lunes, 3 de marzo de 2008

ENTREVISTA A KIKÍN FONSECA


Entrevista a Kikín Fonseca

Si José Francisco Fonseca Guzmán "Kikín", nacido el 2 de octubre de 1979 en León, Guanajuato, no hubiera sido futbolista, se habría dedicado a la comunicación, a la psicología. El delantero más mediático del fútbol mexicano contemporáneo, de 1,84 metros de altura y 79 kilogramos de peso, sabe decir lo justo en el momento adecuado desde que debutara en la profesión, el 22 de julio de 2001.
"Mi mejor gol es el próximo", repite con picardía cuando le quieren hacer elegir entre sus hazañas.
Apasionado, simpático, el buen chico que jamás niega un autógrafo o una entrevista al final del partido, también sabe anotar. Su récord es llamativo: ya lleva 4 partidos en los que ha marcado tres goles.
Heredó su apodo, Kikín, de un hermano muerto prematuramente y a quien siempre dedica sus logros.
Pequeña gran máquina de facturar en el sistema publicitario del fútbol mexicano, Fonseca fue en sus inicios un prometedor jugador de béisbol. También se animó con el básquetbol. Descubrió el balompié cuando tenía 17 años y desde entonces nadie le ganó en perseverancia, paciencia y dedicación para obtener su primera oportunidad profesional.
Tuvo su paso por Europa al ser contratado por el Benfica luego del Mundial de Alemania. Con el equipo portugués disputó ocho partidos de liga, marcó un gol y disputó 13 minutos en seis partidos de Champions League.
No pierde las esperanzas. Él quiere regresar al Viejo Continente. Mientras tanto, en uno de los pases más caros de la historia del fútbol azteca, llegó a Tigres Rayados de Monterrey como el gran salvador.
Hugo Sánchez lo ha convocado para la selección y se esperan grandes cosas de Kikín en la próxima Copa América.

- Cuando usted llegó de Portugal, el presidente Calderón ordenó aumentar el precio de la tortilla. ¿Había relación entre estas dos circunstancias?

- (risas) No, pero fue algo bueno para el negocio de la familia.

- Pero eso va a poner en riesgo el amor que le tiene la gente...

- Medio de broma lo comentaba entre mis amigos, pero la verdad es que lo mejor es que las cosas tengan un precio justo, que nos convenga a todos.

- Llegó vestido de negro, muy a la europea...vino muy elegante de Portugal...

- Sí, tienes razón, supongo que eso fue la influencia de mis compañeros de equipo. Había griegos, rusos, italianos...tenía que estar a tono con ellos y adaptar mi estilo al europeo. Sí, mi ropa es casi toda de allá. Aprendí también algo de portugués, no demasiado.

- Espero que no se haya traído la tristeza...

- La tristeza del fado..., aunque debo decirte que mis amigos portugueses no tienen nada de melancólico. Mis amigos de allá son muy alegres. Lisboa es una ciudad hermosa, donde se vive muy bien y los portugueses son personas amables, abiertas, que inmediatamente te brindan su amistad. Es un lugar también muy católico, visité muchas veces el santuario de la Virgen de Fátima, que es para ellos como la Guadalupe para nosotros.

- ¿Y las chicas portuguesas?

- Son bonitas, aunque un poco reservadas y si no estás dentro de su círculo social, tendrá alguien que presentártelas pues no es posible acercarte a ellas en la calle y que te presten atención.

- ¿No será que usted llegó a Lisboa demasiado acostumbrado a que las chicas se le tiraran encima?

- (risas) Claro y como eso no ocurría en Portugal, me dije: - Ey, ¿qué pasó?. No, la verdad es que son reservadas o al menos no entran en confianza tan rápido como nos pasa en Latinoamérica.

- ¿Y qué tiene para decirles a aquellos que dicen que pasar por el Benfica no es pasar por Europa?

- Bueno, lo poquito que sé de geografía me dice que Portugal pertenece al continente europeo. Miro en el mapa y Lisboa y está en Europa. A lo mejor dicen eso porque Portugal es el país más latino de Europa, tiene mucha influencia de Brasil. Los jugadores brasileños no tienen plaza de extranjero en el fútbol portugués, pero el Benfica es un equipo de mucha jerarquía, que ha disputado Champions, Copa UEFA...

- El aficionado mexicano es un enigma sin resolver. Porque por un lado dice que usted no jugaba en Europa y por otro le cuelga el cartel de gran salvador de los Tigres...

- Bueno, lo que pasa es que el aficionado mexicano es muy apasionado, nos ilusionamos con muchas cosas y vivimos el fútbol con mucha intensidad. Cuando decidí regresar de Portugal, comenzaron a crecer muchas expectativas en torno a mi rendimiento en los Tigres.

- ¿Tenía usted posibilidad de seguir en el Benfica?

- Sí, no me tocó participar mucho, es la realidad. Hice 4 goles y la falta de continuidad fue el gran causante de mi regreso a México. A mí lo que más me gusta es jugar al fútbol. Había tenido ofertas de Alemania, de España, pero ningún equipo europeo me daba garantías de continuidad y por eso regresé.

- ¿Habló con alguien de su familia este asunto de su regreso a México?

- Sí, por supuesto. Somos una familia muy unida, tengo siete hermanos...

- ¿Y todos opinaron?

-(risas) La verdad que sí. Además, tengo 11 sobrinos que también opinan, imagínate.

- Pero, ¿qué iban a decir ellos? Que usted regresara, obviamente.

- No te creas. No me dijeron eso. Mi padre es mi representante y hasta él me pidió que lo pensara bien y que tomara la mejor decisión para mí y para mi carrera. Tengo diez años como jugador profesional y el que toma la decisión final soy yo. Ahora que estoy en Tigres, más cuenta me doy de que hice lo correcto.

- ¿Por qué?

- Porque estoy feliz, estoy disfrutando mucho la vida y el fútbol, porque llegué a una institución muy importante, que tiene una afición magnífica y en la que me han tratado muy bien. Me siento a gusto.

- ¿Nunca sintió el peso de tener que salvar a Los Tigres?

- No siento el peso, diría que las expectativas e ilusiones de los aficionados son también las mías y por lo tanto no hay carga alguna. La ilusión de los directivos, del resto de los compañeros, del entrenador y de los hinchas, es la misma que siento yo. El fútbol, de todos modos, es un deporte de conjunto donde cada jugador tiene un peso específico y donde cada uno de nosotros está obligado a ser líder positivo para incentivar al equipo y llegar a los buenos resultados. En una actividad grupal, una sola persona no puede alcanzar las metas.

- Son bonitas esas palabras y por otro lado constituyen todo lo que los futbolistas suelen decir en estos casos...

- Es la realidad. Es lo que yo digo.

- ¿Cómo lo recibieron sus compañeros?

- Muy bien. Me llevo muy bien con todos ellos, siempre he tratado de que el bien del grupo sea lo principal, porque las cosas no son muchas veces como lo que dicen muchos jugadores a la prensa. La regla del fútbol que siempre se cumple es que si el grupo no está bien, tampoco puedes tú estar bien en forma individual y, en ese sentido, siempre pelearé por los intereses de Tigres y no por los míos propios.

- Claro que Monterrey no es tan lindo como Lisboa...

- Es muy lindo Monterrey, cómo no. Cada lugar tiene su encanto. Son sitios diferentes. Monterrey me gusta mucho y estaré allí durante cinco años, mi contrato es largo...Uno tiene que ser muy respetuoso y tratar de no comparar nada. Ahora estoy feliz en Monterrey...

- Las chicas son muy altas allá y menos reservadas que en Lisboa, supongo...

- Las chicas son preciosas en Monterrey y son muy recatadas, claro que sí. Fíjate que cuando yo digo que las muchachas son reservadas, me refiero a una virtud de la mujer, me encanta ese carácter y para mí la discreción constituye una cualidad.

- ¿Qué piensa de los entrenadores?

- Que son muy importantes, pero también pienso que el mayor peso en una cancha de juego lo lleva el futbolista. Somos nosotros lo que estamos adentro del campo y somos nosotros los que podemos dar vuelta el resultado de un partido en pocos segundos, somos los futbolistas los que resolvemos. El jugador sigue las indicaciones y trata de cumplir con el esquema táctico del entrenador, pero también tiene la libertad de definir sus jugadas.

- Sin embargo, muchas veces las miradas de los medios se vuelven hacia los técnicos más que a los jugadores...

- Si es por mí, mejor. Esa circunstancia me relaja mucho, que la atención se centre en los demás y no tanto en mí. En el caso de compañeros que no se llevan bien con sus técnicos... por ejemplo, no sé por qué Capello no mete a Beckham ni por qué Pellegrini se peleó con Riquelme en el Villarreal, pero si esas circunstancias obedecen a cosas extrafutbolísticas, entonces soy solidario con mis colegas antes que con los entrenadores.

- Una circunstancia extra-futbolística sería no poner al jugador porque estuvo mirando a mi novia...

- Sí (risas) y te puedo asegurar que esas cosas pasan. Lo único importante es lo que sucede adentro del campo. Se ha visto caso de jugadores que afuera de la cancha ni se hablan pero que en el transcurso del partido son muy compañeros y solidarios entre sí.

- ¿Alguna vez un entrenador fue cruel con usted?

- No y de verdad no te lo digo para quedar bien, como tú dices. Con el entrenador del Benfica tengo una excelente relación porque fue muy sincero conmigo. Me dijo que tenía en mi puesto a otros jugadores que le resultaban prioritarios.

- ¿Quién es el jugador portugués más popular en su país?

- Figo, Cristiano Ronaldo, que es el futuro, o Rui Costa, un excelente jugador que ya está llegando al fin de su carrera, esos son los futbolistas más queridos por los portugueses.

- Ya que nombró a Cristiano Ronaldo, qué jugador talentoso y qué tipo complicado, igual que Rooney...¿Nunca tuvo miedo de convertirse en un niño malcriado del fútbol?

- Nunca tuve miedo de eso, por la presencia de mi familia...mi gente nunca hubiera permitido algo así, ellos me ponen siempre los pies sobre la tierra y me han enseñado que todo en la vida es pasajero y que lo mejor que puede hacer uno es disfrutar lo que tiene en el momento, sin creerse mejor que nadie por eso.

- Hay quienes dicen que usted no es un buen jugador de fútbol, que sólo es muy simpático. De uno a diez, ¿cómo se califica?

- Ah, no sé. Ponme cero, porque no me pongo calificaciones. Respeto todas las opiniones, porque me hacen crecer. Y, sinceramente, soy mejor futbolista por las opiniones negativas que se vierten sobre mí que por los elogios.

- Lo que es cierto es que es usted bastante amigo del gol.

- Y me encanta que el gol sea mi amigo, porque soy delantero por vocación y para mí es importante marcar tantos. El delantero vive de los goles...

- ¿Es un delantero nato?

- Sí, pero he tratado de aprender a ser poli-funcional en el campo de juego. Trato de defender, de cumplir varios puestos, de hecho, en la selección, Hugo Sánchez me ha puesto a jugar en el lado derecho y ahí la estoy llevando...

- Si yo fuera su entrenadora, ¿qué debería valorar más, su cabeza o sus piernas?

- Tendrías que valorar las dos cosas, porque un futbolista profesional depende de las dos. Todos los días trabajo en eso, en ser bueno con la cabeza y tener una buena visión del juego y en ser bueno con los pies, para poder hacer goles y lograr que mi equipo gane.

- ¿Qué ve cuando entra a una cancha?

- Miro primero el balón, luego miro la portería contraria y me fijo muy bien dónde están parados mis compañeros, para de ese modo ir decidiendo las jugadas que haremos en busca del gol.

- ¿Quién es el mejor portero del mundo?

- Para mí, los mejores son los mexicanos: Oswaldo Sánchez, el Conejo Pérez, Memo Ochoa...

- Qué buenos jugadores hay ahora en la selección mexicana. Creo que el aficionado tiene derecho a tener expectativas en el rendimiento de este equipo y ustedes la obligación de aguantar esas expectativas.

- Es verdad, hay un conjunto de jugadores de gran talento en la selección mexicana, hay una gran ilusión en el aficionado, pero también soy frío: lo grande que será esta selección lo dirán los números y los resultados que logre. Así es el fútbol y así también es de frío este deporte.

- Argentina, México y Brasil serán los grandes protagonistas de la Copa América en Venezuela. Tienen al menos esa obligación...

