domingo, 17 de julio de 2011

LA MUERTE DEL CANTOR


Era un anciano. Estaba casi ciego. Había sobrevivido a un cáncer de páncreas y a la muerte en un accidente de avión de su primera esposa y su hija. Fue asesinado a tiros cuando iba camino al aeropuerto La Aurora, en Guatemala.

Pocas noticias conmocionaron tanto como la muerte violenta de Rodolfo Enrique Facundo Cabral, quien había nacido el 22 de mayo de 1937 en una calle, como decía él, de la ciudad de la Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires.  

Venido al mundo en un hogar destrozado por el abandono del jefe de familia, con una sufriente madre de otros siete hijos, la infancia de quien conociera la fama internacional como cantautor con el nombre acotado de Facundo Cabral, fue propia de una escena del neorrealismo: pobre, casi miserable.

Tal vez por eso, a sus 74 años, deambulaba todavía por el continente cantando sus coplas entre místicas, filosóficas y teñidas siempre con una pátina de ironía y provocación, una muestra del espíritu joven que lo acompañó hasta su muerte.

Trabajar hasta el final, previendo un retiro anunciado, convencido de que “si los malos supieran que buen negocio es ser bueno, serian buenos aunque fuera por negocio”.

Lo mataron los malos en un confuso atentado que el propio presidente de Guatemala, Álvaro Colom, describió como “una maniobra de la mafia, muy bien organizada”. Las investigaciones apuntan a que el verdadero destinatario de los proyectiles era el empresario que lo había contratado para dar sendos conciertos en Guatemala y Nicaragua, adonde se dirigía el cantautor cuando encontró la muerte.

Henry Fariña, que sobrevivió al atentado, es ahora el testigo clave para una justicia que ya tiene a varios detenidos (ver recuadro), aunque el estado de gravedad en que se encuentra impide por ahora tomarle declaraciones.

La vida fascinante  de quien escribió aquello de “no soy de allí, ni soy de allá” se truncó por un hecho tan fortuito y azaroso como tan imprevisible fue su larga existencia, condenada desde el principio a una lucha feroz por la supervivencia.

Los apuntes más destacados de su biografía narran el hecho increíble de su niñez, cuando con apenas nueve años logró entrevistarse con Juan Perón y su esposa, Eva Duarte. Había escuchado Facundo que el entonces presidente de Argentina ayudaba a los pobres y no dudó en escaparse de su casa para emprender una larga travesía a la Capital Federal.

“Pedía trabajo y no limosna”, contó Cabral en un reportaje muchos años después. La súplica caló hondo en el corazón de la Primera Dama y fue así como Facundo consiguió trabajo para su madre y una nueva casa para su numerosa familia.

La película de una vida dura

Alcoholismo a edad prematura, encierros en reformatorio, un carácter violento que lo llevó a la cárcel a los 14 años, el encuentro con un cura jesuita que lo hizo estudiar y lo aficionó a la literatura: la vida de Facundo Cabral parece haber estado escrita por Edmundo de Amicis, una novela emotiva que pudo ser trágica y que desvió el rumbo hacia campos más propicios cuando, en 1954, con apenas 17 primaveras encima, escribió su primera canción “Vuele bajo”.

“A mí me salvó la música, yo hubiera sido fácilmente un delincuente, odié como nadie, pero me salvó la canción. No tengo una gripa, es cáncer, pero está bien, yo estoy feliz y no es tan grave”, dijo en México el año pasado.

“Lo recordaré como un buen tipo, el más cordial de todos, pero la muerte es la muerte y debemos aceptar esta noticia terrible con dignidad”, dijo su colega, amigo y compatriota Alberto Cortéz (juntos hicieron durante varios años el espectáculo Lo Cortez no quita lo Cabral).

Otro artista argentino, el cantante Jairo, lo recordó “como un andarín carismático y encantador”. Es cierto. Cabral no tenía una vivienda fija, paraba en hoteles y nunca dejaba de girar. Hay músicos así, que no pueden dejar de dar conciertos, tal como lo reveló el guitarrista de los Rolling Stone, Keith Richards, en su autobiografía.

El artista que decía “no estás deprimido, estás distraído” gozaba en sus últimos años de gran popularidad en Centroamérica. Su público en Argentina se había restringido un poco a raíz del discurso ultra - místico que cultivaba Cabral en sus espectáculos.

Siempre había buscado a Dios, sin suscribirse a alguna religión en particular, hablando del Sermón de la Montaña y de la amistad personal que mantuvo con la Madre Teresa de Calcuta, pero en la vejez, sus invocaciones al Creador eran la parte central de sus shows. Eso sí, no había perdido el humor filoso y mucho menos esa verborragia encantadora que llamaba a silencio a todos los espectadores ocasionales que se deleitaban escuchándolo.

“No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90”, decía. Él tenía 74, se vestía con pantalones de mezclilla, tapaba sus dañados ojos con unos coquetos anteojos rojos al estilo Lennon y conservaba la columna vertebral erguida, la cabeza fresca y atenta, el modo enérgico y solidario de dirigirse al prójimo.

“No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada”, también decía el hombre que carecía de propiedades y que llegó a donar 1 millón de dólares a la Madre Teresa de Calcuta, a quien veneraba.

La conoció cuando ella lo llamó a un programa de televisión en México en los ´80, donde le estaban haciendo una entrevista al cantautor. Pidió salir al aire, para sorpresa de los productores, del conductor del show y del propio Facundo, quien cuando terminó su participación televisiva corrió a encontrarse con la monja, que estaba de visita en el Distrito Federal.

Años después, cuando la Madre Teresa de Calcuta se enteró de la tragedia personal que asolaba al cantautor, quien había perdido a su hija y a su esposa en un accidente aéreo, lo llamó por teléfono para preguntarle qué iba a hacer con todo ese amor que le sobraba y lo invitó a Calcuta.

“Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sentía que Dios recién había salido. Una señora, impresionada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares, a lo que Teresa contestó: Yo tampoco porque a un leproso solo se lo puede bañar por amor”, contó Cabral.

En su constante desapego, también se alegraba por la piratería y porque la gente pudiera bajar música gratis de Internet. “Ahora hay más gente que puede conocer mis canciones”, decía.

Amor a la mexicana

Facundo Cabral vivió en México durante los cruentos años de la dictadura. Su exilio fue forzoso y residió en este país entre 1976 y 1983. Aquí desarrolló afectos entrañables, pero sobre todo se ganó la fidelidad de un público que reía con sus ocurrencias y se sentía identificado con sus canciones.

Fue amigo de José Alfredo Jiménez, quien lo llamaba “Fecundo Cabrón”.

“Un día estaba en un programa con Jacobo Zabludovsky y la segunda llamada que entró al aire fue la de él (José Alfredo). Dijo: ‘Jacobo dile a ese señor que quiero ser su cuate’ y casi me desmayo, porque la gran mayoría de las canciones mexicanas que se conocen en el mundo son de José Alfredo”, contó Cabral en una conferencia de prensa llevada a cabo en León, Guanajuato, en 2010.

José Alfredo lo molestaba con la canción “No soy de aquí ni soy de allá”. ¿Por qué la hiciste tú? La tendría que haber compuesto yo, le decía el guanajuatense, a lo que Cabral respondía: Bueno, entonces yo tendría que haber escrito “El rey”.

Su llegada a México, con 17 dólares en el bolsillo, fue en 1972. No conocía a nadie y e paró en la puerta de Televisa. Fue Jacobo Zabludovsky quien se paró a escucharlo e inmediatamente lo invitó a su noticiero. Al principio iba a cantar en un solo bloque y al final se quedó durante toda la emisión. Al día siguiente ya tenía contrato con una disquera y una carrera profesional en ciernes.

Quería terminar su carrera en este país, al que venía cada año a dar conciertos, tanto en la capital como en el interior.

Hombre de letras

Facundo Cabral no era un intelectual ortodoxo, pero sabía mucho de literatura y amaba los libros. Escribía con pasión, no sólo canciones, sino también poesía y los textos que narraba con voz clara y precisa en sus presentaciones.

Dialogó con Krishnamurti, fue amigo de Juan Rulfo, de Julio Cortázar y de Jorge Luis Borges. A este último lo visitó su departamento en Buenos Aires. “Señor Cabral, usted sabe más de mi vida que yo, abra esa cómoda y encontrará muchos manuscritos lléveselos, se los regalo”, le dijo el gran escritor.

“Cuando le pregunté a Borges porqué no había libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura. Cuando le pregunte qué le había parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios”, contaba Cabral en una de sus famosas anécdotas ante el público.

En Ciudad Obregón conoció a Erich Fromm, el autor de El arte de amar. “Fue una luz. Iluminó un montón de rincones que no conocía. Fue como estar frente a un espejo mucho mejor que yo”, dijo Facundo.

Quería a Octavio Paz, a Julio Cortázar, a Nacha Guevara, a Walt Whitman y le costó vivir sin Borges.

“Estaba tomando sopa con mi madre. Mi madre lo amaba: no me olvido nunca de eso. Estábamos comiendo una sopa de sémola y sale un gran amigo nuestro en la radio, un hombre importante de la radio argentina, que además estuvo bastante cerca también de Borges, y dijo: “Hoy odio mi oficio. ¿Por qué me tiene que tocar a mí decir que Borges murió en Ginebra?” Y mi madre no dejó de tomar la sopa y dijo: “¡Caramba! Ahora sí que vamos a ser pobres”. Esa fue una muerte terrible para mí, porque no se puede suplantar tanta inteligencia. Ahora hay que esperar otro siglo y yo me lo pierdo”, contó en una entrevista.

El adiós

Alguien podrá decir que la muerte trágica de Facundo Cabral sirvió para hacerlo un mártir ante los ojos de quienes lo amaban y ahora lo amarán más todavía. Sin embargo, nadie debería morir de esa manera, acribillado por delincuentes  impiadosos, dueños de la vida de la gente, tan comunes en nuestros territorios.

Hablar de que el horrendo asesinato convertirá a Facundo Cabral en un santo que venerarán las generaciones venideras es una paradoja tentadora, pero a la que no deberíamos suscribirnos.

Un hombre murió víctima de la violencia ciega que ronda por las calles y esquinas de Latinoamérica. Fue una coincidencia que ese hombre fuera famoso y para muchos un productor de obras que dieron consuelo y paz en sus horas difíciles.

Por otro lado, “llorar por la muerte es faltarle el respeto a la vida”, decía quien a lo largo de sus 74 años se dedicó a vivir con toda la pasión y muestra de ello es la serena firmeza y la dulce constancia con la que combatió al cáncer que padecía. 

Él, que no fue de aquí ni de allá, consiguió el título de Mensajero de la Paz por la ONU y el de Ciudadano Ilustre de la ciudad de Buenos Aires. En Argentina, su país natal, decretaron tres días de duelo por su muerte y lo propio hizo Guatemala, donde lo asesinaron.

“No hay muerte... hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados”. Palabra de Facundo

miércoles, 6 de julio de 2011

ESPOSOS Y ESPOSAS DE LA POLÍTICA


La historia del mundo comprueba que si bien puede haber política de altas dimensiones ejecutada por hombres y mujeres célibes, lo común –y más interesante, sin duda- es que muchas de las decisiones que cambian la vida de una comunidad, crecen al calor de las sábanas matrimoniales, se cuecen en la desatada pasión de los amores prohibidos.

No todo es sexo, claro, también hay mucho de soporte moral en las relaciones de pareja que apuntalan o medran a los poderosos. Para decirlo en buen romance, alguna vez el jefe de gobierno o la ministra regresan al hogar y dirimen sus cuestiones existenciales en un sistema donde la posición de mando cede lugar a la vulnerabilidad que cobra forma en un par de viejas y cómodas pantuflas.

