martes, 29 de mayo de 2007

Ese dichoso colectivo del infierno


Hay dos hechos de mi vida en México que están ligados irremediablemente a Roberto Bolaño. El primero obviamente refiere al contacto virginal con su enorme Los detectives salvajes. Fue una tarde lluviosa, como casi son todas las tardes en el DF, y Bettina, mi amiga que hoy vive en París, me dijo: “Lee esto”. El otro hecho fue en el metro: absorbida por la lectura de esa novela primordial, eché a reír a carcajadas en un vagón repleto de personas que inmediatamente, y con razón, creían que estaba loca. La literatura de Roberto me salvó en esos momentos terribles. Cada persona tiene sus propios mitos inconfesables. El mío consistía por entonces en la necesidad de hallar mi novela, que era en el fondo la necesidad de hacerme cargo de una nueva vida, una nueva instancia que yo misma había elegido pero que sin embargo mucho me costaba en esos días dirigir, entender... Si en mi juventud, en la plenitud del amor, Rayuela había sido mi libro, al punto que el hombre que amaba me había puesto Manu de sobrenombre por lo mismo, ¿qué iba a ser de mi vida madura si no aparecía un universo que contuviera mis mitos de lectora? Los detectives salvajes fue la novela de mis ganas de seguir en el mundo. Y Bolaño fue El escritor capaz de ser amigo de sus lectores, aun sin contar con el privilegio de conocerlo. La literatura de Roberto cerró en mi corazón un camino y abrió otro. Retornó esa frase de Bioy que nunca puedo recordar textual: “Un buen escritor es aquel que compele a sus lectores a escribir”. Claro, después de Los detectives empecé a escribir una novela que por el bien de la literatura abandoné, pero que entonces me ayudó a entender el grado de vitalidad que tienen las letras de mi amigo querido. Sí. Fue casi un amigo porque el azar, que todo lo puede, me otorgó el privilegio de conocer a Roberto. No en carne y hueso, sino mediante cartas que llegaban siempre escasas (escasas para mí, que quería ganar el tiempo perdido) a mi correo. La cercanía posibilitó una entrevista que este mes publicamos en la edición mexicana de Playboy –¿acaso su última entrevista?– pero, sobre todo, me enseñó la generosidad de un ser de otros tiempos, de los tiempos, por ejemplo, en que yo era joven y amaba a un hombre que me amaba, de los tiempos en que la carta de un amigo desde lejos puede ser la llave para encender la propia voluntad, el gesto con que abrimos otra vez y para siempre una ventana, tomamos un café, escuchamos música...
Esta mañana es espesa. Hay una bruma que empaña los vidrios y la gata de mi amado amigo Daniel me desconecta a cada rato el cable del teclado. Este teclado no tiene acentos. Y no puedo hacer nada sin que broten las lágrimas. Roberto ha muerto en esta madrugada rara... una madrugada en la que me despertaba a cada rato y encendía la computadora para ver si él no había escrito una carta... yo quería saber, con esa arrogancia de quien hace planes para el futuro aun a sabiendas de que el mañana es una trampa en la que nos gusta caer cuando estamos irremediablemente solos, si le había llegado la revista, si, tal como pensaba, quedó bueno su reportaje...
No hay acentos. Sólo melancolía. Y un agujero en el corazón que él curaría con su ternura proverbial.

“Maristain querida:
Hay que ver lo bien que acentúas. Me maravilla. Yo dejé de estudiar a los dieciséis y tal vez por eso a veces se me olvida. Pero por lo general tampoco lo hago tan mal. De hecho, tuve una vez un libro de gramática que casi me volvió loco. Era como el libro de Lewis Carroll, pero de gramática, aunque la gramática en ocasiones, si la miras de sesgo, se parece a las matemáticas, y ahí empieza el peligro, el tarot de los números y de las letras. Hubo una época, cuando yo viví en México, que cada día tomaba un colectivo que pasaba junto a un gran manicomio en el extrarradio. No consigo recordar por qué razón tomaba ese dichoso colectivo infernal, mismamente el bateaux mouche de Caronte, pero lo cierto es que lo tomaba y cuando llegaba al manicomio, ahí había una parada, veía a los locos que se acercaban a la reja en el mejor estilo, explotado años después, de George Romero. Todos iban con pijamas. Todos eran locos pobres. Y para mí significaban algo, ¿qué?, no lo sé a ciencia cierta, tal vez una idea de cierta gramática, de otra gramática, una prosodia que se ramificaba en el aire. No te preocupes por mi salud. El asunto es tan corriente y vulgar que poco interés suscita en las musas, como dijo un clásico cuyo nombre, para variar, he olvidado. Siento mucho lo de tu madre. Espero que mejore. Recibe un fuerte abrazo.

Bolaño.

PD: No bebas, no fumes tanto, cuídate. Saludos a tu hermana”.

la abuela

la abuela y los membrillos muerta en el alarido de su páncreas para dejarte sola cruzar la street en una babilonia donde con el índice levantado te da consejos para que tu hombre no se vaya la abuela y los membrillos por el costado de un cigarrillo benson en la mañana border de tu desdicha sin hombre y sin abuela en el medio de la street donde la vieja canta un aleluya y en esa iglesia de maría auxiliadora huele a guiso para un cura huérfano membrillos de la abuela en el palacio urquiza tú junto a tu hombre la abuela con su páncreas un fito rojo en una carretera el dulce de leche con los dedos pringosos dónde quedó el bordado en punto cruz la plancha que arde en tus manitas qué loca la pared el punto el poro la carne verde de una enredadera que te degüella mientras el tiempo siempre el tiempo te cose los cigarros mañaneros y nada ya nada es como entonces

palindromazo


los gemelos de julio iglesias parece un trabalengua o una versión libre de un palíndromo a veces pasa que las palabras resuenan como un cascabel rompen parábolas y cuentan cuentos como ese del puente de aviñón en el que le proponías casamiento a la muchacha en otras vicisitudes mejor el silencio o un círculo sin gracia en el vidrio empañado y no delatar tu fragilidad con la punta del dedo índice cuando no puedas refrenar la tentación de comparar tu vida con la de eric clapton guarda la navaja y aléjate de los árboles en peligro de extinción es que hay un pueblo llamado austin donde vive un ciclista llamado lance al que le sacaron unos cuantos tumores del bocho y luego el tipo se ganó el tour de francia pero no estás para esos trotes ni siquiera sabes pedalear la vez que recorriste el parque con dos ruedas él guiaba el vehículo y casi chocan cuando hace frío te pones un saquito cuando hace calor metes las patas en una palangana no eres gracioso ni esperpéntico y no sabes por qué las palabras siempre son otras en los sueños tu mamá te grita la rescatas de un balcón como romeo van en un auto a checoslovaquia pero en la realidad no existe checoslovaquia ni los gemelos de julio iglesias son un palíndromo ni hace frío ni hace calor mejor te callas

benito


hoy recibiste una postal de un gato al que llaman benito
y alguien dijo de ti que eras valiente
pero todo está oscuro
el cuerpo esboza un infierno pasado
estás en un auto que no tiene frenos
alguien te mira queriendo decir cosas que te dolerán
enciende alguna luz para olvidar
abre una ventana para que puedas dormir con el culo al aire
lo sabes
la voluntad no existe si ruge la memoria
no eres nadie
cuando los sueños se creen con derecho a minarte la visión
qué vida simple es leer a séneca
cerrar los ojos y que no sea el rostro de siempre
el que te pregunte por qué dejaste tu país
tu casa con ventanas azules
aquellos perros que te conocían

pero la oscuridad no es sencilla
se hinchan las pupilas de tanto querer ver lo inusitado
sácate todas las ropas
tira las almohadas a un pozo ciego
da vuelta los retratos
gime
grita
parpadea
hoy tiene que ser el día de tu santo
y el día de benito

martes, 1 de mayo de 2007

ENTREVISTA A RODRIGO FRESÁN




¿Le interesa Argentina como tema en su literatura?
No mucho; la verdad es que no me interesa hacer literatura con eso. No soy un escritor "comprometido". Nunca me vi así, por lo menos. Me interesa contar una historia y en las historias que estoy escribiendo, Argentina no aparece en lo absoluto. Y eso no es una decisión consciente o inconsciente, simplemente que hay historias que sólo pueden transcurrir en Argentina y hay otras que no pueden transcurrir nunca allí.

Sin embargo, es desde hace tiempo representante de la nueva generación de escritores argentinos.
Sí, aunque la movida esa de la nueva literatura argentina también alude a cuestiones editoriales y periodísticas que de repente surgen en un determinado momento y después te dejan petrificado para siempre. Yo todas las mañanas me levanto rogando porque aparezca una nueva generación de escritores argentinos que me permita escribir, despegarme de cierto rótulo.

De todas maneras, creo que ahora la que está surgiendo es una nueva generación de escritores mexicanos.
Sí, en México hay muchos. También lo que ocurre es que la figura del escritor mexicano es muy diferente a la del escritor argentino. En México, la imagen del escritor no está asociada a una cierta bohemia alternativa como puede ser en Argentina, sino que allí hay una carrera de escritor. Lo más seguro es que liga con lo diplomático...

Con el poder, ¿no?
Sí, una cosa que parece formidable, ¿no? Digo, hay escritores en el poder. A mí no me interesa la política, pero la verdad que en Argentina, el tema del intelectual siempre ligado a los gobiernos ha sido bastante lamentable, ¿no? Muy ineficaz, digamos, muy decorativo.

¿Qué opina del crack, ese movimiento de los nuevos escritores mexicanos, todos ellos amigos suyos?
Lo que ocurre con el "crack” es que ellos tomaron juntos una decisión para venderse como generación o como estética. A mí me sorprende un poco eso, porque me gusta estar solo y la literatura es una forma de soledad socialmente aceptada. Entonces a mí, escribir para juntarme con gente me parece una especie de contrasentido.

¿Qué dice de los escritores mexicanos que dicen de los escritores argentinos que viven mencionando a Borges y con eso se creen que se les abren todas las puertas?
Borges es un gran escritor, punto final, digamos. No me parece un mal mencionar a Borges.

Fuera de Argentina no se ha leído a autores que son también muy importantes, como Rodolfo Fogwill o César Aira, ¿verdad?
Bueno, en España ahora están pegando bastante, tanto Piglia, Fogwill y Aira. Hay como una especie de pequeña movida, un poco ligada con el tema de la crisis y, a pesar de la crisis, el arte. Es un poco molesto porque en Argentina siempre ha habido buenos escritores. Pero si la gente prefiere pensar que en Argentina siempre ha habido buenos futbolistas, está bien, también, pero no es nueva la idea de la calidad de la narrativa en Argentina. Siempre se escribió bien, me parece.

¿Qué escritores argentinos son de su predilección?
Me gusta mucho todo. No tengo grandes odios. No soy un escritor que se defina por las antipatías, ¿no? Fogwill me gusta muchísimo, por ejemplo. Es un escritor al que mi generación le debe muchísimo más como fundador de una nueva forma de hacer literatura argentina en la Argentina.

Dicen sus amigos que nadie lee más que usted, ¿cuándo empezó a leer tanto?
Desde que tengo memoria. Yo creo que desde que tengo memoria siempre supe que quería ser escritor. Nunca manejé dos vocaciones alternativas, como presidente, futbolista, corredor de Fórmula uno, bombero, médico. A mí no me llevaban a la plaza o me llevaban poco. Leía mucho. Mis padres se juntaron y se separaron entre ellos ocho veces. En la infancia me regalaban muchos libros, supongo que para distraerme y yo me la pasaba muy bien leyendo.

