martes, 31 de mayo de 2011

ENTREVISTA A ALMA GUILLERMOPRIETO


“No creo que mi nota sea más importante que la vida de un entrevistado”

Tiene un rostro perfectamente delineado, con una armonía de rasgos que pareciera esculpida con un cincel de artista. Sus movimientos de gacela y su voz entre tenue y susurrante le dan un aire abstracto que cobra materialidad y rotunda presencia cuando Alma Guillermoprieto sonríe. La célebre periodista mexicana, una de las reporteras más admiradas por sus colegas y por el mundo lector que sigue línea a línea sus deslumbrantes crónicas en The New Yorker o en The Washington Post, no parece estar presa de esa personalidad fascinante que la ha puesto en el centro de atención desde que se dedicara con pasión y rigurosidad, hace de esto 30 años, al oficio de reportera. Hablando de su jardín, de cómo las plantas reverdecen aun cuando ya no se lo espera, de cómo podría haber sido, sin falsa modestia, una muy buena cantante de blues, la periodista le hace frente a su propio mito y se yergue frente a la vida con una energía que desmiente la edad que dice su fecha de nacimiento.

Nacida en 1949, Alma acaba de presentar su libro Desde el país de nunca jamás, un compendio de sus magníficas crónicas publicadas entre 1980 y 2010. El conflicto civil en El Salvador, la crisis de Granada, la masacre del Mozote, el éxito internacional del grupo musical Menudo, la proliferación de sectas y religiones en Río de Janeiro o la lucha entre el gobierno peruano y Sendero Luminoso son tratados por Guillermoprieto con rigurosidad y pluma amena.

Alma, quien a lo largo de su carrera ha recibido, entre otras distinciones, el premio de la Latin American Studies Association y el Doctorado Honoris Causa por la Baruch University, habla en esta entrevista de su pasión por Latinoamérica y de cómo en México, su país natal, todo reverdece, a pesar de todo.

Mujer de fe, periodista de raza

- ¿Sigue teniendo tan poca fe en el futuro del periodismo como cuando dio aquella entrevista en El País?

- Tal vez me he consolado un poco y me haya hecho más optimista con la publicación de este libro, Desde el país de nunca jamás (Random House Mondadori), porque veo que ahí hay relatos que tienen 30 años y a lo mejor la gente todavía quiere leer. Entonces pienso que el relato impreso puede tener cierta vida. Por otro lado, también veo que la gente lee en Internet, lee libros electrónicos, que Amazon está vendiendo más libros que nunca y eso también refuerza la fe en la lectura. Además, he empezado a hacer ciertos experimentos en Internet que no han salido tan mal y veo desventajas y desventajas.

- ¿Cuál es ese proyecto?

- El proyecto que armé junto con otros 71 escritores y reporteros mexicanos se llama 72migrantes.com y es un esfuerzo por darle rostro y nombre a los 72 migrantes centroamericanos que murieron en agosto en Tamaulipas. Y me di cuenta, haciendo ese proyecto, que logré reunir a 72 autores con sus textos en tiempo récord, realmente, en dos meses, eso no se hubiera podido hacer con un trabajo impreso. Por otro lado, Internet, que parece ser una cosa muy flexible, que se presta a narración no lineal y cosas así, es lo más lineal del mundo, es muy torpe. Es un instrumento, tecnológicamente hablando, mucho más atrasado que un libro. Por el momento, obviamente, eso está cambiando rápidamente, pero por ahora un libro es perfecto y un proyecto complejo como 72migrantes.com en Internet es todavía torpe, cuesta trabajo navegar, uno tiene que ir con el dedo y hacer pum, pum, pum, no hay otra manera de escapar de esa linealidad. Fue un experimento interesante.

- ¿Es probable que salga un libro de esa experiencia?

- Sí, entre otras cosas porque la gente más “internética”, incluyendo a la mujer que hizo la programación del portal, cuando le comenté que a lo mejor salía un libro, me respondió: - Ay, sí, qué padre, yo quiero un ejemplar. Porque un libro es una cosa que se puede tener y los seres humanos vamos a tener cosas que nos gustan.

- ¿La fe en la profesión podría también darse a partir de las nuevas generaciones?

- Absolutamente. Ese pesimismo que yo reflejaba, hablando de aquella nota en El País, tenía que ver sobre todo con mi generación. Los jóvenes tienen el mundo por inventar y lo van a inventar. Periodismo siempre va a haber, porque necesitamos información. Y literatura de no ficción como los textos que están reunidos en mi libro, también va a haber, porque necesitamos no sólo información, sino también necesitamos experimentar el placer de la lectura, necesitamos reflexión, que nos cuenten un cuento, es uno de los impulsos fundamentales del ser humano: contar el cuento y escuchar el cuento.

- Es muy interesante su método en el taller de periodismo para jóvenes que consiste en que se critiquen los textos entre ellos…

- Cuando empecé esa experiencia, en los primeros dos talleres, los hombres sobre todo se rebelaban. Ellos no querían exponerse así, no conocían el sistema de que alguien les editara un texto, pero insisto en que el periodismo es un oficio, no es una profesión y obviamente tampoco un arte, aunque tiene mucho de artístico. Los oficios se aprenden artesanalmente, siendo aprendiz de oficio. Y se aprenden también reuniéndose con los otros zapateros, con los otros reporteros, a tomarse una cerveza y hablar del asunto. Y un taller, finalmente, en la Fundación de Nuevo Periodismo, es una oportunidad de reunirse a hablar del oficio entre reporteros jóvenes de toda América Latina.

- Dicen que nunca el tiempo pasado fue mejor, pero era lindo aquel mundo en el que predominaban los oficios…

- Sí, claro. Creo que una de las grandes equivocaciones de los modelos económicos que se adaptaron en América Latina, en México, en los ´40, fue fabricar licenciados y desconocer la enorme tradición artesanal que había en todos nuestros países, destruir una tradición artesanal y crear con ello ejércitos de desempleados.

- Cuando tuvo su reciente libro en la mano y lo recorrió desde El Salvador a Ciudad Juárez, como sus crónicas, ¿Cómo se sintió?

- Me sentí vieja, porque son 30 años de oficio y me sentí también un poquito orgullosa no por los textos en sí, sino del sudor, del trabajo, que les he invertido. Cada texto me llevó tres meses de reportería, de caminar, de esfuerzo, a veces también de riesgo. Y luego de sufrimiento a la hora de escribir, de trabajo colectivo con la revista, con el editor para pulir el texto, con los verificadores de datos para que no vaya con errores. Son textos muy trabajados, muy esforzados.

- ¿Volvió a leer todos los textos para la publicación del libro?

- Sí. Mucha gente piensa que lo que hay en el libro son dramas y desastres, que los hay, claro, pero lo que me llamó la atención es el humor que hay por ejemplo en los retratos de Carlos Menem (ex presidente de Argentina), de Alberto Fujimori (ex presidente del Perú), del líder de los pepenadores, en el relato del Brasil, de las situaciones absurdas de un presidente que está por ser despedido y la gente que se interesa más por el drama de una telenovela. Me he reído mucho a lo largo de estos años y eso también está reflejado en El país de nunca jamás.

- Lo que sí parece viejo es ese anhelo de pensar en Latinoamérica como un país. México, por ejemplo, está tan lejos de la experiencia latinoamericana…

- México siempre ha mirado hacia el Norte. Cuando llegué por primera vez a Nicaragua, yo sabía que estaba en Centroamérica y lo que hice en el aeropuerto fue fijarme si Nicaragua quedaba adelante o atrás de Costa Rica y son nuestros vecinos más inmediatos. No sólo México ha mirado siempre hacia otro lado. Brasil tardó en reconocer que es parte de este hemisferio. Argentina se ha creído siempre parte del Cono Sur…

- Cuando no se cree parte de Europa

- Justamente. Para mí lo interesante, gracias al privilegio de ser una reportera, es haber caminado país por país, recorrido los territorios en buses, en taxis destartalados, y ver lo parecidos que éramos. Digo siempre que me siento latinoamericana porque he vivido en muchos países, como Nicaragua, El Salvador, Colombia, en Brasil, pero también porque es cierto. Nos parecemos.

- En estas dos visiones que hay sobre el periodismo de reportaje, una que plantea que no hay que involucrarse y la otra que sí, ¿dónde se encuentra usted?

- Procuro escribir a partir de lo que recuerdo de mis reportajes. Porque lo que recuerdo es lo que me conmovió, es lo que me impresionó y le va a dar impulso a las palabras que voy a usar. Y después, tomo el cuaderno, reviso mis notas y veo que no inventé nada, pero mi impulso primero es la memoria; trato sí, de ser clara con mis entrevistados, muchos de los cuales se encuentran a menudo en situaciones límite. Yo no los puedo ayudar. Eso para mí es lo más difícil, lo más terrible, de mi trabajo como reportera. No los puedo ayudar. Les estoy quitando tiempo y ellos muchas veces quedarán con la esperanza de que a lo mejor de ese artículo que voy a publicar va a salir algo bueno. No es cierto: y quiero que les quede claro. Eso es terrible y por eso agradezco tan profundamente a mis entrevistados, porque su generosidad es pura y simple.

- Frente al entrevistado, ¿cuándo parar?

- Trato siempre de respetar la vulnerabilidad de mis entrevistados. No quiero que nadie corra el menor riesgo por hablar conmigo. No creo que mi nota sea más importante que la vida de un entrevistado o que la paliza que le puedan dar por hablar conmigo. Lo que sí procuro es quedarme más allá de mi propio aburrimiento y del aburrimiento de los entrevistados. Después de 30 de años de oficio, uno corre el peligro de escuchar siempre las mismas respuestas y en medio de un calor sofocante, que detesto el calor, en medio de un lugar lleno de polvo, mi impulso es cerrar el cuaderno y decir: -vámonos de aquí, me está esperando en el hotel un buen trago frío. Hay que quedarse más allá de eso, hasta que uno escucha la respuesta sorprendente.



El Salvador y más acá



“Los cuerpos arrojados en el mar de lava salvadoreño”, “Los militares mantienen un frágil control en el pueblo de Perkín”, “Los campesinos describen los asesinatos en masa”, las crónicas que Alma Guillermoprieto ha escrito sobre la Guerra Civil de El Salvador(1980-1992) tienen una actualidad conmovedora y traen al presente la sangrienta historia de un país que aún busca su destino.



- El Salvador sigue siendo la gran cicatriz que no cierra en Latinoamérica…

- Bueno, no podría decir cómo están las cosas ahora, porque no he vuelto desde la Guerra Civil. Ahora, el mes próximo regreso a reencontrarme con ese pueblo…lo que pasa es que El Salvador fue, como Nicaragua, un país donde las grandes potencias jugaron al ajedrez, donde pisotearon a pueblos enteros y luego, cuando se les acabó el interés y terminó la Guerra Fría, nunca se volvió a hablar del asunto. Eso no quiere decir que los países hayan dejado de existir ni que los dramas que transcurrieron allí, tan espantosos, no hayan ocurrido. No creo que el periodismo sirva para gran cosa, pero sí sirve a la larga para decir: esto ocurrió aquí. Nada más.

- El periodismo sirve para que el que lo hace se divierta, ¿no?

- Sí, para uno sirve mucho, claro. El texto no creo que sirva para gran cosa, más que para hacer un testimonio, pero para nosotros es la forma más divertida de ver el mundo. Esto es como estar permanentemente en un asiento de primera fila ante el gran teatro del mundo. Es un privilegio.

- ¿Cómo relaciona ese privilegio con el éxito profesional?

- No lo relaciono. Nunca se me ocurrió y nunca me propuse el éxito profesional. Hasta hace muy poco me di cuenta de que soy, efectivamente, una periodista exitosa.

- ¿Disfruta o le pesa este status en el que todos le pedimos opinión acerca de todo?

- No me divierte. Siento que me quita una de las cosas que más disfruto en la vida que es el anonimato.

- Habla poco del miedo…

- Es que me queda claro que en cualquier otra situación parecida, cualquier otro reportero hubiera hecho lo mismo. Entonces, ¿por qué tratar el tema? Se da por hecho de que el miedo o el riesgo son parte del oficio y que si en determinado momento estuvimos en situaciones riesgosas fue porque lo escogimos.

- Se habla a menudo también de los reporteros que corren riesgos innecesarios. ¿Ese fue el caso de los periodistas muertos en Libia recientemente?

- Tim Hetherington y Chris Hondros no corrieron riesgos innecesariamente. El trabajo del reportero gráfico se distingue porque si no estás ahí, no tomas la foto. Punto. Entonces, su oficio es mucho más arriesgado que el de alguien que escribe textos. Ahora, yo entré al oficio como una despistada total y la primera amistad que hice cuando llegué a Nicaragua fue con la fotógrafa Susan Meiselas. Yo iba donde ella iba. Y entendí por entonces que así era el oficio, trabajando como fotógrafo. Tardé años en reconocerle a la necesidad a las conferencias de prensa, por ejemplo. De hecho, todavía voy poco a las conferencias de prensa.

