco de suplentes para cumplir una tarea de intermediario entre sus compañeros de la selección y el temperamental entrenador italiano.

Luego del torneo al que Inglaterra parte no con pocas posibilidades de alcanzar los primeros lugares, es probable que David vuelva a Los Ángeles, para seguir militando en el Galaxy y vivir, para felicidad de la estilizada Victoria, cerca de sus amigos Tom Cruise y Katie Holmes. Fue precisamente el actor de Top Gun quien predijo que seguramente el inglés volverá a vestir la camiseta británica en el Mundial 2014, cuando tenga 39 años.

Foto: Amr Abdallah Dalsh/ Reuters

Inglaterra lamenta también la baja del espectacular Michael Owen, delantero del Manchester United, quien por una lesión en un tendón se quedó sin una plaza segura en la escuadra británica y, sin dudas, también extrañará, a pocos días de dar inicio el torneo, al capitán Rio Ferdinand. El defensa de la selección británica se lesionó una rodilla durante un entrenamiento y la circunstancia ha sido tomada por el ex bailarín de danza clásica como “fruto de un maleficio que alguien me echó para que no pueda ir a Sudáfrica”.

ADRIANO, EL POLÉMICO

En la selección de Dunga, otro de los grandes equipos en Sudáfrica, no estará Adriano Ribeiro, el flamante delantero de La Roma, conocido por su indisciplina y por su afición al alcohol. “Lo adoro. Intentamos recuperarlo de todas las formas, le dimos numerosas oportunidades... mi corazón dice una cosa, pero la razón otra; tuve que tomar una decisión”, declaró el técnico de Brasil al dar la noticia que dejó devastado al jugador, quien está recibiendo ayuda psicológica para aceptar la realidad. Por si no bastara, a pocos días de que inicie el Campeonato Mundial, Adriano fue citado por la justicia de su país por sus supuestos vínculos con un narcotraficante nacido en la favela donde el futbolista pasó su infancia.

Ronaldinho, dueño de la sonrisa que iluminara el Mundial de Alemania en 2006, tampoco será parte de la verde amarelha y dijo que no mirará los partidos ni siquiera por la televisión. “Me gusta jugar, no mirar”, manifestó.

De todos modos, la ausencia que según los expertos Brasil pagará muy caro es la del centrocampista de La Juventus, Diego Ribas, hecho que el jugador se tomó con bastante filosofía y elegancia: “No entiendo, pero asumo (mi ausencia en la selección). Tengo 25 años, esperaré al próximo Mundial, en mi casa, en Brasil”, dijo.

¿POR QUÉ NO CAMBIASSO?

A pesar de su excelente desarrollo en el campeonato italiano, los argentinos Esteban Cambiasso y Javier Zanetti, dos jugadores experimentados y muy queridos por la afición sudamericana, no estuvieron en los planes del técnico Diego Maradona.

El título del Champions League con el Inter de José Mourinho no hizo más que avivar las heridas en torno a un tema que la prensa albiceleste criticó profusamente. Zanetti jugó 136 partidos con la selección y convirtió cinco goles, mientras que Cambiasso participó en 46 partidos, en los que anotó cuatro goles. Y Maradona no los lleva, en una actitud que acrecienta la percepción de que, a pesar de tener los mejores jugadores del mundo y partir como gran favorita a Sudáfrica, la selección argentina encuentra en su entrenador la mayor debilidad y la gran ventaja que tienen sus rivales de España y Brasil.

Fue el técnico holandés del Bayern Munich, Louis Van Gaal, quien la semana pasada dijo lo que mucha gente piensa: “Argentina no ganará la Copa del Mundo por no tener al entrenador indicado”. La estrella del Real Madrid, Fernando Gago, tampoco forma parte de la selección argentina en el Mundial.