- Esperamos ser protagonistas, pero nadie tiene obligación de nada. El aficionado es exigente y nosotros también somos exigentes: yo quiero ser campeón de América, no quiero ir a pasear a Venezuela; quiero ser campeón del mundo y sabemos que la gente confía en nosotros y queremos que la gente quiera más, que no hable del quinto partido cuando vamos a una Copa del Mundo, que piense que vamos a ser campeones, porque ese pensamiento siempre está en nuestra cabeza.

- Bueno, serán campeones siempre y cuando no se les cruce Estados Unidos en el camino.

- En el último partido, tuvimos muchas más opciones de gol que ellos y sin embargo perdimos. No sé por qué, pero sé que esa presión psicológica, ese entorno que nosotros mismos hemos creado cuando nos enfrentamos a los Estados Unidos, han generado esta situación y lo que debemos entender es que USA es un equipo más a vencer.

- ¿Qué hace en los tiempos libres de la concentración?

- Estoy terminando de ver mi serie favorita, 24...me compré todos los capítulos y ahora me estoy poniendo al día. En el Ipod tengo música de toda clase, aunque prevalece el pop. Me gusta la salsa y escucho bastante música portuguesa, aunque no el fado. Me gusta mucho salir a comer, conocer restaurantes, la comida es uno de mis pasatiempos. No bebo alcohol.

- ¿Cuál es su marca de perfume favorita?

- En estos momentos estoy usando Lolita Lempicka.

- ¿Y qué ropa le gusta? Supongo que usted no usa las playeras de su marca...

- ¿Por qué no? Claro que uso mi ropa, tienes que ver la línea Kikín, es preciosa, además, yo opino, diseño, no es que ponga sólo mi nombre. La marca de mi ropa es JOMA y la línea es bonita... Uso todos los colores...no tengo uno favorito.

- Ahora va a ser naranja...

- ¿Por qué?

- Uy, me equivoqué, pensé que Los Tigres eran naranja

- Ya me estás fallando. Los Tigres son amarillos, ¿qué pasó? (risas)

- ¿Tortilla de maíz o blanca?

- De maíz.

- ¿En tacos o en quesadillas?

- En las dos cosas.

- ¿Su madre cocina bien?

- Es una experta cocinera y la comida que más me gusta en el mundo son las enfrijoladas que hace mi mamá.

- ¿Y cómo se hace para tener un corte de pelo como el suyo?

- Es raro, ¿verdad?. Esto es obra del Porky, estilista de la selección, que inventa muchas cosas en mi cabeza, la mayoría de las cuales igual las rechazo, no digo que sí a todo, no te creas.

- ¿No se va a sentir medio ridículo cuando llegue a los 60 años y le sigan diciendo Kikín?

- Bueno, tú sabes que ese nombre tiene una gran carga afectiva (N.d.R.: Kikín se llamaba un hermano de Fonseca que falleció muy joven), pero más allá de eso me fascina que me llamen Kikín y quiero ser un viejito con ese nombre.

- ¿Por qué lo quiere tanto la gente, Kikín?

- (Se queda pensativo y luego rueda una lágrima por su rostro)...no sé, esa es una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida...me hiciste esa pregunta y se me puso la piel chinita. No sé cómo pagar el cariño que me tiene la gente. Incluso en Portugal, donde estuve poco tiempo, el aficionado me expresaba a diario su amor, tanto adentro como afuera de la cancha. Claro que en México, ese cariño es inmenso y supongo que se lo tendré que agradecer a Dios todos los días de mi vida.

ENTREVISTA A CHANO DOMINGUEZ


“Toco el piano que toco porque soy de Cádiz”

El duende del flamenco dijo presente en el escenario de lujo del Bellas Artes, en México, cuando Chano Domínguez (Cádiz, 1960) subió al escenario con su grupo: dos gitanos (un bailaor y un cantaor), y seis ejecutantes más de guitarra, batería, contrabajo, trompeta, saxofón, y una más de salterio. Entre los músicos del célebre pianista español, debutó el trompetista argentino Juan Cruz Urquiza, quien reemplazó a Diego Urcola, actual integrante de la banda de Paquito D’Rivera.
El flamenco de Domínguez inauguró el XXIII Festival de México en el Centro Histórico. En el capítulo Radical – Mestizo, creado por el músico mexicano Pacho, ex baterista de Maldita Vecindad, Chano brindó un concierto en el que transitó desde las bulerías hasta la “Cantiga de Alfonso X El Sabio”; eso sí todo aflamencao y jazzeado. El New Flamenco Sound prendió en Bellas Artes y convirtió al palacio en el más grande tablao de México.
Antes de su presentación, pudimos entrevistarlo en forma exclusiva.


¿Usted es más radical o más mestizo?
Yo soy poco radical. En Cádiz, de donde vengo, se da un cruce de culturas muy fuerte, por ahí pasaron todos. Por parte de madre mi apellido es Marchantes Heredia, es decir, soy mitad gitano, así que entre radical y mestizo, me quedo con esto último.

Cuéntenos de su experiencia con Wynton Marsalis
Tuve la suerte de conocer a Wynton en Madrid en 1993. Yo estaba tocando en el Café Central, que es un local donde se hace jazz todas las noches y Wynton estaba tocando con su banda en el Teatro Monumental, que es un teatro que está a 200 metros del club...entonces cuán grande fue mi sorpresa estábamos tocando y sentí una mano en la espalda y era Wynton con la trompeta, pidiéndome subir a tocar conmigo. Ahí se estableció el primer encuentro entre nosotros.

¿Y luego?
De repente un día sonó el teléfono de casa y era él para decirme que quería una música a estrenar con la orquesta del Lincoln Center. Y eso fue lo que hice, me puse a componer pensando en esa formación y en una obra que no perdiera las raíces. Escribí una suite de tres movimientos a la que le puse el título Encuentro, nana y bulerías. Estrenamos en el Lincoln Center en el 2003 y el año que viene este trabajo verá la luz en un disco.

¿Cómo es trabajar con Wynton Marsalis?
Es muy fácil, porque es una persona abierta, aunque tenga convicciones musicales tan asentadas y fuertes. Además, cuando trabajas con un artista de esa envergadura, o las cosas fluyen o no fluyen, no hay instancias medias. Lo que se trata es que la música surja a partir de la idea que se pone en juego de la forma más natural. Y eso con un tipo como Wynton está garantizado, porque no sólo es un gran músico, sino que también es un excelente instrumentista, que expresa de una manera muy particular con la trompeta. Hubo momentos exquisitos, como cuando acompañó a Blas Córdoba, nuestro cantaor y la trompeta sonaba intentando parecérsele, como si ella misma fuera cantaora. Fue una experiencia magnífica. De hecho, él volvió a España y dimos algunos conciertos juntos y repitió esa pieza y sonó increíblemente, con mucha naturalidad.

¿Qué significa para usted estar en un sello como Verve?
No cabe duda de que es dar un paso de gigante. Hasta ahora he hecho muchos discos, pero la mayoría de ellos fue para compañías independientes que hicieron un trabajo importante y valioso con mi música. Ahora bien, ponerte en manos de un engranaje como el de Verve y poder estar en un montón de países, es trascendente, hace que tu música llega a lugares recónditos.

¿Dónde están músicos queridos de usted como el contrabajista Javier Colina o el saxofonista Perico Sambeat?
Bueno, si me hablas de estos dos músicos especialmente, ellos acaban de sacar un disco en trío con el baterista que ahora toca conmigo, Marc Miralta. En mi país hay muchos músicos y en las últimas décadas, sobre todo, a raíz de que se han afianzado mucho las escuelas para impartir la música moderna, aparecieron un montón de chavales que forman un gran caldo de cultivo para la música española. Hay mucha gente haciendo cosas muy dispares y creo que de eso se trata, de que cada uno haga la música que quiera y de que haya locales donde poder mostrar esa música.

Cuando usted empezó no era así...
Yo era como una isla en Cádiz. Cuando presenté mi primer grupo de rock andaluz, en los 70, todo consistía en comprar entre cuatro un disco de alguien que te gustara, tenías que mandarlo a pedir, partituras no había por ningún lado, todo eso ha cambiado mucho. Ahora todo va muy rápido.

¿El flamenco es el único camino para el jazz en España?
En España hay excelentes músicos y mucha gente con ideas, pero también, como en todos lados, hay personas que se suman a un tarro que de repente funciona o porque tiene algo de verdad, como es el caso de la música que yo presento. Toco el piano que toco porque soy de Cádiz y para mí es lo más natural del mundo. Cuando grabé mi primer disco con esta idea musical, a principios de los 90, no había pianistas de flamenco – jazz, no había nada; este es un lenguaje que se ha ido fraguando en las últimas décadas en España. No cabe duda de que hay gente que ha tomado un poco de ese tinte, pero sin sentirlo realmente, sin llevarlo en la sangre. De todas maneras, no creo que el flamenco lo único, lo que pasa es que es lo único que yo sé hacer, es lo natural. Ahora si uno es de Galicia y se pone a tocar por bulerías, será porque le gusta mucho lo que hacemos en Andalucía.

¿En qué se parecen el flamenco y el jazz?
Tienen un punto en común, desde mi punto de vista, en el fondo. En la forma, son lenguajes diferentes, para los que se usan distintas nomenclaturas, maneras de entenderse muy diferentes, pero tanto el músico de jazz como el de flamenco, dejan que su corazón vuele, tocan el instrumento de una manera imprevisible. La improvisación es el gran punto en común entre el jazz y el flamenco y por eso esa mezcla se entiende.

Claro que esa mezcla que usted propuso desde el principio de su música, recibió muchas críticas, tanto buenas como malas.
Yo le hago caso sólo a las que me gustan, escucho únicamente a la persona que para mí tiene un criterio importante, a las demás, las dejo pasar. Cuando grabé en el primer disco, la primera bulería con el piano, pensaba que me iban a crucificar de los dos lados, pero fue una sorpresa muy grande porque ahí, en ese punto, recibí llamadas telefónicas de personas cuyo pensamiento tenía yo en alta estima. Y esa gente, que quizás nunca me había llamado de una manera tan seria, me llamó y me dijo: - Esto que has hecho es único, tienes que seguir por ahí. El mundo del jazz y el mundo del flamenco me aceptaron inmediatamente y desde entonces no paro de tocar. Me siento muy a gusto haciendo lo que hago, porque utilizo el lenguaje rítmico e inevitable de mi tierra y el lenguaje de la música universal que intento aprender desde que me senté por primera vez al piano. Improvisar es lo que más me gusta y es lo que más me acerca al jazz.

¿Cómo lo ha recibido el mundo latinoamericano: Argentina, Brasil, México?
Siempre digo que hago jazz en español y si hay lugares en donde mi música es fácil de entenderse, esos lugares son países como los que tú nombras.

¿El gran Tete Montoliú fue una influencia para usted?
Claro, iba todas las noches al Café Central a verlo, a aprender de él, a charlar con él. Tete era la figura del jazz y era el nombre del jazz en España, fue el artista que llevó el nombre de mi país a los más altos lugares del jazz. Fue una influencia enorme para mí. Este año se cumple el décimo aniversario de su muerte y me llamó su viuda y me pidió por favor que si podría tocar temas de Montoliú en mis conciertos. La verdad es que yo nunca los había tocado, así que le pedí que me mandara partituras y ahora en mis conciertos toco bastantes piezas de Tete.

¿Qué recuerda de él?
Tenía un humor muy punzante. Era un hombre criterioso y satírico, no se cortaba un pelo. También era un músico muy agradecido, al menos conmigo siempre lo fue, quizás porque nunca me metí en su terreno. A él le gustaba que desde el piano se pudiera hacer algo tan distinto a lo que él hacía.

¿El fenómeno de Lágrimas Negras de Diego El Cigala y Bebo Valdés, fue positivo o negativo para la música flamenca?
¿Por qué me haces esta pregunta?

Para que me la responda, si quiere, claro...
Hombre, creo que reconocer a un músico como Bebo Valdés, que lleva toda la vida tocando y haciendo eso, de tener ese reconocimiento por parte de la crítica y del público, es muy bonito. Bebo es un grandísimo músico que desde Tropicana escribía buenos arreglos y hasta hoy no ha parado de escribir música y de dar a conocer los ritmos de su país.

¿Qué significó Calle 54, la película de Fernando Trueba dedicada al jazz latino en la que usted participó?
Fue un punto de inflexión en mi carrera, porque verte en la pantalla grande y rodeado de músicos tan importantes, impulsó fuertemente a mi música.