- ¿Un reportero de espectáculos o de cultura es menos reportero?

- De ninguna manera. No le concedo ningún prestigio superior a lo que hago. De hecho, me hubiera podido dedicar a la arqueología, a ser cantante de blues, que creo que lo hubiera hecho muy bien o a ser reportera de arte o de comida, que sí he hecho. Y a todos esos oficios me hubiera dedicado de mil amores. Lo que pasa es que no decidí esta tarea a la que me dedico hace 30 años. Fue lo que me tocó. Además, un periódico tiene la obligación de presentar el mundo ante los lectores. Leo las noticias de sociales, leo la revista Hola!, leo la sección de cine del New York Times, es importante para mí.

- ¿Quiénes son sus cantantes de blues favoritos?

- Escucho a los viejos, por supuesto, como Howlin Wolf, como John Lee Hooker, ahora estoy escuchando muchísimo a Lowell Fulson, es un súper cantante. Sorprendentemente, Ike & Tina Turner eran grandes cantantes de blues, me gustan.

- En este recorrido por Latinoamérica, ¿hubo algún lugar para quedarse?

- El país que más me ha seducido es Colombia. Tiene que ver con los paisajes, con su gente, con su locura…

- Se ve muy complicada la situación de México…

- Tremendamente complicada, pero no se trata de una situación de México, sino de una situación mundial. El narcotráfico es un problema del mundo consumidor, que no es sólo Estados Unidos, con el mundo productor. Y es el problema de una guerra que inauguró Estados Unidos hace 40 años que no sólo ha resultado una guerra estúpida, sino también una guerra que ha servido para repartir el virus del narcotráfico por todo el mundo.

- Vive en México y tiene un jardín…

- El jardín es una cosa maravillosa y tener cinco macetas también es maravilloso, porque te da en qué pensar cuando estás tratando de escribir y también porque en un país con ciclos agrícolas tan lentos, en donde por ahí por marzo uno piensa que no va a reverdecer una hoja, uno va a aprendiendo que siempre reverdecen las hojas. Llegan las lluvias y todo se vuelve a cubrir de verde.

- ¿México reverdecerá?

- Ah, sí, espero que así sea.

domingo, 15 de mayo de 2011

BONO, EL SALVADOR DEL MUNDO


“Mientras estoy hablando, hay un niño que se muere de hambre”…¡Entonces, cállate!: la escena es ficción y proviene del más rancio humor irlandés. La contó el inefable conductor de televisión y comediante Graham Norton en su irreverente y muy visto show de la BBC. Aludía, cómo no, a Bono, el líder de la banda U2, nacido como Paul David Hewson, el 10 de mayo de 1960 en Dublín y muchas veces “albureado” por su modo un poco solemne de encarar una profusa e incansable labor por los más desprotegidos. Cantante y letrista de una de las agrupaciones de rock más exitosas del mundo desde mediados de los ’80, el embarnecido artista es también objeto de burlas por su rotunda estampa física y corta estatura, al punto de que el propio Norton ha llegado a llamarlo “Señora Bono”.

Reuniones con jefes de Estado y una presencia activa en las convenciones mundiales donde se trate el tema de los recursos sustentables o de cómo eliminar el hambre en el planeta, marcan la abultada agenda de un músico que ha devenido en político, sin importarle muchas veces quedar como una figura mesiánica ante los implacables ojos de sus críticos.

¿Será que Bono se cree Dios? Seguramente él no, pero sus contrincantes han hecho de la labor de beneficencia del carismático artista irlandés y de su afición a salir en la foto con los poderosos una materia sustanciosa para la comedia más hilarante. Por caso, uno de los tantos chistes que circulan en Internet: Bono y Edge mueren y van al Cielo. Allí se encuentran con Dios y Dios les pregunta en lo que creen: Edge habla en primer lugar, diciendo que él cree en su música, en la habilidad de su banda, y sobre todo ¡en la guitarra Gibson!. Dios le dice a Edge que está bien y le permite entrar en el Cielo. A continuación habla Bono ‘¿En que crees Bono?’ Pregunta Dios. Bono responde: “… Yo creo que usted está sentado en mi silla…”

O aquel otro que se pregunta ¿Cuál es la diferencia entre Bono y Moisés? Y se responde: Bono no divide el mar, camina sobre él.

De cómo el muchacho sencillo, hijo de un empleado de correos de nombre Bob, fallecido en 2001 a causa de un cáncer a los 70 años y de una ama de casa que lo dejó huérfano cuando el muchacho apenas tenía 14 años, se convirtió en un personaje capaz de ocupar un asiento en la mismísima junta del Fondo Monetario Internacional, cuyo presidente, Rodrigo Rato, le escribió una carta personal en 2007, trata la fascinante historia de un hombre imprescindible en la historia contemporánea.

Dios siempre estuvo allí

Crecido a dos aguas entre el catolicismo de su padre y el protestantismo materno, para Bono (apodo de adolescencia que alude al vocablo en latín bonavox, que a su vez es el nombre de una tienda de aparatos especiales para la sordera ubicada en Dublín), la religiosidad del músico irlandés ha ido virando en los últimos tiempos hacia una concreta labor social y política, sin por ello menguar la idea de Dios y el ejercicio de la fe como motor de un individuo con una alta conciencia del prójimo. Bono, que a menudo es llamado irónicamente “Mother Teresa” es honesto desde siempre a la hora de expresar sus ideales místicos. Así lo comprueba el legendario periodista de rock de Los Ángeles Times, Robert Hilburn, acaso uno de los mentores de U2 en los Estados Unidos y amigo personal del artista irlandés, quien ha prologado su reciente libro Desayuno con John Lennon (Océano).

Cuenta Hilburn que cuando apenas iniciaba su carrera internacional al frente de la banda que integra junto al guitarrista David Howell, más conocido como The Edge, el bajista Adam Clayton y el baterista Lawrence Mullen, Bono ya se cuestionaba y al mismo tiempo defendía el camino espiritual por el que transitaba la exitosa agrupación que lidera:

“Eso es algo curioso del rock and roll –dijo Bono cuando le pregunté por los temas que trataba el grupo en sus canciones- La espiritualidad es un tema tabú para algunas personas, pero no creo que lo que nosotros decimos sólo pueda resultar de interés para los cristianos. Me da mucha rabia cuando veo a gente que afirma que están en posesión de la verdad y que se hallan libres de pecado. Me parece una farsa que haya gente que va por ahí con la Biblia apretada contra el pecho o que sale en la televisión hablando de Jesús. También me parece una tragedia que el nombre de Cristo, que para mí es algo muy querido, se pisotee. Lo usan como si fuera una chapa que se ponen en la chamarra”, narra Hilburn en el libro citado.

En el volumen de entrevistas del periodista francés Michka Assayas, Bono in conversation, el líder de U2 conmueve a su interlocutor cuando la charla toca el tema de la religión. Al principio, Assayas le pregunta por Dios en un tono un tanto chistoso, hasta que acaba dándose cuenta de que el catolicismo, la religión que finalmente eligió, no es una pose o un tema liviano para el artista.

Pregunta el periodista:

- Cristo tiene su lugar entre los grandes pensadores del mundo. Pero... Hijo de Dios... ¿no es eso increíble?

Contesta Bono:

- Mira, la respuesta secular a la historia de Cristo siempre dice algo así... “Era un gran profeta, obviamente un tipo muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio”. Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: no, yo no digo soy un maestro, no me llamen maestro. No estoy diciendo que soy un profeta. Estoy diciendo: "soy el Mesías". Estoy diciendo: "Yo soy Dios Encarnado". Así que lo que te queda es que o Cristo era quien decía que era -el Mesías- o era un completo chiflado. La idea de que todo el curso de la civilización de medio planeta ha cambiado, que se ha vuelto del revés, debido a un chiflado... para mí, eso sí que es increíble.

Bono, entonces, como un católico ferviente, un hombre que no esconde sus devotas costumbres y que habla tan claramente de su fe en forma ostensible y pública, no se ha privado de vivir un acontecimiento que para él debe de haber significado un verdadero encuentro con la gloria de Dios: El 24 de septiembre de 1999, el irlandés tuvo una cita con Juan Pablo II en el Vaticano. Le llevó unas gafas negras de regalo y lo calificó el mejor frontman del mundo. Era la época en que tanto el Sumo Pontífice como el cantante de rock eran candidatos para recibir el Premio Nobel de la Paz.

En noviembre de 2009, Bono volvió a pisar el Vaticano, esta vez para saludar junto a un grupo de artistas mundiales a Benedicto XVI, a quien no le llevó regalo alguno.

Un hombre como todos

Se equivoca el que piensa que la arraigada religiosidad de Paul Hewson lo tiene ínclito frente a los altares de cuanta iglesia se cruce en su camino. Por el contrario, no faltan las anécdotas que revelan su vocabulario un tanto grosero y es evidente su constante actitud de rebeldía, con el cultivo de una estética callejera y provocadora.

También, aunque la gula sea uno de los pecados capitales, Bono es un hombre amante de la comida basura al punto de que, como cuenta Robert Hilburn, cuando llegó a Los Ángeles por primera vez, en 1981, estaba deseando conocer un restaurante americano de los que sirven comida en el coche: “Lo llevé a Bob’s Big Boy, un restaurante típico de esa clase en el que durante el fin de semana, había chicas que llevaban la comida hasta los coches…Mostró un particular interés por Elvis, Dylan, Lennon, Cash y Springteen. Cuando volvimos a U2, ya iba por su segunda tarta helada con caramelo líquido”.

Su imagen de fiel esposo y dedicado padre de familia tampoco es tan impoluta, toda vez que se lo ha ligado sentimental y extra-matrimonialmente con la española Penélope Cruz y la mexicana Salma Hayek. Ambas muchachas comprueban, de todos modos, lo que ya se sabe: a Bono le gustan las morenas.

Su esposa desde 1982, Ali, es morena y lo acompaña desde la escuela. Participa, además, de acciones solidarias como la creación de “Edun”, una marca de ropa ecológica que inició su andadura en el año 2005 y cuya mayor parte acaba de adquirir Louis Vuitton. La firma fue fundada con la misión de fomentar el comercio justo en regiones en desarrollo, especialmente África, a través de la utilización de materiales orgánicos como una solución responsable para el medio ambiente.

Con 28 años de casados y cuatro hijos en común, el matrimonio Hewson tiene su base en Irlanda, un país que, según la señora Bono, “nos permite tener los pies en la tierra”. En una entrevista reciente otorgada a la revista Harpers Bazaar, Ali Hewson se quejó de las constantes ausencias de su marido y reveló con un lugar común aquello de que su pareja no es, precisamente, “un cuento de hadas”.

“Como en todo matrimonio, hay un montón de trabajo duro. Pero si puedes superar los momentos difíciles, a continuación, te introduces en una nueva fase de la relación que es mejor que antes”, dijo la morena oficial de Bono y para quien está escrita aquella canción mandilona “Sweetest Thing”, en donde él le pide perdón a ella porque, a causa de las sesiones de grabación del disco The Joshua Tree, se olvidó de su cumpleaños. ¿Cómo reaccionó Ali? ¡Como una verdadera esposa de Bono!: donando las regalías del tema para ayudar a los niños afectados por el desastre de Chernobil.

A pesar de los rumores de la prensa del corazón, como aquellos que corrieron cuando encontraron al cantante disfrutando de unas vacaciones en Saint Tropez, con dos chicas de 20 años sentadas en sus piernas, Ali no parece estar preocupada por quedarse sin tan famoso marido.

“No creo que Bono quiera perder otra mujer en su vida”, dijo la mujer en entrevista, haciendo alusión a la madre que Bono perdió a edad temprana y a quien están dedicadas las canciones “I will follow” y “Mofo”.

Las obras quedan

El artista que nunca se saca las gafas oscuras y que prefiere la ropa negra, en especial de piel brillante, no predica una beneficencia de la boca para afuera. Su obra es concreta y ha servido para aliviar los males de mucha gente que no ha sido tan afortunada como él.

Una de las preocupaciones del irlandés que siempre suena como un firme candidato al Premio Nobel de la Paz es el SIDA. Su labor al frente de la asociación Keep a Child Alive, a favor de los enfermos de este mal en África, le valió una distinción con una gala celebrada en Nueva York en 2007 y a la que asistieron ilustres colegas como las cantantes estadounidenses Sheryl Crow y Gwen Stefani.

Otra de las cuestiones que le quitan el sueño a Bono es la causa de los derechos humanos. Irene Khan, Secretaria General de Amnistía Internacional, ha declarado que “Desde Live Aid en 1985 y Conspiracy of Hope de Amnistía Internacional en 1986, a Live 8 en julio de 2005, U2 ha hecho más que ninguna otra banda por la causa de los derechos humanos en general y por el trabajo de Amnistía Internacional en particular. Su liderazgo en vincular la música a la lucha por los derechos humanos y la dignidad humana en todo el mundo ha sido pionera e inquebrantable. Han inspirado a millones con su música y hablado en nombre de los pobres, los impotentes, y los oprimidos”.