Si el compartir lecho y mesa de desayuno tiene o no implicancia en las decisiones de gobierno, es cuestión que ha sido largamente analizada por politólogos, sociólogos, historiadores, periodistas. Tantas y sesudas investigaciones, sin embargo, no alcanzan para establecer un patrón único de comportamiento. A la hora de la hora, hay de todo, como en botica.

Los casados cazados

De esos matrimonios donde el calor del tálamo conyugal hizo mucho para virar los destinos no sólo de un país, sino hasta de un continente, la historia tiene un ejemplo paradigmático. En la Inglaterra del siglo XV, cuando el matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón atravesaba sus primeros y buenos tiempos, mucho antes de que la sufrida reina española se viera despojada de todos los honores por su déspota y mujeriego esposo, la monarca oficiaba como embajadora no oficial de los designios de su padre, el rey Fernando.

El regente de Castilla y máxima figura del reino de Aragón resultó ser un traidor que no sólo se mofaba de los arrebatos de su joven e inexperto yerno, sino que también obró en su contra, aliado con el emperador Maximiliano de Austria y Luis de Francia. Mucho tuvieron que ver los cantos de sirena que entonó en los oídos de su inocente hija, para que Enrique VIII hiciera una malograda incursión en los reinos de Francia y sufriera un primer fracaso militar cuando la prometida ayuda española comenzó a brillar por su ausencia.

¿Cuál hubiera sido la historia de Inglaterra si el rey hubiera seguido escuchando los consejos de Catalina o si esta no se hubiera dado cuenta a tiempo de las maniobras de su astuto progenitor?

Por suerte o para desgracia de la dinastía Tudor, apareció Thomas Wolsey en la esfera íntima del monarca y Enrique, que ya había partido a calentar lechos que le hacían más ilusión que los que ocupaba la reina, dejó de compartir las cuestiones políticas con Catalina.

La indiferencia del consorte

A veces, los gobernantes se casan con personas a las que el poder les vale un cacahuate, por decirlo en buen francés. Resultan ser seres casi anónimos que viven o casi vegetan a la sombra del árbol que riega el cónyuge poderoso. Suelen ser personas no muy bien vistas por el ojo público, una maquinaria voluble si las hay.

También en la vieja Europa vivió un matrimonio desparejo donde la reina Catalina de Navarra se desesperaba por la parsimonia de su marido, Jean d'Albret, un hombre más inclinado a la poesía que a las guerras y al que, la verdad, le daba mucha flojera tener que salir a defender su reino. Resultado de sus escasas dotes para la política, en un sistema donde debía ser el monarca quien tomara las mayores decisiones, el matrimonio debió ceder Navarra a la corona inglesa y refugiarse en Francia.

Más acá en el tiempo, poco brillo tuvo el atosigado marido de la Dama de Hierro Margaret Thatcher, que gobernó Gran Bretaña entre 1979 y 1990. Sir Denis, que así se llamaba, falleció en 2003 sin haber dejado nunca de ser satirizado por la opinión pública inglesa, que lo consideraba un esposo sumiso, aficionado al golf y a la ginebra y en quien la feroz mandataria solía descargar toda su ira.

Los dos al poder

De aquellos matrimonios donde los dos miembros son aficionados al poder, hay más ejemplos. No hace falta hurgar mucho en la historia para caer en la cuenta de que Bill Clinton no lo tendría fácil en su regreso a casa, toda vez que allí lo aguardaba la implacable Hillary, la actual canciller estadounidense.

Poco faltó que la dama rubia de eterna sonrisa apellidada Rodham llegara a la silla presidencial. En el camino se le cruzó Barack Obama, como antes, en tiempos negros de su profuso pasado político, tuviera que vérselas con una ambiciosa becaria de la Casa Blanca. La tal Monica Lewinsky casi hace trastabillar su matrimonio, amén de perjudicar el gobierno de su marido, con quien mantuvo un sonado e inolvidable affaire. Es tanta la conciencia del poder de Hillary, que “perdonó” a su esposo y hoy aparece tan campante como miembro activo del gobierno de Obama.

Guardando las dimensiones del caso, otro matrimonio, esta vez local, parece estar galvanizado y crecido a la luz de los incendios del poder. Nadie podría pensar, a fuerza de ser sinceros, que en el caso de que el político metropolitano René Bejarano llegara a ejercer como jefe de gobierno de la ciudad o, por qué no pensarlo, como presidente de la República o ministro de la Nación (en política todo se vale y todo depende de la correlación de fuerzas dominante), su mujer, la incombustible Dolores Padierna, iba a quedarse tan tranquilita en Los Pinos, renovando la vajilla o bordando manteles.

Si al revés fuera, si la potente dama perredista, con cuyo marido sorteó las hecatombes derivadas del “Escándalo Ahumada” a mediados del 2000, fuera designada para un cargo público, no sería Bejarano el que se mantuviera en las sombras, recatado, sin opinar sobre la función de gobierno de su mujer.

Tal como sucedía con el matrimonio Kirchner en Argentina, la dupla Bejarano-Padierna funciona como un tándem y es muy difícil medir cuánto hay de él en ella o viceversa.

El amante incómodo

No faltan entre los políticos, aquellas parejas un tanto revulsivas y hacia las que suele cargarse todo el peso de las malas decisiones de gobierno. Se trata de personas que aparecen sorpresivamente en la vida del funcionario público y asumen la extraña virtud de transformarlo todo.

Nadie olvida a la esposa del ex presidente mexicano Vicente Fox, la inefable “Marthita” Sahagún, una extraordinaria figura de la política local, que no sólo fue vocera oficial de su marido, sino que también logró doblegar las reticencias de él al matrimonio y se casó con “Chente” en 2001, a un año del triunfo electoral del candidato panista.

Incansable en su afán de protagonismo, Sahagún llegó a ser prácticamente una presidenta alterna y durante el hoy tan criticado gobierno de Fox, mucha gente se preguntaba cuánto había de Martha en las decisiones que tomaba el mandatario.

Implacable y feroz, estuvo a punto de ser candidata a presidente, decidida como estaba a suceder en el gobierno a su marido, un sueño que se tronchó por las enormes resistencias partidarias y también por las sospechas de corrupción y enriquecimiento ilícito que aún hasta la fecha acompañan a sus hijos.

Otro caso de amante incómodo, esta vez casi trágico, fue el que protagonizó la ex jefa de gobierno de la ciudad, Rosario Robles con el cuestionado empresario argentino Carlos Ahumada.

“Cometí el error de relacionar lo personal con lo político”, dijo Rosario en su libro Con todo el corazón, refiriéndose al romance vivido con quien fuera propietario del grupo Quart, del equipo de fútbol mexicano León y del desaparecido periódico El Independiente.

“Fue un error garrafal haber mezclado mis sentimientos con los negocios. Fue un suicidio”, dijo a su vez Ahumada en su Derecho de réplica.

Si los negocios del empresario crecieron al abrigo de lo que, según rumores, se constituyó en un amor apasionado típico de un culebrón de la tarde, la historia carece de registros en tal sentido.

Robles nunca fue enjuiciada por supuestamente haber favorecido a Ahumada, quien saltó a la fama a través de unos videos donde se lo veía sobornando a funcionarios públicos del Distrito Federal.

Lo que es cierto, es que uno de los mejores cuadros de la izquierda mexicana y a quien en la cumbre de su accionar político, comenzaba a vérsela como una presidenciable, debió retirarse a cuarteles de invierno y asumir los altos costos de un amor truncado y prohibido.

La vergüenza de Marcelo

¿Qué le pasaría a usted si fuera un adusto jefe de gobierno, poco dado a las expresiones públicas de euforia o emoción desbordada y en un solemne acto político, su esposa o esposo brindara un discurso incoherente en aparente estado de ebriedad, llamándolo “amor mío” ante decenas de periodistas y cientos de ciudadanos?

Marcelo Ebrard, el serio y formal mandatario capitalino, habrá pensado: “Esto no me puede estar pasando a mí” cuando su hoy ex esposa, la actriz y pintora Mariagna Pratts, aprovechó la ceremonia de colocación de la primera piedra de lo que será el Centro Comunitario en San Juan Ixtayopan, en Tláhuac, para explayarse sin inhibiciones, mostrándose desatadamente informal y poco clara, mediante palabras u oraciones tan pintorescas como cuando, refiriéndose a los arquitectos con los que había trabajado para el proyecto, dijo “agarrándose del chongo, del molcajete y a sartenazos para este proyecto del Centro Comunitario!… Levanten las manitas, no los veo. ¡Ay…!”.

Al día siguiente, la prensa tituló: “Aparece otra Primera Dama protagónica”.

El vaticinio duró poco porque en abril de este año, Ebrard anunció el divorcio de Pratts.

No se sabe si el jefe de gobierno llegó a la conclusión que hay veces en la vida en las que conviene estar mejor solo que mal acompañado, lo que sí se conoce es que de prosperar las ambiciones presidenciales de Marcelo, por primera vez en la historia de México no habrá una Primera Dama acompañando al máximo mandatario.

Deshojando la margarita

“Cargaré con los costos morales”, dijo el presidente Felipe Calderón durante el diálogo que mantuvo en El Alcázar con el poeta Javier Sicilia. La frase más o menos textual del primer mandatario de gobierno fue como decir “Seguiré en las mías y me la aguanto”. A su lado, la siempre discreta y medida Margarita Zavala guardó silencio. No sólo es una Primera Dama instruida y militante, sino también la madre de los tres hijos del presidente, la encargada de preservar la seguridad y armonía familiares.

Es curioso el caso de Zavala, una abogada siete años más joven que su marido, docente de Derecho y férrea militante del PAN. Curioso porque conforme decae la popularidad de Felipe Calderón, crece la de la Primera Dama.

Alejada de los fuegos artificiales del poder, en los primeros años del gobierno de su marido llegó a ser criticada por su aspecto un tanto descuidado en la vestimenta, hecho que corrigió hasta llegar a la sobriedad y elegancia que hoy la caracterizan. Fuera de esas críticas banales alimentadas por la liviana prensa rosa, no suelen aparecer artículos contrarios a Zavala y su imagen positiva ha hecho crecer los rumores: ¿Sería Margarita una buena candidata presidencial para el PAN? ¿Podría, en cambio, aspirar a la jefatura de gobierno en el Distrito Federal por su partido?

El primer mandilón

“Si Josefina Vázquez Mota accediera a la presidencia de México, su esposo, ¿sería el Primer Mandilón?” fue la divertida consulta de un foro de Internet que hacía referencia a la figura de Sergio Ocampo Muñoz, un licenciado en informática y empresario en la industria de la alimentación que está casado con “Chepita”, como le dicen, y que es el padre de las tres hijas que tiene el matrimonio.

El más agradable término de Primer Caballero correspondería a este hombre poco dado a las apariciones públicas y que se queda en casa cuando Josefina va de gira política. “Le paso mi agenda y él me marca adonde me puede acompañar”, declaró la candidata panista a un portal de Internet.

Ocampo, hombre discreto, no suele emitir opiniones acerca de la actividad política de su esposa, con la que le encanta ver películas, ir a misa los domingos y cocinar carne asada.

Los flashes de la tele

El 11 de enero de 2007, una noticia sacudió el ambiente político mexicano: en circunstancias que tardaron en aclararse (primero se manejó un suicidio, luego una muerte a causa de adicciones a las drogas), fallecía la joven esposa del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Mónica Pretelini, una licenciada en Historia del Arte, tenía apenas 45 años y, según su viudo y padre de sus tres hijos, en manifestaciones al periodista Jorge Ramos para su libro Los presidenciables, falleció a causa de los ataques de epilepsia que sufría en ese tiempo, algo que fue desmentido por la hermana de la fallecida, quien al semanario Nuestro tiempo declaró en 2008 que “murió a causa de una crisis nerviosa”.

Si bien hay fotos que muestran al gobernante con expresión compungida en el velatorio de su esposo y, aunque nadie duda de que quedar viudo a edad tan joven no resulta una circunstancia que pueda exigir una cara sonriente, los amigos y familiares de la pareja suelen dar cuenta de las grandes desavenencias existentes en el matrimonio.