Un día del Mundial


Cuando era adolescente solía escuchar una canción de un músico argentino, por cierto ya fallecido, de nombre Pappo. “No puedo evitar que vengan hacia mí los sándwiches de miga”, decía la tonada, una psicodelia gastronómica en la que me inspiro para determinar mi realidad. Es cierto, no puedo evitar que vengan hacia mí las pelotas de fútbol. Antes de este Mundial yo solía perder mi mirada en las de los gatos persas, en arbustos inasibles e inclasificables que crecen a la sombra en mi banqueta, en la de algunos hombres distraídos que llaman mi atención a su paso. Ahora no tengo más que ojos para la redonda. Así que hoy es un día como otros: transcurre prácticamente en Alemania y me sigo sintiendo minusválida por no poder entender a la primera esa famosa regla del fuera de juego.
Pero soy corta de entendederas, eso no es novedad. Tampoco es nueva esta tendencia a la fantasía semántica, los ríos de palabras en los que me pierdo para poder encontrar lo más auténtico de mí (ufa, hoy estoy demasiado rimbombante). Pienso en que Andrea Staccioli, mi “pana” en esto de los libros de fútbol y de la vida, es italiano; por tanto me dice que cubrirá el partido entre Togo y Svizzera, que es Suiza. Svizzera me suena a vísceras, a tripas, a panza, a la dieta, a que no he desayunado todavía y ya prácticamente me comí el primer tiempo del partido. Adebayor tiene cara de chamán o de brujo, de jefe de la tribu, lo que me hace recordar una canción de mi querido brasileño Zeca Baleiro, esa que dice “mi tribu soy yo”. Todas estas evocaciones a la comida, a la música, al sinsentido, no obedecen exclusivamente, lo juro, a la debilidad mental que suele azotar en la era cuaternaria. Sucede que el partido entre Togo y Suiza es fatalmente aburrido. Sí. A este Mundial le sobran por lo menos 10 equipos, reflexiono. Hasta que los suizos despiertan vía Frei y vía un hombre que se llama Tranquillo y se apellida Barnetta. Los del queso y el chocolate (otra vez la comida) se llevan la victoria y yo la modorra a la oficina.
Porque, claro, ahora viene el turno de los jeques y hoy es lunes: atender las aventuras de los millonarios moros en el inicio de la semana es una tarea demasiado snob como para que mi jefe la comprenda. Así que dejo mis ojos en Alemania, oteando en el horizonte la mirada de Andryj Shevchenko, ese sobreviviente de Chernobyl que deslumbró en el Milán y que ahora acaba de firmar su pase a la Premier League pues quiere que sus hijos crezcan en Londres. Arabia Saudita/Ucrania...mmm. no promete demasiado, aunque la goliza de 4 a 0 que veré en la repetición me deja con un buen sabor de boca y con ganas de volver a tener 20 años para que ese rubio apellidado Kalinichenko y que ha contribuido a que el Spartak de Moscú consiguiera dos ligas y una copa de Rusia, me hiciera algo de marca personal...sueño guajiro si los hay.
El plato fuerte del mediodía: España/Túnez. Tengo ganas de pelearme con Hugo Sánchez, pero también le tengo miedo al horroroso artículo 33, ese que impide a los extranjeros emitir opiniones políticas. ¿Será político decirle al mejor futbolista de la historia mexicana que se guarde el resentimiento que le desborda por las cuatro costuras del traje y se serene?. Eso de criticar tanto a la selección azteca para luego vociferar que la “furia roja” española es su favorita, me suena a inoportuno en estos tiempos futboleros, que son como los tiempos del cólera. Pienso eso e inmediatamente pienso en el ex arquero de Boca, Hugo Orlando Gatti, un sesentón resentido que ha dicho en España que “la selección argentina, que ganó 6 a 0 a su par de Serbia y Montenegro, sólo ha tenido suerte” y que “Leo Messi es un jugador para 15 minutos”. Claro, Gatti fue el que en tiempos pasados vaticinara que Diego Armando Maradona “es un gordito que no sirve para nada”. Ufa. Ya me fui por las nubes de Úbeda. Y eso porque Túnez le está ganando a la furia de Hugol y yo me estoy durmiendo. Al fin he comido: ensalada de tomate, aguacate y lechuga...
llegan Raúl y los goles del Niño Fernando Torres: satisfecha y almorzada regreso a la oficina para completar una jornada laboral en la que vi todo redondo, blanco, mágico, justo como una pelota de fútbol.

MARIO BELLATIN: EL GRAN VIDRIO


Mario Bellatin (México, 1960), falto de brazo derecho y de frondosa cabellera, tiene sobrantes de imaginación literaria y ha dedicado a la literatura el 101 por ciento de su, aparentemente, vida ordenada y prolífica. La mayor parte del tiempo escribe y el 1 por ciento restante cultiva su propia personalidad, empeñado en traducirse como un personaje de ficción que deambulara en busca de su propia sombra por las periferias del Distrito Federal, ciudad que el escritor Juan Villoro ha calificado de “post-apocalíptica”.
Con una bibliografía inusualmente fértil (sus libros se publican en Anagrama, Planeta, Alfaguara Y Tusquets), este hijo de peruanos, fundador de la Escuela Dinámica de Escritores – un diplomado-laboratorio de escritura profesional-, es rector de una obra a-genérica, inclasificable, de gran difusión en su país de origen, traducida a varios idiomas y que quita el sueño a sus colegas, tanto a aquellos que no lo pondrían ni de suplente en la Gran Patria Mexicana de las Letras como a los que lo catalogan como unos de los escritores aztecas más originales de la contemporaneidad.
Sus lectores, que crecen a ritmo sosegado pero constante, parecen estar conformes con el transcurrir atípico de su literatura y con la presencia revulsiva de un autor que busca, al modo dadaísta, de forjarse a sí mismo como un verdadero objetc trouvé carnal y etéreo en forma simultánea.
Para seguir alimentando el mito-Bellatin, su última ¿novela?
El gran vidrio (Anagrama, 2007), se compone de tres relatos absurdos y horrorosos, donde el autor salda cuentas con una madre imaginaria, orgullosa del tamaño formidable del miembro viril de su niño, dedicada a la tarea de exponerlo a cambio de maquillajes y lápices labiales de colores encendidos.
“Algunas de sus mujeres dan cuenta de que en la realidad Mario está muy bien dotado”, pregona con divertida complicidad la agente de prensa de la editorial. El comentario no alcanza, de todos modos, para darle al último trabajo publicado de Bellatin un férreo y riguroso carácter autobiográfico, preocupado como siempre ha estado el artista por confundir formalmente al lector y heredarle más sensaciones que respuestas.
“El contenido de todos mis libros es un mero pretexto para que alguien continúe la historia. Apelo siempre a que alguien crea en lo que está sucediendo, pero el horror humano, el dolor, son simples excusas para hacer una construcción teatral, novelesca y poner en práctica una serie de elementos que compone mi literatura”, explica Mario a La Nación.
“Todos los textos de Mario Bellatin son de una rareza minuciosa, erudita y elaborada... Como si buscase los límites de la literatura y de sus interpretaciones, no de una forma teórica y segura sino a través de la fantasía imaginativa de su trabajo”, ha opinado el crítico Mathiew Lindon, en el periódico Liberation.
Precisamente, Bellatin tiene claro que si una barrera existiera en su obra, esa sería la imposibilidad de trascender toda frontera genérica.
“Siempre estoy consciente de que mi literatura va a causar un efecto en el lector. Hace tiempo ya que mi mayor preocupación o mi gran interés es pensar en cómo va a recibir mi texto quien lo lee y, de ese modo, adelantarme al lector, para dejarlo anonadado, con ganas de más, para que sea él mismo el que prosiga y construya su propia historia”, revela.
Según el escritor mexicano, la literatura que él propicia es aquella que se hace todas las preguntas. “¿Por qué las novelas tienen que estar escritas de tal o cual manera?, ¿Por qué el escritor tiene que saber todas las cosas? ¿Por qué nunca se tomó en cuenta al lector como posible co-autor de la obra? Si alguien lee uno de mis libros, se dará cuenta inmediatamente de que no habrá leído una novela tradicional y que no le será posible reconstruir la historia en forma lineal”, avisa Bellatin.
- ¿Hay un marco teórico que está antes de su escritura o sólo sigue su instinto?
- Bueno, en principio escribo así porque de otro modo me aburriría, pero más que una propuesta intelectual que eso chocaría con algo experimental que de ninguna manera me interesa, lo que trato es de forzar las posibilidades de la narrativa; de ver hasta qué punto las técnicas de narración pueden ser violadas para llegar, en todo caso, al mismo resultado que llega la literatura tradicional.
- ¿Buscando, tal vez, un nuevo modo de leer las historias de siempre?
- Sí, leer, por qué no, un fragmento y no toda la obra. O leerla sin necesidad de un background literario, sin obligatoriamente haber tenido que ir a la Universidad para conocer todas las corrientes literarias que existen. Mis libros no se leen con una retórica preestablecida. Para mí el reto es que alguien lea mi libro y después lo que pasa ya no es mi problema.
- Entonces usted no cree en ningún género literario...
- Es que por lo pronto no sé qué es un género. He escuchado lo que dicen qué es un cuento, qué es una novela, qué es un poema, pero nunca he sabido exactamente a qué se refieren esas definiciones. Recuerdo que cuando comenzaron a salir mis primeros libros, en los distintos estamentos ligados a la literatura, se la pasaban discutiendo si eran novela corta o cuento largo, todo eso para mí es una pérdida de tiempo y una mentira. Tenemos idea de que todo lo que ya se dijo es verdad, como eso de la “novela total”, ¿qué es eso?
- Mire que se va a pelear con Jorge Volpi...
- ¿Por qué?
- Porque él defiende a la novela total.
- Pero no las hace, todos sus textos son fragmentados
- Entonces, en su escuela de escritores no se habla de cuento ni de novela
- Mi escuela es una escuela vacía, porque el conocimiento no es el fin del trabajo conjunto. Hay reglas de juego muy rigurosas, una selección muy clara tanto de maestros como de alumnos, y de lo que se trata es de que se usen las ideas para llevar a la realidad una práctica narrativa. No hay teorías ni clases, no hay talleres literarios, no se comentan los textos que se escriben, lo que se busca es ensayar la literatura, trabajar los textos.

El abrazo partido

Mario Bellatin, que luce un garfio o no según el humor, es un hombre temeroso, casi angelical, que comenta como señora espantada los contratiempos que le hizo pasar en Chile la manera un tanto provocadora que tiene el escritor Pedro Lemebel de moverse en el mundo. “Casi me echan del hotel en el que estaba alojado, porque a Lemebel se le antojó traer a unos amigos y hacer un escándalo en mi habitación”, relata.
Una anécdota que lo persigue es aquella que hace alusión al encargo de que un artista plástico hiciera un diseño especial para su brazo ortopédico. El autor relata puntillosamente los hechos: “El año pasado al artista Aldo Chaparro le dieron un pequeño patio del MOMA de Nueva York para que expusiera un proyecto. En ese mismo tiempo yo estabae n la India, donde decidí arrojar al Ganges, al lado de los muertos que pasaban flotando alrededor de la barca donde me encontraba, la prótesis que sustituía mi brazo derecho. Sin embargo, una vez que regresé a México empecé a experimentar una sensación de pérdida que me impedía la movilidad. Es decir, esa sensación de vacío me dificultaba, mentalmente, llevar adelante algunas cosas que quería. En cierto momento advertí que lo que me hacía falta era la artificialidad que había estado presente en mi cuerpo durante todos los años, casi todos los de mi vida, en que porté una prótesis. Yo no quería volver al mundo de la ortopedia, de donde salieron todos los adminículos que había utilizado, porque en ese ámbito en lugar de resaltar lo artificial se busca esconderlo. Algunos años atrás, en Berlín, había hecho un experimento: un famoso mascarero decoró mi agresivo garfio de metal con una serie de piedras de fantasía. Así es que cuando tuve claro que el próximo brazo que usaría tenía necesariamente que provenir de la plástica recurrí a Aldo Chaparro, quien ideaba su proyecto para el MOMA y pensaba que debía girar en torno al ser humano y la artificialidad. De ese modo es que nos embarcamos en la búsqueda de una serie de brazos y manos posibles que al mismo tiempo que tengan una función práctica --existe un esbozo para construir un brazo que porte un celular, una navaja suiza y un exhalador de gases que sirva de defensa ante cualquier agresión--, se presente como una obra de arte”.

miércoles, 13 de febrero de 2008

EL SHOW DE LOS MUERTOS

Charly García tenía 23 años cuando escribió esta canción. Say no more.

El show de los muertos
Sui Generis. Charly García


Tengo los muertos todos aquí
quién quiere que se los muestre?
Unos sin cara, otros de pie
todos muertos para siempre.
Elija usted en cuál de todas ellas
se puso a pensar.

