sábado, 1 de octubre de 2011

FERNANDO VALLEJO, EL ARTISTA INJURIOSO


Dice Fernando Vallejo (24 de octubre de 1942 en Medellín, Colombia) que escribir es muy fácil. “Podría hacerlo indefinidamente”, admite este artista nato para el que el horizonte de la creación siempre ha planteado desafíos inconmensurables: dirigir cine, ser un gran concertista de piano, hacer una novela que lean muchos de sus congéneres y que le den cierta notoriedad entre sus pares.

Todo lo ha logrado este colombiano de voz atiplada, de suave decir aun cuando sus ideas firmes sobre temas comunes resulten polémicas y difíciles de escuchar.

Por estar en contra de muchas cosas y no callarlo, el recientemente galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2011 (honor que ha recaído ya en autores de la talla de Juan José Arreola, Nicanor Parra, y Antonio Lobo Antunes, entre otros) no le cae bien a tantas personas, sobre todo a aquellas que como él han nacido en tierra colombiana, digámoslo así: sus compatriotas.

De Medellín es, por ejemplo, el cantautor Juanes, alguien que baja la mirada cuando le preguntan si ha leído a Fernando Vallejo. “No me interesa para nada, siempre está en contra de todo”, dice el músico, un contemporizador nato, de esos que creen todavía en los mensajes optimistas que traen algunas canciones, sobre todo aquellas que él compone.

Poco le importaría al célebre autor de La virgen de los sicarios conocer a ciencia cierta la opinión que tiene de él el compositor de “La camisa negra”; al fin y al cabo, para Vallejo “Esa es una gentuza asquerosa. Eso no es música, nada de eso me llega al corazón. Juanes es una vergüenza de Antioquia”, como le ha dicho al periodista colombiano Sebastián Trujillo.

De música, Fernando puede hablar un rato largo. A su colega, el mexicano Juan Villoro, le confesó: “Lo que yo hubiera querido ser en la vida es músico, compositor. Pero como no tenía música en el alma, no me quedó más remedio que dedicarme a esas dos artes menores del cine y la literatura. Gluck y Mozart son lo máximo. Después sigue El Quijote.” Hace unos días, su amiga Elena Poniatowska, contó que en la casa donde vive Vallejo con su compañero de vida, el escenógrafo mexicano David Antón, “el piano ocupa el lugar de honor”. Será el mismo piano que, el recientemente fallecido escritor cubano Eliseo Alberto decía que “Fernando tocaba en un restaurante de La Condesa”. Modesto como es, será difícil que el autor de El desbarrancadero, la obra por la que obtuvo en 2003 el importantísimo premio Rómulo Gallegos, acepte que es un buen ejecutante del instrumento, pero al menos le gusta todavía dar fuertes opiniones musicales, entre ellas admitir que en estos días “me gusta más José Alfredo Jiménez que Mozart y la voz de Chavela Vargas que la de cualquier cantante de ópera, con excepción de María Calas”.

“Las voces de las cantantes de ópera carecen de personalidad. La Calas tenía un poquito de esa personalidad que le sobra a Chavela”, agrega.



Los ojos y la memoria



Con 68 elegantes años, dice Fernando Vallejo que está en el final de su vida. Lleva cuatro trasplantes de córnea y según él mismo lo ha confesado está perdiendo un poco la memoria. Fueron sus ojos, obligados a usar lentes de contacto en forma permanente, los que le exigieron volver a sacar el pasaporte colombiano, un status al que había renunciado en 2007, cuando la justicia de su país de origen le entabló un juicio por una columna que había escrito en la revista Soho en contra de la religión.

Contó el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, uno de los pocos compatriotas y colegas que Fernando Vallejo admira y respeta, que “él tuvo que recuperar su ciudadanía hace poco. Estuvo en Bogotá haciéndose un transplante de córnea y en Colombia está prohibido que se donen córneas a los extranjeros. Tuvo que desempolvar la cédula”.

Le regalaron un iPod con 40 días de música, que él redujo a uno lleno de boleros, rancheras, tangos, “esa música latinoamericana del pasado y que es la que me llega al alma en estos días, una música de fantasmas que ya no le interesa a nadie”.

“La oigo muy de vez en cuando y siempre es una experiencia muy intensa que me remite a mi niñez, a mi juventud. Esa música me ayuda a no desintegrarme, a sostener todavía el espejismo del yo, del que soy aún el que fui. Esa virtud tiene la música”.

Fernando Vallejo también escucha a Debussy, a Mahler, a Ravel y escribe sin parar. En estos días, una biografía del filólogo colombiano Rufino José Cuervo, de quien se conmemoró el 17 de julio de 2011 el centenario de su muerte.

“Fue otro de los que se fue de Colombia para nunca volver. Era un hombre de una inmensa nobleza que me viene acompañando desde mi niñez. Entonces, estoy haciendo otro intento de biografía (Vallejo escribió en 1991 El mensajero, la biografía del poeta Barba Jacob y, en 1995, Almas en pena, chapolas negras, sobre la vida del también poeta José Asunción Silva), sabiendo que no lograré lo que intenté con las otras: hacer de la biografía un gran género literario. La biografía seguirá siendo un género menor de la literatura al lado de la novela, nunca la desplazará”.



Contra la iglesia, “una estructura criminal”



“Cuando me saqué de encima la educación religiosa que había recibido, me di cuenta de que los animales son mis hermanos y supe que, aun cuando había pensado que podía ser feliz, esa ilusión se esfumó para siempre”, dijo el escritor, famoso por su posición crítica frente a la Iglesia Católica, a la que considera “una estructura criminal”.

“El sufrimiento de los animales es el mío”, dice quien desde hace cinco años se adscribió al vegetarianismo. “Durante buena parte de mi vida me comí a los animales: a las vacas, a los cerdos, a los pollos, a los peces... Y esa infamia mía no tiene perdón del cielo, me siento un criminal. Sólo en estos últimos años me he podido quitar de los ojos la venda moral que me puso el cristianismo y he logrado ver a esos animales como mi prójimo. Que es lo que no alcanzó a ver el loquito de Galilea”, dijo en una ocasión.

Si a Jesús le cabe el mote de “Loquito de Galilea”, qué no dirá Fernando Vallejo de Mahoma. “Esa bestia reproductora y lujuriosa”, como declaró en una entrevista realizada por Juan Villoro vía correo electrónico y en la que no quedó nadie sin “disfrutar” lo que los críticos han llamado “el arte de la injuria” que tan bien practica el autor de Los ríos del tiempo y El don de la vida.

“Máteme a todos los de las FARC, a los paramilitares, los curas, los narcos y los políticos, y el mal sigue: quedan los colombianos”, dijo entonces, para aclarar inmediatamente que si Thomas Bernhard insultaba a Austria porque la odiaba, él blasfema contra Colombia, “Porque la quiero. Y porque la quiero, quiero que se acabe: para que no sufra más.”.



Entre la diatriba y los candidatos



Su libro de 2007 La puta de Babilonia, publicado por editorial Planeta, es un ensayo profundo sobre la fe dogmática cristiana y la responsabilidad eclesiástica en el derramamiento de la sangre de humanos y en el atropello a los animales, cuya defensa es la gran causa de vida del escritor, al punto de que los 150 mil dólares que le corresponden por el recientemente otorgado Premio FIL lo donará a la asociación “Amigos de los Animales”, de Xalapa y a “Animales Desamparados”, del Distrito Federal.

En su juventud estudió cine en Roma y llegó a dirigir dos películas sobre la violencia en Colombia: Crónica Roja (1977) y En la tormenta (1980). Un tercer filme La derrota (1984), coescrito con Kado Kostzer, significó su último trabajo como director.

Fue el cine, precisamente, lo que le dio fama internacional, mediante la película La virgen de los sicarios, basada en su novela homónima y dirigida por el francés de origen iraní Barbet Schroeder en el 2000. Sus novelas, en cambio, lo han erigido en un autor polémico defendido por muchos y criticado por otros tantos.

Su prosa exaltada, fresca y sin ataduras, explora la homosexualidad, la adolescencia, la marginalidad, las drogas y de la violencia, este último un tema del que Vallejo se siente alejado. “Escribí La virgen de los sicarios en 1994 y ya no quiero hablar de la violencia. Ahora me interesan las palabras”, dice el también autor de Logoi: una gramática del lenguaje literario. Amante y estudioso del idioma (cuando le preguntan cuál es su profesión responde: gramático), levantó la voz para protestar por las recientes reformas sugeridas por los catedráticas a la lengua española.

Al escritor le chirría que se prohíba acentuar palabras como “truhán”, que ahora se considerarán monosílabas. “Truhán es bisílaba. Si tuviera sólo una sílaba no llevaría la h intermedia y la podríamos decir con un solo golpe de voz”, explicó. El controvertido novelista tampoco acepta que la “b baja” pase en toda Hispanoamérica a llamarse “uve”, como se la denomina en España. Con todo, Vallejo sí concuerda con dejar de llamar “i griega” a la “y”, que pasaría a decirse “ye”.

De todos modos, no hay vocablo que le moleste más que “candidato”. “Pensar que viene de cándido, que significa bueno, inocente. Ahora es un término vil que significa aspirante a la infamia”, dice con vehemencia, así como afirma sin ninguna duda que “no hay político bueno, eso es un oxímoron, es como decir que hay un ladrón honrado”.



El ruido de la jungla



“Uno es del país donde nació y del país donde va a morir, así que puedo decir que soy colombiano y mexicano”, dice Vallejo, sin por ello dejar de destacar que “no puedo perder el tiempo hablando de cosas sin importancia como los pasaportes o las nacionalidades”.

Vive ahora “con una sola perrita que rescaté porque no podía no hacerlo”, en el mismo departamento que habita hace 40 años, desde 1971, en la Colonia Condesa, que “era antes un lugar muy tranquilo y ahora se ha vuelto insoportable. Es un sitio muy ruidoso”.

“El Estado ha abandonado sus obligaciones tanto en Monterrey (dijo haciendo alusión al atentado en un casino de esa ciudad norteña y que dejó 52 muertos) como en La Condesa, donde el ruido es tremendo y se impone la ley de la jungla”, dijo el escritor.

Lamenta por otra parte que “el mundo vaya tan rápido y deje atrás todas las cosas, entre ellas mis libros”, no obstante lo cual tiene proyectos literarios de largo alcance como terminar, más temprano que tarde, “un trabajo donde quiero dejar asentadas todas mis conclusiones literarias” .

El escritor, que recibirá su premio el 26 de noviembre, en la jornada inaugural de la 25 Feria Internacional del Libro en Guadalajara, tampoco quiere mucho a los periodistas y son raras las ocasiones en que concede entrevistas.

“Me cambian mis respuestas, sacan una frase mía de contexto y la ponen de título y quedo como Dios Padre tronando desde el Sinaí, e indefectiblemente, cuando veo mis entrevistas publicadas se me cae la cara de vergüenza. Les tengo más miedo a los entrevistadores que llegan a mi casa con papel y lápiz que a los sicarios de Medellín”, dijo.

ENTREVISTA A ALEJANDRA BARRALES


Morena atractiva que gana notablemente en las distancias cortas, Alejandra Barrales Magdaleno está acostumbrada a conseguir lo que quiere y a hacerlo con una determinación casi escalofriante, propia de alguien que ha podido transitar, literalmente hablando, el cielo de la política y de su propia vida.