Sin embargo, nada ha sido analizado con tanta obsesión por el líder de U2 como la deuda externa de los países del Tercer Mundo. La condonación de los préstamos ha sido la razón por la que Bono se ha reunido con la mayoría de los líderes políticos y económicos del mundo, no sin ser criticado muchas veces por lo que los expertos en la materia llaman “cándida ignorancia”.

“¡Muera la deuda externa, responsable de todos nuestros males!, ha gritado un Bono enfervorizado en el transcurso de varios conciertos. Economistas como el colombiano Gonzalo Chávez ponen en duda la eficacia de tal consigna: “Soy fanático de U2, pero no seguiría los consejos económicos de su líder Bono, en materia de manejo de deudas, tal vez le haría caso a Mick Jagger de los Rolling Stones, quien cursó dos años de Economía de la London School of Economics”, dijo en 2005 para Caracol Radio, no sin ironía.

Con su amigo Bob Geldof, Bono organizó en 2005 el Live 8, una serie de conciertos para combatir la pobreza. En 2001, el líder de U2 se reunió con miembros del gabinete de George Bush, para buscar soluciones a las graves desigualdades económicas que asolan a la población mundial. Ha sido postulado al Premio Nobel de la Paz en 2003, 2005, y 2006. En 2004, recibió la “Medalla de Honor Presidencial Pablo Neruda”, del gobierno de Chile. La revista Time lo nombró una de las “100 personas más influyentes” en 2004. En 2005, recibió el TED Prize y la Orden de la Libertad Portuguesa por sus labores humanitarias. En 2007, Bono fue nombrado caballero honorario por el Reino Unido, recibió el NAACP Image Award’s Chairman’s Award y la “Philadelphia Liberty Medal”, por el National Constitution Center (Estados Unidos). En diciembre de 2008 recibió el premio Man of Peace, concedido por varios Premios Nobel en una ceremonia celebrada en París, Francia.

Adoran a Bono las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de Argentina, lo quieren los pobres, las Ongs lo tienen como su héroe y él no se cansa de recibir distinciones por su incansable labor solidaria.

domingo, 1 de mayo de 2011

DE CÓMO HACERSE MELÓMANO


Parece una tarde de otro tiempo. Y es una tarde de otro tiempo. Un pasado tan lejano, tan remoto, que resurge con la fuerza de un presente incontenible desde las celdas de la memoria donde estaba prisionero. De cómo me hice melómana: hincada en el piso, arrodillada, frente a un tocadiscos portátil; brillaba el parqué, las cortinas bajas le daban al ambiente una atmósfera mística, creo que el aire olía a pachulí y que las melenas de los cuatro o cinco que estábamos allí, rebasaban el límite de nuestras cinturas. Había un muchacho más grande que yo. Venía de Londres. No puedo recordar su nombre y, sin embargo, todo lo demás puede ser perfectamente evocado, con precisión suiza, con la enumeración de detalles casi maníaca.

La circunstancia ameritaba una ceremonia casi religiosa: el amigo había comprado en Londres el disco Red, de King Crimson y era eso lo que comenzaba a sonar en la bandeja. Como el dueño de un botín incalculable, el muchacho había cobrado una altura de monje, un cariz de mago fascinante y encantador. Todos allí parecíamos estar compartiendo un secreto vedado a los comunes mortales.

Cuando comenzó a sonar la música, mi vida cambió para siempre. Tendría 11 o 12 años y había heredado la sensibilidad de mi padre, a quien veía su rostro transformarse cuando escuchaba, por ejemplo, el Bolero, de Ravel. Mi padre era un hombre sin estudios, no había cultivado, como quien dice, el intelecto, pero no podía vivir sin escuchar música.

Desde entonces, cada vez que escucho los acordes de “Fallen angel” o de “Starless” (sobre todo de “Starless”) me doy cuenta exacta de por qué hace más de 40 años que me dedico a eso tan inútil (“Todo lo demás es todavía más inútil que la vida”, dijo Paul Eluard) que es oír, escuchar, absorber los sonidos que otros unen para que, como dice Roger Waters, el célebre y venerado líder de Pink Floyd, “cambie tu torrente sanguíneo”.

Desde aquella experiencia de logia, cuando todavía era una niña, hasta la fecha, he estado tratando de repetir esa emoción primaria, primitiva, primordial. Y creo que eso es lo que nos pasa a todos los que nos dedicamos a escuchar música: tratamos de recrear la emoción primera, aquella en que cambiamos de una vez y para siempre.

El disco en cuestión era un vinilo. Lo había traído un amigo para compartirlo con sus cercanos (y de paso darse corte, claro). Eran los principios de los 70, cuando el maestrazo Robert Fripp negociaba con los sellos discográficos de un modo feroz. Cuando crecí y me dediqué a leer cuanta entrevista o ensayo sobre músico diera cualquiera de mis ídolos, pude entender el peso muchas veces funesto de los sellos discográficos, siempre tan lejanos a la experiencia musical individual, personal, íntima, que tiene cada oyente con su grupo o género elegido.

Fue Robert Fripp, precisamente, el que contó aquello de que muchas veces eran los propios magnates de las disqueras los que colocaban una bolsa de cocaína en la mesa de negociaciones con los músicos. “La droga era el control, no drogarse era revolucionario”, dijo más o menos el inglés que fundaría muchos años más tarde su propio sello discográfico, al que le puso, como es de rigor, el nombre Discipline.

No sé si fue Fripp o fue Waters el que nos abrió los ojos con esa verdad irrefutable: “No se puede esperar que las disqueras multinacionales destinen un fondo para los músicos”. Desde que el negocio es negocio, de los Beatles hasta la fecha, por cada artista que llega al top ten, hay miles y miles de grupos, solistas, cantautores, que quedan en el camino, muriéndose de hambre, dedicándose a otra cosa para sobrevivir. Y en todo caso, son pocas las veces en las que los dueños del negocio musical pueden desarrollar u originar aquella emoción primordial.

La música que nos llega al alma generalmente viene por vías mucho menos ortodoxas que un hit parade. Y sin embargo, las disqueras siempre tuvieron la sartén por el mango y nunca dejaron de estar atentos al auge de la piratería, que nos es nuevo. Ya en mi adolescencia, cuando el cassette inundó el mercado, nos dedicábamos a traficar música de manera ostensible e imparable. Sólo que entonces, el gigante amenazaba con llevarte preso si “copiabas música de manera ilegal”, pero nunca cumplía sus fatídicos designios. Al negocio no le afectaba como ahora que la música corriera por canales que sus tentáculos no pudieran controlar.

Es una mañana de un día cualquiera de estos días. El presente tecnológico se abre paso con una seguridad en sí mismo contagiosa. Hoy sale el nuevo disco de Radiohead, acaso la banda más original de las últimas décadas. El corazón late con fuerza. La banda inglesa liderada por Thom Yorke ha decidido vender su exquisito The king of limbs directamente desde su página web. Por apenas 10 dólares, estamos a un click del éxtasis. El monstruo se espanta, el gigante tiembla. En otra circunstancia, el disco hubiera llegado a México “importado”, por aproximadamente 300 pesos en las primeras semanas de venta. Y entre esa diferencia de precio, lo único que importa es recrear, recuperar, aquella emoción primitiva: escuchar una música que nutrirá especialmente mi visión del mundo, oír algo que quiero y no que me están vendiendo.

Escucho por Internet un programa de radio que conduce un amigo querido en Argentina. De pronto, suena la voz de la cantante Liliana Herrero. Se trata de una canción escrita por el uruguayo Fernando Cabrera, “La casa de al lado”. Jamás la había oído. La versión es impresionante, me conmueve hasta los huesos. ¿Estará esa canción en algunos de los discos que tengo de Fernando? Compro la versión de Liliana en iTunes. Un amigo en Buenos Aires que está en el Facebook dice que la versión original es de la película uruguaya El dirigible y que el cantante Juan Carlos Baglietto ya la había grabado en un disco titulado Sabe quién. ¡Tengo ese disco! Lo compré en la Planta de luz cuando vinieron Baglietto y Lito Vitale a dar un concierto en México. Es buena también la versión de Juan. Buceo en youtube y encuentro “La casa de al lado” cantada por Fernando Cabrera, pero además me entero que el fallecido cantautor uruguayo Pablo Estramín hizo su propia versión. Hoy, como ayer, las disqueras no venden ni a Baglietto, ni a Estramín, ni a Liliana Herrero ni a Fernando Cabrera. Hoy, como ayer, la música es aquello que pasa mientras los sellos discográficos nos quieren hacer creer que lo que ellos venden es la música.

Si nada ha cambiado, ¿por qué tiembla entonces el gigante? Porque hoy, al contrario de ayer, son muchas más las herramientas que cualquier melómano tiene para encontrarse con aquella canción que sonaba en una tarde de barrio, en una habitación en penumbras, cuando casi era un niño y algo sonó desde un aparato y transformó su oído para siempre. Será hora que el gigante comience a vender hamburguesas, me digo.

ENTREVISTA A MARTÍN CAPARRÓS


Martín Caparrós, nacido en Buenos Aires en 1957, es un periodista y escritor argentino dueño de una rica y extensa obra literaria. En su país de origen, además, el hombre con unos bigotes proverbiales que le han dado una imagen muy característica, ha oficiado también como conductor de televisión. Vivió casi una década en Francia y a su regreso a Argentina fue uno de los fundadores del periódico Página 12. Por sus crónicas de viajes recibió el Premio de Periodismo Rey de España y, por sus conocimientos gastronómicos dirigió durante un tiempo la revista Cuisine & Vins. Como novelista también ha marcado hitos, como el Premio Planeta que ganó por Valfierno en 2004.
Es notable también la obra en tres tomos que escribió junto a su colega y compatriota Eduardo Anguita y que llevó por título La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966-1978. “Contamos la historia de una época en que mucha gente creyó que si unían sus voluntades iban a poder cambiar el mundo”, dijo a propósito de ese trabajo.
Ejercitando una prosa exquisita y conmovedora, Caparrós es un historiador riguroso y a la vez un pensador político provocador y profundo que incomoda al lector, exhortándolo a debatir y a repensar las ideas cotidianas, aquellas que tienden a convertirse en lugares comunes en nuestras vidas.
Esta vez le tocó el turno a la ecología, a esa militancia casi irracional que ha modificado las costumbres de mucha gente y que, mediante consignas que el autor pone a prueba y discute con pasión, ha venido a calmar o a revolver las conciencias bienpensantes de los ciudadanos contemporáneos.
En Contra el cambio. Un hiperviaje al apocalipsis climático (editado por Anagrama), Caparrós cuenta su largo viaje por una decena de países –Brasil, Nigeria, Níger, Marruecos, Mongolia, Australia, Filipinas, las Islas Marshall, Estados Unidos– que sufre la amenaza climática, el tan mentado calentamiento global. Las historias, por ejemplo, de personas que viven al ritmo de las cosechas del mijo, el único alimento a lo largo de sus vidas, protagonistas de una pobreza extrema y al mismo tiempo no exenta de dignidad, dan sustancia a un debate que el autor quiere provocar a cada página, motivado por una profunda aversión intelectual a las consignas gastadas y a los lugares comunes que solemos adoptar sin mucho análisis, sin mucha discusión.
Mezcla de ensayo y crónica, el libro se ha constituido en un verdadero documento para tratar de entender con un espíritu inquieto un tema de hondo significado en la sociedad contemporánea.
La entrevista realizada a Martín Caparrós en Oaxaca, a fines del año pasado, cuando fue la figura invitada a cerrar la Feria del Libro de dicha ciudad, fue llevada a cabo unas pocas semanas antes de que iniciara en Cancún una nueva cumbre sobre el calentamiento global y que dejara, como conclusión, un acuerdo marco para la reducción de emisiones de invernadero, sin que los países participantes hicieran compromisos concretos ni se establecieran mecanismos efectivos de control. Ambos temas serán discutidos en la próxima reunión para el cambio climático organizada por la Naciones Unidas en diciembre de 2011 en Sudáfrica