Hay quienes afirman que vivían incluso separados. A cuatro años del fallecimiento de Pretelini, Peña Nieto es parco a la hora de recordar públicamente a su mujer, toda vez que es ahora el esposo de la actriz Angélica Rivera, un matrimonio que se concretó con gran pompa el 27 de noviembre de 2010.

Poco expresivo y con escasas cualidades para manejarse en público, el candidato por el PRI no se vio exento de rumores en torno a la “conveniencia mediática” de contraer lazos con una figura telenovelesca.

Si se concreta el mandato de Peña Nieto, Angélica Rivera sería la primera actriz en ejercer en México el cargo de Primera Dama, un puesto que en el plano internacional han ocupado celebridades como Eva Perón en Argentina y la princesa Grace Kelly en Mónaco. Sasha Montenegro, nombre artístico de la italiana nacida mexicana Aleksandra Asimović Popović, casada en segundas nupcias con el ex presidente José López Portillo, fallecido en 1982, fue la esposa oficial del mandatario, pero cuando éste ya no ejercía la función pública.

La SS de Manlio

Pocos políticos deben tanto al pasado, se han adecuado tanto al presente y aspiran tanto al futuro como el priísta Manlio Fabio Beltrones, un sonorense nacido en 1952 y que empezó a edad muy temprana en la carrera política. Sobreviviente de todas las batallas, esta verdadera fiera del poder parece haber ganado parte de su fuerza en el sólido hogar que formó, hace más de 30 años, con la jalisciense Sylvia Sánchez.

Psicóloga recibida en la UNAM, el único cargo político que ocupó la esposa de Beltrones fue el de presidenta del DIF de Sonora entre 1991 y 1997, cuando su marido fue gobernador de aquel Estado.

Sylvia es una de las esposas a la vieja usanza, resignadas con gracia y aparentemente sin conflicto a las rutinas que impone la actividad política a la que su cónyuge dedica la mayor parte de su vida. Tanto así que se casaron en 1978 en día franco (el que festeja a las madres), porque era la única jornada que tenía libre el novio.

Aficionada a las labores benéficas (dirige su propia Fundación), tuvo con Manlio una única hija que lleva su nombre y que hoy es una joven funcionaria del PRI.

Si Beltrones llegara a la presidencia, no tendría que llamar la atención la aparición de su mujer en las páginas de papel couché de las revistas de sociales, pues es algo a lo que ya es muy aficionada. Lo curioso sería verla participar en algún acto político.

La sombra gris del “Peje”

Las declaraciones de la joven periodista Beatriz Gutiérrez Müller, nacida en Puebla en 1969 y casada en segundas nupcias con Andrés Manuel López Obrador, cuando dijo aquello que le daba igual si su marido se convertía en presidente de México, resonaron con fuerza en los medios políticos nacionales.

La mujer, de rostro franco y amable, de serena belleza y sólida formación académica (Estudió la licenciatura en comunicación y es maestra en Letras Ibéricas por la Universidad Iberoamericana), está convencida de que una Primera Dama sólo puede ser “la sombra gris” del mandatario y es reacia casi enfermizamente a cualquier aparición pública ligada con su ilustre esposo.

Madre del cuarto hijo de político de izquierdas (un niño nacido en el 2007), la también novelista llenó el vacío que dejó la muerte de la primera esposa de AMLO en 2003, con la que estuvo casado durante 23 años y con la que procreó tres hijos.

En 2008, la periodista Katia D’Artigues se refirió, en su columna de El Universal, a un presunto divorcio entre Beatriz y Andrés Manuel. Pareció ser sólo la crónica de una crisis que, en apariencia, los involucrados superaron, pues el matrimonio por ahora sigue junto, aunque viven en casas separadas.

El huracán Paulina

Mucho glamour y demasiado dejar pasar algunas situaciones (como la aparición de una hija fruto de una relación extramatrimonial con la actriz Edith González) que otras mujeres en su lugar no hubieran aceptado, caracteriza el temple de la joven y bella Paulina Velasco, actual esposa del panista Santiago Creel.

De formación ultracatólica, al igual que su marido, espantó a sus ex profesores de la Universidad Anáhuac cuando decidió irse a vivir con Creel, sin pasar antes por el registro civil y luego de que el político diera fin a su matrimonio de 20 años con Beatriz Garza Ríos, dueña de la Hacienda de los Morales y con la que procreó tres hijos.

Paulina, otra chica joven casada con un político maduro (ella tiene 33, él 56), no parece estar muy interesada en la política y más bien comparte con su esposo la debilidad por las revistas del corazón, donde les encanta salir.

También mostró los dientes y las uñas cuando entró como un huracán a la Suprema Corte de la Nación en 2007, oficiando como Directora de eventos y cobrando un sueldo mensual de 50 mil pesos.

Hoy, Velasco es la madre del quinto hijo del candidato panista (una niña que lleva su nombre), con el que se casó el 18 de diciembre de 2010. (Especial para sinembargo.mx)

¿MÉXICO, QUÉ NOS PASÓ?


0.56 es una cifra demasiado pequeña como para que sobre ella se asiente todo el destino de un país. Sin embargo, esa minúscula fracción numérica fue la que llevó al candidato panista del 2006, Felipe Calderón, a la presidencia de México. Con un 0.56 menos, quedó el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, como gran perdedor disconforme.

Uno fue llamado por la oposición el presidente ilegítimo. En una nación como la mexicana, donde no hay segunda vuelta, más allá de los favoritismos, resultaba escandaloso que alguien pudiera construir una sólida labor de gobierno asentado en tan pequeña diferencia con su oponente en la contienda electoral.

Los simpatizantes del otro candidato, del que no llegó a la presidencia, comenzaron a llamarlo “Presidente legítimo” y en el medio de los dos, estaba el pueblo, la gente, en algunos casos víctimas propiciatorias absolutamente paralizadas frente a una guerra electoral y de poder que no parecía incluirla en lo mínimo.

¿Qué nos pasó México?, se pregunta el director Lorenzo Hagerman, en el documental 0.56 % que ve la luz este 1 de julio y que, espectacularmente producido por Lynn Fainchtein, explica aquellos días negros y escandalosos, muchos de los cuales, vistos desde el presente, conforman un verdadero mapa de la ridiculez política, del bajo punto de miras y de las pocas ambiciones de que México sea realmente un país mejor que caracteriza a la mayoría de la clase gobernante nacional.

Las peleas de los diputados en la Asamblea, a puño partido y a insulto vociferado sin ningún recato, luego cantando estrofas de “El rey”, con ironía y voz desafinada, observados desde esta actualidad, dan una vergüenza ajena espeluznante y, si bien no alcanzan a responder la pregunta que se plantea la película en su tesis, alcanza para definir, como espectador, un no lugar al que parecemos condenados, toda vez que la representación política de quienes nos gobiernan, se encuentra altamente cuestionada por escenas como las que muestra el filme en sus inicios.

La producción de Fainchtein marca un antes y un después en la historia del documental autóctono. Jamás se había seguido tan de cerca a un candidato como lo hace el equipo de 0.56 % con Andrés Manuel López Obrador. La historia comienza desde el desafuero pedido por el entonces presidente Vicente Fox a quien regía los destinos de la ciudad de México.

El enorme apoyo popular dedicado a AMLO, la torpeza política de un Fox que llegó a ser criticado hasta por los organismos económicos de la derecha mundial a causa de un pedido de desafuero que escondía, en su esencia, el deseo de descartar al candidato de la izquierda para las elecciones presidenciales que se venían, conforman apenas unos tonos de la enorme paleta de colores con que el documental pinta la contradictoria realidad mexicana de esos días.

La película no esconde, por ejemplo, la irónica declaración de AMLO diciendo que no se quería convertir en un cacique político, mientras la cámara lo pinta como tal. O su enorme ignorancia de las clases medias mexicanas, que fueron los que fundamentalmente construyeron su inesperada derrota electoral. Tampoco metió bajo la alfombra esa rotunda convicción expresada por Andrés Manuel, al decir que si perdía la elección “me retiraré a Tabasco”, que contrastada con el presente del político que pelea otra vez por ser candidato, parece una humorada.

De hondo valor testimonial e histórico, sin miedo a retratar una realidad tan cercana en el tiempo, 056 % es de esos documentales que hay que ver sí o sí, sobre todo si uno es mexicano, está por participar en las próximas elecciones y no tiene un candidato favorito. Este filme no es favor de nadie en particular, más bien rescata de los recuerdos colectivos esos hechos que a diario nos definen como animales políticos en ciernes, ciudadanos de a pie que sólo podremos cambiar la realidad que nos circunda, con información, datos, análisis sin prejuicios y mucha, mucha, memoria histórica.

Entrevista al director Lorenzo Hagerman

- Lo esencial de la película al principio, es que aquí o en la China, ganar por el 0.56% de los votos no es buena cosa…

- Hay un poco de eso, es verdad y también muestra la situación en que quedó el país con esa cifra. El punto.56 refleja el nivel de polarización al que llegó México en 2006, sumado a que vivimos en un lugar donde no hay segundas vueltas y donde no se permitió el recuento de los votos.

- Lo curioso es que se planteó el debate sobre si había habido o no fraude y no sobre la poca diferencia de votos que había entre ambos candidatos…

- Bueno, también hubo un debate que me parecía muy importante y que era aquel que pedía el recuento de los votos, algo que hubiera sido muy sano, según mi punto de vista, para despejar cualquier duda. Luego ese debate se abandonó y se transformó en la cuestión del fraude que ya todos conocemos…

- El documental es muy complejo porque hace referencia a temas muy cercanos en el tiempo, ¿cómo se produjo, cuando se tomó la decisión de hacer algo semejante?

- Sí, fue un documental muy complicado, muy difícil de hacer, de explicar, de financiar. En este país no hay una costumbre de ver documentales en forma constante. No es una sociedad acostumbrada a ver documentales y la televisión pública carece de los espacios para transmitirlos. Lo que quiere decir es que no hay una cultura al respecto. Cuando le digo a la gente que me dedico a hacer documentales, la mayoría me pregunta de qué animales tratan mis películas. Poder explicar a los personajes, a la gente que íbamos a grabar, lo que estábamos por hacer, se hacía muy difícil. Para ellos, si uno se acerca a un candidato para grabarlo, lo que estás haciendo es labor de propaganda, no un trabajo documental. El mismo Andrés Manuel López Obrador jamás había visto una película donde se siguiera a un candidato por un periodo determinado de tiempo y que la realización no formara parte de la agenda partidaria. En otros lugares, como Europa o Estados Unidos, este tipo de documentales es frecuente. Ese vacío existente en México hizo que las cosas se complicaran mucho y a la vez esa circunstancia se volvió un motor para nosotros. Llevo 20 años haciendo películas documentales, no soy politólogo y para mí era muy importante terminar la historia que nos habíamos planteado Lynn y yo, y, bien o mal, demostrar que se puede hacer un trabajo serio en ese sentido en México.

- Una de las cosas más impresionantes que muestra el documental y que no suele verse en la televisión convencional es el grado de inserción popular que tiene Andrés Manuel López Obrador, es un registro de la memoria histórica que va más allá de los favoritismos políticos de cada quien…

- Lo que digo siempre al respecto es cómo abordamos nuestro trabajo: lo hicimos desde un punto de vista antropológico, buscando saber y mostrar cómo son los políticos, cómo reaccionan cuando no están en una conferencia de prensa o frente a las cámaras, donde ellos saben o calculan muy bien lo que van a decir. Cómo es un político adentro de su carro, cómo es en su vida cotidiana, cuando va de un lugar a otro, de qué habla, cuáles son sus gestos más característicos, qué cosan lo ponen nervioso, triste o enojado. Entonces, tratamos de tomar siempre esa distancia, aunque también creemos que es un tópico eso de que uno tiene o puede ser totalmente objetivo en este tipo de trabajos. Cuando uno hace un documental, sea de política o de cualquier otro tema, existe siempre esa distancia para poder narrar el objeto deseado. Para mí, lo más interesante de seguir la gira de Andrés Manuel fue, efectivamente, ese altísimo grado de euforia que notabas en la gente y que no siempre se ve en las campañas. Se trata de un personaje que levanta muchas pasiones. En ese sentido, era muy impresionante grabar en medio de estas entradas y salidas del candidato.