Quien dude de esta avezada facultad para hacer realidad los sueños de la infancia, se sacará la comezón con un vistazo a su rutilante historial, que incluye la conducción del Sindicato de Sobrecargos de México cuando apenas tenía 22 años.

Hoy, con 44 esplendorosas primaveras encima, la diputada de izquierda hace un balance de una existencia plena. Cuando era niña, quería ser aeromoza. Cuando cumplió 20, fue aeromoza. En sus divagues tempraneros en la colonia Tránsito, donde creció, también fantaseaba con ser diputada. “Veía que los diputados decidían muchas cosas y eso me interesó”, confiesa. Ahora, gracias a los resultados electorales del 2009, Barrales es Diputada de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal por el Distrito 13 y coordina la bancada de su partido, el PRD.

Hay un solo sueño que uno de los cuadros políticos crecidos a la sombra de Andrés Manuel López Obrador e impulsada por los fulgores del actual jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, quien la tiene de favorita para su sucesión, no ha cumplido: leer las noticias en la televisión. ¿Adela Micha es su modelo? No, ella quiere ser como Lolita Ayala, a quien admira desde su niñez.

Bueno, Alejandra Barrales ya no podrá tener su noticiero, si se acepta que ella será la candidata de la izquierda para acceder a la Jefatura del gobierno del DF en el 2012. “No quiero cancelar ese sueño, ¿por qué habría de hacerlo?”, se apresura a aclarar con sus profundos ojos negros bien abiertos y sus ademanes de brazos ampulosos y firmes.

Todo en ella es firmeza. Por empezar, su delgada contextura física es propia de alguien que hace ejercicios a diario. Le gusta correr por el bosque de Chapultepec o por los alrededores de la UNAM. Cuando no puede, visita el gimnasio del hotel Hilton de la Alameda, donde tiene una de sus oficinas. Pulcra y elegante, la mujer que ha sido criticada entre otras cosas por posar con aire sensual (y vestida) para una revista para caballeros, no tiene la sonrisa fácil. Su rostro, a veces duro, cobra una luminosidad poderosa cuando se relaja. Claro que la calma no parece estar entre sus planes inmediatos. Al menos así lo corroboran sus propios colaboradores cuando comentan admirados que se levanta a las 5 de la mañana, que duerme apenas cuatro horas por día y que como jefa es muy exigente.

No tiene esposo (se ha separado recientemente del ex sobrecargo Julio César Nicholson), no tiene hijos, no tiene mascotas y por no tener tampoco tiene mucho tiempo libre, pero le alcanza para leer una y otra vez su libro favorito, El arte de amar, de Erich Fromm, para volver a ver Luna amarga, la célebre y retorcida película de Roman Polanski, y para escuchar en su iPod todo el jazz que le venga en gana. Eso sí, también se da tiempo para bailar salsa y para salir de compras, víctima de la moda como puede serlo alguien tan preocupado por su aspecto exterior.

Dice, eso sí, que con el tiempo ha aprendido a darse cuenta de que andar de guapa por la vida no es algo que ayude en la política. “Hay gente que presupone poca inteligencia, poco contenido, pero estoy acostumbrada a ese escepticismo”, afirma.

Un vuelo rasante

De la lucha social emprendida cuando la aerolínea para la que trabajaba quebró y despidió a 5000 trabajadores, a la dirección del PRD en la capital o a su puesto de Secretaria de Turismo del Distrito Federal durante la gestión de Marcelo Ebrard, la carrera política de Alejandra Barrales ha sido como un vuelo rasante desde el piso más plano hasta el alto techo donde se toman las grandes decisiones.

Su vida también ha estado muchas veces en las nubes, no sólo por el trabajo que eligió desde edad temprana, sino también por su afición a los aviones y a las avionetas, vehículos que han sabido traerle dolores de cabeza, por caso aquella Piper de dos plazas, modelo PA-28, que costó alrededor de 20 mil dólares y que le regaló a su ahora ex marido en 2005.

Declarada como parte de un patrimonio personal que incluye un condominio en Acapulco, un departamento en el DF y tres automóviles, la aeronave despertó una oleada de críticas desplegada con fruición en periódicos y revistas.

Ella defendió la posesión de la avioneta, así como defendió sus fotografías en la revista H, pues según su visión “me sirvió para darme a conocer y para que muchos de mis proyectos legislativos llegaran a buen término”.

La pregunta es si Alejandra Barrales tendrá alas largas como para salir airosa de una contienda electoral que se presenta reñida, sobre todo porque hay muchas y muy interesantes mujeres como rivales, entre ellas la destacada y experta priísta Beatriz Paredes y la joven panista en ascenso Gabriela Cuevas. Se suma también la prima de la Primera Dama, Mariana González del Campo.

Todas ellas deberán primero ganar las pujas internas para poder ser nombradas candidatas. Podría decirse en ese sentido que es Alejandra Barrales quien lo tiene más difícil. En sus propias aguas se tejen maremotos y hay quienes aseguran que serán sus compañeros del PRD los que no la dejarán alcanzar una velocidad supersónica. Por lo pronto, la bella diputada trabaja y trabaja en la Asamblea, obsesionada ahora con sacar adelante un proyecto a favor de las mujeres golpeadas.

En los últimos tres meses del 2010, se hicieron 5 mil denuncias en el marco del gobierno capitalino. Todas provenían de mujeres que fueron agredidas por hombres cercanos.

Barrales quiere propiciar el arresto inconmutable por 36 horas de los agresores y para ello cambiar el Código Penal y Civil del DF.

La entrevista

Alejandra Barrales llega de un desayuno de trabajo en El Gardenal. Antes, pasó por todas las mesas saludando a quienes la reconocieron, entre ellos, Malova, el pintoresco gobernador de Sinaloa, de visita en el Distrito Federal.

Impecablemente vestida en los tonos de blanco, negro y beige, por consejo de sus colaboradores, preocupados por la inesperada baja temperatura que agobia al DF en esta fría mañana de mayo, prefiere acomodarse en un sillón interno del hotel donde se llevará a cabo la entrevista. En la terraza, un poco decepcionados, pasean los meseros que se mostraban ansiosos por atenderla. “Está un poquito mal de la garganta, mejor que se quede adentro”, dice su jefe de prensa. Para romper el hielo, le preguntamos si es bueno que a uno lo cuiden tanto. Alejandra contesta con sequedad y el hielo no se rompe hasta bien entrada la charla. Lo dicho: la diputada no es de sonrisa fácil y por momentos parece que la conversación naufragará en la enunciación de fórmulas políticas aprendidas de memoria. Como su seriedad no es forzada, no se cumplen las sospechas. Barrales no se hace la simpática y se deja llevar por la charla, hasta que abre sus alas y vuela, como le gusta.

- ¿Le ha llevado parte de su salud esta actividad a la que se dedica?

- Por fortuna soy una persona muy disciplinada que cuida estar en buena condición, por dentro principalmente y por fuera cuando tengo tiempo.

- ¿Qué hace para estar bien?

- Hago ejercicios desde hace muchos años, me cuido en la alimentación, procuro cuidar mi sueño y trato de tener una actitud positiva, que eso siempre ayuda a sentirse y verse mejor.

- ¿Era su sueño dedicarse a la política?

- Inquieta siempre he sido. Desde pequeña he sido también muy soñadora y entusiasta. Siempre quise ser sobrecargo de aviación y aunque no tenía muy claro qué significaba eso, anhelaba desde chica ser diputada.

- ¿Había mucha política alrededor cuando usted era pequeña?

- No, la verdad no. Mi infancia transcurrió normalmente, aunque tuve que hacerme cargo de mis hermanos desde niña pues mis dos padres trabajaban. Nací en el Distrito Federal y crecí en una colonia del centro, la colonia Tránsito.

- ¿Va todavía por ahí?

- Aún tengo amigos que me reconocen y nos saludamos. He ido eventualmente a recorrer las calles. Regresé ahora como legisladora de esa zona y me da mucho gusto reconocer a mis amistades y a mis vecinos de aquella época.

- ¿Cómo ve a la ciudad de México en un contexto de país tan difícil?

- Soy una eterna enamorada de esta ciudad. Lamentablemente, ante lo que hoy está sucediendo en otros municipios del país, el Distrito Federal tiene un atractivo adicional. Es muy importante que sigamos trabajando para que esta ciudad siga teniendo una condición diferente. Mucho de lo que hoy pasa de bueno en la capital tiene que ver con la forma de hacer gobierno de la izquierda a la que pertenezco.

- ¿Por qué el narcotráfico no se expresa en la ciudad como en el interior?

- Bueno, el narcotráfico por desgracia ha buscado penetrar en todo el país, pero en la ciudad le hemos hecho frente de una forma diferente. Cuando tú le das a la gente que no tiene recursos la posibilidad de tener el apoyo económico para ir a la escuela, cuando le das ayuda a los adultos mayores, las personas no ven en el narco una alternativa como está pasando en otros lugares de la República. Aquí todavía tiene sentido que los jóvenes vayan a la escuela, las familias busquen formas legales de obtener recursos y esa visión social que ayuda a la gente más necesitada es la que nos coloca en una posición diferente en el tema de la inseguridad.

- ¿Y qué piensa de la obra pública en la ciudad? A veces pareciera que la ciudad nunca va a dejar de estar en obras…

- A lo largo de estos 14 años de gobierno hemos logrado combinar la protección social que es nuestra prioridad con la capacidad de tener inversión pública y privada para obras que tienen como objetivo facilitar el traslado de los capitalinos. Aquí vivimos más de ocho millones de personas, que se hacen veinte contando la zona metropolitana, por lo tanto tenemos que idear cómo nos trasladamos de un lugar a otro, cómo tenemos más calidad de vida, cómo nuestros trayectos son menos complicados.

- ¿Y en el tema del medioambiente el gobierno le parece tan eficaz?

- Somos la tercera ciudad más grande del mundo, tenemos esa realidad. No obstante ello hay políticas definidas para hacerle frente al cambio climático, lo que ha sido reconocido positivamente por otras ciudades. Eso no quiere decir que esté todo resuelto en la materia. Efectivamente, hay que buscar una forma diferente de convivir entre nosotros, cómo atendemos el tema de los residuos sólidos, de la basura, el tema del agua para los próximos 20 años, cómo buscamos que lo que estamos haciendo hoy no extermine los espacios verdes en el futuro, tenemos que regresar a la recuperación de espacios para garantizar la práctica deportiva. Si tú sales un domingo por esta ciudad, por avenida Reforma, te vas a encontrar a miles de personas que vienen al Ciclotón o a los conciertos al aire libre. En el monumento a la Revolución, recientemente recuperado, ves a familias enteras tomando un baño en las fuentes y ves cómo la gente sale a la cultura, al esparcimiento, que es un sello de un gobierno de izquierda.

- Ese sello de un gobierno de izquierda es acusado con frecuencia de no ver mucho más allá de Reforma, que hay zonas como Iztapalapa, por ejemplo, que no se ven tan bien…

- Precisamente el trabajo que estamos haciendo es para disminuir esa distancia entre los que tienen más recursos y los que no tienen. Por desgracia es una condición de todo nuestro país como consecuencia de políticas equivocadas que han duplicado las cifras de desempleo en diez años. Es imposible que el Distrito Federal no se vea impactado por esas políticas, no es una isla. Por eso estamos trabajando para llevar a esas zonas del Oriente de la ciudad, las mejoras del centro. Hay zonas como Miguel Hidalgo, por ejemplo, donde se han colocado grandes centros comerciales que dan un giro importante al lugar. Creo que el centro de la ciudad estaba a pasos de convertirse en una zona perdida por la inseguridad, por la basura y hubo todo un proceso de recuperación del centro y hoy es una de los lugares más hermosos del Distrito Federal.