- ¿Cree o no en el calentamiento de la Tierra?
- No creo ni dejo de creer, obviamente. El tema no es algo que podamos definir en términos de creencia. Nos iría bastante mejor si no definiéramos al resto de las discusiones que tenemos en el mundo en términos de creencia. Volviendo al tema del calentamiento, por un lado hay una serie de científicos notables y respetados que dice que si sigue la actual tendencia en el clima, se nos van a complicar demasiado las cosas en el planeta. Por otro lado hay otra cantidad de científicos, tal vez menor, que afirma que eso no está para nada demostrado y todos discuten en qué medida el fenómeno es natural o está causado por el hombre. De todas maneras, ese no era el asunto de mi libro. No soy un científico y no quiero discutir cuánto hay de cierto en el tema del calentamiento global.
- ¿Cuál fue entonces la motivación del libro?
- Lo que me interesó fue la pregunta básica que surge al respecto: ¿cómo fue que la amenaza del cambio climático que, si acaso, pronostica algo que puede ser grave dentro de varias décadas, se convirtió de pronto en la mayor urgencia a atender en el planeta? El mundo tiene urgencias mucho más graves que esas, como que se mueren miles de personas de hambre todos los días, por ejemplo. Entonces, ¿qué pasó para que de repente, tanto en los medios como en los gobiernos, se constituyera la amenaza del cambio climático como lo más grave que nos pasa? Me pareció interesante tratar de pensar esa cuestión y tratar de ver qué significa todo este despliegue de la idea ecologista, la difusión del discurso ambientalista, etc.
- En el libro hay una mirada limpia, como de alguien que no conoce mucho del tema y tampoco quiere conocer. Más bien se trata de alguien que quiere observar y atestiguar lo que ve. ¿Qué pensaba antes del cambio climático y qué pensó después de hacer el libro?
- No estoy muy de acuerdo con la idea de alguien que no quiere conocer sobre el tema, leí bastante al respecto antes de viajar. Lo que no quiero es entrar en el debate científico porque no estoy en condiciones de seguirlo y creo que al 99.8 de las personas le pasa lo mismo. Sí me interesa del famoso cambio climático el debate político, económico y el cultural que se gesta a su alrededor. Y en ese sentido, antes de escribir Contra el cambio, tenía una serie de prejuicios acerca del discurso ecologista. Después del trabajo del libro, tengo mucho más prejuicios contra el discurso ecologista. Diría que ahora tengo “post-juicios” y, por otro lado, para mi gran sorpresa, me encontré con una serie de utilizaciones muy aparentemente eficientes del discurso de la amenaza climática para que una serie de sectores haga grandes negocios en los próximos años.
- ¿Cuál fue el caso que más lo conmovió de su libro?
- Probablemente el de Mariama, una mujer de Níger, no sólo por ella, sino por toda la situación. El Níger es un lugar muy pobre, con una forma de pobreza de alguna manera emocionante, porque es un modo muy digno de la pobreza. No es esa pobreza que habita en la periferia de las grandes ciudades, donde todo es como un terrible “quiero y no puedo” y la suciedad y el delito y la imposibilidad contrastan con la riqueza inmediata y cercana, es decir, el Mercedes de lujo que pasa por entre medio de la miseria. En Níger todo es uniformemente pobre, pero la gente vive con un sentido de unidad muchísimo mayor, de la misma manera quizás con la que vivieron hace miles de años. En chozas de barro, sin agua, sin luz, dependiendo de unas cosechas muy difíciles de un solo grano que se da, que es el mijo y que muchas veces no llegan con el grano a cubrir todas sus necesidades alimenticias hasta que cosechan el siguiente. Realmente se pasa mucha hambre y aun así tienen un orgullo de llevar toda esa vida adelante que es muy impresionante. Al mismo tiempo son vidas distantes de lo que uno conoce y de lo que uno cree que es la vida en general.
- ¿Y qué pasó con Mariama?
- A esta mujer le pregunté, por estúpido, la verdad, qué cosas hacía en su tiempo libre. La chica, de veinte años más o menos, con varios hijos, me miró con mucho asombro. No entendía el concepto de tiempo libre, al menos como lo entendemos nosotros. Mi idea tonta del ocio tal cual la concebimos en las sociedades occidentales chocó contra esa realidad que contempla una rutina férrea. También chocó mi idea de la comida. Allí se come todos los días lo mismo: una bola de mijo a la que muy esporádicamente, cada tres o cuatro semanas, le pueden agregar un poco de carne. Una de las cosas que le pregunté a esta mujer es qué cosas le pediría a un genio si viniera y le concediera todos sus deseos. Me respondió que le pediría dos vacas, así podría sacarles leche, para vender la leche y comprar algunas cosas más…Entonces le dije que estábamos imaginando a un genio que le concedería todo lo que quisiera, y ella me dijo: - Bueno, no sé, ¿tres o cuatro vacas?
- ¿Por qué cree que el cambio climático importa tanto a las potencias?
- El año pasado (2009) hubo dos grandes cumbres en el mundo. Una fue en Roma en octubre sobre lo que ahora llaman “inseguridad alimenticia”, porque les da vergüenza llamarlo hambre. No fue nadie. Fue el Papa porque vive cerca y fueron algunos presidentes de lo que podría llamarse la cuarta línea del mundo. Estaban Khadafi (presidente de Libia), Mugabe (presidente de Zimbawe), mandatarios de países muy poco considerados que hablaron sobre el hecho curioso de que en el mundo hay 1000 millones de personas que pasan hambre todos los días. Un mes después, en la Cumbre de Copenhague sobre el cambio climático, estaban todos los grandes del mundo codeándose para salir en la foto. La conclusión que saco es que fueron precisamente los principales mandatarios del planeta los que impusieron el tema, los que nos hicieron creer que el calentamiento global era “la cuestión”. El problema fue que después esa foto quedó borrosa, nadie encontró ninguna solución al asunto porque no podían encontrarla. Lo que habían planteado es que el cambio climático es un tema que nos afecta a todos por igual y que por tanto podían ellos hallar soluciones que nos beneficiaran a todos por igual. Eso es una mentira, porque una amenaza ambientalista no deshace las diferencias políticas y económicas que hay entre los distintos países del mundo. Estados Unidos y Europa, por ejemplo, trataban de usar el argumento del cambio climático para desacelerar el crecimiento industrial de China, Brasil, India, diciéndoles que pararan, que no mandaran tanto gas a la atmósfera cuando ellos ya mandaron todo el gas que se puede mandar.
- Hay un medioambiente del Primer Mundo y otro del tercero…
- Había países del Tercer Mundo que decían: -bueno, está bien, nosotros podemos mantener nuestros bosques para oxigenar más el planeta, pero, ¿ustedes qué van a hacer? Porque si nosotros mantenemos el bosque, va a haber muchos campesinos que no comerán o comerán menos. ¿Por qué nosotros tenemos que sacrificarnos para que ustedes, países ricos del Primer Mundo, tengan una atmósfera más limpia? Ustedes se cargaron todos sus bosques, ya hicieron su desarrollo sucio acabando con los recursos naturales para poner fábricas, ciudades, carreteras…suelo decir que cuando la consigna sea “Recuperemos el bosque virgen de Manhattan”, entonces voy a estar de acuerdo con los lemas ecologistas. Por ahora la situación es esta: -Ustedes, que todavía tienen bosques, consérvenlos para nosotros. Así es fácil. Total que en la Cumbre de Copenhague había intereses tan disímiles que era obvio que no se podía llegar a ningún tipo de resultado. Lo que quiero decir con esto es que los grandes del mundo como Al Gore, que por cierto cuando era vicepresidente de los Estados Unidos votó en contra del Tratado de Kioto, y Kofi Annan, están muy involucrados con el discurso del cambio climático. Los que no terminamos de saber cómo nos afecta, por qué nos afecta y demás, somos los pequeños del mundo.
- ¿Cuál es el papel que le toca a África en el tema del cambio climático, sobre todo si se considera a ese continente como la gran reserva ecológica del mundo?
- No soy nada optimista en torno a África, porque la relación de Occidente es sobre todo asistencialista. Lo que hacen es crear una dependencia cada vez mayor de millones de africanos frente a la ayuda exterior. Lo que está pasando, además, es que hay como una nueva ola colonialista que funciona disfrazada con un concepto de desarrollo. Las zonas donde por ejemplo más se utilizan los recursos agrícolas están produciendo cosas que no son para el consumo africano, que son mucho más rentables, pero que cubren las necesidades de China o de Europa y que se exportan casi en su totalidad. Esta supuesta integración de África en el mundo está resultando muy poco útil para la mayoría de los africanos.
- ¿Cuál es la sensación general que le quedó después de escribir el libro?
- Que habría que pensar un poco más en torno a qué hablamos cuando hablamos de ecología. La ecología es como uno de estos elementos políticamente correctos de nuestra época que en general no cuestionamos. Siempre decimos: “Hay que cuidar el medioambiente”. Pero, ¿qué quiere decir eso? ¿Qué significa? ¿Poner la basura en dos tarros diferentes o quiere decir pensar que el sistema global por medio del cual el 15 o el 20 % de la población mundial despilfarra el 80 % de los recursos del planeta no puede funcionar y tiene que ser modificado? Es muy fácil decir: ay, no, yo cuido el medioambiente, tiro la carne en el tarro de la carne y el plástico en el tarro del plástico…creo que para lo único que sirve eso es para que la gente satisfaga un poco su buena conciencia, que es por otro lado a lo que se dedica el ecologismo, a producir grandes cantidades de buena conciencia, un método sin duda barato porque no supone involucrarse demasiado y, además, supone también una elección fuerte; no tendría que haber contradicción entre preocuparse por el medioambiente y preocuparse por el hambre que hay en grandes cantidades en el mundo; cuando un muchacho va a “desempetrolar” gaviotas, está prefiriendo eso antes de hacer algo para que el chico que vive a diez cuadras de su casa tenga algo para comer mañana. Bueno, cada cual es dueño de hacer lo que quiera, pero tengo mis opiniones al respecto de esa decisión.
- ¿Cómo analiza la militancia de izquierda que se ha desplazado a la militancia ecologista?
- Me parece que es una forma de pragmatismo que tiene que ver con que como no sabemos cómo hacer para cambiar nuestras sociedades, al menos cuidemos la naturaleza. Y eso creo que es propio de épocas débiles, digamos. Durante buena parte del siglo XX, una gran cantidad de nuestra sociedad vivió con un proyecto de futuro para el cual trabajaba, un futuro que solíamos llamar socialismo. Había una idea de un porvenir deseado. Ahora estamos en un periodo de la historia donde no existe la idea de un futuro posible, esa idea se deshizo por sus propios efectos, por sus propios resultados y todavía no apareció otra. Pasa en la historia, sucede ese periodo de falta de una idea de porvenir que puede durar 10, 20 o 100 años, no sabemos cuánto. Por lo tanto, ahora no hay un futuro deseado, sino un futuro temido. El porvenir nos da miedo y por eso nos replegamos en políticas de conservación de lo que tenemos, porque el cambio es peligroso. Eso pasó ya después de la Revolución Francesa, cuando se pugnaba por volver a la naturaleza, por destacar los valores de la tierra, de lo nacional, de lo tradicional, pues aquellos ideales de racionalidad, de igualdad, de progreso, produjeron muchos problemas y murió mucha gente a causa de eso. El ecologismo en cierto modo es eso: volvamos a lo que teníamos, recuperemos las viejas maneras, lo estamos arruinando todo, etc. Y eso es propio de las épocas que no tienen un proyecto de futuro.

El intelectual apasionado

Novelista, periodista, conductor de televisión y chef consumado, Martín Caparrós está muy lejos de ser un adoctrinador o un hombre que se siente obligado a despertar conciencias. Ama sobre todo el debate y no distingue entre sus escrituras cuál se corresponde más con su esencia. Un intelectual, según lo ve el autor argentino, escribe una novela, un artículo periodístico o un libro de reportajes, con la misma pluma apasionada.

- ¿Con este trabajo trabajo pretende concientizar o alertar al público?
- No, me gustaría si acaso que con este libro alguien pudiera pensar ciertas cosas que se han convertido en un lugar común. Concientizar o alertar son palabras que no tienen nada que ver con mi idea de lo que debe ser un intelectual, digamos. Formular preguntas y sembrar inquietudes, ese es mi trabajo.
- ¿No hay contradicción entre el cronista o el escritor?
- Yo llamo igual a todo mi trabajo. Cuando escribo Contra el cambio soy un escritor y cuando escribo A quien corresponda, mi reciente novela, también. Escribo sobre temas distintos con prosas muy semejantes y quizás con un pacto de lectura diferente, donde digo: acá lo que cuento es cierto y en una novela digo: acá lo que cuento son cosas que se me ocurrieron, que inventé.
- ¿Escribe todo lo que quiere, tiene una rutina?
- Escribo todo lo que puedo, aunque sí, tengo tiempo para escribir, si es a eso lo que te refieres. También tengo una rutina. Trabajo todos los días a la tarde, cuando termino de comer, me siento, enciendo un cigarro, y estoy ahí tres o cuatro horas escribiendo. Es el momento más placentero del día para mí.

viernes, 29 de abril de 2011

EL REGRESO DE MANÁ


Vuelve Maná. Luego de tres años de ausencia discográfica, el cuarteto liderado por el cantante y letrista Fher Olvera, entrega un disco potente, hecho casi artesanalmente, grabado en cinta y producido, como dicen ellos, “a fuego muy lento”.