- ¿Cómo hicieron para meterse con la cámara micrófonos y poder captar tantos momentos íntimos del candidato, filmando como si no estuvieran ahí?

- Cuando uno se plantea la realización de un documental, al principio ocurre como en la vida, hay muchas inseguridades, muchas reticencias, hasta que puede explicar y explicarse cómo va a ser la dinámica. En toda la etapa del desafuero de AMLO tuvimos una buena entrada, pero cuando él empezó la gira por ejemplo, teníamos que andar explicando por qué era necesario que nos subiéramos al coche con él, por qué debíamos grabar tal o cual junta. El documental que me gusta hacer es el de observación, como dicen en el gremio, uno se convierte en una mosca en la pared. Tratamos durante toda la grabación de no incidir mucho en lo que estaba pasando, tal vez levantar algunas opiniones, pero no más que eso. Casi siempre era el punto de vista de una cámara que observaba, porque siendo el tema tan polémico, un tema que divide todavía al país, el documental no se iba a centrar en definir lo que pasó ni en cómo pasó, sino que la aportación del filme iba a ser que observáramos estas actitudes, cómo se iba desarrollando la historia, para que el público pudiera sacar sus propias conclusiones.

- Imaginamos a la gente que rodea a Andrés Manuel como muy celosa de su jefe, ¿no?

- Bueno, había que pasar por muchos filtros. En general, así son todos los políticos mexicanos. A veces teníamos el sí de Andrés Manuel, pero luego venía uno de los miembros de su equipo y nos decía que mejor no, que no le pusiéramos la cámara porque se ponía nervioso, etc. Recuerdo haber visto hace muchos años un documental llamado El camino a Europa, donde un cineasta convence al entonces Primer Ministro de Dinamarca, que se convertiría en el presidente de la Comunidad Económica Europea, de seguirlo con la cámara durante un año. Hay un momento donde se graba una conversación que mantiene el personaje con Chirac y Helmut Kohl y el Primer Ministro les advierte que se está grabando. La reacción de Chirac y Kohl es preguntarle cómo permite algo así, ante lo que el danés responde: - Bueno, no tengo nada que esconder. En ese sentido, me impresionó mucho y agradezco que Andrés Manuel haya permitido que una cámara lo haya seguido desde abril del 2005 hasta las elecciones del 2006. Hay que decir que conforme la pelea se iba haciendo más fuerte, también se nos iban cerrando los accesos. Incluso, los otros candidatos también iban cerrando sus círculos. Tratamos de pedir entrevistas para poder seguir a Calderón y a Madrazo y ellos nunca aceptaron. Por otro lado, la gente de Andrés Manuel sabía que el documental no iba a salir hasta después de las elecciones y eso los dejaba tranquilos, pues nuestro trabajo no iba a tener incidencias sobre ningún resultado. Así y todo, había gente que estaba de acuerdo con que nosotros estuviéramos allí y otros que no nos ponían precisamente buena cara.

“El tema me eligió”

Lorenzo Hagerman, nacido en el Distrito Federal en 1969, comenzó su carrera en 1991 como corresponsal en la guerra de de la Ex-Yugoslavia. Por más de 17 años ha trabajado como fotógrafo para varias televisoras y compañías productoras en Europa, Latino América y EU. Su trabajo en Which way home recibió en 2010 la postulación al Oscar por mejor largometraje documental.

Actualmente vive en Mérida, donde dirige La Sala de Cine al Aire Libre LA68, está dedicada a proyectar, promover y sembrar público para el cine documental.

Para él, Andrés Manuel López Obrador, como objeto de una película es un personaje interesante.

“Recordemos que en 2005, AMLO era todo un personaje. El político que viajaba por el sur, que daba esas conferencias a las cinco de la mañana, ya pintaba como alguien que iba a ser una pieza fundamental en las elecciones del 2006, aunque él decía en esos momentos que ni loco se iba a lanzar y nadie, por supuesto, le creía”, dice Hagerman.

“Cuando sucede el tema del desafuero es cuando Lynn Fainchtein, la productora, charla con César Yáñez, el encargado de prensa de Andrés Manuel y le plantea la posibilidad de hacer un documental. Sorprendentemente, ellos aceptan. Me preguntan mucho que por qué elegí ese tema y siempre digo que el tema me eligió a mí. Cuando se abrió esa ventana, surgió una oportunidad que no podíamos rechazar”, agrega.

- El documental se hace la pregunta de “México, ¿qué nos pasó”?, pero la respuesta queda un poco en el aire, ¿no?

- Claro, es una pregunta que me hago el día en que enciendo la televisión y veo a los diputados en el piso, jalándose la corbata como si estuvieran en una cantina y luego, esos mismos diputados cantando “con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Ahí es cuando me hago la pregunta y por supuesto que no tengo la respuesta, aunque sabía que si revisábamos la historia reciente, esos 18 meses que llevaron a esa situación, algunos rasgos de la respuesta que buscábamos se iban a vislumbrar. Por eso tengo tanta expectativas a propósito del estreno de la película. Como te digo, no soy politólogo, no soy analista político, pero creo que cuando la sociedad vea el documental, recibirá información, datos, controversias, temas sobre la mesa, reflexiones… Finalmente, al presente y al futuro lo va construyendo el pasado.

ENTREVISTA A HORACIO CASTELLANOS MOYA


El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya dice que siempre escribirá sobre su país de origen. “Aunque no sé muy bien qué es el destino, creo que mi rumbo literario ya está marcado. Aun cuando amplíe mi horizonte geográfico y sitúe a alguna de mis novelas en otro sitio, mis personajes serán salvadoreños”, afirma el celebrado autor de El asco.

Autor prolífico y consecuente, nacido en realidad en Honduras el 21 de noviembre de 1957, Castellanos acaba de publicar La sirvienta y el luchador, donde vuelve a transitar con pies de plomo y muerte los sangrientos senderos de la Guerra Civil (1981-1992) en El Salvador. Lo hace echando mano de dos personajes que representan el blanco y negro de un país sin salida. Por un lado, la ingenua sirvienta María Elena, el bien absoluto, y por el otro, el policía y ex luchador “Vikingo”, un representante del mal en su estado puro.

Los dos personajes centrales se mueven casi a tientas, el uno matando y torturando, la otra intentando salvar lo insalvable, en un caos de bombas, ráfagas de ametralladoras e identidades solapadas donde nadie se muestra tal cual es, por miedo a ser asesinado.

“Sin dudas es una novela sobre la muerte, porque es una novela sobre un periodo donde imperaba el terror, que es cuando la muerte enloquece, se suelta el pelo, comienza a dar alaridos y a bailar en medio de una ciudad en llamas”, precisa el escritor.

La novela está inspirada en una pareja de amigos de Horacio Castellanos, asesinada por el ejército y que aparece como sustrato en la historia, una circunstancia que al escritor le hace pensar que “todavía hay en El Salvador heridas muy abiertas, muy calientes. Hace apenas 20 años que terminó la guerra y recién ahora hay un gobierno de izquierdas que permite revisar un poco el pasado”.

Horacio Castellanos Moya vivió en la capital salvadoreña desde muy pequeño hasta 1979, cuando tuvo que abandonar el país. Su primer trabajo literario fue la antología poética La margarita emocionante, de 1980.

Su primera novela, La diáspora está dedicada a contar las experiencias de los intelectuales salvadoreños exiliados a causa del conflicto armado (1979-1992). Esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 1988.

Como periodista se ha desempeñado como corresponsal, editor y director de diversos periódicos y revistas en las capitales mexicana y salvadoreña. Sus escritos han sido difundidos por numerosas publicaciones periódicas de Hispanoamérica, entre las que se encuentran el diario La opinión (Los Ángeles, California), las revistas Tendencias y Cultura (San Salvador, El Salvador), el periódico semanal Journal do Pais y Cuadernos del Tercer Mundo (Río de Janeiro), los diarios El día y Excelsior (México), las revistas Proceso, Casa del tiempo, Plural, Límite sur, Estrategia y La brújula en el bolsillo (México).

En 2000 dio a conocer la novela La diabla en el espejo, finalista del premio internacional Rómulo Gallegos, en su edición del año 2001.

Con El asco, publicada en 1997, Castellanos Moya logró una gran repercusión internacional. Es una novela que realiza un homenaje a los personajes de Thomas Bernhard que incluso logró impresionar al traductor al español del escritor austríaco. La novela lleva siete ediciones en El Salvador, en donde se convirtió en el libro de culto de los últimos años, pasando de mano en mano.

Sus relatos han sido traducidos e incluidos en antologías en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, El Salvador y Costa Rica. El autor reside en Pittsburg, Estados Unidos.

Un tiempo vertiginoso

- En La sirvienta y el luchador hay un ritmo propio de un Martin Scorsese…

- ¿Tú crees? No sé, era lo que requería la historia…

- La historia requería vértigo y un tempo casi cinematográfico, una intriga que se come a la otra todo el tiempo…

- Sí, cuando hay situaciones así tan extremas y tiempos tan veloces siempre aparecen muchas intrigas en el medio. Uno cree que está en la intriga pero siempre hay otras intrigas paralelas que lo afectan a uno. Eso es muy interesante, porque también pasa por ejemplo con los Golpes de Estado. Hay un principio que dice que nunca hay un Golpe solo, hay uno que gana, pero hay varios al mismo tiempo. Y es igual que cuando se dan grandes momentos de desmoronamiento histórico o de colapso de sociedades. Muchas intrigas simultáneas.

- Esta sucesión de intrigas es lo que produce quizás que el final de su libro sea un final abierto…

- Bueno, abierto en un aspecto y cerrado en otro, porque el libro comienza con la desaparición de una pareja y el libro termina con el enterramiento de los cadáveres de esa pareja. Esa historia, que es una historia de bajo perfil dentro del libro pero es en realidad la sostenedora de la novela, se cierra. Lo que no se cierra son otras historias secundarias…

- Otros Vía Crucis, como el del nieto, el de la enfermera…¿dónde están?, ¿qué va a pasar con ellos?

- Exactamente. Incluso “El Vikingo” queda vivo, todo parece indicar que se va a morir pero se ve que ese hombre es mala hierba.

- ¿La sirvienta y el luchador son las dos caras de la muerte?

- ¿Te parece?

- Sí…todo es muerte alrededor de esos dos personajes, aunque una sea la buena y el otro el malo…

- Son dos caras de la muerte, si quieres, pero en realidad no sabemos cuántas caras tiene la muerte. Es una novela sobre la muerte, claro está, porque es una novela sobre un periodo donde imperaba el terror. Cuando manda el terror, la muerte enloquece y comienza a dar alaridos, a bailar y a gritar como enloquecida.

- Al narrador no le gusta que la gente sea demasiado buena ni demasiado mala, ¿no?

- El narrador trata de perderse, trata de diluirse en los personajes, ocupa la tercera persona para tomar una pequeñísima distancia a través del lenguaje de sus criaturas, pero siempre está pegado a la forma de ver el mundo del personaje. Entonces, es un narrador en tercera persona, pero cuya óptica es de primera persona.

- La sirvienta es demasiado buena y el luchador es demasiado malo. Ninguno de los dos hace buen negocio en la vida

- En ese sentido sí, son dos extremos, porque ella es ingenua, buena y él es cruel y cínico y a los dos les va bastante mal. En el caso de ella, me parece que al final el destino la trata con mucha dureza. Ese momento cuando está en la parada de autobús y decide buscar al “Vikingo” es un momento muy malo, porque ella entra en otro ámbito de la vida. Lo hace por el Bien, pero entra en el Mal.