Usted nació en el 63 y siempre se habló de usted como de un escritor joven. ¿Se sigue sintiendo joven?
Yo me acuerdo, por ejemplo, de la época que me recordé a mí mismo diez años antes, era una persona completamente diferente. Y ahora me recuerdo diez años antes y soy una persona más o menos igual. Hay un momento un poco terrible que es cuando te empiezas a dar cuenta de que estás acumulando a tus espaldas cada vez más y probablemente tengas menos adelante. Pero es una ley de vida eso, ¿no? También yo creo que si no existieran ese tipo de inquietudes y de nerviosismos tal vez uno ni siquiera se sentaría a escribir. Cuando todo tipo de trabajo, de relación, de actitud, está siempre asignado por la amenaza de lo finito. Si uno viviera en una especie de limbo absoluto, no escribiría.

Me refería también a esta cosa de mirar para atrás y darse cuenta de esas cinco novelas importantes, de su significado, como una visión en torno al oficio de escribir.
Bueno eso es raro, sí. Cuando uno empieza a existir, a tener viudas paralelas que no controla, muchas veces llenas de imprecisiones tremendas y de hechos preconcebidos y de leyendas urbanas, que de repente viene alguien y te dice "No, porque una noche tú te tiraste del Empire State". Cómo me pude haber tirado del Empire State, no podría estar hablando aquí. Es mucha imaginación lo que te digo, pero sí empiezan a existir cosas un poco extrañas. También, en ese sentido, la profesión de escritor es mucho más higiénica que la de rockero, por ejemplo, el trabajo físico literario es muy sedentario, muy aburrido. No hay nada más aburrido que ver a alguien escribiendo, porque estás sentado en un escritorio moviendo las manitas. No hay ningún tipo de glamour ni de atractivo. Pero ves a un tipo encima de un escenario con millones de personas aplaudiéndole y por eso dices "qué bueno esto". Pero hay una zona de la literatura que por suerte sigue siendo un misterio, sino impenetrable, por lo menos muy íntimo.

Aunque usted tuvo unos minutos de fama al aparecer en esa escena de Martín Hache, de Adolfo Aristarain...
Es que en la escena en la que Cecilia tiene una sobredosis, Adolfo puso diálogos que había sacado de Esperanto, una de mis novelas anteriores. La idea era que yo ya estaba al fondo fuera de foco, sin hablar, y cuando llegué, Adolfo me dijo "Toma, apréndete estas líneas. , tienes que hacerlo, ya está todo armado". También aparecí con Alan Pauls en la película La sonámbula, con guión de Ricardo Piglia, hacemos de asesinos tipo “Matrix” y los dos le pegamos a una chica, pero son tonterías, no tiene nada que ver con la literatura.

Son cosas que no dan para hacer una carrera en el cine
(risas). No, claro que no. Además, participar en el cine es algo que uno hace sin pensar y luego te arrepientes, porque piensas que será divertido participar en una escena pequeña, pero cuando para esa escena te hacen esperar casi 20 horas y luego repetir la escena hasta la estupidez, créeme que deja de ser divertido.

Ya que hablamos de cine, ¿qué le pareció la película de su amigo Fito Páez, Vidas privadas?
Tiene climas como muy pesadillescos y la película me pareció muy interesante. No sé si era eso lo que quiso hacer Fito, pero yo me la pasé bien viéndola.

¿Cómo es estar casado con una mexicana?
Bueno, es tener conciencia de tiempos distintos. Yo soy porteño y para mí el tiempo es ahora, ya...Mi mujer, en cambio, como buena mexicana, puede decirte: - Ahorita, pero “ahorita” puede ser mañana o dentro de tres años. Para mi esposa el “luego, luego”, que es dentro de un rato, puede significar “inmediatamente.

¿Es realmente la infancia la única patria en su literatura?
Yo creo que sí, y la biblioteca, ¿no? Son como las dos patrias. Una que es como la patria biológica que es donde te criaste, donde hasta los 12 años, más o menos, se planta absolutamente todo tu imaginario y todo tu caudal de experiencia. Lo que viene después, y la biblioteca refrenda, alimenta, es el refinamiento y las variaciones de actitudes y formas adquiridas en la infancia y de las que resulta muy difícil desprenderte. De todas maneras, eso de que la infancia es mi única patria literaria es, como toda frase bonita, también muy extrema, ¿no?.

Lo que es evidente es que su estilo literario no tiene nada que ver, en todo caso, con el realismo mágico; esa no es su patria.
Yo no tengo problemas con el realismo mágico. Hay toda una gente de mi generación que escribe como en oposición o como queriendo desprenderse de la sombra terrible del boom, ¿no? Siempre digo que si yo alguna vez escribo algo que le llegue a los talones a Crónica de una muerte anunciada, caigo de rodillas. El problema con el realismo mágico son los subproductos que de él derivaron. Yo hago irrealismo lógico, que es como lo mismo pero invertido, ¿no? Digo que la diferencia entre mis personajes con los del realismo mágico es que los del realismo mágico vuelan y los míos se estrellan, que es como una actitud mucho más argentina, digamos; no explotar, sino estrellar. Pero no tengo problemas con eso, incluso muchos de mis libros están llenos de cosas si bien no fantásticas, por lo menos un poco separadas de la realidad.

¿Cómo ve a México en términos de realismo mágico?
A mí lo que me interesa básicamente de México no es el realismo mágico, sino que me parece que México es un lugar donde el realismo mágico limita con la ciencia ficción, me parece que hay una mezcla de cosas ahí. Yo recuerdo cuando era chico, la envidia que me daba México con el tema de recuerdos del futuro, los extraterrestres aztecas, y aparte que tenían monstruos propios, ¿no?, las momias de Guanajuato... Lo mexicano no es realismo mágico, es un estado superior, creo yo.

¿Está acostumbrado a que se diga de usted "Fresán como escritor es buen periodista y como periodista es buen escritor"?
Mi llegada al periodismo fue para pagar el piso, para pagar el alquiler. Yo nunca dije: - Cuando sea grande quiero ser periodista; yo dije: - "Cuando sea grande, quiero ser escritor". Me parece que el oficio más noble de todos los laterales a la literatura, es el periodismo. El periodismo, para mí, es como hacer ejercicios aeróbicos mientras me preparo para los Juegos Olímpicos, que es la literatura. El periodismo me ha ayudado en un montón de cosas formativas. Y sí, hay gente que piensa que soy un periodista que hace literatura y hay gente que piensa que soy un escritor que hace periodismo. De todas maneras, yo tuve la inmensa suerte de que en todos los trabajos fijos que tuve en periodismo, siempre me encontré con jefes que me dejaron hacer absolutamente lo que quería sin ponerme limitaciones de tipo dogmático o fundamentalista. Por lo pronto, escribo en Página 12, que es el único periódico en el mundo que tiene tantos escritores de ficción en sus filas. Es casi reprochable que haya tantos escritores de ficción en un diario, ¿no? Esas son de las cosas buenas que tiene la Argentina, vez un proyecto así en un país como Estados Unidos ni siquiera llegaría a discutirse.

Sus reseñas en el periódico son exquisitas...
Gracias. En ese sentido, cuando hago reseñas, mi posición es muy evangélica. Siempre trato de hablar de cosas que me gustan y me entusiasman. A mí, por ejemplo, en los suplementos culturales, con el poco espacio que hay, digamos, dedicar media página a destruir un libro, cuando puedes hablar bien de otro que te gustó mucho, me parece una pérdida de tiempo. No entiendo esa manera de reseñar y no la practico.

Usted fue uno de los primeros en hablar de Martin Amis
Sí, bueno, porque lo leí en inglés y además vivía en Barcelona, donde sus libros se habían presentado antes que en Buenos Aires. Amis me gusta mucho, me sigue gustando mucho, igual que Ian Mc Ewan, que los ingleses en general.

Se radicó en Barcelona, donde hay muchos colegas suyos.
Bueno, Barcelona tradicionalmente es una ciudad de escritores nómades, de gente que llega ahí; siempre fue como muy hospitalaria, sobre todo con los escritores latinoamericanos. La verdad es que a mí Barcelona me gusta mucho, porque tiene lo mejor de la vida de provincia y lo mejor de una ciudad cosmopolita. Es muy de puertas para adentro. En Madrid me pongo muy nervioso, es como estar adentro de una película de Almodóvar todo el tiempo. Barcelona es mucho más privada, no hay casas abiertas, no camina uno todo el tiempo con gente, no hay fiestas. Sólo hay como cinco o seis fiestas fijas al año y esas fiestas tienen que ver con los premios literarios.

Y maneja su carrera literaria desde Barcelona
Ahora tengo un agente, cosa que antes no tenía y, bien, es un lugar donde pasan cosas por ahí. Es un buen lugar donde estar, sobre todo cuando ya tienes una cierta cantidad de libros atrás. Todavía vivo románticamente, con la idea de poder dedicarme sólo a escribir. No he perdido contacto con Argentina, sigo escribiendo para Página 12, sigo escribiendo para la revista mexicana Letras libres. A mí me parece mejor sumar que no sumar.

¿Y cómo vive esa polémica renovada acerca de los que se fueron a propósito de la última crisis en Argentina y de los que se quedaron?
Respeto a todo el mundo, el debate me parece genial, pero yo no me engancho en nada. La verdad que es como una remake, como el mismo argumento cambiando un poco las figuritas y sí, ha sido la primera crisis que golpeó de lleno a mi generación. Antes la veía con un poco más de respeto y ahora que estuve en mayo presentando el libro y veía la cara de mis amigos y te das cuenta que hay un castigo ahí, tal vez mucho más injusto, porque mi generación ni siquiera tuvo la gran fiesta revolucionaria de "vamos cambiar el mundo". Nosotros tenemos lo peor de ambos mundos, ni la comimos ni la bebimos. Te puedo asegurar que nuestra generación no va a tener desaparecidos, pero va a tener una forma de desaparecidos.

Además, a usted no le gustan ni el fútbol ni el dulce de leche.
Es verdad. En ese sentido no soy muy argentino, puedo vivir sin la carne sin ningún tipo de problemas. De todas maneras, cuando voy a Argentina como carne, pero el dulce de leche no me interesa, el fútbol nunca me interesó. Incluso con el fútbol tengo problemas así muy puntuales o muy críticos a la hora de sentirlo como esa actividad en la que todos piensan del contrario: - Los vamos a reventar. Extraño a amigos, pero yo no digo "extraño a mis amigos argentinos", extraño a mis amigos, podrían ser lituanos, también.

¿Argentina no es el centro del mundo, entonces?
No. Dios tampoco es argentino.

¿Y Maradona?
Maradona es como El retrato de Dorian Gray. O sea, es como el símbolo perfecto de lo que le va ocurriendo al país. El gol con la mano, por ejemplo, me parece algo muy típico de la Argentina. En ese partido contra Inglaterra están los dos extremos que definen a mi país: por un lado el gol genial, absoluto, y por el otro, la trampa, la “viveza criolla”.
Ahí tienes los dos rostros del ser nacional: la trampa y la genialidad.

¿Qué escritores en lengua española le atraen?
Bueno, sin dudas, el chileno Roberto Bolaño. 2666 me encantó y, además, soy de releer mucho. Releo a Bioy Casares, me gusta Juan Marsé, me gusta Eduardo Mendoza. Son más los escritores que me gustan que los que no me gustan. Yo no soy como esa gente que necesita verificar y renovar su antipatía. Hay un momento de tu vida que tienes un olfato que todo el libro que agarras sabes que te va a gustar. Los libros malos se quedan como en una instancia muy, muy anterior. De los argentinos me gustan mucho Alan Pauls, César Aira, Guillermo Saccomano, Ricardo Piglia y seguro me estoy olvidando de muchos.