Izq. a der. y de arriba a abajo: Adriano, Van Nistelrooy, Zanetti, Cambiasso, Bekham, Riera, Pirés, Shevchenko, Ballack, Ronaldinho, Totti y Owen.
Izq. a der. y de arriba a abajo: Adriano, Van Nistelrooy, Zanetti, Cambiasso, Bekham, Riera, Pirés, Shevchenko, Ballack, Ronaldinho, Totti y Owen. Fotos: Reuters, AFP, MexSport
LOS CAPRICHOS DE RAYMOND

El de Sudáfrica es otro Mundial que debe renunciar a la magia del centrocampista francés Robert Pirés, enfrentado desde hace años con el polémico entrenador Raymond Domenech, un aficionado al Tarot y a las ciencias ocultas. Según un secreto a voces, la decisión de no llevar al centrocampista del Villarreal a los campeonatos del mundo reside por parte del técnico en el signo zodiacal bajo el cual nació el futbolista. “El técnico cree que los de escorpio no son buenos para la selección. Dice que no son buenas personas y no pueden convivir con los demás, pero creo que conmigo se ha equivocado mucho”, dijo Pirés al respecto.

Donde no parece haber errado el entrenador galo es en haber descartado al joven de 22 años Karim Benzema, quien no ha lucido demasiado en el Real Madrid de la última temporada, pero que sin duda tendrá muchas revanchas en el mandato del portugués José Mourinho, que lo adora. Serios problemas estomacales también dejaron afuera de la selección francesa a Lass Diarra, centrocampista del Real Madrid, una noticia que Domenech calificó de “muy triste”.

LA AZURRA SIN TOTTI

Francesco Totti, el mítico delantero de La Roma, y su par en La Juventus, Alessandro del Piero, son los grandes faltantes en la selección italiana, que llega a Sudáfrica para defender el título de campeón del mundo obtenido en Alemania 2006. El entrenador Marcelo Lippi tampoco convocó al polémico Antonio Cassano, en un intento, al parecer, de sacarse de encima a todos esos jugadores “divos” y con problemas disciplinarios.

El legendario Totti, por ejemplo, fue sancionado cuatro fechas por su expulsión en la final de la Copa Italia, donde habría emitido insultos racistas en contra de su rival del Inter Mario Balotelli, un siciliano hijo de inmigrantes de Ghana y a su vez un enfant terrible del calcio. Además, Totti había renunciado en años anteriores a jugar en el seleccionado italiano y con esa pasión voluble tan característica de la gente nacida en ese país, luego luchó por regresar.

LLORA VAN NIESTELROOY

Con el rostro bañado en lágrimas, el delantero Ruud Van Nistelrooy, quien en enero pasado abandonó el Real Madrid para recalar en el Hamburgo y aumentar sus opciones de estar en la Copa del Mundo, recibió la noticia de que no figuraba entre los convocados por el seleccionador holandés Bert van Marwijk para Sudáfrica 2010. El técnico dijo que el futbolista, pese a haberse recuperado la larga lesión de rodilla que sufrió en su última etapa madridista, no está “en condiciones de llegar a su antiguo nivel”.

De los preconvocados, Orlando Engelaar, Vurnon Anita, Jeremain Lens y Ron Vlaar fueron los cuatro descartes del seleccionador holandés Bert Van Marwijk para el Mundial. Preseleccionados inicialmente en una primera lista de 27, en estos días de convivencia no parecen haber convencido lo suficiente a su técnico.

EXTRAÑAREMOS A SHEVCHENKO

El portentoso y admirado delantero ucraniano Andreij Shevchenko, más conocido como Sheva, también se quedó sin Mundial, aunque no por su culpa. La imprevisible selección griega (que ya dio el batacazo al ganar la Eurocopa 2004), dejó afuera a Ucrania, al vencerla en el partido de vuelta en la fase europea de repechaje. La selección sueca tampoco logró clasificar en las eliminatorias, lo que deja al Mundial sin el gran Zlatan Ibrahimovic, merced a la victoria de Portugal ante Malta, por 4-0. El triunfo de los suecos ante Albania por 4-1 no sirvió de nada, ya que los nórdicos no dependían de sí mismos, sino que necesitaban que Portugal no ganara y lograr ellos la victoria ante los albaneses. Este hecho permitirá que otra superestrella del marketing, Cristiano Ronaldo, sí pise el suelo sudafricano liderando la escuadra portuguesa.