Tengo los llantos todos aquí
cómo una llovizna fría
Cuál es la mueca que él le dirá
la de su inspector, la mía.

Elija usted en cuál de éstas muertes se puso a llorar.
Yo crecí con sonrisas de casa
cielos claros y verde el jardín.
Y qué estoy haciendo
acá en esta calle con hambre.

Cuáantas veces tendré que morir para ser siempre yo?
Y no es el que duerme tranquilo
y el que me asesina sin saber
y ríe en su casa
con el cuerpo limpio de muerte
en su espalda.

Bailen las viudas
vuelen los negros del infinito.
Caigan las manzanas aquí,
que las otras se han .
algo anda mal señor,
qué es eso rojo en su pantalón?

lunes, 29 de octubre de 2007

martes, 23 de octubre de 2007

LOS LIBROS PREFERIDOS DE ROBERTO BOLAÑO

1- El Quijote.
2- Moby Dick.
3- La obra completa de Borges.
4- Rayuela, de Cortázar.
5- La Conjura de los Necios, de John Kennedy Toole.
6- Nadja, de A. Breton.
7- Las cartas, de Jacques Vaché.
8- Todo Ubú, de Jarry.
9- La vida, instrucciones de uso (George Pereç).
10- El Castillo y El Proceso, de Kafka.
11- Los Aforismos, de Lichtenberg.
12- El Tractatus, de Wittgenstein.
13- La invención de Morel, de Bioy Casares.
14- Satiricón, de Petronio.
15- La Historia de Roma, de Tito Livio.
16- Los pensamientos, de Pascal.

jueves, 18 de octubre de 2007

ENTREVISTA A JUANES



Juan Esteban Aristizábal, nacido en Colombia el 9 de agosto de 1972, quería hacer un disco de rock. Quería que este, su cuarto disco en solitario, fuera la expresión cabal de un muchacho crecido al albergue de los sonidos metaleros, de los gritos desgarrados de una cultura pop que sabe reciclarse a fuerza de golpes de bataca y punteos eléctricos en guitarras propicias.
Lo ha logrado. Con ello también ha logrado vencer las desconfianzas del personal más avispado, aquel que no compra discos por impulso y prefiere vigilar la evolución artística de un cantante y autor que ha arrasado con cuanto mercado se le pusiera enfrente.
Viene Juanes de un divorcio y de una posterior reconciliación con su esposa, la modelo colombiana Karen Martínez; vive a destajo su nueva función de padre de las niñas Luna y Paloma. En su casa de Medellín, come bandeja paisa preparada por su padre y acepta que para sus hermanos seguirá siendo ese chico molesto que cantaba fuerte y aporreaba la guitarra en las horas de la siesta.