En eso de no criticar, tampoco parece argentino
Lo que pasa es que yo no tuve educación universitaria. Soy un analfabeto. La universidad te forma mucho, pero al mismo tiempo te implanta muchos odios y muchas antipatías de las que yo me vi librado siempre. La verdad es que el oficio de escritor es tan difícil, tan excesivo, tan dificultoso y tan mal remunerado que, encima, pelearme con mis amigos escritores, con los que se supone que tienen que ser mis colegas, me parece un poco estúpido.

lunes, 30 de abril de 2007

ENTREVISTA A PACO TAIBO 1



- Todo el mundo parece tener ideas nuevas, ¿no?
- ¿Ah, sí?. Yo hace años que no veo una idea ni nueva, ni vieja, ni nada.
- ¿De qué ideas viene usted?
- En realidad no vengo, voy con mis ideas y eso me basta, aunque a veces me equivoque y mire hacia atrás con pavor por haberme equivocado. Bueno, cada vez me importa menos, es más: ¡Adiós, ideas!
- Así que no le importan las equivocaciones...
- Bueno, cuando una persona me empieza preguntar, pienso que debo mostrarme más humilde de lo que soy y entonces hago fingimientos.
- ¿Y en este fingir qué cosas esconde?
- A menudo estoy a punto de caer en la tentación de reinventarme a mí mismo, pero en un acto de humildad que no me corresponde, siempre termino mostrando quién soy.
- Dijo alguna vez que no confiaba en su memoria, ¿entonces en qué confía?
- ¿Esa es una pregunta seria?
- Sí.
- Por supuesto que no confío en nada. A ver, nací católico, eso me lo puedo quitar; con el tiempo me hice socialista, también me lo puedo quitar. ¿Y ahora qué soy? Ah, sí. Soy padre de familia, eso no me lo quita nadie.
- Cree en la paternidad.
- Creo en la familia pues es el gran sostén de un hombre. Sé que eso suena a doctrina de Padre Pepe, pero ni modo.
- ¿Sigue siendo un hombre de izquierdas?
- Claro que sí, ¿no se me nota? Cuando hablo del mole se me nota mucho.

jueves, 8 de marzo de 2007

EL CLUB DE LOS 100 LATINOS

A la desilusión, por su origen.
A Astor y Nora, nuestras hermosas criaturas sin pecado.
A Alejandro Márquez, que ya vio un cerdo de Pink Floyd volando sobre su cabeza.
Al lente-Totti, gran hacedor de sueños.

En un tiempo del mundo que a una gran mayoría nos ha hecho extranjera, ¿qué significa ser latino? ¿Es la latinidad un concepto moderno, una nueva línea de fuga hacia ese paraíso del poder consistente en fichar, marcar y clasificar las porciones de gente que habitan el gran planeta trágico?
- Pero yo soy latino, ¿apareceré en el libro?, fue lo primero que me dijo Staccioli cuando le propuse la confección de este nuevo y nuestro Club de los 100. No está mal: los nacidos en los 60 hemos todavía crecido sin la percepción de la tribu racial que el último muro (el de Buuushhhh) ha intentado perpetuar con la osadía criminal que desafortunadamente tenemos ya bien padecida. Tiene razón Andrea: después de todo él nació en la eterna y bella Roma, la ciudad europea cuna de la civilización latina.
Entonces, me gusta pensar en los latinos que pueblan este libro como en “los nuestros”, copiada esta idea de aquella pergeñada por Luis Harss en la obra de 1968 que dio cuenta del boom y lo limpió de sospechas editoriales espurias.
Los nuestros son los de acá, los vecinos, los que vimos crecer y hacerse hombres, en este caso jugadores de fútbol.
Sus historias, que distan mucho de parecerse a las de los cuentos de hadas, son en cierta medida parecidas a las nuestras, aunque ya quisiéramos nosotros tener un registro en el que los goles hechos superen a los recibidos.
En el medio de esto está el fútbol y atravesado por la única virtud que reconocemos propia: la pasión del fútbol según nosotros. Que no es mucho tal vez para la otredad, pero que en nuestro universo es lo que hay.
“Los Lennon y Mc Cartney del balompié”, me dijo un amigo hace unos días. Yo, que soy encantadora, sería Paul, le respondí. El cascarrabias de Staccioli no podría ser otro más que John.
Salvando las distancias, (que es lo que Andrea y yo tenemos muy bien salvado puesto que él vive en Italia y yo en México), en este cuarto libro que tuvimos a bien y mal terminar, siento que el “tano” y yo podemos ser más como Jagger y Richards: no nos importa mucho si está muy bien lo que hacemos, más bien lo hacemos porque no podemos dejar de hacerlo. Afortunadamente, cómplices no nos faltan y este es, a su vez, el tercer libro con Juan Roberto Presta, el entrañable amigo y mejor experto en fútbol que vive en Argentina. Estamos en la ruta, rocanroleando y estos no son los 100 mejores latinos del fútbol mundial, son nuestros 100 latinos, los que capturó el lente-Totti, investigó Juan y yo, bueno, no sé muy bien que hice, pero los encantadores no estamos obligados a dar demasiadas explicaciones. Hasta el próximo libro, que ya empezamos a imaginar, por cierto.

viernes, 19 de enero de 2007

Astor



Mi amor
cuando olías la tierra de las macetas
cuando dormías directamente arriba de las plantas
y nos mirabas desde tu limbo con ese desparpajo e indiferencia que nos derretía
cuando te llamábamos y corrías a nuestra falda como si fueras un perrito
cuando te parabas a los pies de mi cama -generalmente eran las 6 de la mañana- y maullabas con el sonido que llamé "Atún Tuny al agua". Cuando desde tu tamaño de pelota de tenis mirabas azorado al gigante de Tobías, como diciendo: ¡qué tonto puede ser un perro!
Aquel día que con Gabriel y Carlos te trajimos a la oficina. Melina bajó, te tomó en brazos y fuiste de ella para siempre. Cuando te enojabas porque Meli se ponía perfume, cuando corrías por la casa escapándose de sus carcajadas, cuando le amasabas la cabeza, cuando te escondías en tu pelo
cuando te llevamos por primera vez en vilo a la veterinaria
cuando te querías sacar a la fuerza las horribles cánulas de las patas
cuando, al fin, volviste a pedir Atún Tuny al agua.
Cuando regresaste
cuando te fuiste
cuando hace unos días ya no podías ni mirar con esos ojos tremendamente triste
cuando dejaste de dormir en la almohada
de esconderte debajo del refrigerador
adentro de la caja de galletas
de los closets
cuando te llamábamos Astor y te dabas vuelta como diciendo: No me molesten
ahora estoy dedicado a ser bello

eras solo un gatito de ocho meses
pero a menudo este universo no puede soportar tanta hermosura.

ENTREVISTA A NORAH JONES




Norah Jones es pequeña, morena, suave. En esta tarde nublada del invierno mexicano, parece disolverse en el enorme sillón de cuero negro donde espera con paciencia de orfebre a la seguidilla de periodistas de diferentes partes del mundo que se ha congregado en un lujoso hotel del Distrito Federal.
El hábito hace al monje y para las entrevistas exclusivas a propósito de su último disco, Not too late (que EMI distribuirá a partir del 30 de enero), la hija del músico indio Ravi Shankar y de la organizadora de conciertos Sue Jones, se ha vestido con un atuendo celeste que acentúa sus rasgos cetrinos y esos inmensos ojos negros que han dado la vuelta al planeta. Sensualidad, mirada profunda y una voz de peluche que los críticos han alabado hasta el hartazgo conforman el capital visible de esta muchacha nacida en Brooklyn el 30 de marzo de 1979. La presumible timidez y espanto ante las luces de la fama que han construido una leyenda alrededor de su personalidad, parecen sin embargo haber quedado en el olvido. Resuelta, firme, muy cómoda ante la perspectiva de un nuevo disco que contiene 13 canciones propias, la Norah modelo 2007 está bastante lejos de aquella adolescente de 22 años que conmocionó el universo musical en 2003 con Come Hawai with me, un álbum hecho entre amigos que vendió millones de unidades y que otorgó a la Jones premios Grammys y Billboards en cantidades incendiarias.
Luego siguió Feels like home, con el que vendió 10 millones de discos y se diera el gusto de cantar al lado de la estrella del country Dolly Parton.
Tras una experiencia un tanto bizarra y gozosa en The Little Willies, la banda de country producida por su esposo y bajista, Lee Alexander, Norah ha regresado al formato que mejor le sienta: ella al piano, una banda acústica y esa voz espesa y volátil en partes iguales, la Jones de siempre para sus miles y miles de fans.

Su historia en la música parece una historia de lealtad: fiel a sus músicos, fiel a su estilo y fiel también ahora a sus fans, que no se sentirán defraudados con Not too late.

JONES: Soy una persona fiel. Soy fiel a la música que quiero hacer y a mi banda. Y amo a mis fans, han sido increíbles conmigo. Siento también que puedo hacer cosas distintas y, tú sabes, no sé… siento que en este punto he sido fiel pero, pero no creo que haya algo malo con romper y hacer una separación e intentar cosas distintas también. Así que, en el futuro tal vez lo haga. Siempre he sido una buena persona y no voy a abandonar a mi banda y dejarlos sin dinero o algo, pero, definitivamente, todos queremos intentar cosas distintas en nuestras vidas así que nunca digo nunca.

A la hora de componer, de proyectar su carrera ¿se siente muy sola o piensa en mucha gente?

JONES. Incluyo a toda la gente en el proceso de hacer discos. Pero, hablando de mi carrera y esas cosas trato de no pensar en nadie. Soy algo controladora, creo.

En la canción “Sinkin’ Soon,” ¿es la misma Norah Jones de siempre o surgió otra Norah Jones?

JONES: Creo que suena bastante distinto a lo que he grabado anteriormente, pero no sé si es algo nuevo o es algo que siempre estuvo ahí y ahora está saliendo. No lo sé.

Sería magnífico hacer un disco entero en esa línea, con usted cantando casi como en una comedia musical.

JONES: (risas) Sí, sería divertido, es cierto.

¿Es usted una música de jazz o de country?

JONES (visiblemente molesta por la pregunta): Ninguna de las dos, creo que soy sólo un músico. Amo toda la música, pero estoy muy influida por ambas. No me gusta ser etiquetada.

De los que dicen que usted prefiere la música country...

JONES: Ellos no saben lo que prefiero; digo, no están dentro de mi cabeza.

Ahora usted va a preferir el cine…

JONES (risas): ¡Nunca! Lo disfruté, fue muy divertido. Representó una experiencia muy distinta y creo que es importante probar cosas diferentes, aun cuando te asusten. Incluso aun cuando puedas fallar. Fue divertido para mí, pero creo que la música siempre será la pasión principal en mi vida.

¿No está nerviosa?

Sí, mucho. Pero, como dije antes, para bien o para mal fue bueno tener la experiencia y creo que el resultado será una película hermosa.

Cierra los ojos y usted al piano, ¿a qué músicos le gustaría tener idealmente? En el saxo, no sé… a John Coltrane, en la trompeta a Miles Davis...

JONES: Nunca podría superar a John Coltrane. Amo a John Coltrane, pero nunca podría tocar con él porque no puedo alcanzarlo. No sé, nunca había pensado en eso, sólo me gusta escuchar a esa gente.

Supongo que ama a los músicos con los que está ahora.

JONES: Sí, sí. También amo trabajar con nueva gente, pero me he quedado un poco estancada con los que tengo ahora, porque confío en ellos y pienso que mientras más tiempo toquemos juntos, lo haremos cada vez mejor.

Se habla de usted como alguien muy celoso de su música y sin embargo también ha vendido nada más y nada menos que 16 millones de discos. ¿Cómo logra el equilibrio entre ambas cosas?