- ¿Quiere ser jefa de gobierno?

- Lo que realmente quiero es que la gente vuelva a confiar en la izquierda para que siga gobernando esta ciudad. Es importante que no se pierda de vista que los capitalinos son personas con una visión progresista y libertaria.

- ¿Los hombres del PRD la dejarán ser candidata?

- He crecido y transitado por el escepticismo de muchos, mayoritariamente hombres, pero nunca he pedido permiso para hacer todo lo que hice a lo largo de mi vida.

- En este no pedir permiso, tendrá que vérselas con rivales mujeres…según parece…

- Bueno, la competencia hoy que tiene el PRD es diferente a la de otros años. Hay un desgaste natural que proviene de los 14 años de gobierno al frente de la ciudad y estamos obligados a pensar con otra lógica, en nuevas condiciones, pues la competencia ahora sí está más marcada con los otros, no en la interna.

- Cuando usted habla se la escucha muy “marcelista”. Si gobierna la ciudad, ¿traerá alguna idea diferente a la de Ebrard o su mandato será una continuidad absoluta?

- He compartido el gobierno de la ciudad en diferentes instancias. Primero con Lázaro Cárdenas, luego con mi incorporación al PRD gracias a una invitación hecha por Andrés Manuel López Obrador y he trabajado para fortalecer el proyecto de Marcelo, que es en el que creo. Lo que siempre me ha preocupado es el derecho de la gente y seguiré trabajando en esa línea.

- ¿Cuáles son sus rincones favoritos de la ciudad?

- Me gusta mucho ir a Chapultepec, porque soy corredora, lo que más me relaja en esta ciudad es poder escaparme para correr. También me gusta mucho Ciudad Universitaria, el bosque de Tlalpan

- ¿Qué es México para usted?

- Todo. Es mi pasión, es algo que llevo dentro desde siempre. Ni yo misma no termino de entender a veces por qué me importa tanto mi país.

EL CIELO DE LA TELEVISIÓN POR CABLE BRILLA CON ESTRELLAS PROPIAS

La frontera entre la televisión abierta y la de paga es lábil y cada vez más difusa. Si en tiempos de nuestros padres, la también llamada pantalla chica servía para dictar costumbres, construir modelos a imitar y, al mismo tiempo, espantar, doblegar o calmar los gritos inoportunos de nuestras buenas conciencias, ese papel le corresponde ahora a la tele privada, que en México ha tenido un fuerte crecimiento.

De acuerdo a una nota aparecida en la revista especializada Summa, “el negocio de la televisión de paga se consolidó como el cuarto con los mayores ingresos dentro del sector de telecomunicaciones en México, desplazando incluso al segmento de Internet y banda ancha”.

Al cierre del 2009, la base de suscriptores de televisión paga en México llegó a 8 millones de usuarios, cifra que se compara positivamente contra los 6 millones 992 mil registrados en el 2008, es decir un aumento en la base de clientes de casi 16%.

Con estos números no sorprende que de esa esfera antes constreñida a unos pocos privilegiados que tenían cable hayan surgido verdaderas estrellas televisivas que, por las características de sus programas y quizás por las propias cualidades del medio, tienen una presencia protagónica en nuestras vidas cotidianas.

La pantalla cableada se hizo grande con lo micro, apelando al sentido común y ofreciendo más que nada un servicio a la creciente comunidad de espectadores. Comenzó a hablarle al televidente con un tono casi íntimo y familiar y ofreciendo soluciones a una infinita gama de problemillas caseros.

Adelgazar, cocinar, aprender a hablar en una lengua que no es la propia, cómo reaccionar frente a un familiar que sufre alguna adicción, cómo imponer disciplina a los adolescentes demasiado rebeldes, cuidar bien a las mascotas, distinguir entre un vino bueno y otro que no lo es tanto: la televisión de paga se ha convertido en una verdadera maquinaria de soluciones.

Lo que antes le preguntábamos a la abuela o a la tía veterana, hoy se lo consultamos al chef más famoso del mundo, al entrenador de perros que de tanto aparecer en la pantalla ya parece un primo a quien se menciona por su nombre de pila o a la médico forense que nos lleva a un viaje por el cuerpo humano con un escalpelo en la mano y otro imaginario en la lengua en un programa no apto para cardíacos o gente muy impresionable.

Frutos jóvenes de una buena idea que encontró en la pantalla flexible de la televisión por cable un territorio para desarrollarse, los nuevos conductores y especialistas suelen también ser el rostro visible de una sólida industria que produce no sólo el programa de tele, sino también libros, discos compactos, prendas de vestir, objetos varios.

Las estrellas televisivas del siglo XXI, además, se presentan como expertos en ese difícil arte de llevar a la fama a personas comunes, a las que guían dándoles consejos de cómo decorar su casa o cuál es el traje que más le conviene para su boda.

En el vertiginoso océano de programas que inundan la pantalla paga, ese gran negocio que en sus inicios había prometido no tener avisos publicitarios, algo que evidentemente no cumplió y que a los espectadores en ascenso parece no importarle, se destacan ciertos personajes que han tenido un éxito arrollador.

Crean tendencia, dictan normas de conducta, son citados en reuniones familiares y de amigos como verdaderos gurúes de la materia que presentan en sus venerados programas y son aplaudidos por una gran cantidad de gente que reparte igualitariamente su admiración entre el esnobismo y la pasión verdadera.

DÍA SIETE hizo una selección de estos inesperados líderes de opinión, siempre listos para brindar sus conocimientos a un solo toque de nuestro control remoto.



Gordon Ramsay: el cocinero loco



Con doce estrellas Michelin, un holding que mueve millones merced a 17 restaurantes que llevan su sello en ciudades como Londres, París y Dubai, entre otras y un concepto gastronómico que propicia el equilibrio exacto entre “los platos más populares y la experimentación con nuevos sabores”, el escocés Gordon Ramsay (14 de noviembre de 1966) se ha convertido en uno de los chefs más importantes del mundo.

Claro, también están el rostro con esas arrugas proverbiales, su temperamento fogoso, esa manera de insultar a mil palabras por segundo, un cuerpo de ex futbolista que mueve eléctricamente mientras en la cocina el aire se corta, literalmente, con un cuchillo, que lo convierten en una mezcla explosiva de muchacho pandillero, provocador y muchas veces genial que reina en la pantalla de la televisión por cable.

Programas como The F Word, Ramsay’s Kitchen Nightmares, Hell’s Kitchen y Cookalong, transmitidos por la BBC Entertainment, Casa Club TV y Fox Life TV, le han dado al célebre cocinero de la realeza británica una ubicuidad televisiva extraordinaria. En términos de exposición mediática y en grado de inserción en el imaginario de los espectadores locales, sólo el entrenador de perros mexicano César Millán podría discutirle algunos puntos.

La edición en nuestro país de sus libros Un chef para todo el año y Cocina del mundo, a cargo de la editorial Planeta, han ensanchado aún más el territorio de un público vernáculo que lo venera y lo sigue con una fidelidad extendida en las conversaciones familiares, en un año que también ha tenido sus puntos oscuros para el carismático chef.

No sólo la crisis económica lo han obligado a cerrar sus locales en Nueva York y Praga, sino que también el fisco estadounidense lo persigue para cobrarle una deuda de medio millón de dólares. Como si fuera poco dolor de cabeza, un participante de su reality show Ramsay’s Kitchen Nightmares se ha suicidado arrojándose a las aguas del Hudson.



Para sacudirse la mala vibra está su gran amigo David Beckham, con quien –se comenta- Gordon abrirá próximamente un pub de estilo inglés en Los Ángeles que llevará por nombre, cómo no, The Queen Vic. Para cantar Victoria, como quien dice.



César Millán: el encantador de perros



La historia de este mexicano nacido en Culiacán el 27 de agosto de 1969 es una de esas sagas de superación personal que suelen conmover al gran público y hacer más cercano a su protagonista. Como muchos de nuestros compatriotas, el conocido mundialmente como “el encantador de perros”, llegó a los Estados Unidos con una mano atrás y otra adelante y, fundamentalmente, sin una green card.

Nadó por el río Bravo y al llegar a territorio estadounidense primero fue un indocumentado que probó suerte empleándose en una peluquería para animales en San Diego y luego con un refugio para perros con problemas.

César quería ser el mejor entrenador de perros del mundo desde que, a los 13 años de edad, comenzara a darse cuenta de que tenía un don especial para tratar con la raza canina. Después de leerse todos los libros sobre comportamiento animal que encontrara en las bibliotecas públicas, decidió crear su propio método, una herramienta que busca la sumisión canina en un sistema donde el dueño de la mascota debe convertirse en el líder de su manada.

Estrellas de Hollywood como Jada Pinkett Smith, Oprah Winfrey, Anthony Robbins, Deepak Chopra, Dr. Phil McGraw, fueron sus clientes consentidos y luego sus máximos difusores. Con ellos se abrió el camino de la televisión y a partir de allí desarrolló un negocio multimillonario que incluye libros, colección de dvds, gorras, artículos para perros, todos contenidos en la empresa CMI.

Además de su exitoso programa y su estrellato global, César Millán tiene un proyecto multimillonario junto con Jada Pinkett Smith, la esposa del actor Will Smith, para construir un enorme parque de diversiones para perros.

Para dar una idea de su fama e influencia, hay que decir que recientemente fue parodiado en un episodio desopilante en la serie Souht Park (donde el famoso psicólogo de perros intentó con sus métodos domesticar al incorregible Cartman) y fue invitado especial al famoso programa de entrevistas de la BBC que conduce el inefable Graham Norton.

Claro que no todo es miel y rosas en el edén del sinaloense. Recientemente, mediante un comunicado a la prensa, Millán admitió haberse divorciado de su esposa durante 16 años, Ilusión Millán, una ex delincuente juvenil estadounidense que trabaja ayudando a los chicos de la calle y con la que procreó dos hijos.

El programa de Millán, que en español se llama El encantador de perros y en inglés, Dog Whisperer, se transmite a más de ochenta países.



Gok Wan: el Dios de la autoestima femenina



Hijo de padre chino y madre británica, nacido en Leicester en 1974, Gok Wan consigue muchas cosas con su célebre programa How to look good naked (Cómo verte bien desnuda). Por lo pronto, con una gran reserva personal de pañuelos de papel, obtiene profusos llantos de las numerosas mujeres que se acercan a verlo en sus presentaciones públicas o en su popular show. Al final, cuando luego de un prolijo acicalamiento y una dulce mirada sobre el cuerpo femenino que se le ponga enfrente, las damas en cuestión se quitan toda la ropa y desfilan a pecho descubierto con una cara de satisfacción y una confianza en sí mismas que jamás hubieran imaginado, el estilista y conductor recibe sonrisas, abrazos y elogios varios.