¿QUÉ HARÁ ALEMANIA SIN BALLACK?

La afición lamenta la ausencia del capitán del equipo germano, Michael Ballack, quien no podrá disputar al Mundial de Sudáfrica debido a la gravedad de la lesión sufrida en la final de la Copa Inglesa que su equipo, el Chelsea, ganó al Portsmouth.

Con la rotura de los ligamentos derechos producida por parte del jugador de Ghana Kevin-Prince Boateng y una profunda tristeza, Ballack declaró: “Naturalmente es un golpe muy amargo cuando uno recibe un diagnóstico así a pocas semanas del Mundial, pero el fútbol es así y hay que seguir adelante”.

jueves, 10 de junio de 2010

El arte del asesinato político en Guatemala


De todas las guerras sucias en los tiempos donde las balas eran el único valor de intercambio en el continente latinoamericano, la de Guatemala, sin dudas, fue la más sucia y la menos difundida.

La aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional, clave en la política exterior estadounidense en los 70 y 80, se ensañó particularmente con esta nación poblada, al decir de Wallace Stevens, por “hombres más remotos que las montañas”.

En este país de América Central, que limita al oeste y norte con México, al este con Belice y el Golfo de Honduras, al sudeste con Honduras y El Salvador, la guerra contra la insurgencia, que dio inicio a comienzo de los años 60, dejó más de 50 mil muertos y millones de desplazados hacia la selva y el campo.

Guatemala no fue Chile, donde en los 70 Pinochet y la CIA acabaron con el primer presidente socialista elegido democráticamente en el continente. Tampoco fue Argentina, donde la sangrienta dictadura de Videla se mezcló con el futbol y la invasión a las islas Malvinas para caer atrapada en su mismo vértigo mediático.

Guatemala tampoco fue Nicaragua; no tuvo a Julio Cortázar y sus poemas a Sandino. Ni siquiera fue El Salvador, donde el monseñor Arnulfo Romero y el poeta Roque Dalton, de un lado al otro de la sangre, sacudieron al mundo con su martirio.

En este país poblado mayoritariamente por indígenas, los cadáveres siguieron muriendo —al decir del poeta peruano César Vallejo— por mucho tiempo, con heridas abiertas y sangrantes frente a la indiferencia y sordera de la opinión internacional.

Por fortuna —si es que en estos temas puede apelarse a un concepto semejante— si algo no muere nunca en Latinoamérica son los muertos matados por el abismo insondable de la crueldad, de la violencia ciega, de la injusticia.

Prueba de esa eternidad clamorosa es la voz del obispo Juan Gerardi, asesinado a golpes en el patio de su iglesia el 26 de abril de 1998, como castigo infame a su labor al frente de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, a sólo dos días de haber presentado un informe de mil 600 páginas que documentaba los crímenes cometidos por el ejército guatemalteco en la lucha contra la insurgencia.

El periodista y escritor Francisco Goldman, nacido en 1957 y criado entre Boston y Guatemala, narra en su libro de reciente aparición, no sólo el horrendo crimen de Gerardi, a quien llama “héroe y mártir”, sino las investigaciones llevadas a cabo después del asesinato y que derivaron en un juicio histórico en el país, que a juzgar por los hechos de los últimos días, sigue desangrándose, sigue muriendo.

KIOSKO adelanta en forma exclusiva el primer capítulo de El arte del asesinato político - ¿Quién mató al obispo? (Anagrama), una crónica serena, minuciosa y a la vez conmovedora de un asesinato que como muchos en nuestro continente, no debería haber ocurrido.

Entrevista a Francisco Goldman

¿Cree que el mundo está en deuda con Guatemala?

El gobierno de Bush en los EU ha puesto mucho dinero para deportar a los trabajadores guatemaltecos de su suelo, pero no ha puesto un centavo en ayudar a reconstruir una nación que pueda dar trabajo y mejores condiciones de supervivencia a sus jóvenes. Guatemala es un país como tantos otros en América Latina, aunque es el único que en los últimos diez años ha visto crecer los problemas por desnutrición en los niños. Entonces sí, el mundo tiene una deuda ética, política y humana con Guatemala.