MARISTAIN: ¿Cómo empezó el contacto con el argentino Andrés Calamaro, que participa en su último disco?
JUANES: La relación comienza por la canción, básicamente. Compuse “Las minas piedras” a partir de una visita que hice a uno de los municipios de Antioquia que ha sido muy afectado por las minas. Desde que la canción empezó, con la idea del piano y la voz, siempre pensé en Calamaro, que fuera él, porque digamos que intencionalmente, buscaba una forma de visualizar este problema y aprovechar la magia y credibilidad de Andrés para poderlo hacer. Yo no lo conocía personalmente, pero sí su música desde Los Abuelos de la Nada, Los Rodríguez. hasta sus discos como solista. Cuando estábamos grabando en Los Ángeles, le pregunté a Gus (Gustavo Santaolalla), ‘tú qué onda con Calamaro, ¿tienes buena nota o qué?’ y me dijo ‘claro, nos conocemos desde jóvenes’, y fue cuando le dije lo que quería hacer con él. Coincidió que en ese momento Gustavo viajaba a Argentina...
MARISTAIN: A ver sus viñedos...
JUANES: Claro, a ver esos viñedos del Don Juan, y se vio con él en un hotel y le mostró el MP3 en el Ipod de la canción. Yo sabía que Andrés era muy complicado y que tal vez sería difícil, pero Gustavo me mandó un mail y me dijo que Andrés escuchó la canción y que le gustó, y ya te imaginarás la felicidad tan tremenda. Desde ahí nos comenzamos a escribir por mail, para saber cómo iba y qué había pasado. Después nos encontramos en Buenos Aires, hace ya casi dos meses, estuvimos en un estudio que es precioso, no recuerdo el nombre ahora...
MARISTAIN: Los estudios ION, de 1960.
JUANES: Sí, un clásico total... Ahí lo conocí en persona y realmente sentí una vibra y una buena onda de él que le agradezco sinceramente. Cuando estaba en la consola con Andrés a mi lado, casi paro a la mitad de la canción porque no podía creer que estuviera cantando mi canción, con esa voz tan particular, con ese carácter de voz, algo mágico y sobre todo con esa canción que tenía un sentido tan fuerte para mí.
MARISTAIN: Comprobó que Andrés no es una persona muy complicada
JUANES: Conmigo no lo ha sido, conmigo fue una maravilla, lo vi muy enamorado de su hija, de su esposa, de su música, su disco anterior El Palacio de las Flores, me parece genial. Y le pregunté, ‘que no ese disco había salido hace un año’ y me dijo, ‘sí, pero ya quería hacer otro’. Es ya como su costumbre.
MARISTAIN: Lo de la pareja con Gustavo Santaolalla le sigue funcionando perfectamente.
JUANES: La verdad que sí y también con Aníbal (Kerpel), su socio. Diría que incluso en este año, cuando Gus se ganó otro Óscar, nos íbamos a reunir tres o cuatro días después de eso, cuando eso sucedió, yo pensé que iba a ser muy difícil encontrarme con Gustavo porque ya se estaba ubicando en otro plano, y fue al contrario, Gustavo se portó más amigo que nunca, más especial. A los tres días nos sentamos escuchar en Los Ángeles los primeros demos, unos 30 de las canciones a escoger. Me dijo, ‘Juanes, vamos a caminar un rato’, yo me quedé inquieto, y me dice ‘¿qué disco quieres hacer?’. Le comenté que uno de rock, porque me gusta mucho y lo quería hacer como yo lo veo, desde la música popular y el rock, me dijo, ‘bueno, okey, tenemos que sentarnos y elegir las canciones de otra forma’. Volvimos al estudios y escuchamos las canciones y sacamos lo que no funcionaba porque había de todo, pero ya hay un método digamos de trabajo muy establecido entre Aníbal Kerpel, Gustavo y yo, nos conocemos, tenemos una amistad muy chévere y de respeto, fue súper agradable hacer este disco.
MARISTAIN: El rock es un lenguaje popular y no necesariamente está reñido con el pop...
JUANES: Sí, a mí también me lo parece. Hemos crecido con otra información de nuestros padres y de nuestros ancestros, pero hemos reinterpretado lo popular, y cada vez es más claro en las bandas como Café Tacuba, Los Fabulosos Cadillacs, en artistas como Andrés Calamaro.
MARISTAIN: ¿Cómo se va a llamar el disco?
JUANES: La vida es un ratico
MARISTAIN: Es un sonido absolutamente distinto al del anterior, un sonido muy abierto, una instrumentación muy poderosa y una voz en pleno.
JUANES: Quería un disco en que el yo tuviera más comunión con la guitarra, con los elementos básicos del rock, me refiero a que en este disco podemos intimar directo y más fuerte porque hay menos elementos: hay un bajo, dos guitarras, una batería, una percusión, nada más, no hay otra cosa. Hay menos elementos que en discos anteriores, no hay programaciones, no hay loops ni nada...
MARISTAIN: Es un disco que podría funcionar con power trío en un escenario y punto.
JUANES: Exactamente, todas las canciones funcionan así y yo me lo planteé en esa forma. Y también el canto. Hay canciones en que la tonalidad de la afinación está más alta, entonces eso hace que la voz esté más intensa, hay más compromiso con la voz porque he estudiado, he tratado de mejorar y cantar mejor...
MARISTAIN: Hay ciertos cambios, cierto, como falsetes y desgarritos de la voz que no le había escuchado antes.
JUANES: No todas la canciones tenían esos falsetes, pero en algunos demos estaban planteados y cuando los escuchó Gustavo dijo, ‘¿qué es esto?’, y le decía que mi voz y el me contestaba ‘¿por qué nunca lo habíamos usado?’.
MARISTAIN: Es, sin duda, un disco más lírico...
JUANES: Creo que sí. No sé, es muy raro porque cada vez que uno dice, es el mejor disco, pero en verdad sí lo siento así, y con Gustavo lo he platicado mucho, porque siento que es este disco mucho más concreto, lleva la música como a otro lugar pero sin perder la esencia, como que hay canciones bailables pero como una forma de bailar el dolor. Hay una forma de nostalgia, como en el primer disco Fíjate bien, y tiene angustia y tristeza, pero al mismo tiempo es muy colombiano y muy latinoamericano. Por lo menos yo lo siento así.
MARISTAIN: Las ocho canciones que escuché parecen primeras tomas, pero es un engaño, ¿no?
JUANES: Claro (risas)
MARISTAIN: Pero sí crean esa como ilusión sonora de que llegó, las tocaron y ya está...
JUANES: Sí, eso es algo que me gustó mucho de este álbum que no tiene los otros. Suena como si estuvieran los cuatro tipos metidos en una sala, y realmente no hay cuatro tipos, porque yo toqué todas las guitarras, fuimos a Los Ángeles a hacer las baterías...
MARISTAIN: ¿A la batería también la tocó usted?
JUANES: No, lo hizo Víctor Indrizzo, un baterista que ha grabado con Café Tacuba, con Beck, un gringo que toca durísimo; el bajo lo tocó Fernando Tobón que es un músico amigo mío de toda la vida, que toca en Medellín, y las guitarras las hice yo, los arreglos de cuerdas fueron hechos con David Campbell con quien hemos trabajado todos los discos anteriores, y el acordeón es de Chelito de Castro, un musicazo colombiano de Barranquilla, Emmanuel Briceño tocó el piano...
MARISTAIN: Esos punteos de guitarra son suyos, entonces. Mire usted...
JUANES: (risas) todas las guitarras las hice en mi casa. El 60 por ciento del álbum lo hice en Medellín, en mi casa, en mi estudio, guitarras, percusiones, acordeones, coros, voces y ya después nos fuimos a Los Ángeles para que Aníbal lo hiciera sonar de maravillas. Muchos de esos solos de guitarra fueron improvisados, digamos que sí fueron en una sola tomo o dos o tres.
MARISTAIN: ¿Se sigue haciendo los dedos sangrar ensayando, para tocar cada vez mejor?
JUANES: Sí, mira mis dedos (muestra sus dedos lastimados) yo siempre tengo la guitarra en el cuarto y siempre que tengo tiempo libre me siento y hago mis ejercicios y lo mismo con el canto, todos los días.
MARISTAIN: ¿Quiere ser virtuoso para expresarse mejor o tiene miedo de no rendir en el escenario y por eso quiere estar bien preparado?
JUANES: Yo diría que ambas cosas, no es que tenga miedo, pero quiero estar más seguro cuando canto. Si comparo hoy con lo que hacía hace cinco años, hoy es realmente un placer estar en el escenario, disfruto cantar y tocar la guitarra, me siento más seguro porque estoy más preparado. El virtuosismo de la rapidez no me interesa mucho, me importa el que está relacionado con el poder transmitir, de poder plasmar lo que uno quiere con el sentimiento necesario. Mi manera de tocar la guitarra no es nada difícil, no es complicada ni en estructura ni nada. MARISTAIN: Por transmitir, por estar como quiere, delgado, el cabello, la imagen, la guitarra, la voz, usted es un combo de sacrificio obsesivo insoportable (risas)...
JUANES: (risas) Sí, todo es expresión: la música, las letras, la ropa que uso, cómo llevo el pelo, vivo de la expresión.
MARISTAIN: ¿En algún momento se relaja y dice ‘a volar todo’?
JUANES: Sí, claro...
MARISTAIN: Me cuesta creerlo...
JUANES: No, ¿por qué?
MARISTAIN: Porque lo veo siempre demasiado prendido a todos los detalles.
JUANES: Sí, pero lo que pasa es que no me has visto cuando estoy en descanso. Aunque cuando estoy en mi casa, cómo voy a dejar de tocar la guitarra si me encanta. Para mí eso no es un trabajo, realmente. A veces me meto a Internet y busco partituras de catálogos nuevos o busco una canción de Silvio Rodríguez o de alguien que me llame la atención, o me meto a You Tube y saco el ejercicio de un guitarrista que me gusta, lo hago sin tener que estar trabajando. Me gusta leer y hago deporte porque me relaja, realmente no es algo que me esté atormentando. A veces no lo hago y me tomo mis días de fiesta y durante tres o cuatro días no hago nada.
MARISTAIN: Hace tiempo que nos conocemos...
JUANES: Sí, siete años ya. A mí nunca se me va a olvidar una pregunta que tú me hiciste, que si un día cantaría para la guerrilla y yo te quería matar (risas)...
MARISTAIN: Siempre me pasa que algún entrevistado me quiere matar. Lo que quería decirle, de todos modos, que es esta la primera entrevista que le hago como papá...
JUANES: Es verdad. Ahora soy papá de dos niñas, de las que vivo permanentemente enamorado.
MARISTAIN: Imagínese, para eso uno no está realmente preparado, la verdad...
JUANES: No lo estás, hasta que nacen y ni así, porque pasa el tiempo y uno dice ‘puta madre, es que ya soy papá’, y esa responsabilidad se convierte en algo poderoso y único para estar vivo.
MARISTAIN: Son Luna y Paloma...
JUANES: Sí, una tiene cuatro años y la otra dos.
MARISTAIN: La de cuatro ya debe hablar y cantar y hacer de todo.
JUANES: Las dos, de hecho. Incluso la más pequeña está como más metida con la música, a veces la llevo a los ensayos y está tranquila, metida en ellos.
MARISTAIN: Le paso una película de un chico que canta ‘La camisa negra’ por toda Europa y crea la sensación y no lo puede creer, y le pasó a usted. ¿Cómo fue?
JUANES: Sí, ha sido demasiado extraño, la verdad. Ha sido un sueño, pero ha sido muy positivo porque es algo que deseaba que ocurriera y sucedió cantando en español, una canción totalmente local, de la que fui influido por un señor de 75 años que nadie conocía, Octavio Meza, que empezó un género musical llamado huasca, en 1960 en Colombia y que a mí me gustaba mucho porque crecí con eso. Y eso tan local, tan de mi tierra, que me llevara por todos lados, fue muy loco.
MARISTAIN: Yo cuando lo vi en el Mundial, le juro que se me cayeron las medias. Cómo pegó en Italia esa canción...darnos cuenta de los caminos intrincados y misteriosos que puede tomar una carrera artística.
JUANES: Claro, a mí también me pareció increíble y además en Japón y en toda la gira de conciertos que hicimos. Era alucinante. En el momento yo me asustaba muchísimo porque decía ‘Ay, Dios mío, yo creo que nada más fue por la canción y qué lástima’, pero lo que pasó fue que la gente compró el disco y eso me gustó muchísimo. Qué maravilla.
MARISTAIN: En todo este recorrido, ¿no volvería a una banda? ¿O siente que los músicos que lo acompañan lo son?
JUANES: Yo diría que sí, porque en el escenario somos siete músicos y nos tratamos por igual, cada uno tiene su momento y yo no podría ser sino estuvieran ellos conmigo, es más tres de ellos han estado desde Ekhymosis hace como 12 o 13 años. Ahora bien, trabajar y componer solo implica para mí una gran libertad. Cada acorde es el que yo quiero hacer. Lo que hago por ello es que los invito después, por ejemplo, hice el demo de mis canciones y le pedí al bajista que está en mi disco si quería grabar y lo hacíamos.
MARISTAIN: ¿tiene un pequeño estudio de grabación en su casa, ya no vive en Los Ángeles?
JUANES: Sí, en Medellín. Regresé hace un año a Colombia y me he sentido bastante bien.
MARISTAIN: Porque estaban los suyos más cerca...estaba mamá más cerca.
JUANES: Sí y porque es la tierra de uno, tengo como más inquietudes y cosas en mi mente ahí, que en Estados Unidos, que también ha sido muy positivo.