Como bien dice la periodista de The Observer Rachel Cooke, que lo entrevistó en 2007, todo es “magnífico” en el universo Wan. Quizás porque él mismo fue un adolescente hiperobeso hasta los 20 años, cuando mediante una dieta de choque que duró nueve meses se sacó 40 kilos de encima. Quizás porque tardó en aceptar su evidente homosexualidad y mucho más demoró en decírselo a sus padres, “por miedo a perderlos”. Lo cierto es que Gok Wan, es positivo hasta el hartazgo. Para él, los defectos físicos son tan inexorables, “salvo que te hagas una cirugía, tendrás que aprender a vivir con ellos”, que constituye una verdadera estupidez amargarse la existencia por ellos.

Él, por ejemplo, ha confesado que “no lamento haber sido gordo en absoluto. Aún cuando era enorme me ponía un chaleco bonito y me sentía de maravilla”.

Entre polvos de maquillaje, ropa interior de seda, 90 mil seguidores en la red de Twitter, el conductor celebra el cuerpo femenino, cualquiera sea su tamaño y su peso, para poner en evidencia que no hay mejor negocio que vivir teniendo confianza en uno mismo.

Vocero de la organización británica Kidscape, Wan lucha contra la discriminación y la intimidación infantil, de la que él mismo fue objeto por “mestizo, gordo y gay” durante la escuela primaria.

En noviembre del 2009, Gok le dio a su cruzada por la confianza en uno mismo, tintes políticos al entregar una petición con 45,000 firmas en la sede del gobierno británico para que se incluyan clases de imagen personal positiva en los programas de estudio escolares.

Su programa, que ya va por la tercera temporada, ha tenido tanto éxito, que cuenta ahora con una versión en Estados Unidos, que lleva el mismo nombre y que conduce Carson Kressley.



Graham Norton: La irreverencia al poder



Nadie es más irreverente, más hilarante y más mordaz que este irlandés nacido en 1963 en el condado de Cook. Conductor de El show de Graham Norton, uno de los programas más vistos de la televisión inglesa y que en nuestro país transmite todos los jueves el canal en español de la BBC, el también cómico y actor de cine, ha conseguido que todas (decir todas no es una exageración) las celebridades de Hollywood pasaran el examen de su sarcasmo y consiguieran mostrarse tan cool y evolucionadas como el mejor humor inglés.

En su show, Isabella Rossellini explicó con unas posturas físicas inolvidables cómo tienen sexo los animales, el director Tim Burton se mostró locuaz y sociable y el siempre sobrado Robert Downey Jr., se tragó unas cuantas dosis de desesperación cuando, al presentar la película Sherlock Holmes, vio cómo en unos cuantos tramos del programa Graham le daba la espalda o de plano lo ignoraba para interactuar con el público.

Nada de flema británica: más bien, una manera feroz de reírse de todo el mundo, sobre todo si es célebre (Amy Winehouse, Camilla Parker Bowles y Susan Boyle están abonadas al programa) y un modo inteligente de burlarse de sí mismo sin contemplaciones ni enmascaramientos.

Uno de los episodios inolvidables del programa de Graham lo protagonizó el incombustible Ozzy Osbourne, quien acompañado de su no menos pintoresca esposa Sharon, no escondió las ganas de ir al baño y llamó tonta en su cara a la australiana Olivia Newton John, cuando esta hablaba de las presuntas bondades de una hierba del Amazonas que comercializa su marido.

Jan Garavaglia: La doctora Muerte




Un cerebro trepanado a la luz de la cámara televisiva, un estómago abierto en dos y que muestra los tumores imparables de un cáncer de páncreas que el occiso ignoraba que tenía, el rostro afable de la médico forense Jan Garavaglia, quien al frente de su programa Doctora G, transmitido por el Canal Infinito, explica con rigor científico las causas de muertes misteriosas en personas que perdieron la vida en forma violenta o accidental.

El show (no puede llamárselo de otra manera) tiene una vertiente morbosa que hace que el espectador mantenga la atención fija hasta el final y posee también un aspecto didáctico indiscutible. Frente a ese enigma insondable de la vida y la muerte, la profesional antepone la ciencia como camino de luz.

No faltan los consejos para cuidar la salud ni la mención de los modos de prevención para evitar las muertes sorpresivas.

De hecho, la médico tiene un libro editado por Random House Mondadori titulado, precisamente, How no to die (Cómo no morir).

Nacida en Missouri en 1956, madre de dos niños, Jan se ha convertido en una estrella televisiva merced a los casos escandalosos que suele esclarecer, como el acaecido en una funeraria de Florida, cuando fueron encontrados 37 cuerpos en avanzado estado de descomposición. El trabajo de Garavaglia y de su equipo permitió detectar el crimen cometido por el dueño de la casa de sepelios, quien para ahorrarse el dinero de los ataúdes que cobraba puntualmente a los familiares de las víctimas, colocaba varios cadáveres en un mismo cajón y luego los enterraba.



Jools Holland: el dueño de toda la música



Para cualquier melómano que se precie, resulta frustrante ver el adictivo show del inglés Jools Holland, quien es además músico y fundador de la banda Squeeze. No sólo porque el programa que transmite dos noches por semana la cadena HBO deviene en exquisito compilado de lo que puede considerarse la mejor música del mundo del momento, sino también porque frente a tanto despliegue de conocimiento por parte del célebre conductor, cualquiera que se considerara experto en la materia quedaría como un soberano ignorante.

Sin embargo, no hay soberbia ni pedantería en este auténtico caballero británico que inició su carrera televisiva en 1994 al lado de la finada Paula Yates (la ex de Bob Geldof y de Michael Hutchence, muerta por una sobredosis de drogas en el 2000) y cuyo trabajo como difusor de la música se ha constituido en un verdadero trampolín a la fama para los más variados grupos y solistas de todo el mundo.

El argentino Andrés Calamaro, por ejemplo, a menudo declara que uno de sus sueños es ser invitado por Jools a tocar a su programa y los mexicanos de Café Tacvba fueron oportunamente seleccionados por el conductor, pero no pudieron aceptar el convite por problemas de agenda.



Estilos, tendencias, figuras en ascenso…los latinos y mexicanos de moda




No tienen el poder de un Gordon Ramsay ni la masividad de un César Millán, pero su trabajo en la televisión por cable ha vuelto a sus rostros familiares y a sus programas verdaderas citas de culto para los espectadores más avezados.



1) Jorge Lanata: El fundador del periódico argentino Página 12 es un animal de redacción y siempre dice que ha venido a este mundo a escribir. Así que para él fue todo un desafío aceptar la televisión como uno de sus medios de expresión. No le fue mal y hoy es una de las estrellas de Canal Infinito, que ha transmitido su serie BRIC, donde el profesional nos ha explicado cómo se divide el poder en el mundo contemporáneo. Ahora prepara un programa que lo llevará por todo el mundo a entrevistar a las 26 personas que están cambiando el planeta.

2) Paulina Abascal: Nadie con esa voz podría haber triunfado en la televisión, pero la chef mexicana ha tomado el ejemplo de la actriz estadounidense Fran Drescher, quien con esa sonoridad de silbato en su garganta triunfó al frente de la serie The Nanny, y decidió comerse la pantalla televisiva conduciendo un programa para el Canal Gourmet en el que enseña a hacer postres. Nadie la iguala en la alquimia de los chocolates, las fresas y las mieles de un éxito que disfruta con su garganta profunda y almibarada.

3) Dave Salmoni: Muerto el rey, hacía falta otro monarca que se animara a enfrentar a los leones y los tigres más temibles en su propia guarida. El estadounidense Dave Salmoni anima la pantalla de Animal Planet con un programa que se llama Ataque salvaje. Se hace llamar “experto en depredadores” y su coraje evoca al que ostentaba el finado Steve Irwin, el cazador de cocodrilos.

4) Aquiles Chávez: Un bigote extenso y la cara más simpática entre todos los chef televisivos han hecho al mexicano un imprescindible entre los programas de cocina. Con El toque de Aquiles, que transmite Utilísima, el joven tabasqueño ha reinventado la cocina mexicana (si es que eso fuera posible en una gastronomía tan compleja como la nuestra).

5) Mary Portas: La elegante inglesa es un bálsamo en la pantalla de la BBC para Latinoamérica, cuando con su proverbial amabilidad y su indiscutible ojo experto para abrir las tiendas más atractivas, acude en ayuda de los comerciantes desesperados. Su programa se llama Queen of shops y ella es, efectivamente, la reina de las tiendas.

6) Kim Woodburn y Aggie Mackenzie: Temibles y obsesivas, al punto tal que una de ellas una vez se puso a limpiar un monumento en plena calle de Roma, las señoras inglesas entran en casas absolutamente sucias y que sólo ellas encuentran, para dejarlas transparentes y brillantes. Con escoba en ristre y guantes de goma, las conductoras del programa de la BBC How clean in your house no son recomendables para quienes acostumbran esconder la basura debajo de la alfombra.

7) Max Espejel: Este adorador de la música de Gustavo Cerati y de Paolo Conte, degustador contumaz de las cocinas china y mexicana, se ha convertido en uno de los talentos más reputados del Canal Infinito, gracias a su programa especial para el Día de la Tierra, un maratón de 24 horas que llevó a cabo en 2010. Desde 2009, el mexicano que inició su carrera en el Canal 11, conduce In coming.

8) Nigella Lawson: la inglesa tiene uno de los rostros más perfectos de la televisión por cable y al frente de dos programas en el Canal Fox Life, la chef y entrevistadora de celebridades muestra su desparpajo y su gusto sensual por la comida bien hecha y abundante. Nada de dietas ni de comida “sana” y sin sabor. Adorable.

9) Jamie Olivier: el niño mimado de la cocina inglesa rescata chicos de la calle a los que les da una oportunidad de hacer una carrera en la gastronomía y de regentear su propio restaurante. También tiene otro show (en Fox Life) donde da rienda suelta a sus extravagantes ideas culinarias. En otro aparece cuidando a sus niños, visitando a sus abuelos o practicando esquí acuático.

10) Chepina Peralta: uno de los íconos de la cocina mexicana no se ha sustraído a la moda de aparecer en la televisión y, al frente de su programa Chepina en tu cocina descubre los secretos de sus recetas nutritivas. Va por Utilísima.

CUANDO LLEGARON LOS BÁRBAROS



“Cuando llegaron los bárbaros cambió todo, señorita”, le dice con profunda tristeza un viejo campesino de la sierra de Bariaguato a la cronista. Y así Magali Tercero encontró el título para su libro.


Los muertos en Libia o en Siria, los descuartizados en Los Mochis o en Ciudad Juárez, acaso cada uno de los 76 acribillados en la horrible matanza en un camping noruego: todos son números que suman para la estadística de la gran tragedia humana en el mundo. Las cifras, aunque espeluznantes, nunca tienen rostro ni nombre, se apilan sin identidad en los titulares de los periódicos y propician, al ritmo cruel de la violencia inexplicable, el tan consabido equilibrio demográfico de una especie que aprende día a día muchas cosas, menos como convivir entre sí.

En 1999, el periodista argentino de origen inglés Andrew Graham-Yooll escribió un libro titulado Memoria del miedo. Pasó, como tantos otros trabajos dedicados a la cruenta dictadura que asoló el país sudamericano entre 1978 y 1983, a engrosar una bibliografía vasta aunque nunca suficiente destinada a narrar la peripecia de miles de hombres y mujeres condenados a vivir en medio del terror. En esos días, Graham-Yooll declaraba “sólo la ficción puede contar estas historias, porque impresas como testimonios parecen falsas”. Un drama que vivió también el suicidado escritor italiano Primo Levi, quien dedicó toda su vida a tratar de encontrar las palabras justas que le permitieran contar a las generaciones venideras la tragedia del Holocausto.