Se trata de un trabajo muy esperado por los numerosos fans que la agrupación tiene en todo el continente y cuyo título refleja el estado de ánimo de su frontman, quien durante 2010 debió sufrir la pérdida de su madre, de su hermana mayor y del hijo que esperaba con su esposa, Ana Ivette Verduzco. Iba a ser el segundo vástago para la pareja, cuyo primogénito, de nombre Dalí, nació en 2007.

Drama y luz es, entonces, la muestra de un claroscuro que el cantante, de 52 años, ha sabido enfrentar mediante la música, una materia que considera curativa: “Es un gran disco hecho en el peor año de mi vida”, dice Fher, jefe indiscutido de la banda que integran además el guitarrista Sergio Vallín, el baterista Álex González y el bajista Juan Calleros. “Hablamos de la posibilidad de parar durante un año debido a la situación que estaba atravesando mi vida, pero decidí no parar y finalmente pude darme cuenta del poder sanador de la música”, dice Olvera en entrevista con GENTE. A su lado, el guitarrista Sergio Vallín asiente solidario.

El proyecto del nuevo disco comenzó a tomar forma en 2008. Durante 34 meses, fueron compuestas, arregladas y grabadas más de 40 canciones. Sólo 14 pasaron el riguroso filtro de la agrupación, ayudados en esta ocasión por los ingenieros de sonido Benny Facconne y Thom Russo, los mismos que le dieron a la discografía de la banda el sonido pop con el que han triunfado a lo largo de 20 años de carrera.

Álex González, el famoso baterista estadounidense, quien ofició del productor del álbum junto a Fher, es el autor de la canción “Latinoamérica”, un manifiesto a favor de los inmigrantes latinos.

En Drama y luz también hay canciones como “Sor María”, que habla de una monja que se enamora, “cuando una mujer se enamora no hay nadie que pueda pararla, otra canción habla de un espejo un poco surrealista y otra que se llama “El dragón”, que habla de las adicciones”, explica Olvera.

Hay un tema llamado “Mi corazón no sabe olvidar”, otra titulada "Contra todo”, de protesta social, así como “Mi reina del dolor” y “Vuela libre, paloma”, dedicada a la mamá de Fher.

El disco tiene un costo menor al usual, por expreso pedido de la agrupación fundada en 1987, que quiere de este modo luchar contra la piratería.



“Nosotros pensamos que la piratería existe porque los precios de los discos son muy altos, las tiendas de discos ganaban mucho dinero y porque los empresarios de los sellos discográficos gastaban en sus aviones privados y en sus mansiones”, dice Fher.

“Así es, eran más estrellas que los artistas”, apunta el guitarrista Sergio Vallín.

“Pagamos la producción tanto del DVD como del disco, y no fue nada barato, por lo que le pedimos a la compañía (Warner) que pusiera el disco a un precio bajo. Ese fue el pacto y lo cumplieron”, agrega Fher.

“Una vez Rubén Blades me dijo, mira a Tomi Motola (Ex directivo de la Sony), es mi empleado y sin embargo vive mejor que yo, tiene mucho más dinero, así eran las cosas en este negocio”, expresa el cantante.

El corte de difusión fue “Lluvia al corazón”. Se trata de una canción compuesta por Olvera y Vallín y “que lleva un mensaje de esperanza ante los nubarrones de un futuro incierto por vivir en un planeta medio muerto”, expresa el cantante.



El compromiso



Los números de Maná son escalofriantes. Estamos hablando de una de las bandas de rock/pop más exitosas e internacionales en la historia de México.

La agrupación nació en 1987 y lleva ya 15 discos entre sus 10 de estudio y cinco recopilatorios, con giras monumentales como la que protagonizara en 1995, con 52 conciertos realizados en 13 países. A mediados de los 90, los músicos ganaron 6 premios Billboard en un periodo de tres años. En 1997, con el exitoso Sueños líquidos, se llevaron a casa un Grammy y en 1999 obtuvieron el derecho de hacer su MTV Unplugged. En los tiempos de las redes sociales, la página de Maná en Facebook tiene 2,206,681 seguidores.

Esta importancia en la historia de la música latina, por un lado les permite hacer oídos sordos a las críticas, que nunca han faltado para un grupo que muchos consideran ajeno al rock más genuino o combativo, representado por Café Tacvba, la otra gran banda mexicana de alcance internacional. Por otro lado, el éxito rotundo de Maná, le ha permitido a sus integrantes expresar sin ningún tipo de autocensura aquellas ideas en las que creen. Siempre están dispuestos a poner su voz para la defensa de la ecología, para ayudar a los más necesitados y para pelear por causas como la independencia de Puerto Rico, por ejemplo.

En las circunstancias actuales, las cosas no han sido distintas y aprovechando la exposición mediática de la que son objeto merced a la salida de su esperado disco de estudio, los integrantes de la banda hicieron un llamado de urgencia al Senado de los Estados Unidos a votar a favor de la llamada Ley para el Desarrollo, Asistencia y Educación para Menores Extranjeros (Dream Act).

“El talento de los inmigrantes enriquece al pueblo norteamericano y sus esfuerzos contribuyen al éxito y seguridad de su nación. Los latinos contribuyen de manera muy importante a la grandeza y a la riqueza de los Estados Unidos, todos los días, desde muchas trincheras. Quien quiera que haya estado allá lo puede comprobar, aunque algunos no quieran reconocerlo”, expresó Fher en diciembre pasado. No tuvieron éxito, pues como sabemos el Senado rechazó la ley, pero eso no impide que la banda recientemente galardonada por su “excelencia musical” en los Premios Lo Nuestro, siga batallando en pos de los derechos migratorios para los miles de compatriotas que pueblan el territorio estadounidense.

Maná, entonces, ha regresado, con su música, sus ideas y sus integrantes más convencidos que nunca de una propuesta musical que los encuentra ya mayores, pero intactos, como lo demuestra esta entrevista con GENTE Y LA ACTUALIDAD, otorgada por Fher Olvera y Sergio Vallín.



Igual, pero distinto



- ¿Este es el mejor disco de Maná en mucho tiempo?

- (Fher) Bueno, no sé, Álex (González, el baterista de la banda) siempre decía cuando terminábamos de hacer un disco: - “Este es el mejor”, pero no me gusta mucho eso, porque si algo es lo mejor, entonces lo que queda atrás es lo peor y obviamente no pienso así. Sí creo que Drama y luz es muy diferente en nuestra discografía. No es un disco muy alegre y tiene en su interior la tragedia y la luz. Está la dualidad de la vida muy presente en un trabajo con muchas emociones profundas, hecho a mano, despacito, que nos tomó un año para producirlo y ocho meses para grabarlo, aproximadamente.

- (Vallín) Efectivamente, Drama y luz está cargado de emociones, la letra y la música es reflejo de muchos colores, de mucha pasión.



- Con una banda que asume el desafío, además, de ser sofisticada sin dejar de ser ella misma, ¿verdad?



- (Fher) Cuando estábamos haciendo las rolas, pensamos mucho en cómo iban a sonar en vivo y no sé si eso ha sido la causa de que el disco resulte un poco más sofisticado que los anteriores…



- ¿Realmente el sonido potente que tiene el disco va a poder se reproducido en los conciertos?



- (Vallín) Claro, sin duda.



- (Fher) No vamos a traer al grupo de cuerdas, por supuesto, pero en vivo tenemos otro tipo de bondades, como la improvisación, la euforia de la gente, va a sonar increíble, ya verás.





Los malos tiempos

Cuando la tragedia tocó la puerta de la casa de Olvera, sus compañeros de grupo le insistieron para hacer un parate que le permitiera enfrentar el duelo por las pérdidas. El cantante se opuso terminantemente. Quería curarse de la tristeza haciendo lo que mejor le sale: la música.

- ¿Este es el peor año de su vida?

- (Fher) Sí, no veía la hora que terminara el 2010. Primero murió mi madre, luego mi hermana, las dos de cáncer. Después mi mujer perdió al hijo que esperábamos. Estas tragedias que me tocaron fueron inesperadas, la enfermedad fue fulminante para ambas, entonces, íbamos a parar, pero tuvimos una plática larga y mis compañeros me dieron a elegir. Lo que yo decidiera, íbamos a hacer. Sentí la ayuda y la solidaridad de mis cuates. A Álex lo conozco hace 23 años, a Sergio hace 17 y ellos se acercaron a preguntarme qué íbamos a hacer. Dije que empezáramos a caminar despacito, como cuando te levantas del suelo después de una caída fuerte, poco a poco. Creo que fue una buena decisión, la música me ayudó mucho a dejar las pastillas antidepresivas, a poder sentir las canciones, a involucrarme con ellas. Algún día Carlos Santana me dijo que la música era curativa y ahora sí que puedo decir que es cierto, que lo comprobé en mi propia piel. Además de la música, tengo un hijo de tres años que también me reconforta mucho.



- ¿Y esas pérdidas lo pusieron distinto frente a su propia vida?

- Bueno, entras en contacto directo con la muerte. Alguna vez me preguntaron si quería ser como los Stones, durar tanto y la verdad es que no sé si mi cuerpo aguantará. No sé si tengo una predisposición al cáncer, porque dos hermanas y mi madre murieron de eso. Siempre hemos sido gente sana, aunque nos gusta la fiesta. Hemos tenido excesos, no lo niego…



- (Vallín) Bueno, no sé, ¿excesos?, si nos comparas con otras bandas somos sanísimos…

-

- (Fher) Brother, el alcohol puede ser mucho peor que muchas drogas. Pero aquí estamos, seguimos vivos. Hoy fui al gimnasio. Soy prácticamente vegetariano. No como carne, pero la verdad es que le echo de vez en cuando unos buenos whiskys al estómago. Claro, para qué negarlo, tengo más miedos que antes, pero lo que no puedes es dejar de divertirte. Al vino no lo voy a dejar nunca, tampoco al café…probablemente si el vino me empieza a caer mal, me cambiaré a la mota (marihuana)…

- Claro, para relajarte…(risas)

- ¿Cuáles son sus vinos preferidos?

- (Fher) En Mendoza (Argentina) tienen unos vinos excelentes. La uva Malbec, que gana premios y todo…

- (Vallín) Visitamos hace poco la bodega Familia Zuccardi, impresionantes esos vinos…

- (Fher) En México se están haciendo buenos vinos, pero están un poco caros, el español también es muy bueno y nosotros andamos mucho por California, por Chile, por Argentina, ahí hay unos vinazos…

La guitarra de Maná

Sergio Vallín es el guitarrista que vino a reemplazar en 1993 a César “Vampiro” López. El más joven integrante de Maná fue elegido por “Fher” luego de un casting en el que participaron 80 guitarristas. Poco a poco, el lugar de este defeño nacido en 1972, cuya familia se trasladó cuando él era pequeño a Aguas Calientes, se va acrecentando en los destinos de la agrupación. Virtuoso, sensible e inquieto, el músico ha realizado recientemente un disco en solitario que llamó Bendito entre las mujeres, un trabajo en que se hace acompañar por Ana Torroja, Rosana, Joy Huerta (de Jesse & Joy), Natalia Jiménez (ex-vocalista de La 5a Estación), Ely Guerra, Raquel del Rosario (de El Sueño de Morfeo), María José (ex-Kabah), Paulina Rubio y Janette Chao, entre otras.

- ¿La guitarra de Drama y luz recupera un poco de esa lírica que tenía el primer disco de Maná, Dónde jugarán las niñas?

- (Vallín) Bueno, no hice la guitarra de aquel disco, pero fíjate que muchos temas de este nuevo trabajo tienen el perfume de aquel trabajo. Me gusta eso…

- ¿Y qué ven cuando miran para atrás, sobre todo en lo que se refiere al negocio de la música?

- (Fher) Que todo está mucho más complicado que antes. El negocio de las discográficas está muy mal. Nosotros, de plano tuvimos que patrocinar todas las producciones, que no son nada baratas. Pasarte, por ejemplo, ocho meses adentro de un estudio, cuando los estudios llegan a cobrar 1500 dólares por día, sin contar lo que cobra el ingeniero de sonido y demás técnicos, sácale la cuenta…Pero nos gusta gastar para que el disco tenga el sonido que queremos. La buena noticia es que las herramientas de grabación, como el protool, te permiten hacer grabaciones caseras de muy buena calidad y eso achica un poco los gastos, porque hacemos las preproducciones en casa y tratamos de llegar al estudio lo más cocinados posible, con las ideas bien amarradas…

- ¿Cómo se llevan con las críticas a su música?

- (Fher) La verdad es que en muchas cosas estamos más allá del bien y del mal. Se han dicho muchas cosas de Maná. Que si somos rock o no, ¡somos música!, no importa el género. Ya dejamos esas discusiones atrás. Con el tiempo nos dimos cuenta de que grupos como Los Beatles, salvando las distancias, también se daban la licencia de hacer boleros, de hacer baladas, “Michelle” es un bolero. Lo que hacemos es tirarle buena onda a todos los músicos y después de tanto tiempo nos hemos ganado un buen lugar con todos ellos. Ahora que vamos muy seguido a Estados Unidos y a Europa, vemos que no existe en esos sitios la rivalidad. Ves a Mick Jagger cantando con Fergie, todo es más relajado por allá.