JONES: Sólo soy celosa de ello, en el sentido de que quiero ser la que controla todo. Si mi nombre y mi foto van a estar al frente, entonces quiero que todo sea mío, no quiero a nadie más. Y quizás cometa errores, quizás haga cosas que no me gusten después, pero aun así quiero que todo salga de mí.

Ya no le preguntan tanto, cómo es que llegó a vender tantos discos.

JONES: No te creas, todo el mundo me pregunta eso todavía y la verdad no es algo que yo sepa. No sé, no tengo la menor idea.

¿Qué le gusta hacer Norah cuando no hace música? En Nueva York, caminar…

JONES: Cuando no estoy haciendo esto (N.d.R.: dar entrevistas), sigo haciendo música. También me gusta ir al cine o ir a comer: cosas normales.

¿Nunca será Norah Jones de Alexander?

JONES: No cambiaría mi nombre, me gusta. Siempre me ha gustado, es corto.

Porque hay algunos que quieren que sea Norah Jones de Ravi Shankar.

JONES: (risas) Bueno, siempre crecí siendo Norah Jones. Y es sólo el nombre que siempre he tenido. Además, mi padre no fue parte principal en mi crecimiento y ahora somos muy cercanos, pero me quedaré con mi nombre. Yo soy mi única mujer. De hecho Lee (Alexander) ha sido esencial para el desarrollo de mi música, desde el primer disco. Sí, estamos juntos y somos importantes en la vida de cada uno. Aun sin la música nos amamos mucho, pero la música es una parte importante de nuestras vidas.

Además su madre sabe mucho de música o supo mucho de música. Fue una productora de discos, ¿verdad?

JONES: No, ella trabajó como promotora de conciertos, pero sólo unos cuantos años. Ama la música, de todos modos, y lo que aprendí acerca de la música, lo aprendí de ella.

Hay una sola mujer en el disco aparte de usted, la que toca el cello…

JONES: Julia Kent es una de mis mejores amigas; de hecho, ha estado en mi banda por muchos años y canta en algunos temas.

Pero usted se lleva mejor con los hombres tocando, ¿no?

JONES: No necesariamente, es sólo como ha sucedido..., pero sí, es cierto. Me gustan los hombres. También, cuando estoy de gira, sólo el hecho de que Julia sea mi mejor amiga y que también esté en la banda representa mucho. Todo sería muy muy distinto si no estuviera ella ahí. Sería muy difícil estar yo sola con todos los hombres. Es importante para mí que ella esté.

¿Qué cosas la acercan y la alejan de chicas que también componen en el piano como Diana Krall o como Patricia Barber?

Sí, todas son distintas. Tú dices Diana Krall, Patricia Barber... Pero, también hay otras pianistas como Fiona Apple, Alicia Keys. Todas tienen una veta distinta. Creo que todas tenemos un amor hacia cierto tipo de música; aunque podrías encontrar muchas influencias comunes, creo que cada una tenemos un sabor y direcciones propias.

¿No diría que hay como un resurgimiento de las chicas al piano?

JONES: Sí, creo que sí. Aunque en mi caso, me gusta también de vez en cuando abandonar el piano y cantar en el centro del escenario. He comenzado a tocar un poco de guitarra y encuentro eso realmente liberador y divertido. Amo el piano, pero cuando estoy tocando en público, el piano se vuelve inmenso,siento que me estoy escondiendo o algo así.

¿Alguna vez va a tener una relación así como la de la brasileña y explosiva Eliane Elías con el piano o siempre va a tocar el piano muy suavemente, tan íntimamente?

JONES: Bueno, nunca he sido una persona muy “boombastic”, al menos musicalmente. Quizás en mi otra vida sí, pero ya veremos… no lo sé. Me gustan los pianistas que tienen un toque muy suave.

La diferencia con Diana Krall, además es que usted no está casada con Elvis Costello…

JONES: ¡Gran diferencia!, acaban de tener gemelos. Están tan enamorados, es una belleza verlos. Estoy casada con un gran escritor de canciones, pero no es precisamente Elvis Costello… ¡No, no estoy casada!, ¿qué estoy diciendo?, tú sabes a qué me refiero…

El otro día leí que en Japón, la gente ya no puede tocar el piano porque ya no hay lugar para el piano en la casa, imagínese una vida así usted sin poder tocar piano.

JONES: Sí, he vivido antes sin el piano y es duro. En la universidad, después cuando me moví a Nueva York, durante algunos años nunca tuve uno y después tuve uno pequeño.

¿Qué valor tiene para usted una canción?

JONES: Las canciones son algo muy hermoso, te llevan a lugares distintos. Algunas veces te dicen qué estás sintiendo. Así, cuando tengo este sentimiento, una buena canción me provoca rebobinarla y escucharla nuevamente.

¿Cuándo sabe que la encontró, que está aquí la canción?

JONES: Cuando te gusta y la quieres escuchar otra vez, y dices: “oye, está muy bien”.

Dígame cuál es la mejor canción de Not too late, su último disco.

No lo sé. Siento que este álbum es un todo. Y sí tengo canciones favoritas, como “Sinkin’ Soon” es una canción muy buena. Hay otro par de canciones como “Broken” y “Not too late”, también me gusta la primera canción del disco (“Wish I could”), pero el álbum es un todo. Las canciones encajan juntas muy bien. Y creo que si lo escuchas todo, y no sólo estoy tratando de venderlo, funciona muy bien en conjunto.

El 13 es un número de mala suerte, pero en su caso parece que no.

JONES: (Risas), ya veremos.



EL DISCO (Recuadro 1)

Not Too Late es una colección de 13 canciones originales de Norah Jones. El disco está producido por Lee Alexander.
Las dos excepciones son “Sinkin’ Soon,” co-escrita por Norah con Kurt Weill con la participación del cantante y compositor M. Ward en las vocales y “Thinking About You,” que Norah co-escribió con el líder de la banda Wax Poetic, Ilhan Ersahin en 1999.
Muchos de los músicos en Not Too Late serán familiares para los fans de Norah, incluyendo a los guitarristas Jesse Harris, Adam Levy, Robbie McIntosh y Kevin Breit, el baterista Andy Borger, y el cantante Daru Oda, pero muchos invitados especiales aportaron su talento por igual, desde M. Ward al músico organista de Larry Goldings y el cellista Jeff Ziegler de Kronos Quartet.

RECUADRO 2

EL CINE Y LA ESTUPIDEZ

Jones debutará en el cine en una película titulada My blueberry nights del director chino Wong Kar-wai, que ha dirigido, entre otras, Lady fron Shangai, con Nicole Kidman.

¿Qué la llevo a aceptar la película con Wong Kar-Wai?

JONES: ¡No tengo la menor idea!, No sé… (risas)¡la estupidez!

¿Wong Kar-Wai tal vez?

JONES: Sí, Wong Kar-Wai. Tuve una verdadera confianza en él. Esta especie de confianza ciega de que todo saldría bien. La misma que sé, él debió tener en mí, porque él no me conocía y me pidió ser el personaje principal en esta cinta. No sé, algo entre él y yo, como diciendo ambos “¡Ey!, ¿por qué no?, ¡hagámoslo!” Saltando juntos de la mano en este proyecto gigantesco, algo así. Fue definitivamente divertido.

Además, se va a filmar en Nueva York donde usted vive, ¿no…?

JONES: Ya filmamos la mayor parte, en realidad. Nos queda como una semana para terminar.

Ah, entonces ya sabe que Wong Kar-Wai no usa guión, ¿no?

JONES: Vaya si lo sé, ¡dímelo a mí! De alguna manera fue mejor para mí, viniendo del mundo musical, donde hago todo espontáneamente. Digo, no ensayamos durante horas y horas. No somos ese tipo de músicos. Tocamos música simple, de alguna manera. Pero también esa fue una razón que me atrajo, que era un cineasta distinto, muy poco convencional.

Por Mónica Maristain, desde México

lunes, 8 de enero de 2007

MAMMA MIA

Aunque hace 5 años que no la veo, en estos 5 años he hablado más con ella que en todo el resto de mi vida. No es consuelo, claro, pero cuántas mañanas de domingo, mientras tomaba mate en la cama, un impulso me exhortaba a llamarla, desesperadamente.

Sí, pobre vieja, siempre la llamaba con desesperación para comentarle cualquier tontería, esos chismes de muertos prematuros, famosos de los que ella hablaba como si fueran parientes, amigos míos que no conoció y que sin embargo tenía identificados con una memoria prodigiosa, amabilísima. Qué dama simpática, qué educada, qué mujer con esos ojos celestes, casi endiabladamente azules, podía seguir sonrojándose a los 60 como ella.

Y qué niña que nunca dejó de serlo, podía como ella entrar en una furia irreversible cuando la conversación giraba hacia personas o cosas que ella odiaba. Cuando pienso en sus odios, pienso también en los odios del otro, aquel flaco melancólico y pesimista que murió a los 45 años y le dejó 8 hijos y toda la tristeza del mundo (si al menos se la hubiera llevado con él). Qué tipos furibundos y apasionados, mis padres. Locos absurdos capaces de las tiranías y crueldades menos comprensibles del planeta y que ellos vivían y desplegaban así, tan naturalmente.

"Decidí que tu hermana Gabriela no viniera a verme los fines de semana en que juegan Boca y River. Es mejor así, para mantener la relación", te decía con un desparpajo sincero, lógica de tablón que no hubiera resistido el menor análisis de ningún psicopedagogo.

"Yo pienso que Bielsa hizo mal en no llamar a Saviola, pero ¿para qué queremos a un negro como Tévez en la selección?".

"Yo te juro que si a Bianchi lo eligen técnico de la Selección, me muero".

"Me muero. Cuando me muera. Me quiero morir. El día en que me muera, ya van a ver", desde que era una adolescente la palabra muerte estaba en la flor de sus labios. Sin embargo, no hay nada que pudiera tolerar menos que la muerte. Cuando murió su padre, me contó que corría por las calles de su pueblo y que pensaba: - "esto no es cierto". "Era un hombre malo, pero murió joven", me contaba.

Cuando murió mi padre, el hombre con el que conoció el color y el sabor de la tragedia, se puso los hijos al hombro pero nunca más fue feliz.

Cuando su madre murió, ella también renunció a la vida y a nosotros, sus hijos.

Tipos feroces, mi madre, mi padre, mi abuela, el trío de héroes derrotados alrededor de los cuales mi vida giró como en una licuadora. Mi abuela odiaba a mi padre y mi padre odiaba a mi abuela y todos queríamos tanto a mi padre y a mi abuela. Como mi abuela odiaba a mi padre y mi padre odiaba a mi abuela, mi padre se llevó a mi madre lejos de mi abuela y nosotros lloramos, por mi abuela, que nunca venía a vernos lo suficiente, a la que extrañábamos con intensidad. Ella, mezquinamente, escatimaba las visitas y cuando venía a vernos se iba enseguida. Íbamos a buscarla a la terminal de ómnibus y apenas pisaba el suelo porteño decía cosas como "ya extraño a mis pájaros", "acá hace demasiado calor", "hace demasiado frío", "no me pidan que me quede, porque mañana me voy".

Tipos raros, esos tres. Siempre se iban. Se iban pronto, se iban lejos, se iban tanto.

Su vida era un constante fin de semana en que jugaban River y Boca y ellos no se veían "para mantener la relación". Yo no los entendía. Nunca los entendí. Al menos, me costó entender esa manera de no poder vivir sin el otro, pero tampoco con el otro, estigma que heredé como los ojos verdes, el pecho ensimismado, la melancolía.