- Y es cuando el personaje adquiere un carácter casi fantástico, deja de ser real, no puede ser que pase tantas tragedias una detrás de otra…

- Pues todos los personajes están atados en función de varios dramas. Hay varios dramas simultáneos. La familia de la sirvienta, con su hija enfermera y su nieto guerrillero, representa la descomposición de lo que es considerada la célula fundamental de la sociedad. Viven juntos, creen que se conocen, pero cada uno tiene un mundo aparte que no comparte con su pariente. Entre la madre y el hijo, por ejemplo, que son dos polos opuestos, hay un abismo en medio, el abismo de la muerte.

- ¿El ritmo con el que se lee la novela fue el mismo que usó para escribirla?

- La escribí bastante rápido, es verdad, aunque no de una sentada. En dos largas sentadas, diría yo…

- Lo que es cierto es que en su novela todos los salvadoreños están jodidos, tanto los de la clase alta como los de la baja…

- Eso pasa cuando hay una Guerra Civil. Nadie se salva. Es como cuando el cielo se encapota: la lluvia cae para todos. Te puedes cobijar un poco, pero la lluvia cae. La guerra es como una atmósfera negra que comienza a permear toda la ciudad y todo lo que se mueve en ella, a nadie le puede ir bien. Tal vez le pueda ir bien a la gente de afuera que hace negocio con la guerra, pero estando en el medio de ella, haciendo el negocio, le termina yendo mal.

¿Estaría El Salvador dispuesto a revisar su pasado?

En el marco de la 26 edición del Festival de Cine Internacional llevado a cabo en Guadalajara en abril, se presentaron dos películas que tratan el tema de la Guerra Civil en El Salvador.

Una fue el documental del mexicano Everardo González, quien presentó El cielo abierto, una mirada a la trágica vida y a la incesante lucha por los pobres del cura Arnulfo Romero, asesinado en plena misa el 24 de marzo de 1980 en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador, cuando tenía 62 años.

En tanto, la joven estudiante de cine salvadoreña Tatiana Huezo presentó El lugar más pequeño, una ópera prima filmada alrededor de los habitantes de Cinquera, un pueblo arrasado por los militares durante la Guerra Civil y que aprende a reconstruirse.

Tanto González como Huezo coincidieron en afirmar que las heridas en El Salvador están muy frescas y tardarán en cerrarse, algo que también refrenda Horacio Castellanos Moya.

- Las películas, las novelas, ¿son el testimonio de que estaría dispuesto El Salvador, con el gobierno de izquierda que ahora manda en el país, a revisar y enmendar su pasado como está haciendo, por ejemplo la Argentina?

- Bueno, son dos niveles distintos. Un nivel sería la voluntad de revisar el pasado. La llegada de un gobierno de izquierda después de 20 años de mandato de la extrema derecha, abrió un espacio psíquico, moral, emocional, para revisar el pasado. Por primera vez el Estado apoya la investigación del asesinato de Monseñor Romero. Claro, no podía dar un apoyo el asesino. Porque ARENA se fundó sobre la sangre de Monseñor Romero, es decir, es ese crimen lo que da cimientos a ese partido que gobernó El Salvador durante veinte años. Ahora, el Estado recupera héroes de la época y Arnulfo Romero es el héroe por excelencia en El Salvador. Un héroe paradójico, porque es un hombre católico, conservador, un hombre que nunca se alinea con la Teología de la Liberación, es un hombre más bien pegado a la realidad, que ve la realidad como es: horrible. Entonces, retomando, lo que hay en El Salvador es una revisión. El segundo nivel, que es el nivel de la justicia, no estoy seguro hasta dónde llegarán esos procesos. En Argentina eso fue posible porque el ejército fue derrotado por Inglaterra en la Guerra de las Malvinas. Quedó un ejército quebrado que tuvo que someterse. En el caso de El Salvador, la democracia llega a partir de un pacto de las dos élites que combatieron durante diez años y ese pacto incluye la amnistía. Difícil que este gobierno pueda remitir la amnistía. Criminales de ambos bandos están formando parte activa de la sociedad, todavía las heridas están muy calientes y un intento por dejar sin efecto la amnistía crearía una desestabilización tremenda en El Salvador. Se necesita que se estabilice el proceso democrático, que las generaciones del ejército que estuvieron involucradas en las masacres y en los grandes hechos de represión sean reemplazadas totalmente, ya no tengan ningún poder real…

- ¿La sociedad salvadoreña es como la chilena: dividida?

- Sí, totalmente. Es una sociedad totalmente polarizada. Hay una derecha, hay una izquierda, mita y mita…La Guerra terminó hace veinte años y en ese tiempo no ha podido surgir nada en medio: la izquierda por un lado, la derecha por el otro.

- ¿Hace cuanto que no va a su país?

- Fui hace seis meses. Cada vez que voy tengo una sensación extraña. Por un lado siento que nada cambia y por el otro hay mucha intensidad, El Salvador es un país muy intenso. La gente allí cree que el mundo es El Salvador, es una sociedad muy encerrada en sí misma, propia de un país pequeño, un poco aislado. Así que tengo sensaciones ambivalentes. La criminalidad, la pobreza, son las mismas y al mismo tiempo la sociedad se mueve mucho. Creo que el cambio cultural más profundo que se está dando en El Salvador es la emigración hacia los Estados Unidos. El 25 % de la población vive allí y mantiene a su país con las remesas.

- ¿Tiene muertos que lamentar de la Guerra?

- Claro. De hecho, la pareja central de mi novela son muertos míos.

- Su destino literario está atravesado por El Salvador y parece ser que eso no cambiará…

- No, en todo caso si alguna vez amplío mi universo o mi espacio geográfico, los personajes tendrán la misma enfermedad: serán salvadoreños.

Recuadro

¿Cómo te explicas que un país mate a su propio poeta nacional?

- ¿Se siente a veces el gran y único representante de la literatura salvadoreña contemporánea?

- Hay buenos escritores en El Salvador. De mi generación te mencionaría a Rafael Menjívar. Acaso he sido el que más suerte ha tenido, porque estoy fuera y tal vez esa circunstancia me ha permitido desarrollar una obra. El Salvador es bastante hostil para la literatura, porque pese a que ya no se tiene el mismo grado de animadversión que se tenía antes hacia todo lo literario, tanto la izquierda como la derecha despreciaban la literatura y a todo lo que tenía que ver con un escritor. ¡Por eso mataron Roque Dalton! ¿Cómo te explicas que un país mate a su propio poeta nacional? En El Salvador, cada vez que se quería hablar mal de alguien se decía que era poeta. En Nicaragua pasa todo lo contrario. Allí todos son poetas a causa de Rubén Darío, que es quien le da realmente sentido a la nación. Mucho más que Augusto Sandino. En el Salvador ser escritor era algo insultante y si bien las cosas cambiaron en los últimos tiempos, todavía no se reconoce a la esfera de la literatura por sí misma.

JACARANDA CORREA, DETRÁS DE CÁMARAS



Muchas cosas quiso ser en su vida Jacaranda Correa. Lo primero fue la actuación y para ello se preparó largamente en el Instituto de Bellas Artes. La mayor de tres hermanas de los Velázquez Correa buscaba también, por aquello del mandato familiar, un título universitario. Y fue así como llegó a la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNAM. Más tarde hizo un Master de Sociología Política en La Sorbona y nunca abandonó la búsqueda interior que la ayudara a tocar piso, a marcar territorio, en un mundo donde una chica guapa e inteligente como ella puede vislumbrar fronteras ilimitadas o, por lo contrario, sentirse prisionera en un sistema donde muchas puertas permanecen cerradas para quien quiera de la vida algo más.

Jacaranda Correa, que cuando empezó a trabajar en televisión sacrificó el apellido paterno por consejo de un productor, es una de esas mujeres hermosas y avispadas que llenan el ambiente que ocupan a fuerza de una personalidad arrolladora y de una simpatía que la hace imbatible a la hora de conquistar auditorios. Todos quieren ser tocados por el encanto de Jacaranda y nunca su presencia pasa inadvertida.

Viene de una familia de clase media y de músicos y pasó su infancia en la colonia Cuauhtémoc, estudiando durante muchos años piano, lo que resultó, en sus trabajos de adulto, un componente elemental para la construcción de su sensibilidad.

El mapa de su vida tuvo una distracción que le pesa: haber vivido unos cuantos años en el sur de la ciudad, durante su juventud. La pasó mal, hasta que regresó a sus terrenos y ahora habita la colonia Roma y va de Álvaro Obregón a la avenida México con la confianza de saberse en casa propia.

“Esta ciudad se ha vuelto cada vez más fragmentada. Todavía en mi juventud recuerdo que iba del norte al sur con mucha facilidad. Ahora todos estamos aislados y no porque conservemos la vida de barrio, sino porque confluimos varias macrociudades en un solo espacio y hay muy poca comunicación entre nosotros”, apunta mientras se arregla el pelo y se maquilla para las fotos.

“Hace poco estuve trabajando en Chimalhuacán, haciendo una película sobre violencia de género para Canal 22. Estuve metida un mes en esa zona y todos los días regresaba a la Roma con el corazón partido. Llegaba mal, porque me decía: si esto es México, yo no soy mexicana. Es muy fuerte estar en una misma ciudad y darse cuenta de los diferentes territorios que conviven en ella y cómo esos sitios rompen todos los conceptos que puedas tener sobre la identidad”, explica.

Una chica de película

Correa viene de atravesar un momento muy alto en su nueva condición de documentalista, una profesión que abrazó con la fuerza de quien se sabe náufraga en un mar de contenidos profundos que le den a la vida un sentido más nato, más justificado.

Jacaranda, que es un torbellino de intensidad y de preocupación por los demás, se alzó con el premio a la Mejor Película Documental en el reciente Festival Internacional de Cine en Guadalajara con su elogiada Morir de pie, el filme que narra la increíble historia de Irina Layewska, activista transexual discapacitada, que lucha contra los problemas de discriminación.

Contra todo pronóstico, la ópera prima de la también conductora de Canal 22 y productora de películas para la televisión, dejó afuera a directores con más cartel como Everardo González (el famoso documentalista de La canción de pulque, que presentó a concurso su historia sobre el cura salvadoreño Arnulfo Romero) o a proyectos de mayor resonancia mediática como Agnus Dei, el documental de Alejandra Sánchez sobre la pederastia eclesiástica. El premio Mayahuel fue para ella y para la pareja protagonista de su filme (Irina y su compañera, Nélida).

No se trataba, sin embargo, de suerte de primeriza. Jacaranda encontró desde hace tiempo en el género del documental un refugio donde condensar su experiencia académica y el entrenamiento como reportera, productora y conductora que le dio sus largos años en la televisión cultural.

“Al final, agradecí mi formación universitaria. Al principio me sentía un poco desubicada, pero luego entendí que la visión humanista, que es a la que apelo en todos mis trabajos, me la dio mi paso por la universidad”, dice con convicción.

Y agrega: “la formación de una persona humanista, para la que sirve todo tipo de conocimiento, se fue diluyendo en la educación formal. La especialización creo que ha sido una gran equivocación en términos del pensamiento y del trabajo social”.

Jacaranda, quien se puso por primera vez frente a una cámara en los tiempos de la universidad haciendo un programa de televisión escolar, pasó por Televisa, empresa donde hizo su servicio social a finales de los ’80 y a la que regresó en el 2000, haciendo reportajes en el Canal 4.

No fue sino hasta su arribo a Canal 22 cuando encontró su verdadero espacio y empezó a sentirse cómoda frente a la cámara.

“Para mí fue como un oasis, porque allí encontré la libertad que venía buscando desde hace tiempo”, cuenta.