- ¿Nunca se pelearon como para plantearse una separación?

- (Fher) Mira, una virtud que tiene la banda es que si bien discutimos bastante en cuestiones de producción, nos respetamos mucho entre nosotros. Tenemos una dinámica interesante, Álex, Sergio y yo somos productores y si a alguno no le gusta la idea que el otro le propone, no se hace. Tenemos respeto a la obra de cada uno. No hay broncas de lana jamás, porque estamos enfocados totalmente en la música.

- ¿Se siente mejor letrista que antes?

- Creo que sí. A las letras de este disco las “tallereé” mucho. Tengo a un amigo corrector de estilo, Toño Márquez, que me ayuda con las letras y en estos últimos años he compartido muchas noches de bohemia con poetas y escritores de Guadalajara, de primer nivel, algo me va quedando. En España, en Argentina, busco libros de poesía, leo mucho.

La guerra de los hackers y un libro controvertido


Entre los vocablos ingleses “wiki” y “open” hay un espacio para las traiciones y los vedettismos propios de los nuevos mandamases cibernéticos, acaso los pioneros de un modo de ver y entender el mundo que es otro, que es distinto.

Se trata esta vez de la disputa pública entre el fundador de la que es considerada “la red más peligrosa del mundo” (Wikileaks), el australiano Julian Assange (1971) y quien fungiera durante tres años como su mano derecha, el alemán Daniel Domscheit-Berg.

Este último, ignorado por su jefe, renunció a la empresa, calmó los resentimientos publicando un libro a todas luces controvertido que tituló Adentro de Wikileaks y anunció la formación de una página rival que se llama OpenLeaks.

¿De qué acusa Daniel a Julian? Fundamentalmente de haberse convertido “en una estrella del pop” y de no manejar con transparencia la información confidencial que hizo famoso a su emprendimiento. El espectáculo está servido en lo que la prensa internacional ha llamado, con signos de admiración incluidos, ¡La guerra de los hackers!. A tal punto la maniobra de Domscheit-Berg ha pegado en el centro mediático donde se mueve como pez en maremoto el canoso australiano acusado de abuso sexual en Suecia por no haber usado condón durante una relación, que hasta el mismísimo magnate del cine estadounidense Steven Spielberg ha pagado millonadas por los derechos del libro del germano.

Mientras se espera la película, en México, editado por Roca y distribuido por Random House Mondadori, ya se puede leer en español el libro que obviamente causó las iras de Assange y que al mismo tiempo respira un tufo a traiciones y a revanchismo que parece por ahora no hacer perder el sueño a Daniel Domscheit-Berg.

“Es cierto, es mucho más importante la obra realizada hasta ahora por Wikileaks que todo lo que digo de Julian, por eso también insisto en mi libro y lo repito ahora que los tres años que trabajé con Assange fueron los mejores de mi vida”, dice el alemán nacido en 1978 y quien durante dos años y medio fue el portavoz de Wikileaks bajo el seudónimo de Daniel Schmit. Con anterioridad había trabajado para importantes empresas internacionales como técnico en informática especializado en seguridad.

Desde loco a paranoico, desde megalómano a déspota, desde hablar de él como un hombre que come con las manos y luego se las limpia en los pantalones, de revelar que el número preferido de Julian Assange es el 22 porque de esa edad prefiere a las muchachas que conquista casi con voracidad: nada bueno tiene este muchacho barbado, de anteojos, con más pinta de nerd que de astro de cine, para decir de su ex jefe.

“No me gusta verme, no quiero ser el centro de atención de nada, por eso no tengo grandes expectativas por la película que hará Spielberg basado en mi libro. Al fin de cuentas, es Hollywood, un lugar que no me despierta muchas ni buenas expectativas”, afirma con voz clara y en un inglés perfecto.

“Empezamos siendo un proyecto muy pequeño y pasamos tantos momentos duros como divertidos. El problema de Wikileaks no es Wikileaks esencialmente, sino su fundador, Julian Assange, quien con el tiempo fue creyéndose un nuevo mesías que salvaría al mundo con toda la información que habíamos logrado capturar”, agrega.

El proyecto Wikileaks fue creado en diciembre de 2006, su actividad comenzó en julio de 2007 y desde entonces su base de datos ha crecido constantemente hasta acumular 1,2 millones de documentos. El objetivo de la red es dar a conocer al mundo los entresijos de gobiernos, empresas y organizaciones en su lucha por ejercer y mantener el poder. La idea consiste en la transparencia absoluta de la información y el derecho del ciudadano a conocerla.

Destaparon casos como el de la evasión fiscal a cargo del banco suizo Julios Bär, el crash económico que llevó a Islandia a la bancarrota o las muertes de civiles a manos de soldados estadounidenses en Afganistán. En México, el embajador Carlos Pascual debió renunciar porque en un cable difundido por Wikileaks, el diplomático llamaba “grises” a los panistas e ineficaz al ejército mexicano, algo que causó el enojo obsesivo del presidente Felipe Calderón. Lo mismo sucedió en Ecuador cuando el presidente Correa echó a la embajadora, quien lo había acusado de corrupto en un cable secreto. Estados Unidos devolvió el gesto deportando de su suelo al embajador ecuatoriano.

A propósito de Afganistán y de la difusión de información sobre una guerra que el mundo occidental, menos Estados Unidos, considera perdida, se produjo la detención del soldado Bradley Manning, quien habría proporcionado a la red de Assange un video en el que se ve como un helicóptero estadounidense mata a un grupo de personas en Irak y documentos clasificados acerca de las guerras de Afganistán e Irak. Después de estar preso durante un mes en Kuwait, Manning fue trasladado a un centro de detención en el estado de Virginia. y allí enfrentará un proceso en la justicia militar estadounidense, que podría terminar en una condena de 52 años de cárcel.

De este caso, Daniel Domscheit-Berg se lamenta y acepta que representó “el momento más duro desde que se fundó WikiLeaks. Entonces me sentí muy mal. Manning es un héroe para mí”, dice.

También dice el informático alemán que Wikileaks tiene poco y nada que informar. “Ya no existe esencialmente y sólo se preocupan por autopromocionarse y conseguir dinero”, afirma. Por eso, este verdadero adalid de la transparencia (al menos así quiere ser visto en todas las entrevistas que ha otorgado desde que publicó su libro), creó una web (http://openleaks.org/) que pretende ser la alternativa a la formada por Assange y que está integrada en su mayoría por voluntarios que provienen de las propias filas de WikiLeaks. “OpenLeaks quiere crear un sistema en el cual la información tal cual llega a la organización sea enviada a los medios, actuando como una agencia de prensa”, dice Daniel.

Así enunciada, la nueva iniciativa resulta un tanto tibia si se tiene en cuenta que la principal diferencia es que los documentos los verificarán los medios que reciban la información y OpenLeaks tan solo funcionará como intermediario entre el ciudadano anónimo que tiene el documento confidencial y los medios de comunicación.

¿Publicará OpenLeaks los documentos originales tal como lo hace Wikileaks, logrando con ello que no se filtren informaciones falsas a la prensa?

Domscheit-Berg no tiene respuesta aún para eso. La guerra recién empieza y promete futuras e intensas batallas cibernéticas.

domingo, 3 de abril de 2011

CHARLY GARCÍA


Una de las últimas presentaciones públicas del legendario rockero argentino acaeció en el verano cordobés cuando, en el marco del “Cosquín Rock 2011”, el músico de bigote blanco, pasados largamente los 50 años, resucitado después de varias muertes anunciadas que siempre se frustraron (“Al fin y al cabo, él nos va a enterrar a todos”, supo decir alguna vez su colega y amigo Fito Páez), dio un concierto con una energía inusitada, tan propia de otros tiempos, de otros destellos.

Según las crónicas, el autor de temas memorables como “Los dinosaurios” o “Cuando me empiece a quedar solo”, por nombrar apenas dos canciones de su vasta e imprescindible obra artística, se mostró entusiasta, dinámico, dueño de sí mismo y del escenario que ha sido siempre su primera casa, su único domicilio conocido.

Lejos estos apuntes de aquel junio del 2010 cuando García pisó suelo mexicano y ofreció un concierto cargado de nostalgia en el emblemático Auditorio Nacional. Fue la oportunidad en que hizo una emocionante aunque truncada versión de “Canción para mi muerte”, el himno que escribió a comienzos de los 70 (cuando Charly apenas contaba con 20 años) y que sirvió para celebrar su vuelta a la vida plena, luego de una larga temporada en el infierno de la metadona y de los fármacos para poder dejar la cocaína, su compañera fiel en una existencia cargada de excesos.

“Este es una de los temas que más me gustan; es una canción de vida para los que estamos de vuelta, la voy a cantar hasta donde me acuerde”, dijo entonces el músico, para delirio del público que aplaudió cada uno de los lentos e impredecibles movimientos de un hombre vestido con un traje oscuro, una camisa gris, cargado de kilos, como botarga que reflejara un poco, apenas un poco, la gloria que supo coronarlo como un genio en el ayer.

“Teníamos que llevarlo y traerlo como si fuera un muñeco. Parecía no entender nada a su alrededor”, dijo en confianza uno de los productores que lo trajo a México.

Hacía apenas un año que García había salido de la casa de fin de semana del controvertido autor de temas comerciales durante la cruenta dictadura argentina, Palito Ortega. Parecía ser una oportunidad en un millón para que el músico también conocido por inaugurar y gozar del concepto de “rockstar” en la Argentina (Y por qué no decirlo, en todo Latinoamérica), se curara de sus adicciones y pudiera alargar una vida que siempre transcurrió en el abismo, en el borde de un precipicio que, según la lógica de los médicos y de los que nunca visitaron el lado oscuro, hace rato que tendría que habérselo tragado para siempre.

El último concierto de García en México, por ejemplo, había transcurrido a principios del 2000 en el Salón 21, donde en pleno escenario se dedicaba a tomar cocaína, donde destrozó un cuarto de hotel y donde dio una conferencia de prensa a unos pocos periodistas elegidos mientras se chutaba un churro de marihuana gigante.

Charly nunca paraba y todos los años eran el año en que García iba a morirse. Pero no. No ha muerto. Ni siquiera se murió cuando en 2008 se tiró de un sexto piso y cayó vivito y nadando a una piscina. “A los chicos les digo que no repitan estas cosas en su casa”, fue la primera frase que el músico alcanzó a decir Charly, quien entonces tenía 56 años, antes de que sus asistentes se lo llevaran a descansar.

Como las que suele disparar Maradona, el otro gran mito contemporáneo y contradictorio de la Argentina, las frases de García resultan memorables. Para muestra aquella que esbozó cuando los periodistas le preguntaron qué opinaba del atentado a las torres gemelas de Nueva York. “¡Qué puntería!”, dijo. Y no dijo más.

Charly no sólo no ha muerto, sino que al parecer tampoco está tan dormido como dicen aquellos que critican su recuperación farmacológica y preferirían verlo bajo tierra antes que automatizado por los tratamientos hospitalarios.

De acuerdo con su concierto de Cosquín Rock 2011, es posible esperar que el enorme cantautor sudamericano se muestre en una inesperada e inexplicable plenitud en el marco del Festival Vive Latino 2011, donde se presentará el viernes 8 de abril.

Las expectativas son entendiblemente altas en un país que si bien admira al músico, no lo venera ni le perdona todos sus exabruptos. En Argentina este “Carlitos” García es como el otro Carlos, el Gardel, es como el “Carlitos” Tévez, de Boca Juniors y del Manchester City, es como Maradona: abono de primera calidad para el campo fértil de los fanatismos, allí donde el imaginario popular construye altares para sus ídolos imposibles.

Un gen García

Quizás, en la vida de Carlos Alberto García Moreno, nacido el 23 de octubre de 1951, todo se deba a su privilegiada constitución genética. Cuando apenas era un niño ya tocaba a Mozart con dedos mágicos y tenía lo que en música se llama oído absoluto.

También era el ser caprichoso y mimado que es hoy, cuando está a punto de cumplir sus primeros sesenta años. Cuando sus padres, un matrimonio de clase acomodada de la Capital Federal, partieron en un viaje rumbo a Europa y no lo llevaron, a Charly le dio por tener una crisis nerviosa y contraer vitiligo, esa enfermedad que le produce las conocidas y reconocibles manchas blancas en la piel.

Sí, probablemente hay un gen García que lo salva de todos los males que acabarían prontamente con otros comunes mortales. Ya lo dijo su amigo Fito Páez, al opinar sobre el otro caso del exceso argentino: El caso Cerati. “No sé de qué misterio se trata, Bukowski vivió hasta los 82 años…lo que creo es que no hay leyes, uno tiene una vida, una forma de vivirla y los años no están ligados a los excesos solamente.”