Levi, que murió sin perdonar a Alemania por los crímenes del nazismo, estuvo prisionero durante un año en el campo de exterminio de Auschwitz.

En casos de violencia ciega que deja un gran número de víctimas inocentes (podrían llamarse así a los que pierden la vida porque estaban en el lugar y el momento equivocados), como el reciente atentado al Casino Royale en Monterrey, ni la prensa sensacionalista, ni los rigores historicistas o los análisis minuciosos, alcanzan a dar cuenta de un fenómeno que traspasa las fronteras del terrible hecho en sí y se incrusta con voluntad de larga duración en las cabezas y en los corazones de los testigos, familiares de víctimas, miembros de una comunidad cercana, habitantes de la nación implicada: es lo que la psicología llama estrés post traumático o lo que, más prosaicamente, se describe en la prensa como “daños colaterales”.

El gran riesgo ambiental que produjo por ejemplo el derrame de petróleo en el Golfo de México o los daños personales y sociales acontecidos durante el huracán Katrina en los Estados Unidos dejaron profundas huellas en los individuos directamente afectados. Arwen Podesta, psiquiatra en la universidad de Tulane, llegó a decir al respecto que “La gente tiene cada vez menos esperanzas y se siente indefensa. Se siente desesperada y abrumada. Ya hay más estrés postraumático y más problemas con la violencia doméstica, las amenazas de suicidio y el alcohol y las drogas”.

En Memoria del miedo, Andrew Graham-Yooll, saca diapositivas instantáneas sobre un pasado reciente de un modo que no aparece en las estadísticas. Son crónicas cotidianas de una manera de vivir que, en tiempos de conmoción social, se convierte en costumbre y transforma hondamente los mínimos actos diarios.

El miedo a diario

Una madre que le dice a su hija adolescente que le indique dónde queda la discoteca a la que va a ir a bailar esa noche, para poder ubicar las comisarías más cercanas e ir a buscarla allí por si no aparece después de las 12 de la noche (durante la dictadura argentina había una ley que permitía detener durante 24 horas a cualquier persona sin motivo aparente y sin que ninguna autoridad se viera obligado a justificar el hecho) ; una familia de clase media regiomontana que se compra dos refrigeradores para proveerlos de alimentos que le permitan hacer cenas de amigos en su casa, puesto que ya no va a sus restaurantes favoritos por miedo a ser víctima de una balacera; una joven estudiante de Sinaloa que declara: “Cuando termine la carrera sé que voy a lavar dinero. Incluso sin darme cuenta. Es parte de la vida aquí”: acciones reflejo frente a una realidad absurda y peligrosa, ante la que la adaptación constituye el gesto más conmovedor del instinto de supervivencia.

Así lo muestra la periodista mexicana Magali Tercero en su reciente libro Cuando llegaron los bárbaros, un largo viaje de tres años a la Sinaloa profunda, por medio del cual la profesional, Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2010, intenta develar las claves de la violencia sorda en lo que se ha constituido “el laboratorio del actual desastre de gran parte del país”.

¿Cómo irrumpió la violencia en la vida cotidiana? ¿Qué significa vivir con miedo? ¿Por qué las madres perdieron a sus hijos en balaceras donde no tenían vela y entierro?, son algunas de las preguntas que buscan respuesta a lo largo de 214 páginas apasionantes y certeras, donde personajes de la más distinta laya, provenientes de todas las clases sociales, relatan sus vivencias frente a una observadora atenta y respetuosa.

Tercero, que descubre en su periplo que el tema del narcotráfico está hondamente ligado al problema de la tierra, sigue también las pistas de un drama familiar personificado en la figura de su abuelo, asesinado en tiempos ha, en tiempos otros.

“Un libro que va más allá de las notas periodísticas sobre el narcotráfico en México”, dice la contraportada. Un libro que nos invita a reflexionar sin tomar en cuenta los titulares sensacionalistas, podríamos agregar.

Los actores secundarios

- Los muertos son estadísticas, cifras…

- Es verdad, aunque se están haciendo muchos esfuerzos para combatir eso. Hay actores de la vida civil que han hecho blogs, libros, para dar nombre a los caídos…

- Su libro es un intento de llegar al corazón del día a día en Sinaloa…¿verdad?

- Efectivamente. Sinaloa es una zona traspasada por la violencia, se trata de una especie de laboratorio de lo que ocurre hoy en todo el país y he tratado de reflejar lo que pasa en la vida cotidiana de esa gente que nunca es entrevistada en los medios, porque no son los actores principales. No son los capos, los políticos ni las víctimas directas. Nunca se le pregunta ¿cómo te sientes?, a ese ciudadano normal, iba a decir “los de a pie”, pero Sinaloa es una ciudad muy al estilo americano, con avenidas muy anchas y es poca la gente que camina; más bien casi todos van sus camionetas…

- En sus camionetotas, como dice en su libro…

- (risas) Sí. El proceso por el cual hice el libro llevó cinco viajes largos a la zona en el espacio de tres años. Trataba de estar más o menos dos semanas en cada uno de esos viajes. Todo surgió con la petición de Ricardo Cayuela, de la revista Letras Libres, para que hiciera un reportaje sobre Sinaloa. Como no me dio directrices, hice lo que sé hacer desde los 90, es decir, crónicas de la vida cotidiana. Luego me quedó mucho material que, obviamente por razones de espacio, no pudo ser publicado en la revista y fue así como Braulio Peralta, de la editorial Planeta, me dio la idea del libro.

- Al leerlo, uno se forma la ilusión de que realmente fue muy fácil llegar con la grabadora a esa zona y tomar los testimonios de los pobladores…

- Sí, pero no fue así. El método y el resultado exigen varios viajes, determinado trato con las personas, no usar grabadora la mayor parte del tiempo. En Badiraguato, por ejemplo, ni la libreta pude usar… Alguna vez incluso hice el ridículo porque estoy segura de que se dieron cuenta, durante la entrevista con unos funcionarios priístas, excelentísimas personas por lo que pude ver, escritores, artistas, esos priístas románticos a la antigua…puse mi pequeña grabadora en una bolsita que uso para el teléfono celular y un jovencito que estaba en la reunión no paraba de mirarla…fue obvio que estaba tratando de grabar…y al final no grabó nada. Con los periodistas y los académicos no había problemas para grabar, pero luego ellos mismos te aconsejaban que no sacaras tu equipo de trabajo. Así que lo que hacía en mis viajes era aprovechar los momentos de soledad para ponerme a escribir todo lo vivido, apelando a la memoria y a mis emociones.

- ¿Y con quién hablaba?

- Con todo el mundo, menos con los taxistas. En Sinaloa nos taxistas no se dejan, allí hay silencio absoluto…

- En las cifras de muertos fruto de la guerra contra el narco, las cosas suelen valer más por lo no dicho que por lo expresado, al menos eso deja traslucir su libro…

- Sí, es verdad. Hay muchos silencios. La gente se preocupa, no quiere hablar con libertad del asunto, hay que irse ganándola de a poco. Lo más preocupante, de todos modos, es que la gente en esas zonas se está acostumbrando a la violencia. Desde la ciudad pensamos que todos los sinaloenses son cínicos, pero la generalización nos lleva por un lado a la traición de la verdad y por el otro a la paranoia. Es como cuando dicen que los de Tepito siempre roban a la gente…he ido muchas veces a Tepito y jamás me pasó nada.

“En la época de ETA, los muertos tenían nombre”

Más allá del consabido análisis político que se hará una vez terminado el sexenio de los avances o retrocesos que dejará la lucha del presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado, las estadísticas de los muertos en la batalla resultan una masa informe de personas sin historias ni datos de identidad. Libros como el de Magali Tercero, buscan conjurar ese mecanismo por medio del cual, en los episodios de guerra interna o externa, las víctimas son anónimas para gran parte de la sociedad y sus poderes.

- Ese tema es muy doloroso. Fue el español Arcadi Espada quien nos hizo ver nuestra realidad. “En la época de ETA, los muertos tenían nombre y ustedes no están poniendo nombres”, dijo. De todas maneras, creo que hay esfuerzos mucho más valiosos que el mío, por caso el sitio “Nuestra aparente rendición”, de la Red de periodistas de a pie. En mi caso, trato más de esas víctimas de la violencia a la que no necesariamente le han matado a un familiar…

- Y que todas maneras son víctimas...

- Efectivamente, como el caso de esa chica de clase media cuya historia aparece en el libro y que se tuvo que ir a vivir a Canadá durante un año, porque tuvo la mala suerte de que un narco se enamorara de ella… Felizmente los padres tuvieron los medios como para poder alejarla un tiempo, pero hay muchos casos así…

- En su libro también vemos la Sinaloa que pudo ser si no hubiera habido violencia y crimen organizado…esos paisajes increíbles…

- Bueno, Sinaloa me enamora y no sólo porque mi madre haya nacido allá. Cuando hablo de Sinaloa también habla un poco la niña que fui y que cuando visitaba esa zona tanto se asombraba por esa vegetación exuberante, casi lujuriosa…Pero también hay muchos paisajes sinaloenses que aparecen gracias a que, cuando estaba en el proceso de escritura de este libro, la propia gente me llevaba a conocerlos. “Vente a comer aquí, cerca del mar”, me invitaban, y de pronto aparecía una mesa tipo medieval pero más ancha, servida con exquisiteces, al fondo un atardecer rojo impresionante, esos atardeceres de Sinaloa que fue a filmar Gabriel Figueroa…y la misma gente te lo decía: - Mira todo esto que tenemos. No sólo querían hablar de la violencia, sino también de la experiencia gozosa que implica vivir en un lugar tan hermoso como Sinaloa.

- ¿Hay un abismo irreconciliable entre los que se fueron de Sinaloa y los que se quedaron?

- No, si lo pensamos en términos del ejemplo cubano, es decir, son gusanos los que se fueron a Miami, nada de eso pasa en Sinaloa, que es un lugar donde te pueden matar por cualquier tontería. Me contaron historias tremendas, como esa de que hay un par de chicas hablando sobre el tema del narco y llegar luego a la noche un capo a la casa de una de ellas, para advertirle que no vuelva a hablar del tema. No puede haber polarización cuando hay tanto peligro alrededor, además, no toda la gente se puede ir de Sinaloa. Entrevisté a personas de muchas clases sociales y es muy grande la cantidad de sinaloenses que no tienen medios para empezar la vida en otro lado.

- ¿Qué pasa con escritores como Juan José Rodríguez o Élmer Mendoza que han decidido quedarse en Sinaloa?

- Bueno, son casos muy interesantes, se trata de escritores que están en mucha relación con su sociedad. En el caso de Juan José Rodríguez, él tiene una visión muy crítica y en el caso de Élmer, él vivió su infancia en Tierra Blanca. Conoce a mucha gente, incluida a mucha gente que está en el narco…y no juzga, sino que trata de comprender el tema desde raíces mucho más profundas. Ninguno de los dos vive con miedo, son, además, muy lúcidos.