Qué sé yo. Siempre sentí que en el negocio de esos tres, nosotros no entrábamos. Que ellos tenían una forma de comunicarse que no era normal. Conforme fui creciendo e iba a la casa de mis amigos, donde había otros padres, otras abuelas, me di cuenta de que hay personas en el mundo que cuando dicen Buenos días, quieren decir buenos días. Estos tres imbéciles adorables, trío de estúpidos imprescindibles, se insultaban cuando se declaraban su amor y directamente se ignoraban cuando les daba la gana, o sea, siempre.

Cuando murió mi padre, tan joven, tan solo, tan triste, primero murió su perro (al que había bautizado "Solo") y yo lloré hasta que los ojos me quedaron chiquitos, escribí un poema y seguí llorando y seguí gritando y seguí, seguí, seguí...Mi abuela, que nunca lloraba, cuando murió mi padre también lloró mucho. Y cuando me veía llorar, me decía: "Vos llorás porque te sentís culpable, no lo tratabas bien a tu padre". Qué loca esa mujer. Le hizo la vida imposible a mi padre. Mi padre nos hizo la vida imposible a mi madre y a sus hijos. Pero cuando mi padre murió, la única que parecía tener derecho a sufrir, era mi abuela. Cuando murió mi abuela, tan joven, tan sola, tan triste, sentí que el mundo me daba vueltas, que yo también me iba a morir; en cambio, la que se murió fue mi madre. Amé a mi abuela más que a nadie en este mundo, pero cuando mi abuela murió, la única que parecía tener derecho a sufrir era su hija. O sea, mi madre.

Si mi padre y mi abuela habían muerto, aunque en el negocio había perdido demasiado capital, no dejaba de ser una buena perspectiva la de contar finalmente con una madre joven sólo para mí. Sólo para mí y para mis hermanos, claro, con los que aún hoy seguimos discutiendo acerca de a qué hijo ella debía amar más. La verdad, es que nos amaba a todos por igual, o sea, nos amaba poco, nos amaba nada. Claro, está mal decir eso de quien dio su vida por uno, de quien nunca a uno lo abandonó; pero la verdad es que si mi padre y mi abuela habían muerto, la vida dejaba de tener sentido para mi madre. Esos locos, esos tres.

No podían vivir los tres juntos, pero sin los tres juntos, tampoco podían vivir.

A mi madre le quedaron los ochos hermosos hijos de mi padre, los ocho hermosos nietos de mi abuela: demasiado botín para no compartirlo. La superó la culpa de seguir viva y, por tanto, se dedicó a morirse lenta y secretamente. Morirse por la voluntad de morirse, como mi abuela (tengo cáncer, gritaba, y nadie le creía, pero tenía), como mi padre (no puedo respirar, me voy a morir, y nadie le creía, pero no podía respirar y se murió), como mi bella madre (estas son las últimas conversaciones que tenemos, me voy a morir, y no le creíamos).

De esos tres locos viene la sangre que bombea mi corazón. Es el día de hoy que cuando quiero a alguien, lo primero que tengo ganas de hacer es pelearme. Como una prueba de karate, como cierto rito japonés (en mi imaginario, todos los ritos son japoneses) que si pasamos, las cosas estarán bien. Y siempre quiero cambiar mis ritos japoneses, pero esos tres me pueden, me vencen minuto a minuto.

Irme lejos de mi madre fue mi primer rito no japonés. Fue mi manera de amarla como la amaba, desesperadamente. No quería y no podía verla morirse lentamente, ajena a mí, tan ajena a mí como mi padre, como mi abuela, que me adoraba y que para demostrarme su amor me quemó un día con una plancha la mano izquierda (marca que conservaré hasta que me muera). Entonces me vine a México. Y la llamaba desesperadamente, a menudo. Y le decía cositas: "Te amo, mamita", "Preciosa, te quiero, te extraño, te necesito", "mamá, mamá, mamá", cositas que nunca le hubiera podido decir en la cara. Y ella me contestaba cositas que nunca me hubiera podido contestar a la cara: "hija mía, querida hija, cómo te quiero". "Mamita, me quemé la cara con aceite, Mamita, extraño a Sacha, Mamita, ¿ganó River?".

En estos cinco años en que no nos vimos, nos amamos más que nunca. Nos dijimos palabras de amor encendidas, nos contamos secretos, nos pasábamos chismes, me daba el parte de muertos con una puntillosidad que me perturbaba y si no le hablaba de Sacha, me hablaba ella. "Yo me voy a morir deseando que ustedes dos vuelvan a estar juntos. ¿Cómo dos personas que se quieren tanto pueden estar separadas?", fue lo último que me dijo al respecto. Luego, como buena hija dictadora, le prohibí que me sacara el tema. Y si alguna vez se le escapaba la palabra Sacha, me pedía perdón inmediatamente, lo que me hacía reír con estruendo. Y juntas reíamos a carcajada limpia.

"¿Cómo está tu amigo, el de Italia, el que tuvo toxoplasmosis?", no, mami, no es toxoplasmosis y está bien, no te preocupes.

"La hija de Pablo, el profesor, ya debe hablar, ¿no?, ¿cómo me dijiste que se llamaba?"

"Es increíble cómo pasa el tiempo y seguís siendo amiga de Valerio. Qué alegría que te vaya a ver a México, así no estás tan sola".

"El otro día pasaron una película de Daniel en la tele".

"Gracias, gracias, gracias", me dijo tres veces la semana pasada. Fue cuando le anuncié que Melina iba a ir a visitarla. Luego otro día se puso feliz porque Mariano del Mazo iba a venir a mi casa. Otro día me dijo adiós. Y otro día llegó Melina a Buenos Aires. Luego, mi mamá murió. Alrededor de su cama estaban mis 7 hermanos. Lautaro, el más chico, no quería verla, pero ella lo llamó: "Quiero ver a Lautaro". Luego, dijo algo así como "Leandro, no pelees" y luego se murió. Tenía 61 años, era el ser más bueno y más extraño que me tocó conocer, nadie me amó tanto como ella y nadie me hizo la vida más difícil.

Hoy, en esta noche, sola en la casa que ella no conoció, pienso en ella, en mi padre y en mi abuela.

Cuando murió mi padre, pensé que yo me iba a morir.

Cuando murió mi abuela, casi no tuve ganas de vivir.

Mi madre murió, pero yo no estaba a su lado cuando murió. De otro modo, hubiera muerto con ella. No lo hubiera resistido.

Qué locos esos tres. Ahora finalmente están juntos, peleándose, gritándose que se odian cuando en realidad se aman. Mis hermanos y yo lloramos desconsoladamente, tristes, jóvenes y solos, pero unidos en la certeza de que esos tres pedazos de animales que nos parieron (sí, mi abuela también nos parió, a los ocho, uno por uno) a su manera feroz e inverosímil, murieron para que nosotros viviéramos. Qué tarados, ni falta que hacía, con lo que hemos amado a esos tres tontos y con lo que todavía los seguiremos amando.

Pero no hay que pedir peras al olmo: esos tres estaban dementes y para hacerlos entrar en razón, el mundo tendría que haberse disuelto y vuelto a construir en un instante.

lunes, 25 de diciembre de 2006

ENTREVISTA A PACO TAIBO II


Político, activista sindical, profesor universitario en la Facultad de Historia y Antropología, periodista, director de revistas, novelista, presidente del AIEP (Asociación Internacional de Escritores Policíacos), director de la Semana Negra. Es así que describen a Francisco Ignacio Taibo Mahojo, mejor conocido como Paco Ignacio Taibo II, las breves notas biográficas que acompañan sus libros. Su carrera como escritor puede ser resumida en pocas cifras: más de 50 títulos publicados – novelas, libros de cuentos, cómics, reportajes periodísticos, ensayos de historias – publicados en más de veinte países; numerosos premios literarios entre los que figuran el Premio Grijalbo de Novela 1982 por "Héroes convocados: manual para la toma del poder", el Premio Café Gijón (1986) por “De Paso”, el Premio Nacional de Historia INAH (1986) y el Premio Francisco Javier Clavijero (1987) por "Bolcheviques. Historia narrativa de los orígenes del comunismo en México 1919-1925"; tres Premios Internacional Dashiell Hammett para la mejor Novela Policíaca en lengua castellana por "La vida misma" (1987), "Cuatro manos" (1991) y "La bicicleta de Leonardo" (1994), el Premio Latinoamericano de Novela Policíaca y Espionaje por “Cuatro manos"; el Premio Internacional de Novela Planeta-Joaquín Mortiz (1992) por “La lejanía del tesoro” y el Premio Bancarella 1998 por "Ernesto Guevara, también conocido como el Che".
Esta entrevista se llevó a cabo en México, a propósito de uno de sus últimos libros: Doña Eustolia blandió el cuchillo cebollero. Doña Eustolia blandió el cuchillo cebollero para atacar a un charro rompehuelgas al que espantó de inmediato, dando lugar a la primera victoria militar del Taibo sindicalista. Ésta y otras historias conforman lo que supuso la llegada de una parte de la generación del 68 al mundo fabril de la ciudad de México para tomar parte en la reorganización del sindicalismo obrero. Narrados con un humor ácido, mala leche, y épica de andar por casa, estos cuentos reconstruyen una lucha y una nostalgia que algunos han querido ocultar.

–¿Hubo un tiempo en el que los leninistas eran feroces?

–Puta, te mordían. Te metían el diente y no te soltaban. Te arrinconaban en la parte de atrás de un camión de tercera, que iba rumbo a los barrios obreros del norte de México y te explicaban la teoría de la dictadura durante una hora y media.

–En Argentina los feroces eran los trosquistas.

–En México los trosquistas eran los cultos, porque eran más leídos y escribidos.

–¿Hay luchas grandes o luchas pequeñas?

–Yo, básicamente, lo que he aprendido en la vida es que hay luchas pequeñas, incluso las grandes se achican. Tengo muy clavada en la memoria una reflexión brillante, de uno de los tipos más lúcidos de mi generación, el pintor Jaime Goded, que luego de salir de la cárcel en el año 70 dijo: “Esto es una prueba personal entre (Gustavo) Díaz Ordaz y yo”. Acostumbrados a reflexionar políticamente, a teorizar, esta descarnada protesta que era yo contra el representante máximo del poder. Ese es un duelo para toda la vida, como de western. Me conmovió profundamente y me reveló algo que mi generación y yo traíamos en el corazón, que era que si personalizábamos el combate lo volvíamos eterno; no lo volvíamos táctico - circunstancial, no era producto de un análisis social, era producto de una lesión moral que era que estos tipos representan el horror, son los feos, los horribles.

–Como la canción de Joan Manuel Serrat que dice: “...entre estos tipos y yo hay algo personal”. Para mi generación fue muy simbólico.

–Claro, muy importante personalizar y decir que eso es la representación de lo que jamás quiero ser y de lo que no quiero que siga existiendo en mi país.

–Algo que las generaciones nuevas, lamentablemente, han perdido. Esta cosa de “se me va la vida en ello” como decía Luis Eduardo Aute.

–Toda generación tendrá su momento de gloria, dales tiempo. Es rara la generación que se consume en la vacuidad; en el individualismo más miserable, pequeño, pobre, pero casi siempre una generación encuentra su momento de gloria.

–¿Es más fácil que existan las brujas o que exista el sindicalismo en México?

–Después de haber vivido el sindicalismo de base, el de los 70, le tengo un inmenso cariño a esa clase obrera cuando se organiza. Además, es de una capacidad de sufrimiento y de una tenacidad cuando se ponen a marchar.

–¿A la luz de su libro cómo vio los hechos recientes de Oaxaca?

–Ahí están, luego los vuelves a encontrar. Los personajes de mi libro reaparecen y lo hacen en Oaxaca con 50 años, reaparecen organizando una cooperativa de pescadores en Sinaloa u organizando una cadena de venta de zapatos en un mercado callejero para evitar que la policía reprima a los vendedores ambulantes; los he vuelto a ver a mis viejos amigos y compañeros convertidos en cuadros de un movimiento social no industrial, entonces bueno, son nuevamente las demandas.