“No se trataba solamente de salir en la tele, con todo lo que eso implica, sino también la vía para construir mis programas, transmitir mis ideas y que se vieran en la pantalla. Aprendí a conducir, a dirigir, lo que me hizo mucho más sólida como periodista”, relata.

“La ventaja que tuve en el canal y lo que me ayudó es que los productores encontraron en mí un perfil que no obedecía a la ortodoxia del periodista cultural, pero tampoco a la del periodista de nota dura. Fue así como comencé a hacer una sección en el noticiero que se llamaba “Seducción”, un título que no elegí y que tenía que ver con notas dedicadas al sexo. Fue allí cuando me metí de lleno en el tema de diversidad de género”, dice Jacaranda, quien muy a pesar suyo fue convirtiéndose de a poco en una vocera privilegiada de los transgéneros, de las mujeres golpeadas y de los homosexuales.

“Siempre traté de quitarme la etiqueta de portavoz, porque nunca he querido ser la vocera de causas minoritarias. Sin embargo, el cuerpo como identidad, sobre todo en este país, es uno de los elementos que más conflicto causa en esta sociedad. Ahí es donde confluyen nuestros mayores prejuicios, nuestras más grandes frustraciones”, comenta.

“Estoy convencida de que todo lo que pasa en nuestro país a nivel de la violencia contra las mujeres, contra los homosexuales, tiene que ver con esta falta de comprensión acerca de lo que significa el cuerpo y el uso de nuestros genitales y de nuestra identidad a través de ellos”.

La historia de Irina

Y un buen día, llegó a oídos de Jacaranda Correa la historia de Irina Layevska, un ex militante de izquierda discapacitado, quien en su juventud tenía un enorme parecido con el Che Guevara y quien, al abandonar su rostro barbado, la boina, la ropa de fajina, dejó también su condición de hombre para convertirse en una blonda luchadora en contra de la discriminación y la homofobia.

El tránsito de Layevska hasta lograr ser ella misma no fue fácil y en el camino debió sufrir todo tipo de agresiones, incluida el desprecio de su padre, la indiferencia de su madre y, más tarde, los golpes y pintadas en la puerta de la casa que comparte con Nélida, la mujer con la que se casó cuando tenía una identidad masculina y quien decidió quedarse junto a ella cuando se convirtió en Irina.

La vida fascinante de la ex militante del Partido Socialista de los Trabajadores y de quien fuera un miembro activo del Movimiento de Solidaridad México-Cuba parece salida de la ficción más absurda. Y es, precisamente, esa existencia tan peculiar de un ser humano que lucha a brazo partido contra una grave enfermedad que deforma su cuerpo y lo mantiene postrado en una silla de ruedas, la misma persona que, obedeciendo sus impulsos más íntimos, toma con coraje el dominio de su maltrecho cuerpo para convertirse por fuera en la mujer que ya era por dentro, lo que desafía al espectador y lo lleva a los límites más recónditos de su propio entendimiento y de su capacidad de tolerancia.

El documental es crudo y tierno a la vez. Trata sin ambages el día a día de un ser humano que se expresa pleno y su realización planteo innumerables desafíos para Jacaranda.

“Meterse a la vida de alguien, con todo el respeto y con toda la ética de la que seas capaz, dar un paso para ingresar a su intimidad, es abrir una puerta que no sabes adónde te puede conducir”, dice.

“La complejidad del ser humano tiene que ver con que todos nos inventamos de alguna o de otra forma”, dice la chica de la tele que quiso ser actriz, pianista y se quedó al comando de una cámara desde donde cuenta las historias profundas que le dan sentido a su transcurrir diario por la ciudad que ama e intenta comprender minuto a minuto.

REIK: PELIGROSOS Y UNIVERSALES


Sin raros peinados nuevos aunque enmarcados en el concepto literal de una música ligera y potente, los bien portados chicos norteños del trío Reik, regresan al disco con Peligro, un trabajo que a pesar de la juventud de los integrantes del grupo, muestra un sentido de la madurez hacia una música en la que creen con fervor.

Jesús Navarro, Julio Ramírez y Gilberto “Bibi” Marín se encuentran firmes y entusiasmados frente a la salida inminente de su cuarto álbum de estudio, que verá la luz el próximo 5 de julio y cuyo primer single de difusión, “Peligro” es evidente prueba de un sonido personal, inclasificable, libre de aquellas influencias que tanto han mencionado los críticos en épocas pasadas. Ni Soda Stereo ni Maroon 5, sólo por citar dos líneas estéticas con las que han sido profusamente emparentados.

Representantes de su generación veinteañera, casi a trío pronuncian que el título de su disco y de su primera canción nada tiene que ver con la situación por la que atraviesa su país de origen. “Nosotros hablamos de peligro como de una situación en la que muchos hemos estado. De pronto de enredas en una relación sentimental peligrosa para ti y sabes que las cosas no van a cambiar, pero caes y caes una y otra vez en lo mismo”, dice Jesús.

“Las malas relaciones y las malas decisiones serían la esencia de ese tema”, agrega el cantante y compositor.

Julio, el guitarrista, remata: “No queremos hablar de México, sino de una situación amorosa y de un objetivo que busca la diversión, más bien el alejamiento a través de la música de todo lo que está pasando en nuestro país”.

Ganador del Premio MTV 2009 como “Mejor grupo de pop”, el trío se alinea en lo que podría llamarse un estilo pasajero, poco diletante, que busca satisfacer a un público adolescente. “El concepto Reik se basa fundamentalmente en pasarla bien, no hacemos canciones con la intención de nada y sólo queremos que la gente pase un buen rato y se entretenga”, dice Bibi, el guitarrista.

Acelerado y energético es el nuevo trabajo de los chicos nacidos en Mexicali, a los que une una amistad desde la infancia y quienes han recurrido a los buenos oficios de los productores Kiko Cibrián y “Cachorro” López para los 14 temas propios que conforman la placa, grabada durante casi dos meses entre Estados Unidos y Argentina.

Todos nacidos a mediados de los 80, se sienten sin embargo mucho más adultos como para afrontar una lírica madura que trate los temas de amor y desamor con más soltura y conocimiento que antes. “También hay canciones un poco más ingenuas, como “Mi tormenta favorita”, que habla de esa persona a la que conoces y te produce muchísimas emociones. También hay letras fuertes como “Nada” e “Irreversible”. Hemos recurrido a gente de mucho talento como Mónica Vélez, para que nos ayudara con las letras y la verdad es que estamos muy felices con el resultado”, dice Bibi.

En shows, en firmas de autógrafos, en comentarios que les hacen llegar sus fans a través de las redes sociales, se vislumbra un “público Reik” situado principalmente en la franja etaria de la pubertad, aunque es Jesús, el carismático frontman de la banda quien se ufana por el ensanchamiento de su masa de seguidores. “La verdad es que hay chicos de 5 años y hasta adultos mayores que conocen y disfrutan nuestras canciones. De pronto se acerca un señor grande después de un concierto y te dice: -Mijito, qué bonita música hace usted. Y eso es muy padre, aunque ciertamente somos muy fuertes entre las teenagers”, afirma.

El vídeo de “Peligro” estuvo a cargo del famoso productor televisivo Pedro Torres. La trama gira alrededor de un hombre interpretado por Jesús Navarro, quien se enamora una y otra vez de la mujer equivocada.

Los chicos de Baja California, orgullosos por lo que ellos consideran un “sonido universal, alejado de los nacionalismos fanáticos”, están dispuestos a inundar de bits las discotecas mexicanas en su esperado regreso discográfico. Y a juzgar por la solvencia profesional y el buen gusto con que encaran su carrera en la música, la búsqueda de su objetivo no corre ningún peligro.

EL PRÍNCIPE DE LA CANCIÓN


Ni cuando el premio Príncipe de Asturias le fuera otorgado a Bob Dylan, los amantes de la canción bien escrita festejaron tanto. Para Leonard Cohen, el cantautor canadiense nacido en Montreal el 21 de septiembre de 1934, el máximo galardón en el universo en lengua española significó una circunstancia extraordinaria, al ser reconocido “por los compatriotas de Antonio Machado, Federico García Lorca, mi amigo Enrique Morente (el cantaor recientemente fallecido) y los compañeros incomparables de la guitarra española”.

La tristeza honda de un hombre enfrentado a su existencia y la posibilidad de “resumir la vida en una balada interminable” fueron reivindicados por el jurado del premio.

El autor, considerado uno de los más influyentes en el mundo contemporáneo y que venció a 31 aspirantes a un galardón recibido en el pasado por artistas como Margaret Atwood, Günter Grass, Amos Oz y Paul Auster, hizo explotar las redes sociales, cuyos cultores, nada más conocer la buena nueva, emergieron de todos los rincones del mundo para celebrar su presencia.

Con algunos herederos contumaces como el neoyorquino y melancólico Rufus Wainwright, quien no sólo participó en el homenaje a Leonard Cohen, I´m your man, sino que, a pesar de ser un activo defensor de las causas homosexuales, también lo hizo abuelo al procrear con Lorca, la hija del cantautor canadiense, a su nieta Viva Katherine Wainwright Cohen.

Precisamente es Rufus quien en el homenaje mencionado (donde además participan, entre otros, Nick Cave y U2) hace una desgarradora versión de “Chelsea hotel”, una de las canciones paradigmáticas del buen Leonard.

La canción narra el encuentro frustrado de Cohen con la bella actriz francesa Brigitte Bardot y de cómo terminó pasando la noche con la malograda Janis Joplin, a quien se encontró en el ascensor del mítico hotel. “Te recuerdo claramente en el Chelsea Hotel. Eso es todo, no pienso en ti a menudo”, dice la letra de uno de sus temas más celebrados y conocidos. También “Hallelujah” es otra de sus canciones paradigmáticas, así como “I´m your man”, aquella que dice eso tan citado por miles de hombres enamorados en el mundo: “Si quieres un amante, haré cualquier cosa que me digas…”. No se puede dejar de mencionar a “Suzanne”, el tema dedicado a la mujer de un escultor amigo, quien a pesar de ser la musa de unas de las canciones más traducidas y entonadas de la profusa obra de Cohen, vive pidiendo limosnas en las calles de Montreal.

No sólo de canciones desesperadas y baladas pesimistas con un aire a Cioran (Cohen por momentos pareciera haber hecho música algunas de las poderosas ideas del recordado filósofo rumano) se compone la obra del flamante ganador del Príncipe de Asturias. Allí están también sus célebres poemarios La energía de los esclavos, Flores para Hitler, Los hermosos vencidos y Comparemos mitologías, así como su novela El juego favorito.

El artista que ha dicho aquello de “No hay que ser pesimista ni tener esperanza” también ha sido un hombre que se ha buscado a sí mismo con un compromiso a toda prueba, como aquella vez que ingresó voluntariamente a un monasterio zen y se distanció del mundo durante seis años.

LA MÚSICA DEL DOCTOR HOUSE


Hugh Laurie es un caso singular. El actor inglés nacido en Oxford en 1959, es por lo pronto el doctor malhumorado que predica una filosofía basada en el cáustico filósofo alemán Friedrich Nietzsche y que vuelve loca de amor y de odio a su jefa y amante, la espectacular Lisa Cuddy (rol encarnado en la serie por la actriz Lisa Edelstein).

Es también un shakespeareano de raza, cultor a la vez del más rancio humor inglés, cuyas fintas despuntó en su juventud con su colega y amigo, el gran Stephen Fry (recordado por su protagónico en Wilde).

Considerado un verdadero sex symbol a los 50, no fue uno de esos guapos deslumbrantes cuando tenía 30, era novio de la bella y hoy famosa Emma Thompson y se apretaba los leotardos para cubrir un pequeño papel en Sensatez y sentimientos, la historia de Jane Austen filmada por Ang Lee en 1995.

Como sea, este hombre hipertalentoso, que en honor a su padre y al deporte tradicional de su universidad estuvo a punto de convertirse en remero olímpico, siempre fue un tocado por la música y por la literatura.