- Una de las conclusiones a que se puede llegar luego de leer su libro es que el narcotráfico no va a terminar nunca, al menos así lo dicen muchos de los testimonios…¿eso qué significa, que tenemos que esperar un país nuevo, una nueva patria narca, con sus banderas, sus himnos, sus símbolos?

- Bueno, hay lugares en Michoacán donde los miembros del cártel de La familia son los que rigen la cosecha del aguacate, no sólo cobran por el derecho a sembrar, sino que también le dicen a los campesinos cuándo deben realizar la cosecha. Lo cierto es que en esas zonas la siembra y la cosecha del aguacate han mejorado notablemente, ¿te imaginas eso? Esto lo que nos tiene que hacer pensar es que los narcotraficantes están luchando en realidad por la tierra…

- Eso se ve en su libro, pareciera ser que el dinero es lo de afuera y que el tema de adentro en esas zonas es el territorio…

- Sí, hasta que no se toquen los grandes centros de lavado de dinero, el tema del narcotráfico seguirá siendo una lucha por el territorio, más que nada, para la cual no parece haber soluciones inmediatas. Ninguno de los científicos, políticos, analistas, que entrevisté, parece avistar una solución y por eso se habla del narcotráfico como un problema que va a persistir durante mucho tiempo.

martes, 30 de agosto de 2011

ALEJANDRO MAGALLANES



Nacido hace 40 años en el Distrito Federal, Alejandro Magallanes ha venido desarrollando una exitosa carrera como ilustrador. Gran parte del éxito que tiene la independiente editorial Almadía, originaria de Oaxaca, donde han publicado autores como Juan Villoro y Jean Marie Le Clezio, entre muchísimos otros, se debe al original diseño de sus portadas, afiches, señaladores, que se distinguen en las librerías. Su trabajo de cartel ha sido expuesto en Japón, la República Checa, Argentina, los Estados Unidos, China, Eslovenia, Rusia, Ucrania, Colombia, Venezuela, Polonia, Cuba y México. Mereció la medalla Josef Mroszczak en la XVI Bienal del Cartel en Varsovia, el tercer lugar en la bienal de carteles a favor de la ecología 4th Block en Ucrania y el premio Golden Bee en la categoría de libro en la Bienal del mismo nombre en Rusia. Forma parte de los colectivos Cartel de Medellín y Fuera de Registro y por si fuera poco ha escrito recientemente un libro desopilante y curioso, muy gozoso a la vez, un verdadero artefacto poético ilustrado titulado ¿Con qué rima tima?

- Como dice en uno de sus poemas, ¿Quién le dijo a usted que era poeta?

- En realidad me gusta mucho leer poesía y he descubierto que las imágenes tienen valor poético y que las palabras entre combinadas entre sí crean imágenes increíbles.

- ¿Y quererlo todo sin pagar las consecuencias en qué lo convierte: en un soñador o en un loco total?

- En un loco total, creo. También en un soñador y más que nada en un irresponsable; de todos modos, como nunca se cumple ese deseo, afortunadamente no soy ninguna de esas cosas.

- ¿Qué cosas deseó y no se le fueron dadas?


- Uy, muchísimas. Estaría muy bien abarcar todo lo que uno quiere hacer sin tener que rendir cuenta. Desvelarte todo lo que quisieras, por ejemplo, sin luego andar súper cansado por la vida; beber sin tener resaca, para lo que no estaría mal un hígado de platino; comer de todo sin engordar…

- ¿¿Con qué rima tima?, lo hace sentir parte de una tradición como la de los poetas concretos, liderados por Vicente Huidobro, la de los surrealistas, la de Oliverio Girondo…?

- Sería muy presuntuoso de mi parte decir que formo parte, pero sí son poetas y tradiciones que me gustan y han influido mucho en mi trabajo cotidiano como diseñador. La tipografía es hermosa y en un libro es la voz que vas a tener como creador. Pienso mucho en las vanguardias del Siglo XX, pienso mucho en los surrealistas, en Guillaume Apollinaire, en Dadá, en los futuristas…La poesía concreta, además, me parece divertida e inteligente. Me gusta mucho el catalán Joan Brossa. También el mexicano Juan José Tablada.

- ¿Fue difícil equilibrar contenido y forma?

- Sí, fue una labor ardua. El libro tiene como algunos déjà vu, por así decirlo…al principio hay un poema que se llama “Harén” y que está expresado a través de nalgas, tetas y vaginas dibujadas con paréntesis y realmente es el título el que le da sentido. Al final hay una “W” muy grande que hace referencia al Origen del Mundo, de Gustave Courbet y que resulta como una especie de eco de “Harén”. El libro lleva un ritmo, acentos, espacios vacíos, elementos que comparte con un poema…

- Usted dice que vivir es fácil, sólo hay que comer un mango de Manila…¿Qué hará ahora que no estamos en época de esa fruta?

- Es un periodo triste, la verdad. Habrá que buscar soluciones más allá.

- ¿La felicidad puede ser tan fácil?


- Ese texto es en realidad una ironía a partir de una nota que me hicieron y en la que daban por hecho que yo era feliz. Participé en un número especial de la revista titulado “Personas felices”, mientras estaba pasando por una profunda depresión. Lo que demuestra que no siempre somos lo que aparentamos.

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martes, 23 de agosto de 2011

KATHY BATES: LA ACTRIZ A LA QUE LE CREEMOS TODO



Entertainment Weekly la votó como “una de las más importantes actrices de los 90”, ganó un Oscar por su inolvidable papel en Misery y no hay película en la que ella participe donde no deje una huella indeleble. En el cine lo hizo todo, quizás por eso, a los 63 años, se anima con la televisión, protagonizando su propia serie. Una de abogados, Harry’s Law, cuya primera temporada se estrenó el 18 de julio en Warner Channel.


Pocos rostros de verdad, pocas estampas tan humanas, como aquellos que esgrimiera la increíble Kathy Bates para asustar sin remedio a un atribulado James Caan en Misery, la película de 1990 dirigida por Rob Reiner.

Aunque la que es considerada una de las mejores actrices estadounidenses de todos los tiempos ganó un Oscar por su interpretación de Annie, la enfermera que rescata de un barranco al escritor Paul Sheldon, que tanto admira, no quedó conforme con su trabajo en aquel filme.

Bates quería ser más feroz, más endiablada, tocar los límites de la maldad humana, según lo relataba Stephen King en la novela que dio origen a la película; sin embargo, en lugar de amputarle a Sheldon las dos piernas con un hacha, terminó fracturándole sólo los pies. El que fuera el papel que la convirtió en una verdadera estrella internacional del cine, le fue ofrecido primero a Anjelica Huston y luego a Bette Midler. Ambas lo rechazaron.

En 1993, dejamos de tenerle miedo y lloramos junto a ella cuando, en un inolvidable rol de “madre coraje”, sacó adelante a sus cuatro hijos en A Home of Our Own (la versión para Latinoamérica se tituló “Nuestro propio hogar”), el filme dirigido por Tony Bill, en el que aparece un todavía verde pero inmejorable Edward Furlong como el narrador de la historia.

La película, que tenía comprados todos los boletos para convertirse en un dramón lacrimógeno y cursi a los que son tan afectos los magnates de Holywood, terminó como un notable fresco de la Norteamérica profunda, encarnado en esa mujer que sólo se permite llorar un poco cuando ve su casa incendiada, para luego comenzar a planificar el que será su nuevo hogar. Levantarse después de caerse, nunca dejar que la adversidad te haga papilla: eso nos enseñó la buena de Kathy y le creímos.

Porque a esta mujer nacida en Memphis el 28 de junio de 1948 le creemos todo, desde que con su rotunda figura de mujer de este mundo comenzó a llenar la pantalla con unas dotes histriónicas sobrenaturales.

Graduada en Bellas Artes en Dallas, en 1969, tuvo un paso fugaz como cajera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el célebre MOMA, para encarar en 1971 una carrera cinematográfica imparable, caracterizada por varios hitos indelebles, huellas de una pasión actoral que transmite con sangre y fuego a sus espectadores.

Debutó en la pantalla grande con Taking off (traducida al español como Juventud sin esperanza), de Milos Forman. Si uno pone en el portal YouTube la guía: “taking off kathy bates” aparecerá aquella escena formidable cuando ella, jovencísima, entona una dulce balada folk de la época.

Tenía el rostro cetrino, el pelo oscuro y unos rasgos achinados que la acompañan hasta hoy. Bates, por supuesto, pertenece a ese 40 % de los actores y actrices que no se han hecho una cirugía estética que la dejara inexpresiva. Al fin y al cabo, es ese rostro de goma, capaz de hacer mil gestos por segundo, lo que la ha llevado a la cumbre.

Una mujer sincera

Sacada de su hábitat, que es un set de filmación, Bates tiene una imagen aplacada, poco enérgica, de señora buena que siempre dice lo que piensa aun a riesgo de contradecirse, como en aquella entrevista otorgada a un talk show estadounidense donde habló pestes de Woody Allen. Era julio de 2006 y la actriz no tenía buenos recuerdos de Sombras y nieblas, la película de 1991 donde actuó a las órdenes del gran director.

“Es un neurótico y haber trabajado con él fue una experiencia muy frustrante, porque a los actores no se nos daba nada de información”, dijo, no sin antes advertir que jamás volvería a ponerse bajo la lente de Allen.

Algo cambió en la mente de Bates, porque ahora es una distinguida integrante de Midnight in Paris, el nuevo filme de Woody protagonizado por Owen Wilson, Rachel Adams y Marion Cotillard.

En general, la actriz de Tomates verdes fritos y Titanic, una de las más respetadas y admiradas por sus propios colegas, suele hablar bien de todo el mundo y, en el ejercicio del elogio a sus pares, suena veraz.

Sin falsa calidez, por ejemplo, no dijo más que cosas buenas de Adam Sandler, un actor sin dudas menor a su lado, con quien hizo Waterboy, una comedia desopilante de 1998 y en la que ella aceptó participar porque su sobrina la convenció.

Tampoco tuvo Kathy ningún empacho en admitir que James Caan, su increíble compañero en Misery, nunca fue su amigo y que esa circunstancia no cambió a raíz de la película; menos pudor tuvo en revelar que fue elegida para el inolvidable papel de la enfermera Annie, “porque en esos tiempos, Rob Reiner estaba saliendo con Elizabeth McGovern", con quien Kathy protagonizaba una obra de teatro en Broadway.

“Rob venía todas las noches a las funciones y algo vio en mí que le hizo pensar que era buena para el papel en Misery”, dijo la actriz de antepasados irlandeses.

Habla maravillas de Warren Beatty, quien le ofreció un papel en el legendario filme épico Reds, de 1981, que ella no pudo aceptar por problemas de visa que le impidieron viajar al extranjero, donde se rodaba la película. Más tarde, Warren la compensó con un pequeño papel en Dick Tracy.

En una bañera con Jack Nicholson

“Si te toca meterte en una bañera con Jack Nicholson, lo único que te puedo decir es: relájate y goza”, fue más o menos la premisa de Katy Bates cuando en la recordada About Schmidt, de 2002, ambos actores protagonizan una de las escenas más hilarantes del cine contemporáneo: Schmidt (Nicholson) disfruta de un relajante spa en casa de su futura consuegra (Kathy Bates), hasta que ella se introduce también en la bañera para comentar la unión de sus respectivos vástagos.