–¿Hay un gen especial en las personas que hace que participen en la lucha colectiva?

–Yo creo que no. He descubierto a lo largo de estos años vividos a cuates que tenían cocina lenta y cuates que tenían cocina rápida. Con mi amigo Julio, de una fábrica de plásticos, hablé cinco minutos y a los cinco minutos dijo que eso era lo de él y vamos. Sin embargo, en una fábrica de muebles en donde los tenían verdaderamente ahogados había un cuate que tardaba mucho en procesar, no quería, no quería y se iba echar para atrás; al final resultó ser el más sólido de todos. Siempre encuentras a compañeros en el movimiento social que a los 20 años eran unos rebeldes y todo lo que tuvieron que hacer fue organizar su rebeldía.

–A los 40 están demasiado cansados...

–¡No que va! Siguen, siguen.

–¿Alguna vez tuvo un dilema entre este predicamento político y la literatura?

–No, no era contradictorio y menos cuando te pones a escribirlo. Algunas veces me pregunté si era posible una ética proletaria después del desgaste del socialismo, el realismo socialista, la demagogia, la literatura panfletaria; donde hay ética jamás contarla. Me veía reducido a dos cosas contarla en sus grandezas y miserias y contarla con sentido del humor.

–A mí me desilusionó la ética proletaria de Rusia, sobre todo porque, ahora, con todo lo último de Vladimir Putin descubro que en realidad era un tema de los rusos, no era un tema del proletariado. ¿Cuál fue su ilusión?

–Ninguna. El socialista soviético era asqueroso, burocrático, antisocialista y estatalista. Yo había hecho una época proletaria más de la reflexión de mi familia de la guerra civil española y lo que leía de aquí y de allá.

–Es difícil desmentir esa épica aún para los más escépticos cuando, por ejemplo, está pasando lo que está pasando en Irak, que los gringos se van a tener que volver como en Vietnam aun con toda la tecnología armamentística que hay.

–Cuando la gente se pone a luchar es admirable la capacidad infinita de heroísmo que tiene debajo de la piel. Yo viví ahora la jornada de la resistencia y los plantones contra el fraude electoral en México y volví a encontrarme con la generación de los que había narrado en Doña Eustolia... y ahí están diciendo cosas como: “Tengo 55 años, ya eduqué a mis hijos, ya estoy en la sociedad del desempleo, vivo en la sociedad marginal. Lo que haya que hacer lo hago”. Gente dotada de una sorprendente lucidez y madurez, con una larga trayectoria de sus experiencias de lucha, flexibilizados, menos dados a la palabra fácil, a la demagogia, al esquema que todo lo resuelve, más dubitativos y al mismo tiempo más sólidos.

–Cuando pasa algo como el fraude uno piensa que México ya no tiene salvación.

–Yo soy un optimista patológico. Un país que resiste no está acabado, lo terrible es que pasen encima de ti y ni siquiera sonrías.

–¿Y cómo ve?

–No veo. He perdido mi capacidad de predicción. Tenía una bola de cristal, pero la usé para jugar boliche y se la llevó la chingada y no puedo prever más allá de una semana y, a veces, más allá de dos días.

–¿Cree que haya una ética proletaria o una época de la lucha colectiva que se intensifique más en el género femenino? Es muy tierno el retrato que hace en Doña Eustolia y sus amigas.

–Es la historia de las abuelitas. De repente haberme encontrado en mi vida con 80 abuelitas con unos ovarios del tamaño de la catedral de México, me cambió la vida. Tengo que agradecerles a estas mujeres tantas cosas, pero en el mundo de la lucha febril... el libro termina con la vivencia en Irapuato, una ciudad de mujeres que trabajan en maquilas en las condiciones más infames, donde los hombres emigraron. Ese libro es un homenaje a las mujeres trabajadoras.

–Algo parecido a lo que pasó en Argentina con las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.

–En este caso en particular, a esta generación de mujeres sindicalistas que conocí, con las que viví y a las que les tengo una inmensa estima.

–Cuando salieron los archivos que luego se cerraron, los del 68, ¿tuvo esperanzas de que se hiciera justicia?

–Pues no, pero sí. Recuerdo muy bien andar por la calle y oír en una radio, que traía un señor en un coche, ¿cuántos de ustedes opinan que Echeverría es culpable?, era una encuesta radiofónica que respondía que el 87 por ciento creía que este señor era un asesino. Era el juicio de la historia, esta sociedad había hecho justicia y aquellos que pensaron que eran impunes, eternos estaban encerrados en sus casas y cada vez que salían los periodistas les preguntaban si habían mandado a asesinar en el 68, estaban acosados, ya no eran dueños del país del que habían sido propietarios. En ese sentido ya no me importa tanto si van a ir a parar a la cárcel como que la sociedad los condenó a ser lo que son: unos personajes repulsivos a los que no hay que acercarse porque contaminan. Si además de eso logras un arresto domiciliario, que un asesino vaya a la cárcel, el que le quiten el empleo a un policía torturador, maravilloso, pero lo importante es el juicio histórico.

–¿Qué le debe a Rodolfo Walsh?

–Cuando yo me estaba formando Walsh aportaba cosas muy evidentes. Por ejemplo, que era posible hacer un periodismo diferente, de minucia, de investigación al detalle, de reconstrucción de lo que nadie quiere contar. Él era el gran autor de lo prohibido, pero además era muy curioso, porque era lo prohibido en lógica de reconstrucción cuasi forense, en desmenuzar el cadáver, en decir dónde están las piezas, era el policía bueno que todos llevamos dentro. Fue muy importante, Walsh me marcó mucho, no sólo como periodista de investigación y fundador del nuevo periodismo de América Latina, sino también hay cuatro o cinco de sus cuentos que son inolvidables.

–¿Existe la ética del periodismo o existen más las brujas? (Risas)

–Yo soy racionalista, las brujas no existen, hay encarnaciones terráqueas, sí existe y está en discusión. El otro día hablaba con una chica de 20 años y me contaba que le censuraban todas sus notas, en un periódico del Distrito Federal, sobre el fraude, entonces, me preguntaba qué hacer y le dije que resistiera, que no dejara el empleo ni a otro el lugar, pero sobre todo, ellos ganan cuando tú te autocensuras, cuando dices que tal cosa no la van a publicar y no lo escribes, entonces lo que hay que hacer es escribir, obligarlos a ser censores, a cortar, a quitar, a mutilar, a mentir. El día en que logren convertirte en un instrumento pasivo te jodiste.

–¿Es tan político porque escribe con libertad o porque lo hace con un oficio de cuidado?

–Soy político porque escribo lo que quiero. Los lectores me dieron libertad y con la libertad hago lo que quiero. Paloma, mi mujer, se ríe de mí, porque cada vez que me preguntan cuál es mi último libro cuento uno diferente. Ahora estoy jugando con mis proyectos. Conversar sobre ellos y medir la reacción de la gente con la que hablo indica si lo que vas a escribir interesa o no.

–Técnicamente para lo que escribe diría que ha alcanzado cierto nivel de escritura que le permite manejarse con confianza de su prosa.

–Sí, porque sabes que tienes los instrumentos técnicos para contar las historias como las quieres contar. Entonces dices que tal historia amerita una primera persona muy importante, que además es una primera persona que no camina en línea recta, sino que le gustan las elipsis, entonces es un personaje divagador; una primera persona que tiene este tipo de uso de adjetivo, que le gusta esta retórica y que de vez en cuando se diluye en el paisaje.

–Entre Pancho Villa y el Che Guevara, digamos, que no se priva de nada. ¿Le quedó algún personaje de esos heroicos tan famosos?

–Me quedó una serie, pero no encuentro que formato de libro darle, no sé si son varios libros o un libro. Hay una serie de personajes muertos trágicamente en América Latina que me interesan un montón, porque son... incluso encontré un supuesto título que sería Los Nuestros. Entonces este libro está ahí en el aire, quizás un día lo escriba.

–A Roque Dalton lo mataron por poeta.

–A Roque Dalton lo mataron porque una bola de miserables, canallas, sectarios a los que la CIA les metió una tarta de desinformación y cayeron y su sectarismo que es la enfermedad de la izquierda se convirtió en el puñal con el que murió Roque.

–¿Andrés Manuel López Obrador es un héroe?

–No, López Obrador es un personaje al que hay que tratar con las armas del periodismo no con las de la historia. Es un personaje activo, al que le puedes decir si tal cosa es un acto de locura, si la cagó, si algo no te gusta; sus limitaciones con respecto a los temas culturales me ponen nerviosísimo, entonces tienes que tener una relación crítica, que también tienes que mantener con los personajes que narras como personaje de la historia.

–¿Ha tenido alguna posibilidad de charlar con él?

–Sí.

–¿Es un buen conversador?

–No.

–Más bien escuchador.

–No, más bien sordo. Lo que tiene es una brillante sensibilidad popular, tiene una buena empatía con los de abajo, esa es su mayor virtud. Estuve con él en un largo reportaje que duró cinco días en Tabasco, anduvimos juntos mañana, tarde y noche, fue en la época del primer fraude que le hicieron, el de Tabasco.

–¿Lo decepcionó El Subcomandante Marcos?

–No, lo quiero mucho, me cae muy bien, creo que en las últimas coyunturas se equivocó, pero el que esté exento de pecado que se dedique a juntar canicas. Se equivocó, pero eso no implica que no me siga cayendo bien y crea que es un tipo sumamente honesto, portavoz de causas, además no es discutible.

–Cuando creo entender algo de la política mexicana la realidad me desmiente. ¿Diría que eso es un obstáculo para el joven que va a entrar a la militancia?

-Yo le diría algo terrible. Yo le diría que confiara en sus instintos. El panorama es excesivamente complejo, hay demasiadas cosas encima del tapete, hay una multitud de contradicciones no fáciles, a veces, de descubrir y explicar y hay que ser muy cuidadoso antes de juzgar con demasiada rigidez a los que tienes a tu derecha o a tu izquierda. Es más difícil entender que juzgar.

–Es joven, ya educó a su hija, ¿ahora es a todo o nada?

–El todo o nada fue desde siempre. He vivido una vida privilegiada, he sido hijo de una clase media con una fuerza económica... nunca he visto la miseria de cerca, sólo en una época de mi vida que me pasé siete días sin comer, pero por orgullo, porque si iba a lo de mi mamá seguro comía, fuera de eso no recuerdo el peso de la miseria. He tenido la fortuna de triunfar en la literatura, hace años que no me preocupo de la economía, los libros me dan de comer, incluso me dan más de lo que yo esperaría y me dejan una libertad absoluta, puedo darme lujos enloquecidos. No tengo apoyos económicos ni becas ni sistema nacional de creadores ni nada y tampoco lo quiero, soy un privilegiado.

–Y el Paco Taibo II ha escrito más que el I.

–Tengo un libro más que el I.

–¿Esto de ser un personaje mexicano de la contemporaneidad implica algún riesgo, alguna satisfacción?

–Básicamente uno, que es que tus horas ciudadanas se comen a tus horas de escritor y la presión es tan, tan, tan grande que llega un momento en que dices “hay que ganas de rendirme y meterme debajo de la cama”. Y todos los días se acercan y me dicen que tengo que escribir tal libro o que me ponga hacer un reportaje sobre la huelga que están haciendo en la fábrica de planchas... y la reunión de los trabajadores de la cultura y quieren convertir el Claustro de Sor Juana en una iglesia para ricos. Todos los putos días hay una presión social endiablada y luego, a esto se añade una presión profesional que es siempre hay algún libro mío en alguna parte del planeta. Además, los editores son mis amigos, cómo les voy a decir que no si están pelando por mi libro. Y llega un momento en el que me pregunto a qué hora escribo.