¿Con qué disposición de ánimo escribió esta crónica?

Originalmente pensé que esto iba ser un libro breve y fácil. Escribí primero dos artículos sobre el caso, uno en la revista New Yorker sobre el asesinato de Gerardi y otro sobre el juicio en The New York Review of Books. Para el libro pensaba unir los dos artículos y ya, pero entre el 2001 y el 2007, el caso enloqueció, se puso todavía más terrible, interesante y peligroso. Los asesinos —vinculados algunos con el ejército y otros con las mafias— hicieron de todo para detener el juicio. Pensaban incluso que de ser condenados, los jueces corruptos iban a dejarlos en libertad. Yo también pensaba qué eso iba a suceder y ya no tenía ganas de hacer otro libro sobre otra derrota en Guatemala, pero increíblemente, los jueces condenaron a los asesinos. Entonces supe que tenía que escribirlo. Lo escribí durante 18 meses, con el mejor ánimo posible, recién asado, con buena comida casera en la barriga, mucho tequila, mucho amor... en Guanajuato.

¿La inclusión de la primera persona en el relato fue un modo de perder distancia para ganar compromiso con la historia?

Aparezco donde es relevante, porque yo estaba ahí y, hasta cierto punto fui participante. Sabía que había una sola manera de conseguir precisamente el libro: fidelidad completa al caso mismo, incluyendo las partes que viví al lado de los protagonistas.

¿Qué consecuencias trajo la publicación de esta crónica?

El libro contribuyó a reivindicar la labor de quienes consiguieron que por primera vez en la historia de Guatemala se condenara a militares por sus crímenes de Estado. Sin duda, el libro fue usado como arma electoral contra el candidato Pérez Molina, que hubiera sido un desastre peor que Colom.

¿Los cadáveres en Guatemala son como el poema de Vallejo, es decir: siguen muriendo?

Sí, claro. De hecho, han matado a 20 personas relacionadas con el caso Gerardi. Hace algunas semanas mataron un militar que podría haber sido un testigo importante en la próxima etapa del caso. En Guatemala, los asesinatos toman muchas formas y se hacen por muchas razones, no sólo para castigar o eliminar gente incómoda. La víctima es más que un objetivo en sí mismo de quienes han urdido su muerte; se convierte en un medio para enviar mensajes a terceros y alcanzar otros fines.

El obispo Gerardi ¿fue un héroe o un mártir?

Pues los dos. Me gusta una de las definiciones que la Iglesia tiene para definar al mártir: comida de las bestias. Gerardi sin duda fue comido por bestias.

¿Cuándo es el momento de llorar en Guatemala?

Citaría mi propio libro, cuando se habla de Helen Mack, en la lucha terrible que ha encarado para encontrar a los asesinos de su hermana: “Su larga e incesante búsqueda de justicia por el asesinato de su hermana la había convertido en la activista de derechos humanos más admirable de Guatemala. Inteligente, daba la impresión de que nada la asustaba y proyectaba una fría implacabilidad, pero al mismo tiempo mostraba la vulnerabilidad emocional más desarmante: a menudo rompía en lágrimas cuando discutía el caso de su hermana o cuando debía dirigirse a la prensa después de recibir un revés en los tribunales.”

¿Qué opina de lo que acaba de pasar con el presidente Colom?

No hay gobierno ni institución en Guatemala que no esté penetrado por el poder del narco y las mafias. Sin duda eso lo que está atrás del asesinato del licenciado Rosenberg. Ahora bien, lo que hay que determinar es si el presidente sabía de esto. El gobierno de Colom parece demasiado débil en comparación con el de Arzú, quien gobernaba cuando asesinaron al obispo Gerardi. Eso significa que será más difícil para la gente de Colom orquestar un encubrimiento. En Guatemala ahora existe el CICIG, un organismo de la ONU que investiga el crimen organizado y los poderes clandestinos. Ellos van a investigar el asesinato del abogado Rosenberg y esa es una buena noticia.