Como sea, este hombre que dice ser “el mismo y otro diferente” en forma simultánea, transita por la vida con bandera blanca de paz y de guerra, un estandarte que lo habilita para cantar o no cantar, tocar el piano o no hacerlo, avalado como está por una obra magnífica por medio de la cual ha contado la historia de los últimos 40 años del país que lo vio nacer.

Las canciones

Y siempre quedan las canciones, esos soles que brillan en una carrera sin pausa que Charly García ha seguido siempre fiel a un principio básico: el rock es la fuente de la eterna juventud.

Como el eternamente joven que es, el músico ha podido y ha sabido interpretar el pulso de cada nueva generación en las últimas cuatro décadas. Así, el público que hoy lo sigue tan fervorosamente como ayer, tiene entre sus filas al abuelo, al padre, al hijo y al hijo del hijo. Todos esperan que el héroe del bigote bicolor les narre la actualidad con pasión de poeta y esgrimiendo como un científico loco el estilete que se clava en la hondura de los hechos. García siempre se ha metido de lleno en la realidad, hiriéndola con sus canciones hasta la exasperación, para devolverla contextualizada en su música a aquellos que, al seguirlo, buscan entender qué pasa alrededor.

Sin él quererlo, no ha sido profeta sino mensajero de los tiempos modernos. Yendo de la cama al living, demoliendo hoteles, su filosofía barata, aunque le ha costado muy cara, ha servido para que miles y miles aficionados a su música encontraran en sus canciones una manera de vivir y explicarse lo inexplicable.

“Las últimas épocas pueden parecer re locas, pero yo seguía haciendo buenas canciones. Ahora el extra es que las voy a interpretar de una forma casi perfecta”, dijo Charly en una entrevista publicada en 2010 en el periódico “Clarín”.

La supervisión de un juez, la atención permanente de un psiquiatra, el entrenador físico, la docena de enfermeras y de asistentes terapéuticos que velaron por él durante los 13 meses que duró su recuperación, hicieron el milagro y “El más grande”, como lo llamó la campaña marketinera que sus productores idearon para el regreso, volvió.

Una historia cantada

En la vuelta, Charly se tomó el tiempo para hablar de su obra, algo que no le gusta hacer. Fue en un artículo para la revista Rolling Stone de Argentina, donde el músico tuvo a bien elegir 10 canciones de su amplio repertorio. Sus diez favoritas.

“Cuando ya me empiece a quedar solo”

Es una canción que abre Confesiones de invierno, el segundo disco de Sui Géneris, el dúo que Charly formaba con el cantante Nito Mestre. Tiene una letra profundamente melancólica, acaso una de las más poéticas de García, más inclinado a la lírica periodística, contundente, como un mazazo. En el regreso del músico, la canción suena profética -aunque la compuso cuando apenas tenía 22 años- y en ella Charly se refiere a lo que tendrá en su vejez: “…un escenario vacío, un libro muerto de pena, un dibujo destruido y la caridad ajena…un televisor inútil, eléctrica compañía, la radio a todo volumen y una prisión que no es mía, una vejez sin temores, una vida reposada, ventanas muy agitadas y una cama tan inmóvil…”.

García alaba de este tema “porque es mi primera canción que tiene diferentes ritmos”.



“Tango en segunda”

Pertenece al tercer disco de Sui Géneris, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, que fue editado en 1974 –cuando Charly tenía 23 años- y marcó un cambio de estética en la banda al incluir más sonidos electrónicos y anunciar el cambio de rumbo del músico, que después de este álbum abandonaría el dúo para formar La máquina de hacer pajaros. Tiene una letra hermética y surrealista, propio del crecimiento interior de García y de su exploración musical a través de bandas progresivas como la italiana Premiata Forneria Marconi.

García recuerda de este tema que “tenía un sonido que me recordó a un bandoneón medio Wagneriano, medio sinfónico y realmente quedó una cosa bastante original”.

“Música del Alma”

Pertenece al disco homónimo de 1977, grabado junto a León Gieco y a David Lebón, el guitarrista con quien formaría la banda Seru Girán. Fue compuesto en la “etapa brasileña” de Charly, cuando se fue a Buzios para aislarse del ambiente musical argentino y conoció a Zoca, una brasileña que fuera su novia durante muchos años.

Charly eligió esta canción entre sus favoritas porque “tiene unas armonías vocales muy trabajadas”, aunque no está entre las preferidas de su público, que la desconoce en su mayoría.

“Eiti Leda”

Es una de las canciones más queridas por los seguidores de Charly. El significado de su título hermético aún es discutido por los conocedores del rock argentino y ninguno ha podido ponerse de acuerdo. Pertenece al disco Seru Girán, de 1978, de la banda Serú Girán formada por músicos que hoy son famosos como el bajista y cantautor Pedro Aznar, el guitarrista y cantautor David Lebón y el fallecido Oscar Moro, considerado uno de los mejores bateristas del rock argentino. El éxito de la agrupación fue tal que la banda fue bautizada por los críticos sudamericanos como “Los Beatles criollos”.

García eligió este tema “porque también es una pequeña suite en el sentido de varias piezas o varias pequeñas canciones juntas, si bien está pensada en un tirón”.

“No te dejes desanimar”

Es una de esas canciones de Charly que su público ha adoptado como himno para ser cantado en las canchas de futbol. Pertenece a su etapa al frente de La Máquina de hacer pájaros y fue dada a conocer en el álbum Películas, de 1977. El sonido del tema, así como el de todo el álbum, es reflejo de la gran influencia que estaba teniendo en esos momentos el rock progresivo en Charly, quien se la pasaba escuchando a Yes y al primer Génesis. La letra, si bien como todas las de García no es de evidente protesta, fue escrita un año después de que la más cruenta dictadura comenzara a asolar la Argentina. Cuando ese país sudamericano comenzaba a familiarizarse con el concepto de “desaparecido” aplicado a los miles y miles de personas que fueron “chupados” por los militares en esa etapa negra y dolorosa.

A García le gusta este tema porque “es una canción anti-bajón, no es una canción de protesta, es una canción que intenta dar energía en tiempos terribles”.

“Peluca telefónica”

Pertenece a una etapa muy loca de García, muy descontrolada. La canción, rara y de letra absurda, fue incluida en el álbum Yendo de la cama al living, a cuya grabación fue invitado el enorme Luis Alberto Spinetta y, otra vez, Pedro Aznar, su compañero de Serú Girán. Se trata del segundo disco en solitario de García y la temática alude a la Guerra de las Malvinas, que el gobierno militar inició en 1982, cuando salió el álbum.

García tiene esta canción entre sus favoritas “porque tiene una sesión rítmica de lujo”.

“Los dinosaurios”

Acaso la canción más emblemática de toda la carrera profesional de García. Su modo de denunciar las desapariciones de la dictadura argentina, engañando a la fuerte censura que se cernía sobre todas las obras artísticas en aquella época. Pertenece al álbum en solitario Clics modernos, editado a principios de 1983, cuando la dictadura agonizaba (se iría en diciembre de ese año). Por canciones como estas, la gente que sigue a García le profesa un amor irredimible y constante. La guitarra en este tema está a cargo del famoso guitarrista de jazz Larry Carlton.

García ama esta canción porque “está todo en el piano, incluso el bajo está hecho con el piano”.

“Rock and roll Yo”

Pertenece al disco homónimo de 2003, una etapa furiosa y adicta de Charly García. Es su álbum número 22. Al principio se iba a llamar “Asesíname”, pero el músico optó por cambiar el nombre, “pues tenía miedo de que alguien lo tomara en serio y me matara”, dijo.

“Me gustan el riff, la estructura de la canción y la interpretación”, García dixit.

“I´m not in love”

Es de la última etapa de Charly García y dice aquello que sus seguidores repiten en cada concierto: “Cuando la gente dice que estoy bien no puede ver debajo de mi piel”. Pertenece al disco Influencia, del 2002, en una vuelta al escenario y a los primeros lugares de venta y de aceptación del público. También tuvo en este año una gran exposición mediática. Fue muy difundida la pelea con Andrés Calamaro, con quien todavía no se habla. En la canción se escucha la voz de la guitarrista y cantante María Gabriela Epumer, que moriría al año siguiente víctima de una pulmonía.





Charly ama esta canción “porque me dio la posibilidad de juntarme con mi infancia y es una especie de homenaje a Los Beatles”.

“No importa”

Es una de las canciones recientes de Charly y apareció en el disco Kill Gil, de 2010, cuya estética alude a Quentin Tarantino. Con esta letra vuelve García a sus frases contundentes y filosóficas que tanto alaban sus seguidores.

“Es una de las canciones mas pesadas que hice y me hace acordar un poco la simplicidad de la letra a la época de Lennon de Mother y la Plastic Ono Band”, dijo Charly.

Recuadro

Los músicos de Charly García

El rockero argentino vendrá a México con una banda formada por el guitarrista Carlos “El Negro” García López, un virtuoso de estilo un tanto petardista muy conocido por el público local, pues vivió durante muchos años en Coyoacán, el joven bajista chileno Carlos Ludwig González y el pianista veterano Fabián Von Quintiero, un músico mediano que sobre todo lo contiene emocionalmente a Charly. En los coros, en reemplazo de la conocida cantante Hilda Lizarazu, vendrá Rosario Ortega, la hija menor de Palito, el cantor que lo rescató del infierno.

JUAN VILLORO


Nacido en la ciudad de México en 1956, el escritor Juan Villoro no sólo se destaca por su altura cortazariana, sino también porque en esos dos metros de altura cabe uno de los hombres más afables del mundo y en esa cabeza de “autor disperso”, como él suele llamarse a sí mismo, hay lugar para muchas de las aficiones que son tan cercanas al pueblo que lo vio nacer.

Si al autor argentino de “Rayuela” le gustaban el boxeo y el jazz, a Juan, el cronista exquisito del balompié que escribió aquello de “Dios es redondo”, lo persigue su simpatía doliente por Los Rayos del Necaxa, un equipo fundado en 1923 y que no obtiene un título en el campeonato local desde 1998, y su profundo conocimiento del rock, género musical que lo ha llevado a entrevistar al mismísimo Mick Jagger en una pieza hoy clásica que publicó el periódico español “El País” en 2001.

Convencido como está de que “el fútbol, tal cual lo dice Javier Marías, nos devuelve a nuestra infancia”, Villoro acaba de escribir otro libro sobre el deporte de once contra once. Se trata esta vez de una historia infantil llamada “La cancha de los deseos”, donde el escritor realiza un homenaje a lo que tiene de bueno el balompié mexicano: su afición.

También presenta “La gota gorda”, un relato infantil escrito en medio del terremoto chileno el pasado 27 de febrero de 2010, cuando Villoro quedó varado en medio del desastre, mientras participaba de un congreso de literatura para niños.

Cronista, dramaturgo, novelista…todos los géneros le son afines y deja uno para tocar el otro con pluma avezada que lo ha convertido sin dudas en uno de los escritores más amados de la república maya y azteca, acaso, sin exagerar, en uno de los autores más prolíficos y queridos de la lengua española contemporánea.

El mito Maradona

- Francescoli acaba de decir que Messi es mejor que Maradona, ¿qué opina?

- No, creo que no, porque para superar a Maradona no hay que ser sólo el mejor jugador del mundo, hay que ser un mito viviente. Anotar un gol con la mano ante los ingleses sin que lo note el árbitro, es una picardía. Decir que fue la mano de Dios es crear un mito. Lo que hizo Diego para el fútbol dentro y fuera de la cancha me parece insuperable. Además, Maradona se alzó como campeón del mundo con un equipo que parecía no ser favorito y dejó la impronta por supuesto incomprobable que en el Mundial de México ’86 casi cualquier selección hubiera sido campeona con él en la punta. Nunca ningún jugador ha influido tanto en el desarrollo de un equipo. Lo mismo hizo Maradona en Nápoles: tomó una escuadra que por más de medio siglo no había ganado el scudetto y la llevó a los niveles más altos. Esa capacidad de liderazgo dentro de la cancha y que pasa por las frases de Diego, por su sentimentalismo, por la inmensa figura operística que ha sido, creo que es inigualable. Messi es sin dudas el mejor jugador del mundo actual, ha logrado proezas extraordinarias, pero para ser comparado con Diego tan sólo en lo deportivo primero tiene que ganar un Mundial. Juan Sasturáin escribió el maravilloso texto “Messi, autor de El Quijote”, a partir de la copia del famoso gol de Diego, con la diferencia sustancial desde luego que no lo es lo mismo burlar a media docena de ingleses en un Mundial, después de la Guerra de Malvinas, que burlar al Getafe.

- ¿Qué es “La cancha de los deseos”?