–¿Y a qué hora escribe?

–A la hora que puedo, hoy a la mañana me levanté a las seis y escribí dos páginas. Nunca en mi vida había hecho eso, siempre he sido trabajador nocturno, pero traigo tanto caos cerebral de cambios de horarios, que me levanté a las seis y escribí dos páginas.

jueves, 21 de diciembre de 2006

ENTREVISTA AL CANTANTE DE CAFÉ TACUBA



Nació hace 39 años en el Distrito Federal, pero es un consumado sateluco.
“Siento que he sido siempre un poco provinciano. Nací y viví unos cuantos meses en Santa María de la Rivera, donde vivían mis papás, y antes de que yo cumpliera un año nos trasladamos a Nuevo León, donde pasé los primeros cinco años de mi vida. Luego toda la familia se mudó a Satélite. Allá hace más frío y hay menos smog y menos gente”, dice de su paraíso personal. Rubén Albarrán, cantante, el chico de los múltiples apodos, líder de la banda que cambió el rumbo del rock mexicano es un tacubo de ley, incapaz de matar a una vaca y de tomar mucho café, quién lo diría.

¿Tener tantos nombres propios no le origina crisis de identidad?

Fue la crisis de identidad la que me ha causado cambiar tantas veces de nombre. Es como un juego que tiene que ver seguramente con mis características psicológicas. Me divierte, es una especie de salida no sé bien adónde, pero me gusta jugar a cambiar de nombre.

¿Se hizo cantante para no trabajar?

Sí, claro. En algún momento de mi vida estuve trabajando en una oficina y me daban unas depresiones terribles. No recibía la luz solar y estaba todo el día bajo la luz eléctrica. Llegaba a las 8 de la mañana y salía a la noche. No soy una persona que pueda trabajar en horarios de oficina. Pero me gusta trabajar, no vayas a creer. Soy un tipo activo, que está todo el día pensando en qué cosas puede hacer.

¿Roco, el cantante de Maldita Vecindad, y usted, son hermanos mellizos?

No, para nada. Las personas por alguna razón encuentran alguna conexión entre nosotros, ciertos puntos comunes, y los hay, por supuesto. De hecho, Roco es un tipo que me cae muy bien y al que admiro mucho. Es brillante, activo, siempre está desarrollando proyectos...

¿Cuando usted se mete en la cocina tiemblan las ollas?

No sé cocinar tanto, pero invento. Me gusta hacer nuevas combinaciones de sabores. De las pocas comidas que sé hacer tengo mil versiones. Mil versiones de huevos, de quesadillas...aparte como soy muy dulcero invento postres perversos, de esos que se quedan muchos meses en la cadera. Muchos de esos postres los aprendí de los argentinos, que son tremendamente perversos para las comidas dulces...cuando vi el grado de perversión que los argentinos le ponían a los postres me dije a mí mismo: ¡claro que se puede!

¿Es vegetariano por amor a las vacas o por amor a usted?

Por ambas cosas. Una vez vi un documental que mostraba cómo matan a las reses para luego ponerlas en el mercado y es demasiado cruel para mí. A partir de ahí me propuse dejar de comer carnes rojas. Y después vi otro documental sobre los cerdos, entonces ya no quise comer más puerco. Luego dejé los pollos, dejé el pescado...y ahora regresé a los mariscos, que realmente me encantan. Me alimentan y me dan mucha energía.

¿La fama hizo que las chicas lo vieran alto y rubio?

No, la fama no, algunas drogas sí. Lo que sí es cierto que antes de que yo entrara a Café Tacuba no había quién me pelara. Y ahora en el rock, caen bastantes.

¿Cuánto dinero gastó en su equipo de música?

Uy, no sé cuánto. Pero para nosotros, los músicos, es muy importante el equipo. Es como una inversión. Con el grupo, por ejemplo, hemos invertido el dinero para poder tener nuestro propio estudio. En mi casa no tengo demasiadas cosas...incluso no tengo una computadora personal. Para mí son instrumentos de trabajo.

¿A qué músico escucha con auriculares para que nadie se entere que le gusta?

A ninguno, creo. Porque sí realmente me gusta, no me da pena que lo sepan. Lo enfrento con valor.

¿Se imagina una cena en su casa con Leo Dan y Beck?

Sí, me la puedo imaginar, pero creo que sería una situación un poco tensa. Yo soy medio solitario, no comparto muchas cenas. Encontrarme con alguien siempre me pone nervioso. No soy muy fluido socialmente hablando y de entrada plantearme una comida con personas tan disímiles, me haría pensar en qué cosas deberíamos platicar...¿qué tal si uno es vegetariano y el otro no? No sé.

¿No está harto de que para los folclóricos Café Tacuba sea un grupo demasiado roquero y para los roqueros demasiado folclórico?

Me parece perfecto. Eso es algo que siempre nos ha gustado a todos los integrantes del grupo. Hacíamos una canción y enseguida decíamos: - uy, con este tema nos vamos a hacer odiar. Nos causa algo que no puedo explicar ese hecho que mencionas. Nos gusta retar a diferentes públicos, nos encanta, la verdad.

¿Cómo hacen usted y sus compañeros de grupo para defenderse de la envidia?

No prestamos atención. Personalmente, yo nunca me doy cuenta si alguien me tiene envidia o me está tirando mala onda. Afortunadamente, soy distraído.

¿Hacer un disco con canciones de Los Tres tuvo como motivación real conquistar el corazón de Julieta Venegas?

Es una muy buena pregunta, pero la verdad que no. Queremos mucho a Julieta y compartimos el gusto por la música de Los Tres, pero no hicimos el disco con ellos.

¿Y para cuándo un dúo con Armando Manzanero?

Tal vez algún día. Un día fuimos a comer con él y nos resultó una persona muy agradable. Realmente lo admiramos mucho. Ha compuesto canciones increíbles.

¿Y el dúo con Santana?
Todo el mundo ha hecho dúos con Santana. Todo el mundo, menos nosotros. Si se da será bueno, porque vamos a tener la posibilidad de verlo tocar de cerca. A mí particularmente no me gusta el fútbol, pero reconozco que hay arte en ello. Si un día entonces tienes la posibilidad de estar junto a Maradona, o junto a Santana, no te va a quedar más remedio que admirar su arte. Ya no importa que haga dúos con quien sea, él emana algo importante y estar en su presencia debe ser algo de agradecer.

¿A quién le gustaría parecerse cuando sea viejo: a Álex Lora o a Peter Gabriel?

A Peter Gabriel, sin dudas. Es mucho más interesante, al menos no se repite tanto. A mí me gusta la experimentación.

¿Qué elemento mexicano cree que llevarían a una reunión Saúl Hernández, Fher Olvera y usted?

Fher llevaría una botella de tequila o un escrito en pro de la ecología. Saúl, un amuleto. Yo no llevaría nada. A mí me encanta ser mexicano, pero ya no quiero hacer alarde con eso. Ya no es el tiempo de eso, ahora está bien abrirse. El sentimiento de nacionalismo con el que hemos crecido estuvo bien durante un tiempo. Nuestro primer disco, de hecho, hablaba de cierta búsqueda de identidad nacional. Pero ahora creo que hay que evolucionar y hallo muchos vicios en eso de defender tanto la patria. Son juegos que han inventado los poderes para dividirnos, estamos siempre defendiendo algo que en realidad no existe.

¿Qué fue lo más lindo que grabó cuando andaba con una cámara al hombro?

Muchos momentos del grupo. Momentos que reflejaban nuestras relaciones de entonces y que nunca serán puestos en un video para el público. Son circunstancias aburridas, que nos importan sólo a nosotros.

¿Piensa dedicarse al cine alguna vez?

Ojalá lo pueda hacer. Tal vez el resultado sea horrible y sobre todo habrá gente que me dirá: - tú dedícate a lo tuyo, como le dijeron muchas veces a Fito Páez. Pero sucede que tengo un espíritu inquieto y me gusta hacer cosas sólo por hacerlas, más allá del resultado. Para el disco pasado dirigí cuatro videos y fue una buena experiencia. Aprendí cosas que además pude aplicar a la música.

¿Se siente un ser tocado por la varita mágica cuando se da cuenta de las posibilidades vocales que tiene su garganta?

Sí, me siento como alguien privilegiado. También pienso que todas las personas deberían encontrar algo en sí mismas que las haga sentir así. Todos tenemos algo especial. Le puse empeño, pasión y tiempo a mi voz y creo que las cosas salieron bien porque no me preocupó saber primero si tenía talento o no para cantar. Uno es lo que hace. La naturaleza te da cierta facilidad y por ahí encaminas tus esfuerzos. Uno puede ser cualquier cosa que se proponga. Cuando empecé a cantar todo el mundo me decía que lo hacía horrible y a mí no me importaba. Ahora no sé realmente si tengo tan buena voz, pero me gusta cómo canto, es un momento para mí de profunda liberación que no voy a dejar por nada.

¿Quién contestó esta entrevista: Rubén, Cosme, Anónimo, Rita Cantalagua?

El Gallo Gas.

Entrevista a Enrique Bunbury



Nadie daba un duro por su carrera en solitario, pero el ex líder de Héroes del Silencio demostró que lo suyo es, a la manera del argentino Charly García, un constant concept que lo ha llevado a la cima. Aquí habla de su tenacidad y de su falta de modestia.



Enrique Bunbury. Zaragozano. 35 años. Dice “ahora me voy con los míos” y cruza como si volara el patio colonial del Hotel Cortés. Su ropa negra, su cuerpo pequeño, esa costumbre de usar lentes para sol en la oscuridad, producen un efecto hipnótico. Es como si alguien te estuviera leyendo El cuervo en voz alta: ...“y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña, cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal...”. Quién sabe si dentro de muchos, muchos, años, cuando él no lleve con tanta hidalguía el traje negro y gafas oscuras en la noche mexicana, alguien pueda recitar de memoria algunas de sus letras como todavía existen personas que pueden recitar de memoria las palabras de Edgar Allan Poe.
Los fans, los periodistas, no son “los suyos”. “Los míos” son los músicos que desde hace tres años lo acompañan en la mayor aventura estética y ética de su vida: construir una obra musical en solitario que lo haga sentirse digno de sí mismo. Tiene enemigos declarados: no lo quieren Joaquín Sabina ni Fito Páez. Tiene amigos amantísimos: Loquillo, Andrés Calamaro, Jaime Urrutia. Tiene un buen par de canciones (“Pequeño”, “Lady Blue”, “Sí”, “Sácame de aquí”, “Lejos de la tristeza”, “Extranjero”, etc.). Y tiene clase. Clase animal. Animal de escena. Voz arraigada en una heroicidad de antología: héroe, al fin, del silencio


Santiago Auserón, su paisano, dice que usted y él se parecen espiritualmente, pues ambos cultivan la estética grupera más que la del cantautor nato. ¿Es realmente así, o usted ya se convirtió en un cantautor hecho y derecho?

Yo creo que soy más egoísta que Santiago. Pero sí que coincido en que ambos tenemos una absoluta responsabilidad social con respecto a lo que hacemos. Somos muy conscientes de que hay veces que hay que abrir caminos para los que vengan detrás y hay veces que hay que mostrar opciones para que la gente que nos escucha entienda la dignidad del oficio. Y creo que desde ese aspecto ambos somos, a veces, hasta demasiado rígidos en esa responsabilidad.


¿Todo el mundo está loco o Dios es sordo?