Por ese trabajo, Bates recibió sendas postulaciones al Globo de Oro y al Oscar, además del premio de la crítica de su país. Kathy, que hacía el papel de Roberta, contó que la escena se filmó con muy poca gente alrededor. “Alexander Payne (el director) me hizo sentir muy cómoda. Me sirvió un Cosmopolitan antes de comenzar a rodar, así que fue una muy buena experiencia. Obviamente, trabajar con Jack es algo que a cualquier actriz , y no soy la excepción, le resulta emocionante”.

“Trabajar con él fue realmente algo genial. Él es uno de los actores más profesionales que conocí”, agrega.

Bates, de 63 años, dice que a esta edad hace los papeles con las vísceras. Y así también los elige, desde el estómago: “Busco un rol que pueda entender y amar y que, al mismo tiempo, implique un desafío, algo distinto, algo diferente. En general, si siento una reacción visceral cuando leo el guión, me digo inmediatamente: -Tengo que hacer esto”, cuenta.

Con casi 50 filmes en su haber, no tiene dudas en elegir a Dolores Claiborne, de 1995, que en español se llamó Eclipse total, como su favorita. “La actuación en esa película (basada en una novela de Stephen King) requirió una gran labor de artesanía. Representar a un personaje en sus distintas edades implicó un gran desafío que me hace sentir muy orgullosa”, declara.

El amor por Sam Mendes

Kathy Bates, que ha trabajado con los directores más diversos, elige entre todos a Sam Mendes como su favorito.

A las órdenes del ex marido de Kate Winslet, Bates filmó A revolutionary road, el filme que marcó el regreso de la pareja de Titanic, Leo Di Caprio y la nombrada Winslet.

Basada en una novela de Richard Yates, la historia se refiere a un joven matrimonio que habita los suburbios de Connecticut y que poco a poco se resquebraja, dando origen a una tragedia inevitable.

Kathy Bates, como la vecina Helen Givings, que parece no entender nada y al final lo entiende todo, está, como es de esperarse, monumental. Su desempeño se lo debe a Mendes: “Es tan elocuente y realmente sabe cómo trabajar con cada uno de nosotros y cómo hacer que cada uno se sienta muy especial. En el set me hacía sentir todo el tiempo que estaba loco por mí, hacía tiempo que no me sentía tan satisfecha con una película”, contó la actriz.

Obsesionada con su propio rendimiento, Bates vuelve a ver una y otra vez las películas en las que trabajó. También recorre aquellos filmes que le gustaron en su juventud.

“Me interesa ver las cosas en un momento diferente de mi vida. Cómo era yo cuando vi esa película y como soy ahora”, dice.

La mujer de la tele

Fanática del canal Animal Planet, Bates tampoco se pierde una sola emisión de American Idol y sigue más o menos en orden la serie Entourage.

Sin embargo, es poco el trabajo desarrollado por la actriz en la pantalla chica.

Por su interpretación como Helen Kushnick, en la teleserie de HBO The Late Shift (1996), conquistó el Globo de Oro. También como Miss Hannigan en Annie (1999) de la ABC, fue postulada para otro Globo de Oro y ganó el American Comedy.

Durante la quinta y la sexta temporada de The office, Bates apareció en la serie cubriendo el entrañable rol de Jo Bennett, una escritora solitaria cuya única compañía es su perro gran danés.

Finalmente, luego de mucho resistirse, dijo sí y ahora tiene su propia serie.

Se trata de Harry´s Law, cuya primera temporada estrenó Warner Channel el 18 de julio. Pensada primeramente para que la protagonizara un hombre, la serie cuenta la historia de Harriet “Harry” Korn, una abogada de patentes que a los 60 años pierde su trabajo y decide dar un golpe de timón a su vida con su propio bufete. La cosa no será tan sencilla y algunas inesperadas circunstancias la llevarán a elegir un local que fue anteriormente una zapatería, ubicado en un barrio marginal. La serie fue creada por David Kelley, quien ya acertó con otros títulos legalistas como Chicago Hope, Ally McBeal, The Practice, L.A. Law y Boston Legal.

Junto a Harriet está Adam Branch, encarnado por Nathan Corddry, un joven abogado que con métodos poco ortodoxos, mucha estrategia y humor se enfrenta a los casos más complicados. La rubia Jenna Backstrom es asistente y mano derecha y siempre está dispuesta a ayudarla, incluso fuera del trabajo. Además, es la responsable de vender los zapatos en el bufete. Malcom Davies, interpretado por Aml Ameen, también cumple un papel importante en el desarrollo de la historia.

La actriz, que ya ha firmado por la segunda temporada, se sintió fuertemente atraída por el personaje de la serie, aunque protagonizar una serie de televisión no ha sido una tarea para ella, animal de cine al fin y al cabo.


“Las horas se hacen largas en un estudio televisivo”, dice Bates, quien abandonó su deseo de interpretar varios papeles en la pantalla grande, para decidirse a encarnar a la abogada madura, con un sentido particular de la justicia.

“Durante mucho tiempo me negué a hacer televisión porque no quería quedar atrapada interpretando a la misma persona, pero con un personaje como Harry, cuyas capas para dar a conocer son muy atractivas, se me hizo imposible sostener el no”, concluye.


Kathy, la directora

A finales de 1999, Bates dirigió su primera película por cable, Dash and Lilly, de A&E, protagonizada por Sam Shepard y Judy Davis, que fue postulada para tres Globos de Oro y 13 premios Emmy. Sus logros como directora incluyen Homicide, de NBC, NYPD Blue, de ABC y Oz, de HBO. La actriz ha dirigido también cinco episodios de Six feet under.






domingo, 14 de agosto de 2011

La honestidad brutal de Ozzy Osbourne


Adelanto exclusivo de DÍA SIETE: Qué cuenta el Príncipe de las Tinieblas en I’m Ozzy: confieso que he bebido, la autobiografía que rompió récords de ventas en su versión original en inglés en 2010 y que, en septiembre, la editorial Océano comenzará a distribuir en México.


Dice que hizo su autobiografía con la poca gelatina que le queda por cerebro y aun así, con esos jirones de verdad intransigente con que viste los recuerdos que todavía lo asaltan, Ozzy Osbourne resulta un escritor al que es difícil renunciar.

Hasta el punto final de Ozzy: Confieso que he bebido, las memorias del padrino del heavy metal que la Editorial Océano distribuirá en México en septiembre, el lector cae en la cuenta de que si esto es de lo que el padre de Elliot, Louis, Jessica Aimee, Kelly y Jack, evoca en sus 62 años gastados por el alcohol, los accidentes y las drogas, cómo será aquello que se ha perdido para siempre en el laberinto de su cerebro tenebroso y doliente.

Por lo pronto, una humorada en forma de hoja en blanco da inicio al libraco de 356 páginas que, a fuerza de ser veraz, el príncipe de las tinieblas no escribió rigurosamente hablando. En realidad, fue su amigo, el periodista Chris Ayres, quien se puso con una grabadora encendida frente al viejo Ozzy y documentó las memorias de un falso desmemoriado: el ex frontman de Black Sabbath se acuerda de aquello que hace falta recordar.

“Decían que nunca escribiría este libro. Pues que se jodan: aquí lo tenéis. Ahora sólo me falta recordar algo…”, dice el rockero nacido en Aston, Birmingham, el 3 de diciembre de 1948.

Por no olvidar, no olvida la terrible muerte del guitarrista Randy Rhoads, miembro de la banda de Ozzy cuando éste ya había emprendido su largo camino en solitario luego de que los otros miembros de Black Sabbath lo echaran por borracho, pendenciero y drogadicto.

La trágica desaparición de Rhoads, el único que no tomaba drogas y bebía unas pocas cervezas en el grupo, tal vez un vaso de anís de vez en cuando, sorprendió a Osbourne mientras dormía. Ex integrante de Quiet Riot, Randy era un excelso guitarrista con tan sólo 25 años, cuando, en 1982, en el transcurso de una gira con Ozzy rumbo a Orlando, Florida, aceptó de buena gana un viaje por avioneta, invitado por el conductor del microbús que llevaba a la banda.

“El chófer se llamaba Andrew Aycock. Seis años antes había estado involucrado en un mortal accidente de helicóptero en los Emiratos Árabes Unidos. Cuando paramos en las cocheras para reparar el aire acondicionado, Aycock decidió que la apetecía ver si aún podía pilotar aviones. Y entonces, sin pedir permiso a nadie, se hizo de una avioneta propiedad de un amigo suyo”, cuenta Ozzy.

El piloto, que había consumido grandes cantidades de cocaína antes de volar, había perdido la pericia. Randy Rhoads y Rachael Youngblood, la maquilladora, fueron en busca de su destino fatal cuando se subieron a la aeronave no sin antes exigirle a Aycock que no hiciera piruetas en el aire. “Si es verdad que lo prometió, además de un chalado y un drogata era un mentiroso: todos los que estaban en tierra cuentan que pasó rozando dos o tres veces por el autocar antes de segar con el ala el techo a pocos centímetros de donde estaba”, relata Osbourne.

A lo largo de la autobiografía, el fantasma de Randy se cuela por las páginas. Su desaparición es algo que todavía Ozzy no puede digerir: “Aún hoy me resulta desagradable hablar de ello o, recordarlo incluso. De haber estado despierto, no tengo dudas de que habría estado dentro de aquel puto avión. Conociéndome, habría ido colgado del ala , borracho y dando volteretas. Pero es absurdo que Randy se subiese al avión. Randy odiaba volar”.

Los enigmas de Ozzy

En el apartado destinado a contar fotográficamente la vida de Ozzy Osbourne, las imágenes plantean el primer enigma: ¿cómo es que este bueno para nada, nacido en la absoluta miseria en Aston, llegó a ser el amante padre de seis hijos, un multimillonario que vive sus 62 años en una mansión, bebiendo té a raudales y consumiendo sólo los remedios medicados?.

El padrino del heavy metal es el primer sorprendido. “Mi padre siempre pensó que yo haría algo grande: - Tengo una corazonada, John Osbourne, me decía después de unas cuantas cervezas. O acabas haciendo algo muy especial o acabas en la cárcel. Y tenía razón el viejo: antes de cumplir los 18 años ya estaba en la cárcel”, cuenta Ozzy, construyendo un autorretrato sin concesiones. Si algo hay que agradecerle a este libro que amarán las huestes aficionadas al músico y que incluso disfrutarán los lectores ajenos a la fascinante personalidad de su autor, es la sinceridad con la que Osbourne habla de sí. Sus trabajos frustrados, salvo aquel en que separaba las tripas de los cerdos en un matadero, sus fracasos escolares, producto de una dislexia galopante que le fue detectada cuando ya era mayorcito, sus pocas habilidades como ratero que lo llevaron a conocer prontamente la prisión (su padre no quiso pagar la fianza para sacarlo de la cárcel, un sitio al que juró no regresar jamás, tan mala fue la experiencia tras las rejas), son el testimonio de un verdadero chico-problema por cuyo futuro nadie hubiera apostado dos centavos.