MARISTAIN: Pero, cómo son cambios la vida, ¿verdad? Cuando se fue a Estados Unidos estaba convencido de que era algo que tenía que hacer y bueno, ahora no.
JUANES: Por supuesto. Uno va y viene, uno evoluciona, uno cambia.
MARISTAIN: ¿Cómo ve Medellín?
JUANES: En una transformación increíble en los últimos cinco o seis años. Es una ciudad que ha ido recuperando, cada vez más espacios y estos lugares donde antes se encontraba la violencia o la drogadicción, hoy son bibliotecas con parques y hay más sitios donde la gente se puede tolerar. No significa que la situación esté muy bien, pero de que ha mejorado, sin duda. El conflicto armado sigue, de todos modos..
MARISTAIN: ¿Cómo ve esta situación de Hugo Chávez ofreciéndose como mediador?
JUANES: Positivamente, por qué no. Han pasado 50 años de conflicto armado y está claro que todo lo que se ha hecho no ha funcionado. Es el momento de tomar decisiones alternas y si Chávez tiene más afinidad con las FARC y puede sentarse con ellas y trata de mediar, buenísimo. Yo pienso que los diálogos bilaterales están totalmente agotados. Desde que nací, tengo 35 años, he visto la misma historia. Es una opinión muy personal, pero estamos cansados de que esa situación siga y si viene este tipo y cree que puede ayudar, por qué no.
MARISTAIN: ¿Cómo es Medellín, cómo es el paisaje?
JUANES: Es una ciudad, un valle que está rodeado por montañas verdes y gigantes, el verde es muy intenso, haz de cuenta como el país vasco...
MARISTAIN: Como Pamplona o San Sebastián...
JUANES: Haz de cuenta que llegaste a San Sebastián, es exactamente el mismo lugar. Y ahora entiendo por qué los vascos que llegan a Medellín se sorprenden luego de 370 años, es igualito. Es una ciudad hermosa, moderna, la gente es demasiado amable. Las mujeres son preciosas, la gente es feliz y parrandera. Nosotros decimos que somos muy ‘echados pa’ lante’ que somos muy trabajadores, pues. Y yo diría que amo mi ciudad. Es una ciudad que ha respirado mucha violencia y eso ha hecho que la gente valore más el hecho de estar vivos. La ciudad respira otro momento ahora.
MARISTAIN: De ahí son dos personajes conflictivos de Colombia, Pablo Escobar y Fernando Vallejo, ¿no?
JUANES: Sí, es una ciudad de contrastes, definitivamente. En una esquina puedes encontrar arte y cultura, esperanza y juventud, en otra esquina cosas más difíciles.
MARISTAIN: ¿De Medellín también es Fernando Botero?
JUANES: ¿El pintor?
MARISTAIN: Si
JUANES: Claro. El presidente de Colombia también es de Medellín, Álvaro Uribe.
MARISTAIN: ¿Por qué salen de ahí tantos artistas?
JUANES: También salieron René Higuita y Chicho Serna, los jugadores de fútbol...no sé, quizá por todo lo que hemos vivido, es una ciudad con mucha inquietud. La gente tiene que pensar muchas cosas, quizás eso hace que la gente sea más activa.
MARISTAIN: Y, ¿qué come allá que sea muy rico?
JUANES: Lo más delicioso es una bandeja paisa, que es el típico plato de ahí, pero no lo puedes comer todos los días (risas)
MARISTAIN: ¿Ah, no?
JUANES: No, porque necesitas cuatro días de recuperación y un día o dos de preparación. Me lo hace mi mamá...
MARISTAIN: Es como el pozole en México, una comida muy pesada...
JUANES: Sí, en mi casa la tradición es comer bandeja paisa los viernes. Es una bandeja que tiene arroz, carne, frijoles, plátano frito, aguacate, carne molida de res y huevos.
MARISTAIN: ¿En los ojos de quién se reconoce como el Juanes de siempre, no este hombre exitoso, esa persona tan popular que es en tantas partes del mundo?
JUANES: En la casa, yo creo. En mi madre, mis hermanos, bueno, también en mi esposa y en mis hijas porque ellos son los seres que siempre están para uno. Cuando llego a la casa de mi madre soy siempre el menor de los hermanos
MARISTAIN: No lo toman demasiado en serio (risas)
JUANES: No, están felices por lo que ha pasado, pero soy el mismo para ellos.
MARISTAIN: ¿Cómo ha vivido su presencia en la prensa rosa con esto de su divorcio?
JUANES: Eso fue bien raro, la verdad, porque digamos que desde que estaba en la música y eso, nunca había tenido o me había afectado de forma negativa el reconocimiento o algo así. Un divorcio es una cosa muy personal, el dolor es terrible y de repente todos opinaban sobre algo que era muy íntimo. Yo me sentí muy extraño y ella también, sufrimos mucho, nuestras familias también y todos especulaban y especulaban. Muchas cosas fueron mentiras...
MARISTAIN: Una separación es una pequeña muerte, ¿no?
JUANES: Uy, es terrible.
MARISTAIN: Sting, en su biografía, también habla de eso y dice que es el día de hoy que no se recupera ...
JUANES: En ese momento fue duro, ahora estamos en un momento en el que estamos juntos y sentimos que nos amamos todavía y si hay eso y tenemos a nuestras dos hijas, pues qué chévere, vamos a tratar de darnos nuevamente la oportunidad. Y lo más humano que le puede pasar a cualquier pareja es alejarse uno del otro y perderse y pues nos pasó esta vez.
MARISTAIN: Sting se pregunta el hecho de cómo uno puede tener tantos éxitos y fracasar donde menos quieres fracasar...
JUANES: Es verdad. Eso es muy loco, pero tiene mucho sentido. Yo le he dedicado toda la vida a la música y he fortalecido eso, pero lo que no había fortalecido es la parte mía de las relaciones personales y el sentimiento. Es como cuando trabajas en las promociones, en los conciertos y demás, te va bien, no promocionas en casa el amor, la relación y la amistad, pues te va mal.
MARISTAIN: y además, en una actividad como la suya, es tan fácil tener las 24 horas del día súper ocupadas.
JUANES: Se van la vida, los meses, los años y lo que nos pasó fue eso, que sin querer nos fuimos alejando por las circunstancias de nuestro trabajo; de repente pasaron dos años en los que estuvimos juntos y nos veíamos mucho y cuando nos llegamos a encontrar éramos dos personas distintas.
MARISTAIN: Quiero volver Antioquia, porque se refería al tema de las minas, ¿qué minas?
JUANES: Las antipersonales.
MARISTAIN: Pero, ¿hay en Antioquia?
JUANES: Sí, esa es la parte que más tiene en Colombia.
MARISTAIN: Pero yo me imaginaba minas en Asia, en Irak...
JUANES: No, no sabes. Colombia es el país número uno en el mundo. Le siguen Afganistán y luego Camboya. Antioquia es el más minado del país. Hay 120 departamentos en Colombia, creo, de los cuales solamente uno no tiene minas, que es San Andrés Islas..
MARISTAIN: Pero, ¿cómo puede ser que en un país donde falta qué comer o salud, alguien haya tenido dinero para sembrar minas?
JUANES: Lo que empezó siendo una ideología muy válida, que luchaba por los derechos de los campesinos y la igualdad, a mediados de los 50 se ha ido transformando y se ha ido pudriendo, ahora son grupos alzados en armas para defender 3 mil millones de dólares anuales en producción de armas y drogas.
MARISTAIN: ¿Su actividad en contra de eso, de las minas antipersonales, ha tenido efecto?
JUANES: A ver, es como raro, a veces me frustro porque piensas qué impacto voy a tener contra un monstruo como éste, pero al mismo tiempo me pongo feliz porque a través de la fundación (Fundación Mi Sangre) hemos podido trabajar con lo mínimo, y hoy ayudamos a 300 familias. Lo más importante ha sido la sensibilización por el problema porque los niños, en los colegios hoy son más concientes de ello. La ciudad está más conciente y participativa, digamos desde el lado de la ciudadanía. Hace seis meses hubo una marcha, por primera vez en la historia, todo Colombia en contra del secuestro porque si las FARC quieren convencer al pueblo de algo, que lo hagan pero no bajo los métodos en los que lo están haciendo. Son violentos y no tiene sentido.
MARISTAIN: ¿Le hubiera gustado participar en el festival Live Earth?
JUANES: A ver. A veces me cuestiono mucho esas cosas. Es decir, pasó eso pero qué se hizo, qué trajo...
MARISTAIN: ¿Qué piensa de la reunión de Led Zeppelin en Londres? Con Robert Plant, Con Page, con Johnes, sin John Bonham, por supuesto...
JUANES: ¿Va a tocar el hijo, no?
MARISTAIN: Sí.
JUANES: No lo sé. A mi realmente me genera mucha ilusión poder verlos. Nunca imaginé que podría verlos, hay que ir a verlos. Es como Soda Stereo, ellos nunca habían tenido tanto éxito como en este momento. Es que son leyendas. Bueno, The Police, que si están vivos y pueden hacerlo, por qué no verlos.
MARISTAIN: De esas tres bandas que estamos hablando, por supuesto en su contexto, ¿de las tres cuales son su máximo?
JUANES: Me quedo con Soda Stereo. Aunque digamos que The Police se escuchaba tan poderoso, escuchábamos de todo, pero Soda...
MARISTAIN: Soda Stereo le marcó, digamos, un camino. Esta forma de hacer rock pop y no estar reñido con lo comercial...
JUANES: A mí sí, me parece. Tengo un respeto supremo por Gustavo Cerati, como cantante y como guitarrista. Estuve viendo el DVD de Ahí vamos, que es un show en vivo que se hizo en Buenos Aires, me senté a verlo y dije, ‘este tipo es un descarado’. Es un animal, un genio. Me encanta y es diferente porque yo escucho Soda Stereo o Cerati y me conecto de otra forma distinta a su música a como me conecto con Andrés Calamaro, a él lo escucho y es la letras y es otra onda visceral...
MARISTAIN: Es el poeta, ¿no?
JUANES: Claro, entonces cambio a Cerati y digamos Soda Stereo es como otra conexión, no sé explicarte qué es.
Hace 15 años fueron a Medellín y tocaron para 200 personas. La gente no entendía qué era eso, cómo se pintaban y se paraban los cabellos, decían: qué les pasa a estos tipos.
MARISTAIN: De la tecnología, ¿qué está usando?
JUANES: El Ipod me parece esencial, la guitarra eléctrica y el Ipod.
MARISTAIN: ¿Los DVD los ve en casa?
JUANES: No, en la computadora también o en la casa. El Iphone, lo compré pero fue un fracaso, todavía no funciona muy bien.
MARISTAIN: ¿Cómo va a ser la presentación de este disco?
JUANES: Todo lo que resta de este año estaremos de promoción en toda Latinoamérica, Europa y Asia, hasta diciembre 15, más o menos, quizás hasta enero y febrero. Vamos a comenzar en Estados Unidos y luego vendremos a México, Centro y Sudamérica, en agosto, septiembre y noviembre.
MARISTAIN: Sabes que está por venir a México Lenine, Arnaldo Antunes, estamos muy felices y rodeados por brasileños...
JUANES: ¿Has escuchado a Ceu, la niña, la jovencita?
MARISTAIN: Sí. Escucho bastante música brasileña. ¿Usted también?
JUANES: Sí, en el iPod tengo a Gilberto Gil, un acústico precioso con Caetano Veloso, Bebe Gilberto, María Rita. Ceu me sorprendió por su manera de cantar.
MARISTAIN: Le faltaría Lenine, escúchelo que le va a encantar.
JUANES: Tendré que hacerlo.
MARISTAIN: ¿En la lectura cómo anda?
JUANES: Bien, estoy leyendo todo lo que puedo por las mañanas y las noches.
MARISTAIN: ¿Qué lee, los periódicos, las revistas?
JUANES: No, libros. El último que me leí en los últimos dos días es de un filósofo francés que se llama André Comte-Spomville, se llama Felicidad desesperadamente , y hace varios años estoy leyendo mucho sobre el conflicto en Colombia, el movimiento armado y la lucha entre los partidos y el crecimiento de las guerrillas.
MARISTAIN: ¿Cree que liberarán a Ingrid Betancaourt alguna vez?
JUANES: Es que duró seis años secuestrada..., no lo sé.
MARISTAIN: Qué angustiante es ese caso
JUANES: Sí. Hay gente que lleva 10 años secuestrada, no es justo.
MARISTAIN: Nosotros entrevistamos hace poco al actual canciller. Cuando llegó de su secuetro, ya no tenía novia, ni nada...
JUANES: Es una locura.
MARISTAIN: Además deciden por ti el destino que le toca...
JUANES: Hay más de tres mil secuestrados en Colombia en este momento, ¿tú crees que eso es justo? Cuando todo el mundo está metiéndose la maldita droga y nosotros estamos con la sangre y el conflicto y eso no puede ser.
MARISTAIN: ¿Teme que le pase algo?
JUANES: Pues no. A pesar de todo, en Colombia me siento muy bien, seguro. Yo vivo normal ahí.
MARISTAIN: ¿En serio? No tiene guardaespaldas
JUANES: Tenemos un carro con los vidrios oscuros y, a veces, lo maneja un tipo o lo hacemos nosotros mismos. Es curioso. Pienso que esa es la parte que ha cambiado mucho en Colombia. La gente piensa que es muy peligroso vivir ahí pero no, el conflicto se ha ido al campo. Ahí es donde está, desafortunadamente. En la ciudad hay más control, la gente está reaccionando y a empezado a fortalecer el carácter porque eso es lo que pasa que no asumíamos juntos el conflicto.
MARISTAIN: También la gente hace lo que puede, ¿no cree?
JUANES: Sí, es verdad. No le estoy echando la culpa a la gente, sino que somos más concientes de participar por el rumbo del país.