Como escritor tuvo un éxito relativo con su primera novela, enmarcada en el género negro, que Planeta publicó en español en 2006 con el título Una noche de perros. En Francia, en 2009, ese libro marcó récord de ventas merced al fanatismo que los galos cultivan por el irreverente médico de la tele. En 2009 sacó su segundo libro, Paper soldier.

Su afición a la música se despliega con cierto encanto en la serie House, donde de vez en cuando ejecuta algunos temas de fondo y los conciertos benéficos que da con el grupo Band From TV, formado por actores televisivos: Greg Grunberg (Heroes), James Denton (Mujeres Desesperadas), Bob Guiney (Bachelor) y Bonnie Somerville (Kitchen Confidential). Sin embargo, nunca como hasta ahora, cuando acaba de firmar un contrato millonario con la disquera Warner, Hugh Laurie había apretado el acelerador a fondo (como le gusta hacer cuando se sube a una de sus costosas motocicletas, otra de sus pasiones) para dar lo mejor de sí cantando, tocando el piano y la guitarra.

La música, que fue una de las grandes fuerzas impulsoras en su vida tiene el color del blues del sur estadounidense, por lo que el primer disco, titulado Let them talk, rinde homenaje a los temas clásicos que escucha cotidianamente.

“Dejen que este disco muestre lo que en realidad soy: un inglés de clase media, transgrediendo abiertamente las melodías del mítico sur americano”, dijo el actor al presentar su disco, el que ha sido muy bien recibido por la crítica.

El material reúne versiones de canciones de Ray Charles, Robert Johnson, Memphis Slim, Lead Belly, Professor Longhair y Jelly Roll Morton, entre otros. Son blues viejos cantados con novedad y buen gusto, con notable capacidad histriónica como era de esperarse, por un Laurie a quien la fama y el dinero no le han restado su proverbial humor británico.

“No nací en Alabama y encima soy actor, uno de esos bobos mimados que no ha ido a la panadería en más de una década y es incapaz de encontrar el camino al aeropuerto sin la ayuda de una niñera”, ha dicho el querido Gregory House en la ficción y el adorado Hugh Laurie en la realidad, padre de tres hijos con su esposa de toda la vida y quien parece haber dejado en el pasado las serias crisis depresivas que lo acompañaron durante años.

domingo, 12 de junio de 2011


La vida de Javier “Chicharito” Hernández, nacido en Guadalajara, Jalisco, México, el 1 de junio de 1988, ha transcurrido en los últimos dos años con un vértigo supersónico incapaz de ser abarcado. Ni siquiera la gran maquinaria mediática que encuentra en el futbol su mayor hipérbole, aceitada por los discursos exagerados y compulsivos de ex entrenadores o ex futbolistas que tirados a comentaristas dicen hoy una cosa y mañana otra, ha podido resumir cabalmente la medida extraordinaria de un jugador de esos que nacen una vez cada siglo, más o menos.

En el ambiente del futbol, un universo donde suele venderse gato por liebre y donde se cambian a precio de oro figuritas de colores que se desgastan al primer toque, no llama la atención que periódicamente los titulares de las revistas especializadas apunten al nuevo crack de la época. Y algo de eso hubo con Hernández: titulares encendidos en el fuego fatuo donde representantes, agentes, directivos y periodistas vendidos al color de la bandera que mejor flamee, echan el combustible para que explote una figura y que al hacerlo produzca el mayor de los ruidos y genere la más grande estela de humo posible.

“México se paraliza para ver el Chicharito”, mintió en su portada un diario deportivo local el día de la final de la Champions League entre el Manchester United, donde el joven tapatío jugó como titular en la delantera al lado del mítico Wayney Rooney, y el Barcelona, la escuadra comandada por el infalible Pep Guardiola y que tiene entre sus filas al mejor jugador del mundo, la “Pulga” Lionel Messi.
Ni falta que hacía. Un recorrido por las redes sociales el día previo al partido disputado en el renovado estadio de Wembley, daba cuenta con precisión casi matemática que el aficionado medio mexicano le iba al “Barça”.
Al menos, una mitad de la experta hinchada pambolera muere de gusto por los goles marcianos de Messi, las entradas imposibles del “Guaje” David Villa, las sofisticadas arquitecturas que arma Xavi en la cancha. “Hay que levantarle un monumento a Xavi, aunque sea solo en reconocimiento a que es capaz de detener el tiempo hasta encontrar el hueco para dar el pase”, escribió en su Facebook el autor mexicano Juan Pablo Villalobos. Y al rato, volvió a escribir: “Quería pedir, otra vez, que le levanten un monumento a Xavi. Gracias”. Al día siguiente, el autor de Fiesta en la madriguera, afincado en Barcelona, lo pensó mejor y puso en su muro: “He estado reflexionando, ya en frío, y creo que hay que levantarle un monumento a Xavi, de veras”.
La otra mitad de los pamboleros mexicanos (aunque decir pamboleros mexicanos resulte a todas vistas una redundancia) le va al Real Madrid, que aunque nada tenía que ver en la final de la Champions, pesaba como un fantasma midiendo la temperatura de la afición.
Si el futbol resultadista y mentiroso del revulsivo José Mourinho o las fintas maravillosas del sobrio Pep Guardiola: esa era la verdadera cuestión que dirimía el aficionado medio mexicano el día de la final de Londres.
“¿Así que las finales hay que ganarlas como sea? ¿Así que hay que cuidar la ventaja? Otro de los discursos nefastos que han sido derrumbados. Guarden el video de esta final.”, dijo el periodista argentino Jorge Búsico una vez conocido el resultado a favor de la escuadra catalana por un irrefutable 3-1.
Por tanto, no sólo no era cierto que México se paralizaba para ver al Chicharito en la final, sino que tampoco es verdad que al aficionado mexicano puede vendérsele así nomás el brillo estentóreo de una figura crecida al sol de la mejor liga del mundo: la inglesa.
¿Esto qué significa: que los mexicanos que aman el futbol no quieren a Javier Hernández? Claro que lo quieren. Los hinchas de este país no tienen problemas en comprar el pan, el refresco de cola, las camisetas con el número que el Chicharito lleva en la espalda. Que consideren a Hernández el gran jugador que es y que los medios se apuran en mitificar, es otra cuestión, sobre todo para una fanaticada que, como la mexicana, ha pagado siempre muy caro su inclinación a los sueños una y otra vez traicionados por el bajo rendimiento de su selección nacional.
Por otro lado, el futbol local es endogámico. Vive con satisfacción el lucimiento de jugadores que brillaron en su época como el legendario Hugo Sánchez -considerado el mejor jugador mexicano de todos los tiempos- lo hiciera en el Real Madrid (desde que el quintapichichi brillara con los merengues, creció la afición de los mexicanos por el equipo blanco, al punto de que los encuentros entre el “Barça” y el Real son vividos en nuestro país con la emoción de un partido local), así como ha seguido con atención la carrera del defensor Rafael Márquez en las primeras filas de la escuadra catalana. Sin embargo, nada le importa más al hincha local que el lucimiento de sus jugadores en la liga nacional y, por supuesto, al servicio de la camiseta tricolor.
Ya lo dijo el célebre escritor Juan Villoro, el público siempre va delante de su propio futbol.
“En México tenemos un público maravilloso, profundamente entregado, que no deja de querer a un equipo bastante malo. Es un enigma, creo que de dimensiones mundiales, determinar por qué México una afición tan leal, tan entregada, cuando la selección permanentemente la defrauda. Alguna vez dije que si hubiera un campeonato mundial de públicos México podría llegar a la final, porque hacemos mucho más esfuerzo en las tribunas que en la cancha”, afirma el autor de Dios es redondo.
“Los mexicanos nos hemos graduado en frustraciones. Martín Caparrós, el biógrafo de Boca Juniors, decía en una crónica estar sorprendido por esos países que no tienen ninguna posibilidad de arribar a los primeros puestos van con tanto entusiasmo al Mundial. Para los argentinos –decía Caparrós- siempre es un anhelo viable pensar en qué tan lejos vamos a llegar hasta el título incluso. En cambio, para los mexicanos el Mundial es interesantísimo aunque sabemos que no vamos a hacer muchas cosas”, agrega Villoro.
Visto esto, no extraña que sea el propio Chicharito Hernández el que ponga paños fríos a tanto fervor mediático y, humilde y sencillo como es, declare al final del partido por la Champions que “hay que cambiar el chip, ahora viene el partido de la selección mexicana”.
Sin duda, será la inminente Copa de Oro, a llevarse a cabo en los Estados Unidos a partir del 5 de junio, la competencia que pondrá en juego todo el caudal del Chicharito de cara a sus compatriotas. Mientras tanto, Hernández es el jugador de la gente más que de los medios y de la gran maquinaria publicitaria gestada prematuramente y en forma casi desesperada a su alrededor. Se mantiene cauteloso y concentrado en su propio desarrollo futbolístico y hasta ahora no ha demostrado con ninguno de sus gestos públicos estar fuera de su vértice, sintiendo que ya llegó a los cielos porque Sir Álex Ferguson lo puso como titular en la final de la Champions League. La afición es igual de prudente a la hora de justipreciar el desempeño de su máxima estrella internacional. Espera logros, títulos, espera más, espera mucho.

Chícharo de exportación

Que Javier Hernández es un jugador distinto, posiblemente la futura estrella que desbanque o alcance ese territorio donde reina Hugo Sánchez y es príncipe Rafa Márquez, lo demuestra su impresionante carrera, un subir peldaños sin prisa pero sin pausa que lo ha llevado a lo más alto de balompié, con apenas 23 años recién cumplidos.
El delantero elogiado por Pep Guardiola y Lionel Messi (“Si nos creemos favoritos, Chicharito Hernández nos pone en nuestro sitio en cinco minutos”, dijo el técnico del Barcelona), comenzó a jugar en las inferiores del Guadalajara a los 9 años y debutó con el primer equipo en el Apertura 2006, cuando tenía apenas 18 primaveras.
Fue el goleador de las Chivas en 2009, con lo que se ganó la titularidad en el equipo, hecho que repitió en el Bicentenario 2010, año en que firmó su contrato por un lustro con el Manchester United, luego de destacar a clubes tan importantes como el holandés PSV Eindhoven y el Valencia, de España. El Chícharo mayor, padre de Javier, él mismo un ex futbolista y a quien el joven le debe su apodo, cuenta que cuando se apareció Jim Lawlor, jefe de scouting (ojeadores) del Manchester United, y le dio la tarjeta expresándole el interés por su hijo, al principio creyó que era una broma.
“Hay tantos que muestran tarjetas falsas con los escudos de clubes extranjeros”, dijo el progenitor y ahora también su agente.
El pase se hizo por 6 millones de libras, mediante una operación secreta de la que sólo tenían conocimiento los dirigentes de las Chivas, el padre del jugador y el jugador mismo.

“Fue muy duro guardar el secreto. Somos una gran familia. Estamos muy unidos y compartimos todo, pero no se lo dijimos a mis abuelos ni a mi madre, así que fue difícil”, dijo Javier, quien al principio se había mostrado escéptico frente a la posibilidad de ser contratado por el Manchester. “Le dije a Jim Lawlor que no me tomara el pelo pero cuando vi a mi padre llorar, supe que era verdad”, contó.

¿Temple de acero o garra de campeón?

Aun cuando un futbolista tenga todas las cualidades para brillar en los 90 minutos que dura un partido, no es fácil abrirse paso y brillar en territorios ajenos.

Si se mira la carrera de Hugo Sánchez, por ejemplo, gran parte del enorme éxito que tuvo el jugador en las arenas madridistas se debió al profundo rechazo que recibió por parte de la afición cuando llegó a la capital española. Lo llamaban “indio” con terrible desprecio y eso no hizo más que insuflar las ganas de victoria en el aguerrido universitario.

Messi también es un ejemplo de superación. Una enfermedad por la que corría peligro de quedar enano lo motivó para entrenar las 24 horas del día y vencer sus propias limitaciones físicas, para llegar a convertirse en ese marciano que juega al futbol como si fuera de otro planeta.