“Salí de la cárcel a mediados del invierno de 1966. Joder, qué frío hacía. Los carceleros se compadecieron de mí y me dieron un abrigo viejo que apestaba a naftalina. Luego sacaron la bolsa de plástico con mis cosas y la volcaron sobre la mesa. Carteras, llaves, cigarrillos. Recuerdo que pensé lo que sería recuperar tus cosas tras treinta años, cuando forman la cápsula del tiempo de un universo perdido. Después de firmar algunos formularios abrieron la puerta, descorrieron un portón con alambre de púas y salí a la calle. Era libre y había conseguido sobrevivir en prisión sin que me rompiesen el culo ni me matasen a palos. Pero, entonces, ¿por qué carajo me sentía tan triste?”.

Y, sin embargo, Ozzy lo hizo. A riesgo de parecer cursi uno podría decir que lo salvó el humor, que fue su propensión a tomarse la vida un poco en broma y a obrar en consecuencia lo que finalmente logró encauzarlo en una ida directa hacia la socialización más o menos digna, pero lo cierto es que aun cuando se dedicaba a hacer chistes John Osbourne era un verdadero salvaje. Como la vez en que quiso doblegar la resistencia al hachís que presumía el verdulero del barrio.

- “No, que a mí eso no me hace ningún efecto – decía”

Con un bote hachís afgano, Ozzy quiso vencer la indiferencia a las drogas de Charlie, el verdulero. Y lo hizo adicto.

“- ¿Pero qué era eso que me diste la otra noche. Cuando llegué al mercado estaba alucinando. No pude ni salir de la furgoneta. Me quedé tirado en la caja, entre las zanahorias, con el abrigo por encima de la cabeza y gritando. ¡Pensaba que habían llegado los marcianos!.

- Lo siento, Charlie – le dije

- ¿Puedo pasarme mañana por un poco más? – añadió”

Vivir de prestado

Otro de los enigmas que rodean la fantástica existencia de John Michael Ozbourne y que el artista explora profusamente en I am Ozzy, el libro que debutó con el número 2 en la lista de best sellers del New York Times, cuando salió en inglés, en 2010, es por qué demonios sigue vivo. Así como lo lee. No hay ciencia que pueda explicar la razón por la que este hombre que estuvo a punto de morir quemado en un hotel cuando dejó el cigarrillo encendido, que se aspiró un gran paquete de cocaína durante una redada policial en Los Ángeles, que cuando llegó por primera vez (engañado) a la clínica de desintoxicación Betty Ford le preguntó a su fundadora dónde estaban los cócteles, respira todavía. Y hay más: cuando no se subió a la avioneta donde murió Randy Rhoads porque estaba dormido, cuando a principios de los 90 le diagnosticaron, equivocadamente, esclerosis múltiple, cuando se cayó con su moto en un bache provocado por una bomba alemana durante la guerra en Buckinghamshire, al sur de Inglaterra…Ni el propio Ozzy logra explicarse por qué sigue dando lata en este lado del mundo, como si el Más Allá prefiriera que el Príncipe de las Tinieblas viva aún de prestado en esta dimensión a recibirlo con los brazos más o menos abiertos en la esfera de la nada. No hay mejor muestra de ese asombro que el informe médico llevado a cabo en Hidden Hills, California, en 2009 y al que el músico le dedica un capítulo entero en su libro.

Comienza el doctor preguntándole si alguna vez tomó “drogas recreativas”. El cuestionario prosigue con algunas respuestas tímidas y positivas de Ozzy.

“- Entonces, ¿marihuana, Speedy y…algunas rayas de cocaína?

- Sí, eso vendría a ser todo

- - ¿Y está seguro de eso?

- Ajá

- Quiero estar absolutam…

- ¿La heroína cuenta?”

Y por un tiempo largo siguen las preguntas. Que si la cerveza. Que si el coñac. Los cigarros. Todo parte de una rutina de más de 40 años.

“¿Y hay algo más en su historial médico que deba saber? –preguntó el médico.

Veamos – dije yo. Una vez me atropelló un avión; bueno, casi. Y me he roto el cuello montando en un quad. Durante el coma morí dos veces. También he tenido sida durante 24 horas. Y he creído tener esclerosis múltiple, pero resultó ser un temblor de Parkinson. Y una vez me partí la cabeza. Ah y he tenido gonorrea unas cuantas veces. Y un par de convulsiones, como aquella vez que tomé codeína en Nueva York o cuando me metí la droga de los violadores en Alemania. Y eso es todo, en serio, a menos que quiera incluir el uso de medicamentos con receta.

El médico asintió.

Luego carraspeó, se aflojó el nudo de la corbata y dijo:

- Tengo otra pregunta que hacerle, señor Osbourne.

- Adelante, doctor

- ¿Por qué sigue usted vivo?”

Tony Iommi, Los Beatles y el probador de claxon


La primera incursión de Ozzy Osbourne en la música se dio cuando su madre le consiguió un trabajo como afinador de claxons. Había que afinar unas 900 bocinas de coches al día y la chamba casi lo deja sordo. Renunció el día en que conoció a un obrero de la fábrica que había recibido un reloj de oro como toda compensación por 30 años trabajados. “Estaba harto. Solté el destornillador, crucé la puerta pasando por delante de mi madre, dejé atrás el portón de la fábrica y me fui directo al bar más cercano. Así terminó mi primer trabajo en el mundo de la música”.

Contra lo que pudiera pensarse, no fue sino la música de Los Beatles que dio origen al gran renovador del heavy metal, cofundador de Black Sabbath, la banda más influyente e importante del género.

Ozzy cobró el cheque de la fábrica de bocinas de autos y con ese dinero se compró el segundo disco de los cuatro de Liverpool. “En cuanto llegué a casa con él, todo cambió”, confiesa el rockero, quien por entonces no tenía la menor idea de que la vida lo iba a llevar a compartir escenario con el mismísimo Paul McCartney, su gran ídolo. Fue en la entrega de los premios británicos a la música en 2008, cuando Ozzy, acompañado por su familia, le entregó el galardón al bajista de Los Beatles, de quien Osbourne tiene una colección de pósters en uno de los cuartos de su mansión angelina. Ozzy, que ha hecho una increíble versión de “In my life” junto a Slash, el ex guitarrista de Gun´s Roses, también participó haciendo coros en el disco del baterista Ringo Starr, Vertical man, en 1998.

Más allá de sus míticas y místicas relaciones con Los Beatles, nada transformó más la vida de Ozzy Osbourne que el haber conocido a Tony Iommi, el gran guitarrista de los dedos deformes que fundó, junto al bajista Terry "Geezer" Butler, el baterista Bill Ward y el propio Osbourne, la impresionante banda de heavy metal Black Sabbath.

A edad muy temprana, Ozzy aprendió a querer a Tony: “Había un chico en la escuela que no me pegó nunca: Tony Iommi. Aun así, me intimidaba. Era un tipo grande, buen mozo y le gustaba a todas las chicas. Era increíble, uno de esos talentos naturales: podrías haberle dado una gaita de Mongolia y en dos horas habría aprendido a arrancarle un riff de blues”.

En la adolescencia, si algo quería Iommi era pegarle a Osbourne o al menos no tener que ver nada con él. Fue cuando Bill Ward lo llevó a la casa de Ozzy a la busca de un cantante, respondiendo a un aviso que Osbourne había pegado en las paredes pidiendo músicos para su proyecto “Ozzy Solo”.

“- Lo que sé seguro es que no se llama Ozzy Solo. Se llama Ozzy Osbourne y es idiota. Vámonos de aquí”, fue el comentario definitivo –o casi- de Tony.

La persistencia de Bill le dio una oportunidad al cantante y allí nació Black Sabbath, una banda que estuvo a punto de morir cuando Iommi fue convocado por Jethro Tull, una oportunidad que un chico pobre de Aston no podía dejar pasar.

El destino de Ozzy parecía sellado: ¿qué harían sin Tony? Un futuro en el matadero de cerdos o la vuelta con la cola entre las patas a la fábrica de bocinas para coches lo esperaba a la vuelta de la esquina. Sin embargo, Iommi regresó.

“-¿Cómo que lo has dejado? –dijo Geezer en la reunión de emergencia convocada en el bar pocos días antes de Navidad.

- No era lo mío – dijo Tony encogiéndose de hombros”.

Sharon, la MTV y todo lo demás

De no haber sido por Sharon Arden, la mujer con la que se casó en 1982, luego de haberse separado de su primera esposa, Thelma, la vida musical y probablemente la personal de Ozzy Osbourne no hubiera perdurado más allá de la última borrachera. Y por cierto, hubo muchos alcoholes antes de la redención total del músico, quien hoy no acepta ni siquiera una cerveza como aperitivo. “Bebo té a raudales, el que es adicto lo es hasta en el té”, confiesa.

Sharon, que persiguió con tenacidad el alcoholismo y la drogadicción de su marido (“Pronto se dio cuenta de que en realidad no tenía mucho interés en la horticultura”, cuenta Ozzy al rememorar las veces que escondía las botellas de vino en el jardín de su casa en Inglaterra), logró tener con él tres hijos, encarrilarlo en una fructífera carrera musical como solista luego de que la banda lo echara por sus problemas con las drogas y el alcohol y hacerlo resurgir para las nuevas generaciones con el show de la MTV , The Osbournes, entre el 2002 y el 2005.

Es particularmente enternecedor el capítulo que Ozzy le dedica a su esposa, cuando a esta se le descubre cáncer de colon. La desesperación se hace presa de Osbourne, quien no duda en reconocer la gran deuda de vida que mantiene hacia su amada cónyuge.

Con una honestidad brutal que no evade las palabrotas y la expresión de los pensamientos radicales que lo acompañaron a lo largo de su vida, Ozzy se confiesa ante sí y ante los fans. Su autobiografía es el emotivo testimonio de un muchacho que nunca dejó de pertenecer a su barrio bajo de Aston, un tipo simple, sin ninguna pretensión más que la de sobrevivir en medio de todas las carencias y de un sinnúmero de dificultades.

Por no olvidar, Ozzy recuerda la vez que estuvo a punto de matar sin querer a un párroco que fue a visitarlo, dándole de comer un pastel de hachís, la vez que quiso estrangular a su esposa Sharon, aquella en que se puso a fusilar gallinas o cuando se pasó de borracho en un cumpleaños de su pequeño hijo Jack.

Otros famosos podrán contar en sus memorias lo buenos que fueron con sus vecinos ancianos o qué feo sería el mundo sin sus millonarias donaciones a la beneficencia. No es este el caso. Valiente, este Osbourne. Valiente como pocos.


¿Se comió o no un murciélago en el escenario?


“El concierto estaba saliendo genial. La mano divina funcionaba sin problemas. Y, entonces, desde el público, salió un murciélago. Un juguete, evidentemente, pensé. Así que lo levanté ante los focos y enseñé los dientes mientras Randy tocaba uno de sus solos. El público se volvió loco. Y entonces hice lo que siempre hacía con los juguetes de goma sobre el escenario: ÑAM. De inmediato noté que algo iba mal. Muy mal. No me jodas, pensé, no me jodas, acabo de comerme un murciélago”.



¡Ese muro contra el que estás meando es El Álamo!

“Y ahí estaba yo, con el vestido de noche de Sharon, suelto por las calles de San Antonio, armado con una botella de Courvoisier y con ganas de bronca.” Tres horas pasó encerrado Ozzy, compartiendo calabozo con un veinteañero mexicano que acababa de matar a su mujer con un ladrillo. “Supongo: mear en El Álamo no es lo más inteligente que he hecho en mi vida”, acepta un compungido Osbourne.