ALTA EN EL CIELO


La bandera argentina según la mirada de Chema Yazpik, consumado actor e incipiente fotógrafo, persona noble...

Y UN DIA LLEGÓ CAETANO

ENTREVISTA A CARMEN BOULLOSA


Carmen BOULLOSA (Ciudad de México, 1954), llega al restaurante San Angel Inn y algo, inmediatamente, se transforma en el aire. Su sencillo traje azul, su pelo recogido, parecen doblegarse ante esta mujer hermosa, que se autodenomina “persona dura, con la lengua larga, cargada de mole”. Tiene los ojos más bellos del mundo, que se enciende en una entrevista cordial, no exenta de rispideces, en la que la autora de La otra mano de Lepanto y El Médico de los piratas, entre otras, presenta su reciente El Velásquez de París (Siruela).

MARISTAIN: ¿Cómo es de menso un ruido?
BOULLOSA: Para mí es evidente cuando un ruido es menso, es un juicio de poeta y depende, porque hay ruidos que en un contexto son inteligentes y otros donde son ruidos mensos. Por ejemplo, en cierto contexto ni siquiera es ruido, a veces es como una palabra y dicho en otro momento es un ruido menso.
MARISTAIN: A veces no sé si el ruido del tráfico puede ser menso o violento...
BOULLOSA: Depende desde dónde lo oigas y depende cuál. Por ejemplo, los camiones del transporte cambian de sonido en cada ciudad y hay lugares donde tienen un ruido bastante insinuante o agresivo o bien, simplemente menso.
MARISTAIN: En El París de Velázquez esa es un poco la idea, no sé cómo llamarla, pero tal vez peregrina o aventurera, de derrotar ese mito de ‘Ciudad de las Luces’ que se le atribuye a París, ¿no?
BOULLOSA: Sí, yo le hago mi deshomenaje (risas), que en realidad la ciudad no se merece del todo porque el yo que hay ahí, en realidad no soy tan yo. Cuando estuve ahí ese semestre que me invitó la Sorbona, me la pasé bastante bien; aunque sí, también me dieron ataques de tristeza, que le dan a cualquiera en cualquier sitio. En realidad, no se lo merecía París. Pero si, no es la ‘Ciudad de las Luces’, y ya no sé si hay ciudad de las luces.
MARISTAIN: Estamos en un mundo en el que todo tiende a morir y a desaparecer y a recalentarse...
BOULLOSA: Sí, la única luz que hay es la luz interior de cada uno. Como cuando éramos jóvenes, bueno, tú no porque acabas de nacer, pero cuando yo era joven había una luz colectiva que te jalaba, había como una especie de alegría en la que caías gracias a los otros y ahora no hay eso. Hay un vacío.
MARISTAIN: Es un lleno.
BOULLOSA: Exacto, hay una especie de abundancia y hay un ráscate con tus propias uñas que lo único que puedes tener si te expones a él, es alimentarte de lo que está pasando en el aire que es oscuridad y tristeza.
MARISTAIN: Esa soledad y esa tristeza están dadas por la poca eficacia que tiene el sonido de palabras que en sí son vacías, como la solidaridad, la lealtad, la paciencia, la tolerancia. Realmente son palabras vacías...
BOULLOSA: Francamente sí, pero fueron los llamados valores morales que nos sostuvieron socialmente en otros tiempos. Hay una especie de manoseo, que de tanto desnudarlas, usarlas y andarlas acarreando se pierden.
MARISTAIN: ¿Somos almas en pena?
BOULLOSA: Yo no sé si seamos almas, la verdad. Algunos no somos ni siquiera eso. Somos cuerpos en pena, vestidos con ropa que es una pena usar, todos esos jeans que ahora se usan, a todas les sacan llantitas, hasta a las más flacas. Hay un síntoma como de aprisionar el cuerpo, un retorno a la faja pero también a no usarla y toda esta pasión por la comida sana, que también es un retorno a la faja y al castigo del cuerpo. Somos cuerpos en pena...
MARISTAIN: Encorsetados.
BOULLOSA: Por corsés que pretenden no serlo y en pena colectiva.
MARISTAIN: Hasta que no leí su libro, no me di cuenta que las mujeres no nos miramos sino que nos auscultamos. Me dio mucha risa cuando la rusa de su novela se da la vuelta y usted dice que se dio cuenta que la estaban auscultando...
BOULLOSA: Bueno, yo creo que los doctores auscultan y los novelistas también. Ahí están los hombres miranalgas y hay quienes miran otras partes del cuerpo; y las mujeres también miran, aunque suelen hacerlo menos. Auscultan los médicos, los novelistas, la gente dura como yo, hacemos de todo como un objeto de cirugía. Retratamos un personaje con el que me gustaría no tener absolutamente nada en común, no tengo mucho en común con el narrador de la novela, pero desgraciadamente ese que usa la palabra ausculta y yo somos el mismo y no es lo mejor de mi persona (risas). Yo sí ausculto, no miro.
MARISTAIN: ¿Está convencidísima de que este libro es una novela?
BOULLOSA: ¿Qué no es una novela? Que a mí alguien me explique en realidad qué no lo es. Sí, por supuesto que es una novela. Arranca como una falsa memoria, confundiendo mi persona con la del personaje, arranca viviendo ese París y esa escena que yo, Carmen Boullosa, nunca vi. Además, ese personaje es el que va a imaginar esa novela que nos va a contar. Hay una novela adentro de esas falsas memorias que no son del todo ciertas. Hago mis homenajes a hombres que he amado y a amigos muy queridos, son homenajes personales. No homenajes a algo colectivo, sino a personas. Y le doy a mi personaje como un pedazo de esto para que haga un espacio en ellas, para eso me sirven estas falsas memorias, para hacer un caldo donde pueda empezar una novela que quiero que tenga ese sabor del caldo. Porque el hecho de decir que hubo un lienzo que no estaba perdido, sería una novela de aventuras, y no, esa es la novela metida adentro de la novela. Sí, evidentemente es una novela.
MARISTAIN: ¿Cómo nació?
BOULLOSA: Como nacen todas las novelas y como sucede con el buen mexicano, de chiripa y porque la novela anterior que uno escribe siempre tiene una cola que es la siguiente, siempre queda la cola del diablo ahí meneando. No tengo idea de dónde nació, dónde vi ese lienzo de Velázquez, dónde me lo imaginé. Probablemente leyendo alguna de sus biografías y vi que existía este lienzo de él que en realidad no existe porque se quemó en el Alcázar. Me imaginé cómo era y me imaginé qué hubiera ocurrido si alguien lo hubiera salvado, y me imaginé todo lo que hay, y además me imaginé a Velázquez pintando. Cómo podía ser el pintor más grande, según algunos, de todos los tiempos y de pronto se convirtió en publicista de un acto tan espeluznante como fue la expulsión de los moriscos y no hacía mucho que había ocurrido. La memoria estaba muy fresca. Lo que Cervantes vio con sus propios ojos y que de un día al otro ya le llevó a la decisión final y ésta era que se expulsaran los moriscos. A Velásquez, el rey lo comisiona, bueno no a él, a que armara un plan para pintar esta historia, y él que es el más joven y el recién llegado a la Corte, pintaba con una velocidad prodigiosa y en dos semanas acabó un lienzo inmenso, mientras que los otros no tuvieron tiempo más que de hacer un croquis. Pero, lo que me asombra no es la rapidez con la que lo pintó, sino esta posición del artista, dónde ponía su ojo Velázquez, cómo contaba esta historia y podía contar con todo detalle y tomar el partido del Rey. Y lo que había pintado en ese lienzo, porque en los cuadros de Velázquez todos los personajes están parados en ningún sitio. Mi obsesión, cuando me encontré la historia de este lienzo, era saber dónde es que se para la obra de arte. La verdad es que la obra no tiene alas y no es un angelito, es en realidad un acto de propaganda de las buenas costumbres y de la moral, siempre es como una sirena mitad mala y mitad de cuestionamiento del bien. Eso es de lo que yo quería hablar, vaya lo que me inquietó era eso.
MARISTAIN: México es uno de los países donde hay mayor cantidad de escritores que toman partido por el Rey, ¿no?
MARISTAIN: Depende los bolsillos del Rey. Nuestro Rey ha tenido unos bolsillos bien grandes y por supuesto que ha habido muchos escritores a los que la cartera del Rey se la ha comido, porque hay tan pocos lectores aquí. De qué vive un escritor en México sino es de la cartera del rey, es por eso. Octavio Paz lo llamó de una manera muy elegante, el oro filantrópico.
MARISTAIN: Ese oro filantrópico es cada vez menos filantrópico...
BOULLOSA: No sé si lo de oro lo haya perdido, pero lo de filantrópico sí lo está perdiendo, por desgracia.
MARISTAIN: ¿Cómo es su relación con los escritores que hoy son funcionarios? Como Jorge Volpi, que dirige el Canal 22. Para comenzar, ¿considera a este gobierno mexicano como legítimo?
BOULLOSA: Me estás haciendo dos preguntas absolutamente diferentes. En México, un escritor y funcionario ha habido desde hace mucho tiempo. Muy pocos han escapado a ese fatal destino, incluso Octavio Paz fue embajador y trabajó años en Relaciones Exteriores; Carlos Fuentes, igual. Muy pocos hemos escapado de eso. Entonces, no puedo tener reticencia por esa figura. También ha sido para bien. Eso es en relación con tu primera pregunta. Añadiría que yo no soy un animal sociable, no me sé llevar muy bien con la gente. Con Volpi me llevo bien porque él se sabe llevar bien con todo el mundo. Tiene una enorme sabiduría social, yo no la tengo porque yo ausculto y tengo la lengua muy larga (risas), siempre cargada de mole. Ahora, sobre si el gobierno es legítimo, sí lo es. Este sí es legítimo, aunque él (Felipe Calderón) no lo sabe, por eso está intentando ganar su legitimidad con formas bastante absurdas e ilegítimas. La guerra contra el narco que alguien me la expliqué de otra manera. Existe porque él cree que con eso ganará la legitimidad y con eso solamente está perdiendo lo que busca. Hemos tenido gobiernos ilegítimos. Carlos Salinas de Gortari sí fue un presidente ilegítimo, ahí no me cabe la menor duda de que nos robaron las elecciones, aunque por supuesto queda el margen de duda. Aquí no fue igual, fue un conteo problemático y fue un acuerdo al que se llegó. No pienso que Felipe Calderón sea, como lo piensan muchas de mis amigas, un usurpador. Sí lo fue Carlos Salinas. Calderón no ha sabido conquistar la legitimidad que él creyó que había perdido a los ojos de muchos, no tiene esa astucia. Aunque sí es astuto buscar escritores para funcionarios, porque eso todos sabemos que da legitimidad.
MARISTAIN: ¿Cuántas veces viene a México?
BOULLOSA: Vengo muy seguido porque tengo dos hijos aquí. Este es un país donde el libro tiene un valor más metafórico que real. Se habla mucho, se lee muy poco. Los libros tienen un valor muy grande y los escritores en teoría son personas muy importantes, pero poca gente lee sus libros.
MARISTAIN: ¿Dónde está viviendo?
BOULLOSA: Vivo en Brooklyn, en Nueva York. Allá el 30 por ciento de los neoyorquinos son hispanos y las cifras oficiales indican que hay 300 mil mexicanos. Vivo como en una colonia más de la Ciudad de México.
MARISTAIN: Si alguien pudiera describir la soledad de principio de siglo lo haría mediante un viejo hablando de un cuadro de Velázquez a dos adolescentes. No sé, me partió el corazón un poco esa escena...
BOULLOSA: ¿Al pensar en este vejete de mierda?
MARISTAIN: Sí
BOULLOSA: A mí también se me partió el corazón y es una escena que hemos visto todos, pero no pienso que sea soledad. Al final de la novela encontramos a su esposa, es un hombre muy bien acompañado. La soledad no es su problema, para nada. Yo creo que su problema es que él sí es dueño de un cuadro de Velásquez, que él es el único espectador de ese cuadro atroz y terrible. Un cuadro muy bello, pero un cuadro donde la línea divisoria entre el mal más extremo y el glamour del imperio más grande del mundo están totalmente insertados. Entonces, él sólo carga con esta visión tremenda.
MARISTAIN: ¿Cómo es el lugar dónde escribe?
BOULLOSA: Escribo en la cama donde duermo porque dormir es algo que hago muy mal. Escribo por la mañana, tengo mis almohadas detrás de mí...
MARISTAIN: Y la computadora portátil adelante...
BOULLOSA: No, yo escribo a mano...
MARISTAIN: ¿A mano?
BOULLOSA: Sí, yo todavía tengo mis libretas, después paso todo a la computadora y es cuando la pongo en mi cama. De todas maneras la tengo cerca porque la uso para los correos y consultar los periódicos o por si quiero ver alguna cosilla aquí o por allá. La red es una maravilla, es como esa especie de biblioteca flexible que tiene uno para consultar cualquier cosa, entonces mantengo siempre cerca la laptop.
MARISTAIN: ¿Cuándo escribe una novela, también escribe de otras cosas?
BOULLOSA: No, sólo escribo de esa novela y cuando estoy terminando esa novela, ya estoy pensando en escribir otra porque no tengo ganas de vivir la vida en seco. Tengo adicción por escribir novelas, entonces siempre estoy pensando en la que viene.
MARISTAIN: ¿Tiene una adicción o es un deseo?
BOULLOSA: Pienso que es una adicción porque sí necesito de ese viaje.
MARISTAIN: ¿Cuándo comenzó esta adicción?
BOULLOSA: Empecé escribiendo poemas. Son adicciones diferentes. La adicción de escribir novelas empezó en 1983, cuando terminé mi primera novela, pero ahí no fue adicción porque la acabé y la guardé. Escribí mi segunda novela dos años después y desde entonces no he parado, siempre estoy pensando en la otra o preparándome para la otra.
MARISTAIN: Sus ojos son cuatro o seis...
BOULLOSA: Sólo tengo uno y ausculto (risas)
MARISTAIN: A mí me parece que son como diez y que podría uno perderse ahí para siempre
BOULLOSA: Tengo un ojito y con ese mismo hago cosas muy sucias, diría mi abuelita. Siempre pienso en ella queriendo agradarla, sabiendo que todo es inútil y que aunque ella me adoró cuando era niña, no puedo creer que una mujer como yo le fuera siquiera a arrebatar algo.
MARISTAIN: Pero sí se lo habrán dicho los hombres que la amaron, que sus ojos van primero y luego viene usted, ¿no?
BOULLOSA: No, lo que pasa es que tú eres mujer y no un hombre que me amaba (risas). Se me hace que tú también estás en el club de las que auscultan.
MARISTAIN: No, para nada. Creo que seguramente hubo muchas razones para amar a Roberto Bolaño, pero la que mejor lo explica es cuando te llama Boullosa, ¿no? O sea, uno puede amar a alguien, pero no a cualquiera se lo llama por el apellido.
BOULLOSA: Mira, de Bolaño no me enamoré. Con él tuve una intensa amistad literaria. Diría que fue una relación apasionada por la literatura, pero no diría que me enamoré de él, ni él de mí. No fue una relación carnal, de ese tipo. Fue como un flechazo literario, que para mí fue muy comprensible porque los dos veníamos de ese mundo, de una generación de la que él habló con mucha claridad, no sólo en Los detectives salvajes. No teníamos la ilusión de las siguientes generaciones que creen todavía en esa cosa que se llama el mercado y el éxito. Nosotros no, nosotros estábamos entre los despojados del 68. Además de esto, Bolaño vivió el exilio, digamos que era un exilio, encima de otro exilio, encima de otro exilio. Yo viví la orfandad, mi mamá murió cuando era niña, me quedé sin casa, sin familia, tuve un mundo personal muy difícil. Después me incorporé a esta generación de escritores que éramos los despojados, los de después y que habíamos llegado un poco tarde. De inmediato lo que me tocó vivir y que Bolaño se salvó, fue ver cómo perdimos la ciudad con la construcción de los ejes viales, que entre el 77 y el 78, cuando Bolaño dejó la Ciudad de México, Carlos Hank González, que además de ser gran ratero era un pésimo urbanista, hizo el trazo de los ejes viales y se aventó a construirlos todos a la vez fracturando gran parte de los barrios de la ciudad. Entonces, aquella ciudad en la que yo fui a la universidad en tranvías por Av. Revolución y había palmeras y se sentía una cosa de pueblitos y de barrios, desapareció en un chasquido de dedos. No es que con el tiempo se sintió el efecto de la construcción de los ejes viales, sino que perdimos una ciudad de un día para el otro.
MARISTAIN: No me refería al amor de pareja, sino al cariño con alguien a quien uno lo llama por el apellido, porque no a cualquiera se le llama así. Por lo menos me pasa a mí, no cualquiera lo hace...
BOULLOSA: Claro, además que en mi caso es más afortunado llamarme por mi apellido que llamarme Carmen, porque Carmen es una persona más dulce que yo, y Boullosa que es casi como un ladrido, pues qué lástima por mi papá, como anillo al dedo.
MARISTAIN: Con esa voz tan dulce.
BOULLOSA: De niño que engaña.
MARISTAIN: ¿Usted es así, una niña que engaña?
BOULLOSA: No, no soy una niña. Nunca lo fui.
MARISTAIN: ¿Cómo conoció a Roberto Bolaño?
BOULLOSA: Lo conocí en los 70 en México, todos queríamos ser poetas. Así como los jóvenes de ahora, todos quieren hacer cine, nosotros soñábamos con ser poetas. Llevábamos, en verdad, una intensa vida literaria, hacíamos un montón de lecturas, íbamos a los mismos cafés, íbamos a escuchar a los escritores que hablaban, Octavio Paz hablando de Sor Juana Inés de la Cruz; Tomás Elodia comentaba otros textos y leía sus poemas; todos íbamos a lo que iban los demás. Todos éramos iguales, nos vestíamos igual, éramos como una especie post graduada de hippie, todos éramos como una masa de poeta, todos muy similares, pero creíamos que estábamos divididos en dos bandos: nosotros llamábamos a los del otro lado stalinistas y adorábamos a Octavio Paz; los del otro bando adoraban a Efraín Huerta. Yo estaba del lado de Octavio Paz, creíamos que éramos muy finos, en realidad todos usábamos huaraches y camisas de Oaxaca. Los del otro bando creían que éramos unos burgueses porque todos usábamos las mismas cosas. Entonces conocí a Bolaño en la bola, leí su poema que le había publicado Juan Pascoe, su primer poema, también me publicó a mí un poema largo. Lo conocí en grupo pero les tenía miedo porque eran muy mal portados: intervenían la lectura de poemas, abucheaban a la gente, hacían guerras. Lo volví a ver 20 años después cuando me lo encontré en Viena, íbamos de invitados para hablar del exilio, yo no sé por qué acepté, en realidad no hablé de exilio sino de que ahora cualquiera es forastero. Él tampoco habló del exilio, leyó un texto muy suave acerca de la novela y ahí fue que nos hicimos muy amigos. Eso fue en el 98 o 99.
MARISTAIN: ¿Hoy la poesía mexicana sigue siendo para usted Octavio Paz?
BOULLOSA: No, hombre. En realidad no lo era tampoco entonces. No había una división estética tan clara. Eran como bandos para sentir que pertenecíamos a nuestros propios clubes, lo cual es normal que lo hagan los jóvenes poetas. Ahora, en la poesía mexicana, por suerte, ya no hay reyes. Hay más variedad en ese sentido.
MARISTAIN: Yo no puedo prescindir de lecturas diarias de Xavier Villaurrutia, que me parece el gran poeta mexicano...
BOULLOSA: Ah, me parece una maravilla, pero para mí sabes quién es el grande, Juan Manuel López Velarde, es la maravilla absoluta. Es un poeta extraordinario. Hay otro que es Jorge Cuesta; y hay otro que es José Gorostiza, que es grande también. Yo los frecuento mucho, también a Octavio Paz y a Tomás Segovia. Frecuento a los españoles y a los latinoamericanos porque necesito leer poesía siempre. Es una necesidad y es la única manera en que un novelista o poeta tiene el oído vivo.