El enorme, querido y admirado, sin dudas uno de los futbolistas con más talento que haya aparecido en el futbol mexicano contemporáneo, Cuauhtémoc Blanco, no lo logró. Una leyenda de nuestro balompié es la que alude al llanto de ese jugador grande con corazón de niño que lloraba en los vestuarios del Valladolid, equipo español donde el Cuau llegó a jugar apenas por dos temporadas, con una grave lesión que lo mantuvo inactivo durante seis meses en el medio.

La gran pregunta es: ¿Lo logrará el Chicharito? Por lo pronto, su sólida familia crecida en el ambiente del futbol, con un padre ex jugador y con la figura del adorado abuelo materno Tomás presidiendo la familia y reinando en su joven corazón, Javier Hernández es un muchacho por demás apapachado. Eso no le ha impedido adaptarse con mucho tino en su nuevo club, en una ciudad, Manchester, que le gusta mucho y “en la que me gustaría vivir muchos años”, según declaró.

Su temple tranquilo, de chico que no bebe ni fuma y hasta ahora no ha demostrado gran interés por las fiestas a las que han sido tan aficionados estrellas como Ronaldinho, Adriano o el venerado Diego Maradona, le dan chances en un mundo tan duro como el futbol inglés. Porque a no engañarnos, ¿dónde estaría el rudo y poco instruido Wayney Rooney si no jugara en el Manchester? En el país de los hooligans (por suerte ya diezmados por una férrea política estatal que los quitó del medio), los jugadores no necesariamente son caballeros británicos y muchos de ellos (incluido el gran ídolo de la camiseta 7, George Best, aquel que dijo aquello tan inolvidable de “ casi todo lo que gané jugando al futbol lo gasté en bebidas y en mujeres. El resto lo malgasté”) han tenido problemas con el alcohol, se han visto enredados en el maltrato a las mujeres o involucrados en orgías non sanctas que el gran negocio del balompié ha sabido tapar a tiempo, para que no se pierdan los millones de dólares que produce un jugador cuando llega a esa categoría.

Es ese corazón de muchacho sencillo, fiel a sus afectos, como lo demostró en la reciente final de la Champions pagándole el boleto a Londres a su amigo el también futbolista Ramón Morales, lo que seguramente hará brillar por mucho tiempo al Chicharito en tierras extranjeras, ahora que, según rumores, lo quiere el Real Madrid y el propio Messi ha dicho al elogiarlo que “es bueno en el uno contra uno y encajaría perfectamente en el Barcelona”.

Todo irá bien si el Chicharito se conserva como Chicharito, algo que no pudo demostrar en la premiación de la Champions, cuando en un gesto impropio de su formación y de su conocida humildad se negó a que el gran astro del futbol mundial, Michel Platini, le colgara la medalla de segundo en el estadio Wembley. Eso queda bien para el maleducado de Rooney, no para el chico noble tapatío que se ganó el corazón de los ingleses a fuerza de goles y de disciplina.

No es imitando las patanerías de estrellas consagradas y ultramimadas del futbol profesional europeo como Javier Hernández podrá hacer frente, por ejemplo, a los vaivenes de la prensa de su país, que un sábado lo puso en la portada como si fuera el ídolo máximo del balompié mundial y el domingo lo comenzó a llamar “Gasparín” por su presunta presencia de fantasma en el juego de la Champions.

Mientras tanto, no deberá olvidar las razones por las que llegó al cielo máximo del futbol profesional: “Tiene un gran físico y sabe cómo utilizarlo, tiene músculos fuertes, se mueve con velocidad y con el poder que se requiere en las ligas europeas. Chicharito hace algunas carreras en diagonal que yo nunca había visto en ningún jugador mexicano”, dijo su abuelo, el querido Tomás Balcazar.

“Tiene un gran salto. Con su corta estatura, él, puede hacer buenos cabezazos, parece que se suspende en el aire”, agregó con entendible y justo orgullo, al mencionar para el portal del Manchester United por qué el Chicharito es el Chicharito.


Un año rojo

La jornada de la final entre el Barcelona y el Manchester United fue culminante para el Chicharito Hernández. Arribaba al año de competencia a full con los prestigiosos Diablos Rojos, en un momento muy alto de la escuadra de Sir Álex Ferguson, uno de los entrenadores más respetados del mundo.

Fueron 365 días intensos para un muchacho que se esmera para conseguir productos en los supermercados londinenses que venden alimentos exóticos. Al fin y al cabo, Inglaterra no es famosa por su sofisticada alimentación y lo mexicano a Hernández no se lo saca nadie. “En Inglaterra encontré algunos productos mexicanos y he hallado más por Internet y hemos hecho pedidos para los ingredientes en la casa”, contó el jugador a un portal cibernético.

Fueron 365 días, 20 goles en 44 partidos, ganar el título de liga y ser elegido el mejor jugador de la temporada por la afición del Manchester. Un año rojo para el verde chicharito. Rojo brillante, rojo fulgurante.

sábado, 4 de junio de 2011

ALGO MÁS QUE LINDA MCCARTNEY


Linda McCartney no es Yoko Ono. No tuvo la mujer de Paul las maestrías artísticas, los dilemas éticos, el compromiso con las causas políticas más revulsivas que aún acompañan a la hoy anciana viuda de John Lennon. Sin embargo, fue esa mujer japonesa a la que gran parte de la historia se empeña en pintar como la verdadera causa de la separación de Los Beatles, la que puso a Linda Eastman McCartney en un lugar justo y necesario.

Fue en una emotiva nota escrita para la Rolling Stone en 1998, año en que Linda murió de cáncer de mama, a los 56 años. Allí, dice Yoko que la que parecía en principio una mujer vulnerable terminó siendo una persona muy fuerte, quien –como hasta el propio John Lennon, aun en los tiempos más difíciles en su relación con Paul, admitía- cumplía un papel benéfico en la vida del bajista zurdo de Los Beatles.

La muchacha rubia que se moría por los famosos y a quien McCartney conoció en 1968, en el marco de un concierto en Londres, fue reivindicada por Ono en una descripción tan veraz como admirable: “Ambas queríamos mostrarnos nuestras respectivas granjas. Cierta vez yo estaba por ir a Londres con Sean, y Linda dijo: "Entonces, la mía primero". Así que nos invitó a Sean y a mí a su granja. Y digo "la granja de Linda", porque de verdad sentías su energía ahí: sabías que había sido ella quien había creado ese entorno para su marido y sus chicos. Había algo muy verdadero en la manera en que vivían. No estaban rodeados por sirvientes ni nada. Y fue maravilloso. Linda tenía caballos y ovejas: era una granja de trabajo, no una hacienda maquillada”.

A la luchadora por los derechos de los animales, a la militante del vegetarianismo más férreo, a la cabeza de una familia estable y de un matrimonio que duró 30 años, con sólo una noche en la que Paul y Linda estuvieron separados en todo el tiempo que duró su pareja, es la que recuerda y engrandece no sólo Yoko, que como bien dice, “no fuimos de esas amigas de tomar el té con masas”, sino también su viudo, sus hijos y cierta parte de los millones de fans de Los Beatles, sobre todo aquellos que lograron derribar los prejuicios y aceptarla como la gran dama McCartney en que se convirtió.

“Simplemente era muy divertida, muy lista y tenía mucho talento”, así recuerda Paul McCartney a Linda Eastman, la mujer con la que compartió tres décadas de su vida y a la que según la prensa del corazón intentó reemplazar a su muerte con la volcánica modelo Heather Mills (de gran parecido físico con Linda), quien le dio un hijo y le sacó varios millones merced a un divorcio escandaloso cargado de detalles miserables.

La chica de la cámara

Metida a la fuerza en Wings, el proyecto musical de su marido, Linda no sabía cantar ni mucho menos tocar el piano. Sin embargo, era diestra con una cámara fotográfica en la mano. Y ya era una destacada profesional de la imagen cuando conoció a Paul, como lo comprueba aquella portada de la Rolling Stones de 1968, con un Eric Clapton joven y bigotón, serio y concentrado, mirando a la lente.

También era una chica divertida y tierna, siempre dispuesta a dar calor físico a cuanta celebridad se cruzara en su camino, por caso el actor Warren Beatty o los rockeros Jimi Hendrix y Eric Burdon. Por sus conquistas y por esa manera un tanto masculina de ver el mundo (por no decir machista recalcitrante) por parte de los cronistas de rock, la Eastman fue incluida en cuanta lista de groupies famosas se hiciera en los pasquines de la época. Tanto así que muchos años debieron pasar para que la esposa de Paul fuera considerada una fotógrafa de nivel. Antes, más bien era vista como la muchacha rubia que calentaba la cama de los famosos para conseguir imágenes inolvidables, leyenda alimentada por la extraña circunstancia en que Linda obtuvo su primera oportunidad como profesional de la lente.

Fue en 1966 y todavía no había aparecido su príncipe azul, cuando con sus espigados y rubios 25 años, Linda se coló en una sesión de fotos para prensa de los Rolling Stones que se llevaba a cabo en un barco que navegaba sobre el río Hudson. Por muy exótico que resulte el modo en que Eastman consiguió el pase para poder mezclarse entre los fotógrafos acreditados, lo cierto es que la imagen obtenida es extraordinariamente buena, reflejo de una época y de la turbulenta y luego trágica relación que unía y desunía a Brian Jones y Mick Jagger. En blanco y negro, la postal muestra al famoso integrante del Club 27 (influyentes músicos de rock y blues que murieron a esa edad, por caso Janis Joplin y Jimi Hendrix), luciendo una camisa a lunares, con los ojos cerrados y las manos abiertas, como si rezara para adentro. A su lado, un Mick Jagger jovencísimo, se quita los lentes de sol y ofrece el rostro más aburrido de la jornada.

Linda, que antes de conocer a McCartney había fotografiado a Aretha Franklin, Jimi Hendrix, Bob Dylan, Janis Joplin, Simon&Garfunkel, The Who, The Doors, Charles Aznavour, todos artistas señeros de los convulsionados y fructíferos ’60, es ahora recordada en un libro de gran porte editado por Taschen y curado por su viudo.

A Life in Photographs tiene un prólogo escrito por el propio Paul, quien la evoca como una mujer que amaba tanto a la música como a la naturaleza y para la que el humor era un elemento imprescindible en su existencia.

Las imágenes bucólicas de la familia perfecta que siempre quisieron ser los McCartney ante los medios, el desenfado de Los Beatles -que tenían en su juventud el universo a sus pies y todo el mundo por delante-, el rostro serio y sorprendido de Stella McCartney, segunda de los tres hijos del matrimonio y hoy una famosa diseñadora de modas, todas las posibilidades faciales de un Lennon en diferentes etapas de su vida, son sólo algunas de las inolvidables fotografías que convierten a Linda McCartney en una testigo de cargo de la época que le tocó vivir.





“La fotografía era más importante para mí que la música, pero mi esposo y mi familia era más importante para mí que la fotografía y yo estaba dispuesta a renunciar a la fotografía por ellos”, supo decir Linda al intentar explicar por qué, en 1998, renunció para siempre a su trabajo con la cámara. Fue el año en que se unió a su esposo para formar la banda Wings.

El legado de Linda es enorme. Su línea de alimentos vegetarianos congelados continúa hasta la fecha, con platos que los propios hijos prueban antes de sacar al mercado. “Para nosotros es algo muy personal, porque esa comida lleva el mensaje de mamá al mundo”, dice su hija Mary.

Su herencia, sin embargo, no ha sido tan pública ni tan inclusiva como este libro de reciente aparición. Desde el fondo de los tiempos, la artista de la fotografía que fue parece levantarse con todo el vigor de su mirada, para mostrarnos cómo era aquel mundo que cambiaba segundo a segundo y que aún hoy mantiene su influjo y su seducción intactos.