- Es un libro que tiene que ver con una situación esencial del fútbol en México que es que tenemos un público maravilloso, profundamente entregado, que no deja de querer a un equipo bastante malo. Es un enigma, creo que de dimensiones mundiales, determinar por qué México una afición tan leal, tan entregada, cuando la selección permanentemente la defrauda. Alguna vez dije que si hubiera un campeonato mundial de públicos México podría llegar a la final, porque hacemos mucho más esfuerzo en las tribunas que en la cancha.

- Y a esa afición homenajea en su libro

- Exacto. “La cancha de los deseos” se ubica en un país muy semejante a México, donde la selección es tan mala que le dicen Los putrefactos, pero la gente no deja de quererlos. Compran todos los productos que anuncia la selección, les piden autógrafos a los jugadores, ellos tienen novias guapísimas, usan coches deportivos enormes, se la pasan muy bien. Entonces un científico se pregunta cómo es posible que exista esta asimetría, esta afición tan desbordada por un deporte que se cumple de manera tan pobre, y decide a través de un sistema magnético crear imanes para transformar la buena vibra del público en energía positiva para los jugadores. Y eso tiene que ver con un niño que lo ayuda, aportando lo que pueden aportar los niños que es la intuición y la pasión. Al mismo tiempo, el niño está muy interesado en esto porque quiere conquistar a una chica. Todos sabemos que las cuestiones amorosas también tienen que ver con el magnetismo. Entonces, “La cancha de los deseos” es una exploración de en qué medida podemos cumplir nuestros sueños a través de fuerzas magnéticas.

- Es un poco también contar el fútbol desde los perdedores, ¿no?

- Desde luego. Los mexicanos nos hemos graduado en frustraciones. Martín Caparrós, el biógrafo de Boca Juniors, decía en una crónica estar sorprendido por esos países que no tienen ninguna posibilidad de arribar a los primeros puestos van con tanto entusiasmo al Mundial. Para los argentinos –decía Caparrós- siempre es un anhelo viable pensar en qué tan lejos vamos a llegar hasta el título incluso. En cambio, para los mexicanos el Mundial es interesantísimo aunque sabemos que no vamos a hacer muchas cosas. Yo quería dignificar la vocación pasional por el deporte en un país con pocos logros. Tú puedes ser muy aficionado a algo que te da pocas recompensas, pero quedarte sólo en eso es mediocre, victimista o masoquista. ¿Cómo Diablos hacemos para que el equipo juegue un poco mejor? Bueno, vamos a usar nuestro mayor capital, que es la pasión. No hay mejor ingrediente para un platillo que el cariño con el que lo haces. Siguiendo esa lógica: vamos a mejorar el equipo usando nuestra pasión. Esto sólo ocurre, claro está, en los cuentos infantiles. En la realidad necesitamos otro equipo.

- Lo que es cierto es que la literatura para niños le permite expresar su amor por el fútbol en un estado puro, sin cortapisas…

- Ya ves que Javier Marías dice que el fútbol es la recuperación semanal de la infancia, juega tu equipo y vuelves a ser ese niño que crees que los héroes son posibles, que hay una balanza del mundo que te va a dar un premio y que al fin se impondrá el bien…entonces, efectivamente, en “La cancha de los deseos”, no sólo quería yo escribir para niños, sino también que fuera un niño el que estuviera escribiendo, el niño que llevo dentro.

Cuando pasó el temblor

Juan Villoro presenta también su reciente libro “La gota gorda”, un cuento para niños escrito en medio del terremoto de Chile el año pasado, cuando el autor participaba de un congreso de literatura infantil.

Dedicada a su hija Inés, la historia del gigante Max Máximus y de su primogénita Mini María resultó un ejercicio de “autoterapia” para el conocido escritor, ganador, entre otros, del Premio Xavier Villaurrutia en 1999 por su novela “La casa pierde” y del Premio Internacional de Periodismo “Rey de España” por “La alfombra roja, el imperio del narcotráfico”.

“Es un cuento autobiográfico. Estábamos en Chile y no podíamos salir porque el aeropuerto estaba dañado, era muy difícil establecer comunicación telefónica, caminé por toda la ciudad hasta encontrar un cibercafé y pude hablar a mi casa”, cuenta Villoro en entrevista con Página 12.

“Me atendió mi hija Inés y le comenté que no se preocupara, que todo estaba bien, que estaba con Pancho Hinojosa (autor mexicano del famoso libro infantil “La peor señora del mundo”), a lo que mi hija respondió: - Entonces, si estás con Pancho, estás escribiendo un cuento para niños”, agrega.

“Así que le dije que sí, fue una mentira piadosa para tranquilizarla y en el momento menos previsto me puse a escribir un cuento para mi hija que funcionó como una catarsis para mí. Salió una historia del anhelo de protección de un padre que se cree un gigante y sobre todo es una historia sobre los límites de esa protección. Hay un momento en que el padre tiene que reconocer que no es omnipotente”, dice Villoro.

- Fue un momento muy difícil para escribir un cuento infantil…

- Sí, yo seguía en el séptimo piso del hotel San Francisco, teníamos réplicas todavía, la mayoría de la gente estaba durmiendo en el vestíbulo porque había sufrido ataques de pánico y el edificio estaba en escombros. Había resistido de manera impecable, pero era una ruina. En esa circunstancia nació “La gota gorda”. A veces los cuentos sirven para aliviar a los demás y a veces sirven de autoterapia y fue el caso.

- ¿No lo acompleja ser tan amigo de Pancho Hinojosa a la hora de escribir cuentos para niños?

- Es difícil porque él es un monstruo de la literatura infantil. Pancho y yo compartimos departamento. Cuando dejé la casa de mis padres, a los 18 años, me fui a vivir con Pancho. Él es un poco mayor que yo y vivíamos en un espacio pequeñito como de cuentos de hadas, era un antiguo garage de una casa, no había pasillo, para pasar al baño yo tenía que pasar por el cuarto de Pancho y él para pasar a su cuarto tenía que pasar por el mío. Entonces, ninguno de los dos escribía para niños. Somos muy amigos, hemos tenido una carrera bastante paralela y desde luego que hacer literatura infantil en su compañía es maravilloso. Yo lo llamo “El Grimm mexicano” (por los famosos autores de “Hansel y Gretel”). Todos queremos ser el otro hermano Grimm. Si ya hay uno, todos queremos ser el otro. Así que es fantástica mi relación con Pancho. Él me ha dedicado un libro, yo le he dedicado otro…y así.

De la experiencia de Juan Villoro en el terremoto de Chile también nació el libro “8.8: El miedo en el espejo”, una crónica donde el autor mexicano compara al sismo devastador de la ciudad de México en 1985 con el acaecido en el país sudamericano el 27 de febrero de 2010.

“El terremoto de 1985 fue menos fuerte que el de Chile, pero devastó la ciudad de México. En ese momento, tal vez por pudor ante una catástrofe que había matado a personas muy cercanas y por el deseo de hacer algo más útil, me hice brigadista para ayudar en esa circunstancia para la que el gobierno no tuvo capacidad de respuesta”, relata el escritor.

“El sismo distante de Chile me llevó al terremoto que había ocurrido 25 años antes en mi ciudad y el libro “8.8: El miedo en el espejo” es la combinación de esos dos sismos y de lo que se puede sentir ante la inminencia y todo lo que ocurre en esa delgada línea que separa el destino”, agrega.

- Habla de estos textos catárticos en un momento de su vida en el que está escribiendo realmente mucho

- La verdad es que creo me estoy poniendo viejo (risas). Se van acumulando textos, no lo sé, no siento que escriba más que antes.

- ¿Cuál es la rutina?

- Una cosa que es para mí esencial es cambiar de género una vez que concluyo un libro. Soy muy disperso por naturaleza, me interesan muchas cosas al mismo tiempo, tengo una mente que debería someterse a un zapping más controlado y paso con mucha facilidad de una cosa a otra. Para no repetir las costumbres o los hábitos que adquieres con un libro, pienso que lo mejor es cambiar de género. Cuando has estado en el universo de una novela para adultos, lo más importante para irte a otra orilla es ensayar un género totalmente distinto. Esto me ayuda a tener tensiones, nervios y desafíos distintos y por lo menos no repetir las soluciones. No puedo estar seguro de la calidad, pero sí puedo estar seguro de ensayar cosas diferentes.

- ¿Cuánto le interesa lo que se dice de usted? Eso que se lee a veces en los artículos cuando se dice que usted es mejor cronista que novelista o viceversa…

- El ser humano ama las comparaciones. Si vas a ver una exposición del mejor de los pintores, ante dos lienzos que te satisfacen mucho, vas a tratar de encontrar tu favorito. Por eso existen Miss Universo y el Mundial de Fútbol. Amamos las competencias, incluso aquellas que entablamos contra nosotros mismos. La verdad es que no pienso en cómo me puede ver alguien, porque me interesa escribir en diferentes registros y trato de hacerlo conforme a lo que puedo hacer y que consiste en responder a nervios que están dentro de mí y exigencias que son muy diversas. En todo caso, para aquellos que dicen que soy mejor cronista, debo decir que eso me gusta, porque la crónica opera en el presente y si ese es el juicio de los contemporáneos me siento tranquilo.

- En el corpus de la literatura mexicana, usted funciona muchas veces como el gran contemporizador, el amigo de todos, el que trae paz en tiempos de guerra…¿Cómo se siente frente a eso?

- Creo que hay dos tipos de escritores. Por un lado están los que quieren ser los únicos escritores en el mundo. Como la literatura es un ejercicio solitario, esta situación estimula mucho las condiciones egoístas. Luego hay otro tipo de autor al que le gusta leer a los demás autores, tener relación con ellos, que no se ve tanto como una voz única, sino se ve más como un instrumento de la época, como un pararrayos que recibe energía y a partir de eso se considera menos el autor absoluto de todo lo que hace y más el intérprete de energías colectivas. Yo soy ese tipo de autor. Me gusta precisamente escribir para niños entre otras cosas por eso. Para los niños no existen los autores. El libro adquiere en manos de los niños una autonomía que difícilmente adquiera en manos de los adultos y eso es muy gratificante para un escritor como yo.

- Como el gigante de su cuento, ¿a usted le gusta mirar a su país desde el otro lado del océano y por eso vive un tiempo en Barcelona y otro en el Distrito Federal?

- Efectivamente. Escribí la novela “El Testigo” (Premio Herralde 2004) un año en México y luego durante tres en Barcelona. El estar en España me sirvió para cultivar una nostalgia, una añoranza, que no hubiera experimentado en mi propia ciudad. La distancia te acerca de manera paradójica cosas que pasas por alto cuando estás inmerso en ellas. La crónica más difícil de hacer es la de la calle donde vives.



VILLORO, EL ARGENTINO (recuadro)



Juan es uno de los autores mexicanos más cercano al corazón de los lectores argentinos, muchos de los cuales lo veneran a raíz sobre todo de libros como “Dios es redondo”, “Los once de la tribu” y su maravilloso compendio de cuentos “La noche navegable”. El autor devuelve el afecto visitando Buenos Aires a menudo. Para él, su conexión con nuestro país dará dos pasos grandes en la tabla del amor mutuo cuando a finales de agosto se realice por un lado en Rosario un congreso sobre Fontanarrosa y por otro cuando se estrene en Capital Federal la obra “El filósofo declara”, con la dirección de Javier Daulte y la participación en el rol protagónico del legendario Alfredo Alcón.

“¿Qué más puedo pedir? Visitaré la tierra de Messi, del Che, de Fito Páez, del Negro Fontanarrosa”, dice Juan.

“Me gusta mucho Buenos Aires, es una de mis ciudades en el mundo. Estoy muy emocionado con la versión que de mi obra ha hecho Javier Daulte. Es una versión respetuosa, con lenguaje argentino y encima estará protagonizada por Alfredo Alcón, algo que a cualquier dramaturgo lo llenaría de una enorme ilusión”, agrega.



LA DECENCIA MEXICANA



Cuando se hizo la entrevista, Juan estaba leyendo “Decencia”, la reciente y elogiada novela de su colega y amigo Álvaro Enrigue (Ciudad de México, 1968). A propósito del libro y de su autor, Villoro opinó que “es extraordinario, una desmitificación de tantos valores nacionales con un sentido del humor muy corrosivo que ya conocemos por las crónicas de Carlos Monsiváis y por la literatura de Jorge Ibargüengoitia. “Decencia” sale, además, en un momento donde los Bicentenarios tan pomposos que tuvimos y el desgaste y el deterioro de la sociedad mexicana actual, celebran saludablemente esta indagación de Álvaro Enrigue acerca del enorme disparate que somos los mexicanos”.

“La novela de Álvaro dice: el problema de la Revolución es que después de hacerla íbamos a seguir siendo mexicanos. Un personaje mío en “Los culpables” dice: Soy mexicano, pero ya no lo vuelvo a hacer. En fin, que me parece un libro espléndido ya desde su título, tan provocador”, afirma Villoro.