MARISTAIN: Usted que tiene la lengua larga y está en la categoría de escritora que se ha creado con tanto ver y con tanto vivir, ¿le costó o fue un dilema ser escritora?
BOULLOSA: Tuve suerte porque cuando entré al mundo literario a nadie le cabía duda, en la ciudad de México, de que los buenos escritores de entonces eran las mujeres. Coral Bracho; Verónica Volkov en sus primeros poemas; estaba Elsa Cross que entonces comenzó a publicar sus mejores poemas; Inés Arredondo todavía escribiendo su segundo libro de cuentos, una maravilla; murió Rosario Castellanos que también dio cosas buenas; Elena Garro estaba en el exilio y Marguerite Yourcenar publicaba aquellos libros...
MARISTAIN: Bueno, no sé si Marguerite Yourcenar tenía ese trato de mujer hacia la literatura...
BOULLOSA: Tan mujer como yo, como Inés Arredondo, honestamente. Creo que siempre hay una cosa andrógina necesaria, no lo sé. Mientras más andrógino mejor, creo, todas las fórmulas son ridículas pero no está mal la andrógina. Lo que pasó es que cambió la mirada hacia la mujer, hubo más mujeres, tuvieron demasiado éxito novelas que eran más de fórmula, que literarias, digamos. El éxito, más que la calidad de las novelas, causó un escozor enorme en el medio. Hoy es totalmente diferente, ahora sí es un medio muy misógino. Ahora sí me resta mucho glamour ser mujer, creo que me miran diferente a como debieran verme por el peso de mi obra porque soy mujer, pero no fue así cuando empecé.
MARISTAIN: No lo creo así. En el contexto de México si alguien tiene una categoría como autora, que incluso no llegan a tener otras de sus colegas que le llevan muchísimos años, es usted.
BOULLOSA: No lo sé. Pero sí hubo un momento en México en que decías escritora y era una marca de calidad y ahora lo dices y es casi una marca de infamia. Hueles a cursilería, a cocina, y nosotras no olíamos a eso, bueno no huelo, Dios me agarre confesada.
MARISTAIN: ¿Tienen vigencia los textos de Rosario Castellanos?
BOULLOSA: Algunos, es una escritora un poco desigual, pero sus cosas buenas son de primera línea. Hace un año y medio escribí un libro sobre Rosario Castellanos que todavía tengo en el cajón porque me gusta mucho guardarlo, me siento millonaria, es lo único que sé acumular, me encanta guardar mis inéditos y luego ya los saco. Lo hice en el 2003 y se trata de un estudio comparativo de la especie de autorretrato que hace ella en el Balún-Canán, con autorretratos de ella frente al padre y el hermano; con los que hace Sofonisba Anguissola, la pintora cremonese española predilecta de Felipe II, en los que aparece con su familia y ocurre exactamente lo mismo que en Balún-Canán: la historia del padre que ama al niño, mientras las niñas están por el círculo del afecto, pero que es un afecto que consume. El libro se llama La falda de Minerva, porque la hermana se llama Minerva y la falda tiene retratado lo mismo que vemos en la ventana, ella tiene los pies en el mundo, un cuadro maravilloso. Después metí algunas autoras latinoamericanas, la romántica Dolores Veintimilla que es una maravilla, y me encontré un cuadro que pintó de ella Bolívar, donde está ella con el padre, y hay un rollo muy literario en el que pongo el retrato de la escritora, la artista y el padre.
MARISTAIN: ¿No hay ficción para usted entre el mundo oral y el mundo escrito?, por lo que se explica entre ambos.
BOULLOSA: No, yo sólo tengo una capacidad sensorial y no distingo lo que oigo de lo que veo, de lo que huelo. Soy de la selva (risas)
MARISTAIN: ¿Y Carmen de la selva cuándo aprendió las buenas costumbres, las reglas de educación básica?
BOULLOSA: ¿Tú crees que las conozco? (risas) Tuve una relación muy intensa con mi abuela y con mi mamá, más con mi abuela porque para mí entrar al mundo cultivado fue entrar a su mundo. Me enseñó todo, fui aprendiendo de convivir con ella, de ella viene mi aprendizaje de las cosas bellas. Me dejaba dormir con ella, que es lo más importante que hizo porque en la noche me daba miedo y mis papás no me dejaban pasar a su cama, cosa que hasta ahora no les perdono; y mi abuela sí; olía riquísimo. Ese cuerpo fue para mí el ejemplo de la belleza perfecta y yo la conocí de niña gracias a ella.
MARISTAIN: Una belleza que puede prescindir de la mirada ajena, que se construye a sí mismo.
BOULLOSA: Sí, así era.
MARISTAIN: ¿Ahora la mirada ajena le importa tanto como cuando cuenta que le decían que era bonita?
BOULLOSA: No me importaba, pero fue una lección terrible. De ese ser llamada güerita, pasé al momento en que los comentarios vinieron acompañados de toda una ola de violencia. Un día me agredieron y nadie me ayudó. Gritaba porque me querían meter a un coche y sólo oía las ventanas abrir y cerrarse, hasta que una señora detuvo su coche y traía a su chofer, quien se bajó a ayudarme. Cuando me subí al auto con ella llorando, toda rasguñada, la señora me dijo, ‘es tu culpa, cómo te dejan salir así’. No era mi culpa, por supuesto. Fue una lección muy dura. Le tengo mucha cólera a la ciudad de México por ese hecho; le tengo pasión y amor, pero le tengo cólera porque es una ciudad terrible. Ese momento me hizo extranjera, no sé cómo explicarlo. Tengo miedo de caminar en la calle y me gustaba hacerlo, y llegó un punto en que uno sólo encontraba problemas.
MARISTAIN: ¿Tiene hijos?
BOULLOSA: Tengo una hija que es actriz, estuvo en Las niñas mal. Es una chulada, es preciosa, grandotota, se apellida Aura y se llama María.
MARISTAIN: ¿Y usa la faldas muy cortas?
BOULLOSA: Sí, ella sí es bonita profesional, no como yo que me enseñan un cepillo del cabello y no sé de dónde se agarra y cómo se usa (risas).
MARISTAIN: Cualquier cosa que le pase no será su culpa, ojalá nunca le pase nada. ¿Cómo es su vida ahora?
BOULLOSA: Ya no tengo niños, ni tengo abuela, entonces he perdido dos veces ese paraíso, ¿no? El paraíso debió ser la niña con la abuela o de haber tenido mis hijos durmiendo en mi cuerpo así entre la barbilla y la pierna. No tengo eso, pero tengo otras cosas, tengo un marido maravilloso.
MARISTAIN: ¿Escribe?
BOULLOSA: Sí, pero es historiador de la ciudad de Nueva York, escribió un libro en el que se tardó 24 años, está acabando el volumen dos y hará el volumen tres si le da la vida. Vivo en un barrio y vivo sin tener un lugar, ando mucho de viaje. Me gusta la vida doméstica pero tengo alma de gitana también. El barrio lo que me da, es que aunque tengo una casa muy estructurada, muy ordenada, cuidada y toda la cosa, estoy en un lugar que es la frontera de al menos siete países. Veo a las mujeres árabes; y dos pasos a lado están los haitianos con todo lo que son, vestidos de colores, con poca ropa; y un paso más allá los puertorriqueños, luego los cubanos, luego los mexicanos y me muevo un poco más y está la comunidad negra, todo son diferentes. Estoy en el borde donde pasan todos los que van y vienen hacia quién sabe dónde. En un lugar muy pequeño y aunque no es lo idea, tiene sus pactos de convivencia, es una cosa que me fascina. Todo tiene una cosa de vértigo y de movimiento.
MARISTAIN: ¿Con el apellido de su hija y el nombre Alejandro armas un rompecabezas?
BOULLOSA: Alejandro es el papá de mis hijos.
MARISTAIN: Alejandro Aura (ex Ministro de Cultura del Distrito Federal)
BOULLOSA: Sí, es el papá de mis hijos.
MARISTAIN: Y nosotros que empezamos hablando de los funcionarios
BOULLOSA: Sí, pero Alejandro cayó tarde sabes, porque nunca había tenido chamba de gobierno, nunca lo quiso hacer pero por nuestra proximidad con Cárdenas, aceptó. Me parece que en mala hora. Aunque hizo cosas buenas, por eso digo que es importante que los escritores se metan, pienso que entró tarde.
MARISTAIN: Cuénteme cómo fue que conoció a Bioy Casares...
BOULLOSA: Siempre le escribía cartas a Silvina Ocampo, a quien leí por consejo de Christopher Domínguez. Así que cuando fui a Argentina, marqué el número de teléfono de su casa y me presente como la chica mexicana que le envía cartas a Silvina, para entonces debo confesar que ya le había mandado como cuatro, y el que me tomó la llamada fue Adolfito y me invitó a comer.
MARISTAIN: ¿A su casa?
BOULLOSA: A la Biela. Me dijo que Silvina ya no entendía nada, que el Alzheimer la había dejado totalmente desconectada de la realidad y nos hicimos muy amigos, luego vino a México, volví a Argentina, nos carteábamos. Lo admiro y lo admiraba desde antes de conocer a Silvina. Le hice un homenaje en mi novela anterior.
MARISTAIN: Dichoso el editor que se encuentre con todas sus cartas, ¿no?
BOULLOSA: Bueno, si alguien es capaz de cruzar la valla protectora de mi desorden (risas).
MARISTAIN: Pero, ¿no me diga que no guarda todas sus cartas?
BOULLOSA: Claro, tengo muchísimas, pero espero no publicarlas nunca en vida porque si yo tengo enemigos, más tendré.
MARISTAIN: Este amor por la literatura, por Bioy, por Bolaño, por los libros, las cartas...
BOULLOSA: A Bioy y a Bolaño sí los amo, a la literatura no estoy tan segura, es una cosa como ambivalente, ¿no?
MARISTAIN: Sí, pero a lo que voy es a esto, ¿no le genera interés transmitirlo? Porque a veces decimos que no hay ambiente literario, pero tampoco solemos generarlo, ¿no?
BOULLOSA: Sí, yo creo que hay que generarlo. Ahora que estoy viviendo en Nueva York con otros escritores que escribimos en español allá, nos hemos empecinado en enseñar que hay una tradición literaria en español en Nueva York. Hemos estado haciendo lecturas, no sabes qué cantidad de gente va a las lecturas que hacemos o a las pláticas de los escritores que han estado ahí. Yo viví en México y tenía alrededor todo mi mundo literario, mis amigos estaban todos ahí, todos lo siguen siendo, a algunos los perdí en algunas batallas o sin ellas, pero casi todos siguen siendo mis amigos. No estoy con ellos a diario, es una cosa muy íntima la literatura, y esas amistades son muy apasionadas, tienen que ser muy intensas. Entonces, ahora estoy allá y no estoy aquí. Ya volveré.
MARISTAIN: ¿A quién extraña de acá?, digo, por aquello de los afectos familiares...
BOULLOSA: Extraño la terraza de mi casa de la que ya me había mudado cuando estaba aquí, extraño el Parque Hundido miserablemente, extraño a mis amigas mujeres que no son todas escritoras, extraño a Juan Villoro. Extraño otra cosa, a la gente con la que antes tuve mundos muy intensos. Los hombres con los que viví, me ha dado por eso. Los amigos que se han muerto de camino. Estoy de verdad, cuando dices la palabra extraño, me suenan muchas campanas que antes no me daban, cuando viví en Berlín un año en el 95 y me preguntaban esto, yo decía que no, y era verdad, no extrañaba nada. Ahora sí extraño muchas cosas, creo que es la edad o que llevo tanto tiempo afuera, no lo sé. Extraño lugares, personas.
MARISTAIN: Debe ser la edad porque yo también extraño.
BOULLOSA: Pero si tÚ eres mi nieta.
MARISTAIN: Por ejemplo, el brasileño Gilberto Gil, cuando cumplió 50 años, se juntaron todas sus ex mujeres –que son muy amigas entre sí- y le realizaron la fiesta.
BOULLOSA: ¿Tú crees que eso le pueda pasar a una mujer?
MARISTAIN: No lo sé, pero me gusta soñarlo.
BOULLOSA: A mí me encantaría que me ocurriera, pero te puedo garantizar que ninguno de mis ex, ya no te digo que me compraría una velita de cumpleaños, y si me enviara una velita de cumpleaños me daría una bomba, para que a la hora en que la encienda la BOULLOSA por fin desaparezca.