La verdad es que México es un país un poco complejo para caer en determinadas groserías eclesiásticas, ¿no? Pero yo soy más partidario de que hay días en que Dios está sordo como una tapia. Pero, desde luego, que el mundo ha enloquecido también es cierto y que parte de esa falta de cordura se debe a la intolerancia de otras culturas y de otras formas de ver la vida que no son las que tenemos nosotros o que tenemos cada uno.


¿Realmente la canción le parece una zona de franca libertad? ¿Para quién es esa libertad, para el que la escribe o para el que la escucha?

Para el que la escucha. Desde luego para el que la escribe es masturbación pura, quiero decir, es poco útil destacar el hecho de que yo me sienta bien por escribir una canción. Pero el que un chavo pueda escuchar una canción y hacerse su propio mundo, que además no tenga absolutamente nada que ver con el del creador, creo que es un terreno amplísimo para la libertad de cada uno.


Iggy Pop, Michael Hutchence, David Bowie, Jim Morrison, Bob Dylan, Andrés Calamaro...¿con cuál de todas estas personas con las que suele ser comparado, usted se siente más identificado?

Con Andrés Calamaro, porque en realidad aunque sea una comparación en la que salgo obviamente mal parado puesto que su obra es mucho mayor que la mía, me gusta pensar que tengo algo parecido a él. Me parece un artista jodidamente bueno, el number one. Y me digo: ojalá alguien vea algo parecido en mí de lo que yo veo en él.

¿No le molesta que siempre se lo compare con alguien?

Bueno, la prensa es así. La gente intenta encuadrar, encasillar. Yo no sé qué puedo hacer para ponérselos más difícil. De verdad, si miras mi carrera y escuchas mis discos e intentas ver que me parezco a cualquiera de los que has dicho, la verdad es que no creo que hayas podido analizar esos discos. Ahora, que busques comparaciones de revistas de peluquería, no es mi problema.

Irreverente, sensible, rebelde y melancólico, dice su boletín de prensa. ¿Esas son las cualidades que le resultan destacables de su personalidad?

No, claro que no. Esas son cosas de la disquera. Yo no fui. Aunque coincido con esas apreciaciones, me veo reflejado ahí. Claro, no sé si esas sean cualidades. Lo de irreverente, ¿será una cualidad?. Está un poco mal que yo hable de mis cualidades, pero hay algo que no me importa remarcar: soy un tipo muy trabajador y tenaz.

Usted parece haber nacido arriba de un escenario y que va a morir de la misma manera. ¿Hay un Bunbury de entrecasa, que usa chanclas y se hurga la nariz?

Claro, pero lo que pasa es que no es tan diferente. El tipo que se sube en el escenario piensa de la misma forma que el de abajo, lo que pasa es que se comporta de forma diferente. Se comporta de forma diferente, porque cree en la magia y en la ilusión y en esa especie de ritual escénico. Esa es la única diferencia. No puedo creer en un ritual escénico con las chanclas, ni voy a utilizar la magia ni la iluminación y la ilusión para ir al supermercado. Sería ridículo, totalmente ridículo. Pero eso no quiere decir que sean dos personas distintas. Es exactamente la misma persona.

Auserón le prometió a una chica en Mister Hambre que si le hacía daño la iba a convertir en canción. Usted en Pequeño parece haber seguido ese mandamiento a rajatablas. ¿Realmente sufrió tanto por amor?

Esa es nuestra arma, que podemos vengarnos a través de las canciones. Bueno, sí, he sufrido por amor, pero por supuesto que el fin último es hacer buenas canciones. La parte onanista de componer canciones también es una buena terapia para liberarte de otras cosas, que es en el fondo lo que hago. Gracias a muchos discos he conseguido, primero, ahorrarme el dinero del psicoanalista, y luego, superar ciertos traumas y obsesiones.

En ese sentido, ¿Pequeño es un disco de exorcismo en el que usted convirtió el dolor en arte?.

La palabra arte me parece muy grande. Pero sí que convertí el dolor en canciones y en Flamingos, también. Son dos discos en los que está en mi corazón, si quieres, con el puñal clavado en medio, pero ahí está.

Algunos movimientos suyos en el escenario parecen los de un torero, ¿tuvo alguna vez la fantasía de reinar en la arena o no le gustan los toros?

No, pero hay algo... Mira, yo soy muy contrario a los toros por mi condición de vegetariano y mi condición de respeto al mundo animal. Pero por otro lado hay algo mágico, ritual, religioso, mitológico y fantástico en el mundo taurino, que soy capaz de que me maraville igual que me maravilla el mundo del circo, igual que me maravilla el mundo de la magia, y me maravilla el mundo del boxeo, precisamente por toda esta iconografía mitológica que adquieren todas estas disciplinas.

Quienes lo conocieron mediante Héroes del Silencio dicen que su único disco en solitario que vale la pena escuchar es Radical Sonora, ¿hay un momento en la carrera de un artista en que los aficionados comienzan a adquirir derechos de veto poderosos?

¿Eso dicen?. Me encanta encontrar gente que de repente opine de formas tan raras. Mira, si hay alguien a quien no hay que escuchar es al público, porque tu público puede ser tu mayor verdugo y puede ser tu carcelero. No hay que escucharle. El público siempre mira hacia atrás, mientras que un artista debe mirar siempre para adelante. Nunca podrá mirar el público hacia adelante. Es el peor consejero.

¿Podría definir el concepto de latino en la música contemporánea?

Es que no creo en el concepto latino. No me interesa. El rock latino me parece una etiqueta horrorosa. Me gusta más la de rock en español. El rock latino fue absorbido primero por la influencia cubana y esa influencia es la que me interesa más. La que me parece repulsiva es la de Miami. Además, no me interesa la etiqueta de rock latino porque intenta unirnos a todos. Y lo bueno del rock en español es que a la vez de unirnos, nos separa. El rock en español no puede ser igual en Argentina que en México, que en Colombia, que en España. Eso del rock latino es una cárcel ridícula, estúpida y mediática.

¿En qué momento se dio cuenta de que la música para usted iba más importante que todo?

Cuando me di cuenta de que a través de la música podría conseguir ser mejor persona. Para mí la música es una ayuda tremenda, es mi bastón, es el bastón para mi corazón.

Víctor Manuel estuvo por aquí hace poco y se mostró muy preocupado porque ya nadie discute o habla de música, ¿qué piensa?

Claro que sí. Tenemos que volver a hablar de cuál es nuestra formación favorita en Deep Purple. Vamos a hablar de si te gustaba más Eric Buroon con The Animals o con War, o si los Rolling Stones ya no fueron importantes después de la muerte de Brian Jones. Vamos a hablar de eso. ¿Sabes por qué nos empezó a dar vergüenza a los músicos? Porque los críticos musicales empezaron a decir que éramos unos aburridos, que siempre hablábamos de lo mismo ¿Pero no te fastidia, no te jode? ¿De qué coño vamos a hablar? ¿De las etiquetas de las botellas? ¿Eso es de lo que nos están intentando hacer hablar? ¿O prefieres que hablemos del sponsor que va a venir en nuestra gira? Vamos a hablar de música, la música es un tema maravilloso, igual que está bien que un escritor hable de Faulkner o de Scott Fitzsgerald. ¿Julio Verne es un escritor a reivindicar o Nabokov es un pesado?. Es bueno hablar de eso, y que haya discusión y que haya diálogo, que haya enfrentamiento, es bueno. Hemos abandonado la pasión porque os medios de comunicación nos han vendido que lo bueno es hablar del puto business. Hay que volver a decir "Yo mato por Bob Dylan", "Yo mato por Leonard Cohen", "No nombrarás a Leonard Cohen en vano". Hay que volver a eso, a la fe, y dejemos de hablar de sponsors, dejemos de hablar de "¿Y tú crees que el último video de no sé quién es cool?" Los videos primero que no son cool, los videos son una mierda. Lo que sirve es saber qué bajista te gusta en Deep Purple. ¿Cuál es el bueno?

El músico uruguayo Jaime Roos dice que él sale al escenario a matar. ¿Usted?

La verdad es que sólo tienes dos opciones: salir al escenario a matar o a morir, de otro modo, quédate en casa.

¿Qué hace antes de salir a escena?

Bueno, estar con la banda y cantar canciones populares. Intentamos calentar un poquito cantando canciones, a veces hasta de estas ridículas de niños como “La gallina turuleca”, de Gaby, Fofó y Miliki. Tomamos un tequilita, una cerveza, o lo que sea, un poco para calentar y otro poco para quitarle lo grueso al asunto.

¿Quién elige a los músicos que lo acompañan?

Bueno, ellos llevan ya tres años conmigo, grabaron el disco Pequeño, grabaron Flamingos Y los elegí por su calidad técnica y humana. Fue muy poco a poco. Por ejemplo, al guitarrista Rafa ya lo conocía de siempre. Yo conozco todo lo que hacen los músicos de mi ciudad, intento saber también lo que hacen los músicos latinoamericanos. Entonces estoy un poco al tanto. Además siempre tengo ahí a alguno, digo "este trompetista qué bueno es...", hasta que de repente junté una banda que eran los chicos que yo sabía que eran buenos.

¿A qué persona (o personas) le debe usted parte de su éxito como artista?

Pues a mi equipo de management. Ahora son dos personas: Tomás y Nacho. Tomás viene de la época de Héroes y yo le propuse montar una oficina a medias. Y a partir de ahí él me apoyó muchísimo en los momentos difíciles que fueron los primeros en solitario Y también yo creo que Phill Manzanera es una persona clave en mi vida, musicalmente, y luego mi banda.

Frank Zappa, Jim Morrison, Janis Joplin: ¿de quiénes de estos tres le hubiera gustado ser amigo?

De Frank Zappa, porque creo que, intelectualmente, me estimularía más que cualquiera de los otros dos. Ahora, para irme de juerga, seguramente lo haría con Janis Joplin.

¿Es falsa modestia decir que no es el compositor que todavía que quiere ser?

La música es una carrera muy complicada, es muy difícil encontrar el equilibrio. Afortunadamente yo me siento el día de hoy mejor que nunca, y con más equilibrio que nunca. En cuanto a lo de la falsa modestia... la modestia es hipocresía. Yo no creo que lo que esté diciendo sea falsa modestia, lo que pasa es que está bien que tú no te lo creas. Perfecto, no te lo creas, pero yo pienso así, y ya lo dije.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

POEMA V

Verano del 2001


Salivo

mascullo

rumio

y pienso en si las cosas son mejores que antes

yo no sé muy bien

esa es la verdad

cómo deben ser las cosas

sólo sé que ahora no hay una casa inglesa

ni la hierba mojada en la estación del tren



yo pienso

yo mastico

yo recuerdo

en nombre de qué rostros

esta larva distrae mi osamenta



estoy ahora en la ola batiente

en esos santos días de la desesperación

no hago equilibrio en un puente amarillo

algunos precipicios duelen menos que ayer

pero también es cierta la memoria intrigante

la rota parsimonia de un pez que llora en un río seco

o la fiebre sangrante

o la sangre impotente

si me preguntan cómo están las cosas

diré que nunca me sentí tan ajena

como cuando blasfemo

que alguien

no sé quién

debería estar entre las cosas

tal vez tú deberías estar entre las cosas

parado en el portal de la casona inglesa

con los pies embebidos en la hierba mojada

con la vista perdida en el clamor de un tren



que las cosas están mejores que antes

es una afirmación que no comprendo

el pasado es un adolescente

y estos instantes sufren de vejez prematura



tal vez me ponga los zapatos azules

y salga a recorrer los puentes amarillos

surgirá un terremoto

caeré con todo el peso sobre la hierba

sobre tu portal

sobre el techo del tren



y no tendré remedio

yo nunca sabré de qué cosas

están hechas las cosas